ACTIVIDAD CULTURAL

Domingo 25 de Octubre de 2009

"La italiana en Argel" en el Teatro Municipal:
No hay que dejar escapar a esta Italiana

Juan Antonio Muñoz H. Todo Chile debiera poder ver esta magnífica, divertida y moderna "Italiana en Argel", en una puesta que no se olvidará: Emilio Sagi, el régisseur, es un genio y encuentra su mejor pastel en este Rossini disparatado.

El mismo compositor definía esta ópera como su "pasatiempo" y se recuerda que para su estreno en Venecia, en 1813, el público hizo bisar casi todos los fragmentos importantes, al punto que el músico llegó a decir: "Ahora estoy tranquilo, los venecianos están más locos que yo".

Sagi organiza esta locura con toda propiedad, sin cohibiciones a la hora de dejar libre el imaginario y dando a los intérpretes la posibilidad de jugar a gusto; y al público, pasarlo bien desde el primer al último compás.

Isabella, la italiana del asunto, es una pantera de talla grande, encantadora, graciosísima y dueña de la escena. Vestida a lo Audrey Hepburn, Marianna Pizzolato hace de su versión un canto a la mujer libre, moderna y segura de sí misma. Sagi la apoya y concentra sobre ella la atención, sin olvidar miles de detalles para todos.

En este mundo absurdo, los eunucos que bordan durante el primer acto se convierten luego en fans de Taddeo, al que persiguen con carteles que dicen "Bellissimo". Más tarde, los mismos eunucos son una suerte de selección italiana de fútbol que aclama a Isabella mientras ella canta "Piensa en la patria, e intrépido cumple con tu deber...".

Los globos rojos suspendidos, las chayas con que Isabella misma celebra su propia grandeza, los globos celestes para dar cuenta del mar, el hermoso barco de cuento que sirve para la fuga, la transformación de la sumisa esposa de Mustafá en una italiana emancipada y glamorosa... Todo es una fiesta.

La escenografía de Enrique Bordolini, de líneas simples, resulta perfecta y funcional a la régie. Sorprendente y colorido, el vestuario de Renata Schussheim.

El reparto, admirable. Partiendo por la mezzo Marianna Pizzolato, de personalidad apabullante, voz hermosa y coloratura fresca y precisa; el barítono Pietro Spagnoli es un Mustafá de antología, librado a melodías ornamentadas como si fuera un tenor enamorado; Kenneth Tarver, como Lindoro, luce figura y estilo en escena, aparte de canto fluido y agudos solventes; José Fardilha da el punto justo de comicidad y patetismo a su Taddeo; Patricia Cifuentes confirma su valor como Elvira, y Patricio Sabaté (Haly) y Claudia Godoy (Zulma) resultan el complemento ideal para un septeto que podría cantar esta ópera en cualquier lugar del mundo.

Rani Calderón, al frente de la Orquesta Filarmónica, vitaliza la farsa con su conducción puntillosa y burbujeante, a sabiendas de que los personajes aquí están caracterizados por medio del ritmo impuesto por la música. Así, el desparpajo de la escena se vive también en el foso y desde el foso regresa aún más desfachatado y optimista. El maestro tuvo éxitos absolutos en el concertante final del primer acto, en el quinteto del café y en el trío "Pappataci".

Nadie quería irse anoche del Teatro Municipal.

 


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