EDITORIAL

Sábado 10 de Enero de 2004

General Lutz


Señor Director:

Hemos leído las declaraciones de Joyce Horman, viuda del desaparecido periodista norteamericano Charles Horman, en el artículo "La Secuela de Missing", publicado en la revista "El Sábado" del 2 de enero. Conocemos y compartimos la lucha que ha llevado a cabo la señora Horman para esclarecer la muerte de su esposo. Sin embargo, no podemos estar de acuerdo con esta entrevista y con otras que ha realizado en la prensa extranjera, en las cuales involucra directamente a nuestro padre, el general de ejército Augusto Lutz Urzúa, fallecido hace casi treinta años, en la muerte de su marido ocurrida en septiembre de 1973, con motivo del golpe militar en Chile.

En este artículo, ella afirma textualmente: "No tengo dudas de que fueron militares de alto nivel, como el general a cargo del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), Augusto Lutz, quienes tuvieron que ver con el interrogatorio y la decisión de ejecutar a mi marido". Pensamos que para realizar unas acusaciones tan graves se necesitan pruebas que las acrediten y no tener como base vagas declaraciones, como las del procesado agente Rafael González Verdugo, quien "habría divisado a Charles Horman desde fuera de la oficina del general Lutz".

Lógicamente, a muchos personajes involucrados en sucesos represivos de aquella época les resulta muy fácil y conveniente responsabilizar de las atrocidades cometidas a quienes ya no pueden defenderse.

Es por ello necesario realizar algunas precisiones: nuestro padre, a pesar de haber formado parte del cuerpo de generales en aquella época, jamás ha sido vinculado a un hecho de esta naturaleza. Por el contrario, son muchos los que a través de estos años se han acercado para relatarnos cómo nuestro padre abogó por sus derechos o les salvó la vida. Como hijos, fuimos testigos de su desánimo en los meses posteriores al golpe militar, de su convencimiento de que Chile debía retomar el camino hacia la democracia, lo que lo llevó a pedir su alejamiento del SIM, en el cual estuvo aproximadamente tres meses. Posteriormente, se convertiría en un acérrimo detractor interno de las acciones que atentaban contra los derechos humanos emprendidas por la DINA, y es probable, de acuerdo con nuestros antecedentes, que esta posición también le costara su vida. Como familia, ya es suficiente el dolor que hemos experimentado durante estos años con su muerte rodeada de circunstancias extrañas y nunca aclaradas, a pesar de los esfuerzos por conocer la verdad.

Es por ello que entendemos el dolor y compartimos el deseo de la señora Horman de esclarecer las circunstancias y autoría de la muerte de su esposo, y estamos dispuestos a colaborar en cualquier investigación legal que se emprenda para alcanzar dicho fin. Pero, al mismo tiempo, nos parece moralmente injusto y legalmente ilícito verter unas acusaciones tan graves sin fundamento suficiente, que manchen la imagen que nos queda de nuestro padre y la de un ciudadano al que al menos le debemos la presunción de inocencia.

AUGUSTO LUTZ HERRERA
ALEJANDRO LUTZ HERRERA
M. OLGA LUTZ HERRERA
PATRICIA LUTZ HERRERA




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