ENFOQUES

Sábado 8 de Septiembre de 2001

GERMAN MOLINA MOREL:
Homenaje al Constructor

No sólo viviendas ha edificado este profesional. También se ha preocupado de levantar mejores condiciones de vida para los trabajadores de su rubro, un clima laboral grato para sus empleados y una vida tranquila junto a su numerosa familia. Y por eso, por preocuparse de poner cimientos sólidos en todo lo que hace, lo distinguió la Cámara Chilena de la Construcción.
Por MARIA CRISTINA SILVA

Ha liderado la construcción de más de 500 mil metros cuadrados. Su empresa lleva 52 años en el mercado. Goza de una destacada trayectoria en el ámbito gremial. Estasemana la Cámara Chilena de la Construcción le dio una medalla de oro en reconocimiento de sus cualidades personales y de su trayectoria... Motivos de sobra para sentirse satisfecho.

Germán Molina Morel (73 años, casado con Violeta Armas, 7 hijos) efectivamente se siente satisfecho. Lo cuenta con su modo pausado:

- Qué más que la medalla de oro... No tengo más desafíos, no soy tan ambicioso, dice sonriente.

En el discurso que dio en la ceremonia de entrega del premio, sus palabras fueron aun más elocuentes: "Este nuevo honor me hace sentir mejor que si me hubieran anunciado el Premio Nobel o la Lotería de Nueva York".

Pero en su tranquila oficina en Américo Vespucio con Kennedy nada habla de glorias ni honores. Eso sí, se siente el fuerte peso de su trayectoria.

El edificio, y otros catorce en sus alrededores, fueron construidos por su empresa, Molina Morel. De las paredes de su despacho cuelgan coloridos afiches publicitarios de la compañía - que aparecieron a página completa en la prensa bastantes años atrás- y también planos, fotos de obras y numerosos diplomas de reconocimiento personal por diversos temas.

Las fotos no están ausentes: sus amigos de la Cámara y su familia están ahí, sonrientes, como vigilando a este constructor que es galardonado por su arduo trabajo de tantos años.

El camino para ser independiente

Cuando Germán Molina egresó de construcción civil en la Universidad Católica en 1949, no pudo encontrar trabajo. La construcción atravesaba un período de baja y el joven de 21 años tuvo que ponerse a arreglar techos y a pintar casas.

Entonces se sintió decepcionado de no poder conseguir un trabajo en una empresa constructora, pero hoy, al mirar hacia atrás, reconoce que esas circunstancias beneficiaron enormemente su desarrollo profesional.

"Quizás cuántos años habría estado de empleado", plantea, y luego agrega que la construcción es una actividad "típicamente empresarial", ya que implica correr riesgos permanentemente, conseguir financiamiento, estar encima de la obra y fijarse en detalles pequeños pero relevantes que hacen la diferencia.

Gracias a sus primeros pasos como constructor independiente, el joven Germán logró juntar cierto capital. Entonces empezó a construir casas por su cuenta y a ponerlas a la venta. A la vez, seguió haciendo trabajos por contrato.

En asociación con su amigo Jorge Tagle Cerda (Molina y Tagle Ltda.) su trabajo fue agarrando vuelo, y construyó la ampliación de la cárcel de Calama, una población en la misma ciudad y varias casas financiadas por la Caja de Empleados Particulares.

Más tarde comenzó con los edificios, los que se convertirían en su especialidad y con los cuales se suele identificar a su empresa.

En 1962, Germán Molina y su hermano Eugenio (arquitecto) se reunieron un una oficina ubicada en la calle Huérfanos. Ambos, junto a los hermanos Sergio y Jorge de Amesti Heusser y su padre, don Francisco, invitaron a parientes y amigos a participar como socios capitalistas.

Así nació Molina Morel yCía. Ltda.

La cámara y la mutual: grandes satisfacciones

"A mi papá nunca le ha interesado ganar plata ni tener el mejor auto. Siempre ha destinado media jornada a actividades de beneficio social", cuenta la hija periodista de Germán Molina, Pilar.

Desde temprano, el empresario demostró interés por participar en iniciativas de carácter gremial: "En estas actividades, si uno tiene interés, no necesita ser brillante para hacer un camino que al final resulte brillante", afirma.

En 1952, un año después de que se fundara la Cámara Chilena de la Construcción (C.Ch.C.), Germán Molina se incorporó a la Comisión de Acción Social de ésta.

Dicha comisión, consciente de que dos características propias de los trabajadores de la construcción eran su discontinuidad en el empleo (por ejemplo, una vez que un albañil termina su labor en una obra determinada suele irse a otra parte) y el hecho de que tenían familias muy numerosas, creó la asignación familiar. Años más tarde esta asignación se hizo ley y comenzó a aplicarse a todos los trabajadores del país.

Dentro de la Comisión de Acción Social Molina ayudó a organizar la Mutual de Seguridad de la C.Ch.C., entidad que presidió desde su nacimiento, en 1963, por 17 años.

Antes de la creación de la Mutual los obreros de la construcción no usaban cascos y la tasa de accidentabilidad era de 40%. Alrededor de la mitad de estos accidentes eran evitables (como golpes en la cabeza y clavos enterrados en los zapatos), y la nueva institución se preocupó de bajarlos al actual 12%.

Germán Molina Morel dejó la presidencia de la Mutual en 1983, cuando asumió como presidente de la Cámara.

"Para mí, mucho más importante que la actividad de constructor ha sido dirigir estas instituciones. Es muy gratificante", asegura el empresario.

Ligado a su actividad en la C.Ch.C., Molina participó de la fundación de AFP Hábitat - la cual presidió entre 1986 y 1999- y de la puesta en marcha de la Isapre Consalud.

La academia

"Germán es una persona eficiente, que siempre cumple las metas que se propone. Es de mucha rectitud en todo lo que hace", destaca el empresario Sergio Délano, quien ha sido su amigo por más de 45 años.

Estas características de Molina, sumadas a su reconocida trayectoria como constructor, lo llevaron a ser director de la Escuela de Construcción de la UC, cargo que ejerció entre 1977 y 1985.

Como director y docente (hasta la fecha es profesor titular de la Escuela), Germán Molina se ha empeñado en transmitir a sus alumnos la importancia de ser trabajador y moderado en todas las iniciativas emprendidas.

"Conozco personas que han tenido muchos cabezazos porque empiezan una obra, les dan un anticipo y con éste aprovechan de cambiar el vehículo. Sin embargo, resulta que después las cosas no se dan como se pensó en un principio... Uno trata de explicarles eso a los chiquillos. Algunos lo entienden, otros no", plantea.

Entre los méritos que se le reconocen como director se encuentran haber logrado la autonomía de la Escuela, es decir, que dependiera directamente de la Rectoría y no del Decanato de Ingeniería, y haber resuelto la situación de rivalidad que existía entre laEscuela de Construcción y la Escuela de Ingeniería de la UC.

Germán Molina Morel ha podido destinar tiempo a sus actividades gremiales y docentes sin que esto implique un perjuicio para su empresa, en parte importantegracias al apoyo incondicional de sus hijos que trabajan con él: José, gerente general; Francisca, gerenta de ventas; Violeta, arquitecta de la empresa, y María Luisa, quien ve la publicidad y el marketing.

Su mujer, Violeta, participa del diseño de los jardines con la ayuda de la menor de sus hijas, Loreto. Su hijo Germán trabajó en la empresa pero luego se independizó.

Además de trabajar con su familia, quienes conocen de cerca la empresa, aseguran que en ésta hay un clima familiar, que ha llevado a muchos empleados a pasar toda su vida laboral en ella.

"Es honesto e íntegro, y un excelente empleador. Hay gente que ha trabajado muchísimos años con él, que ha estado ahí en las buenas y en las malas ", destaca Blas Bellolio, quien fue durante años abogado de la empresa.

Ejemplo de ello es Silvia Moya, quien trabajó 35 años en el departamento de contabilidad de la compañía, hasta que jubiló, y de Enrique Jélvez, quien estuvo 26 años y se desempeñó como maestro único, chofer y junior.

El pater familias

Reacio a la vida social, Germán Molina prefiere destinar su tiempo libre a estar con los suyos.

"Es de una envidiable preocupación por su familia, un verdadero pater familias. No sólo se preocupa por su núcleo directo, sino por todo el clan", afirma el ex ministro del Trabajo William Thayer, quien tiene una gran amistad con Molina.

Esta opinión es compartida por su hija Pilar, quien destaca que siempre se preocupó de hacerles grata la vida a sus padres y a sus tías viudas y solteras, quienes fueron invitadas frecuentes al hogar de los Molina Armas.

Para sus hijos y nietos también hay tratos especiales: comidas impostergables todos los martes con los primeros, e invitaciones a Miami y a las Termas de Chillán para los segundos.

Si bien sus días libres no son muchos - sus actividades profesionales son bastante absorbentes- , el empresario les saca el jugo: apenas puede se va a su parcela en Santo Domingo, donde tiene paltos, naranjos y limones. Allí también aprovecha de jugar golf, deporte que no practica hace mucho tiempo, pero que ha aprendido a disfrutar.

Se nota que Germán Molina es una persona querida por quienes lo rodean, que reconocen sus incuestionables capacidades profesionales y destacan sus cualidades humanas.

Una de esas personas es Juan Ignacio Silva Alcalde, presidente de la Cámara Chilena de la Construcción. En sus palabras dichas en la ceremonia de entrega de la medalla de oro, lo destacó como una persona "que de su profesión y de su vida ha construido un proyecto cristiano y con vocación de servicio público".

Alabanzas de sobra, como la de su amigo William Thayer: "Más que la medalla, él es un hombre de oro. Vale su peso en oro".

Momentos Difíciles

Para nadie es novedad que la construcción es una actividad sumamente cíclica. "Uno sabe que aunque esté todo regio va a llegar un momento en que se va a poner malo, y los jefes de obra van a tener que volver a la pala", afirma Germán Molina Morel. Y su empresa no se ha librado de estos golpes. De hecho, el año '70 fue crítico. Según cuenta el empresario, al día siguiente de la elección de Salvador Allende la compañía estaba quebrada, ya que muchas personas desistieron de comprar los departamentos que ya habían reservado. Entonces vinieron los despidos y la paralización de las obras grandes. "Al comenzar a hacer los finiquitos de los trabajadores nos denunciaron de que estábamos haciendo una campaña en contra del Gobierno", cuenta el empresario, quien debió ver cómo los trabajadores colgaron un muñeco que simbolizaba a su persona en la viga más alta de una obra. Esta difícil coyuntura - con todo lo que implicó- no fue la única. La crisis del '83 también perjudicó fuertemente a la empresa. Por esos años, Molina Morel tenía un sistema de financiamiento acordado con los bancos que consistía en que la empresa entregaba las letras que recibía de los clientes, y los bancos le daban el dinero de esas letras que estaban en UF. De pronto, por orden del Gobierno, todos los préstamos pasaron a ser en dólares. "Empezamos a tiritar", cuenta Germán Molina. Las reglas del juego cambiaron y el dólar, que estaba fijo, se multiplicó por tres en unos pocos meses. Así, había que absorber un crédito tres veces superior al contratado. Dado el contexto de crisis, los activos perdieron su valor, por lo que vender los departamentos que estaban listos no era una solución posible. La empresa nunca dejó de cumplir sus compromisos: todos los clientes recibieron lo que habían comprado, y la pérdida fue asumida por la compañía. Perdido todo el capital de la empresa, no hubo más opción que comenzar nuevamente. Empezaron a hacer casas, al igual que en los primeros años. "Desde el año '83 no hacemos ninguna construcción con préstamo bancario. Vamos de a poco: de un conjunto de dos edificios, hacemos uno primero, y si se vende, seguimos con el del lado", explica Germán Molina. Este sistema demostró ser efectivo, ya que permitió la recuperación de la empresa: el año '85 Molina Morel dejó atrás las penurias e inició un pe-ríodo "extraordinariamente bueno" hasta el '95 y "bueno" hasta el '99.

Germán Molina Morel tiene 73 años, está casado con Violeta Armas, tiene 7 hijos y 40 nietos. Dueño de la empresa Molina Morel S.A. Profesor titular de la Escuela de Construcción de la Universidad Católica. Entre 1977 y 1985, fue director de dicha escuela. Presidente de la Cámara Chilena de la Construcción (1983 - 1985). Actualmente es consejero de ella. Presidente de la Mutual de Seguridad de la Cámara Chilena de la Construcción (1966 - 1983). Fue presidente de la Asociación Gremial de Administradoras de Fondos de Pensiones, presidente de AFP Habitat, presidente de la Federación Interamericana de la Industria de la Construcción (FIIC) y director de La Construcción, compañía de seguros de vida. En 1995 recibió el premio que otorga el Colegio de Constructores Civiles de Chile al constructor más destacado. En 1999 fue galardonado con la Presea de la Federación Interamericana de la Industria de la Construcción. El pasado 4 de septiembre recibió la Medalla de Oro de la Cámara Chilena de la Construcción.


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