REVISTA YA

Martes 21 de Agosto de 2007

Paulina Veloso, ex ministra Secretaría General de la Presidencia:
Estos cargos son precarios

Paulina Veloso ya lleva varios meses alejada del poder. Asegura, sin embargo, no extrañar el cargo.
Por Daniela Mohor W. Fotografía: Carla Dannemann.

Han pasado cinco meses desde que Paulina Veloso fue removida del cargo de ministra Secretaria de la Presidencia, en marzo pasado, y se reintegró al cargo de Consejera del Consejo de Defensa del Estado que había abandonado cuando la Presidenta Bachelet la llamó para ser parte de su gobierno. Y hoy, mientras dirige además un proyecto del PNUD que apunta a construir una red de líderes en América Latina, esta abogada de 50 años asegura haber vivido el alejamiento del poder sin conflictos. "Siento que estoy haciendo otras cosas que son entretenidas y que me gustan. Y tengo más tiempo para mí misma. He podido volver a hacer deportes, lo que me gusta mucho, y a encontrarme más con mi madre. De alguna manera yo sentí una deuda pendiente, porque murió mi padre tan pronto asumí como ministra, entonces hay cosas que pude haber hecho y no las hice porque estaba en otra cosa. Por ejemplo, he podido ir al cementerio para los aniversarios. Mi padre está enterrado en Chillán en el mausoleo de la familia. Aunque la gente no lo pueda creer, yo en este momento me siento en una situación de plenitud", asegura.

Su partida de La Moneda

No obstante, haber llegado a ser ministra no fue algo insignificante para Paulina Veloso. Hija del abogado y académico Adolfo Veloso –quien fue también intendente de la Región del Bío Bío– y de la profesora de filosofía de la Universidad de Concepción Felicitas Valenzuela, Paulina Veloso es la tercera de cinco hermanos que se educaron en una familia de rigor y exigencia intelectual. Criada entre Chillán y Concepción, la ex ministra guarda muchos recuerdos de su infancia en una casa donde siempre faltaba espacio para los libros y en la que las niñitas jugaban más a la escuela que a las muñecas. "Yo aprendí a leer y a escribir con mis hermanas, no en el colegio, porque ellas me enseñaron", cuenta. "Mis padres no eran severos en el sentido de los castigos y ese tipo de cosas, pero era una familia tradicional y por consiguiente nosotros teníamos una opinión pero no había un desorden. Mis padres tenían la idea de que era muy importante el desarrollo profesional de nosotros y nos apoyaron mucho en ese sentido, particularmente mi madre. Ella era una mujer feminista, creía en la necesidad de apoyar en forma especial a las mujeres porque ella veía la discriminación. Su madre, que era francesa, era feminista también. Entonces mi madre, por ejemplo, nos impulsó a que aprendiéramos a manejar muy jóvenes y se preocupó de que tuviéramos abiertas todas las puertas a la profesión. También nos impulsó a que hiciéramos deporte, cosa que las mujeres hacían poco. La cultura en Chillán en esa época era muy tradicional. Las niñas se ponían vestidos cancán, muy poco apropiados para hacer deportes y mi madre nos ponía pantalones y nos acompañaba a subir cerros. Tenía una cultura muy europea y eso influyó mucho en la forma de ser de sus tres hijas mujeres, que permitió que nos desarrolláramos profesionalmente", cuenta.

–¿Qué significó para usted ser nombrada ministra?

–Primero fue una sorpresa porque yo no tenía la intención de participar de una manera tan relevante en el gobierno, y por lo tanto no había sido postulada desde ningún lugar. Pero también sentí una enorme responsabilidad, porque creo que éste es un gobierno en que se han cumplido muchos hitos históricos. Va a pasar a la historia como un gobierno en que se produjo un cambio en el país a partir del momento en que se abrió la posibilidad de que las mujeres participaran de manera más protagónica en la vida nacional. Yo sentí ese peso y cierto orgullo. Me acordé de mis dos abuelas, que tenían inteligencia, conocimientos y a las que les hubiera gustado ser profesionales, pero que no estudiaron en la universidad porque fueron de otra época. Pensé en mi nana, que dio la Prueba de Aptitud y no tuvo situación económica para estudiar en la universidad. Todos sabemos que las mujeres han tenido muchos factores por los cuales han sido discriminadas, entonces de alguna manera sentí ese peso y todavía tengo el sentimiento de que esto fue algo muy bello para mí.

–¿Y cómo vivió el hecho que la removieran de su cargo? Se especuló mucho, porque salió de La Moneda entre lágrimas...

–Ahí le pusieron mucho. Yo me emocioné en el momento en que la Presidenta se me acercó, porque ella fue muy cariñosa conmigo. Yo estaba con Paco (Francisco Grau, su marido) y habían ido mis dos hijos. Fue muy cariñosa con ellos también, entonces eso me provocó emoción.

–¿Qué le dijo?

–No me acuerdo de todo. Yo le pedí que saludara a mis hijos y ella me preguntó si no estaban enojados. Yo le dije "Cómo van a estarlo, por favor, Presidenta", entonces los saludó. No recuerdo lo otro pero fue muy cariñosa y eso me emocionó. Además, soy muy buena para emocionarme. ¡Me emociono con las películas! Pero no salí dolida, no tengo ninguna nostalgia del poder. En realidad, nunca he pensado que necesito del poder para realizarme profesionalmente como mujer, ni siquiera como ciudadana.

–¿No lo vivió como un fracaso?

–No, en absoluto. Creo que los presidentes tienen muchas razones para hacer cambios. Estos cargos son precarios. Más de alguna vez, incluso, yo le planteé a la Presidenta que estaba disponible para que ella hiciera otros arreglos en La Moneda. No estoy apegada al poder, por lo tanto no me produce dolor.

Paulina Veloso asegura que incluso empezó a sacar sus objetos personales de la oficina antes de que la Presidenta le pidiera que se fuera. "Durante el tiempo que estuve como ministra, tenía un análisis de que la realidad estaba muy compleja. En algunos momentos pensaba que había que hacer una transformación, y me daba cuenta de que yo tenía dificultad para hacer esa transformación. Tenía discusiones con mi equipo sobre eso y ellos muchas veces pensaban que no, que yo podía seguir haciéndolo bien. Pienso que en política es muy importante tener esta visión. Siento que uno no está predestinado para cargos".

- ¿Y cómo ve a la Presidenta hoy?

- Creo que ella tiene un estado anímico muy bueno que le permite superar la crítica mezquina y mirar el largo plazo. En los momentos complejos, yo siempre la vi observando el producto de lo que ella quiere dejar como país y ése es un norte muy bueno. Nunca la vi ahogarse en el problema. En ese sentido, creo que tiene un aplomo muy grande, una gran valentía.

Política desde los 14 años

Paulina Veloso entró a la política muy joven. Tenía apenas 14 años cuando empezó a militar en el Partido Socialista y antes ya había participado en el centro de alumnos de su escuela primaria (así como lo haría después su hijo Nicolás Grau, quien fue varias veces Presidente del Centro de Alumnos de su colegio años antes de convertirse en el presidente de la Fech). Este interés por el quehacer nacional surgió naturalmente en ella y estuvo muy influenciado por el ambiente familiar. "En la casa se hablaba bastante de política y mi familia tenía un interés por el futuro del país. Opinaba y participaba en la vida política nacional", cuenta. "La idea fundamental era la de la justicia social. Eso estaba muy impregnado en mi casa. Nosotros éramos una familia que tenía cierta situación económica, pero siempre teníamos la idea de un país más justo. Cuando era muy pequeña mi padre nos leía mucho y recuerdo particularmente el libro "El Asunto Crainquebille", de Anatole France, que tiene que ver con esta idea de la justicia social y el rechazo a las desigualdades. A mí de muy pequeña me conmovía el hecho de que hubiera gente que no tuviera qué comer o que tenía condiciones de vida tan menores a las que yo vivía".

Ese gusto por la política, sin duda, marcó la estrecha relación de Paulina Veloso con su padre. Así como la marcó el hecho que fueran ambos abogados. Hoy, la ex ministra aún se emociona cuando lo recuerda y su pérdida, en febrero de 2006, es una herida abierta. "Lo más doloroso que a mí me pasó el año 2006 fue la muerte de mi padre. Eso es muy marcador para toda la gente y para mí lo fue mucho, porque trabajaba con él, era muy cercana a él. Nos hablábamos todos los días, teníamos una sociedad profesional juntos como abogados. En ese sentido fue muy duro. Yo casi no pude vivir el duelo, porque tuve que asumir de inmediato", afirma Paulina Veloso, visiblemente conmovida.

Convivir con el miedo

Enfrentar dolores es algo a lo que la ex ministra está acostumbrada. Tenía sólo 20 años cuando su primer marido, Alexei Jaccard, fue desaparecido por el gobierno militar. La pareja llevaba dos años viviendo en Ginebra, donde Paulina estudió matemáticas. Él fue detenido en 1977 en Buenos Aires, mientras iba camino a Chile.

– ¿Esos fueron años de mucha soledad?

– Sí. Fueron muy solos. Tengo grandes amistades en Suiza que mantengo hasta el día de hoy y seguramente son muy profundas porque se formaron en ese contexto, pero a pesar de eso sentía mucha soledad y mucho miedo por mi familia acá, entonces tenía muchas ganas de estar con ellos.

– ¿Y cómo manejó eso en la cotidianidad?

– Yo era muy dependiente de mi marido. No manejaba, a pesar de que mi mamá se había preocupado de que aprendiéramos, y no hacía muchas cosas. No hablaba por teléfono y tampoco era muy hábil en las cosas de la casa. De manera que fue un aprendizaje cuando quedé sola. Y al principio lo negué. Mi primera reacción fue dejar el auto abandonado y después de un año empecé a aprender a manejar. Hay un momento, no puedo recordar en que minuto, en que decidí seguir viviendo, recuperarme. Lo otro es que siempre fui muy miedosa. Y cuando me quedé sola, al principio me quedé en la casa de amigos porque pensaba que era por poco tiempo, pero después me di cuenta de que eso no tenía sentido y curiosamente podía estar sola en mi casa sin que me diera miedo. Creo que todos los seres humanos tenemos unos mecanismos increíbles para sobrevivir.

Paulina Veloso regresó a Chile en 1979. Dice que pasaron dos años antes de que aceptara realmente que su marido no volvería. Una vez acá, entró a estudiar Derecho en la Universidad de Concepción y fue la mejor alumna de su generación. Pero siempre llevó una vida muy limitada. "Cuando volví de Suiza fue un período muy duro porque vivía preocupándome de una posible detención. En dos oportunidades me fueron a detener a la casa de mis padres, pero un juez le alcanzó a avisar a mi padre y me escondí. Yo me movía de mi casa a la universidad y de la universidad a la casa y siempre preocupada de que en ese trayecto alguien fuera conmigo. Mi casa fue allanada muchas veces, así como la de mis padres. Entonces vivimos con condiciones extremas de seguridad. Ahora me pregunto cómo soporté todo eso", dice.

Ese miedo luego también se extendió a otros. En 1982, Paulina Veloso formó una nueva familia con su actual marido, Francisco Grau. En 1983, nació su primer hijo Nicolás. "Cuando él empezó a ir al jardín infantil, teníamos siempre el temor de que lo raptaran, así que vivíamos muy preocupados. Por ejemplo, había instrucciones de que al jardín sólo podíamos ir a buscarlo mi padre, mi madre o nosotros. Nadie más. Ahora, en medio del dolor, y eso es lo extraordinario, también tuvimos muchos momentos de felicidad", asegura.

Uno de ellos fue sin duda ser madre. En 1987, Paulina Veloso tuvo a su segundo hijo, Matías. Para entonces el ambiente estaba más distendido y cuando él aún era pequeño, en 1990, la ex ministra entró a trabajar en el gobierno como jefa de gabinete del subsecretario del trabajo.

–¿Cómo le cambió la vida ser madre?

–Creo que una de las cosas preciosas que le pueden ocurrir al ser humano es tener hijos. Lo encuentro extraordinario. Yo en realidad me obnubilo totalmente con mis hijos y soy muy poco imparcial. La mayoría de las veces les encuentro la razón. Soy poco objetiva, totalmente. Además que mis hijos son súper fantásticos en su relación conmigo y con toda la familia. Tienen un concepto de la familia muy fuerte. Son de mucha preocupación con sus abuelos, sus primos.

–¿Sus hijos son muy regalones?

– Sí. Yo siempre digo que soy la secretaria de Nicolás, porque ¡siempre me está pidiendo algo! Me llama para pedir que le consiga números de teléfono, que llame al dentista, al médico, todas las cosas que hacen las mamás. Y Matías durante mucho tiempo fue muy regalón mío. Ahora ya son grandes.

– ¿Ellos siguen viviendo con ustedes?

– Sí. Y yo quiero que sigan viviendo mucho tiempo con nosotros. (risas)


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Foto:Carla Dannemann


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