VIDA Y SALUD

Sábado 27 de Mayo de 2000


Noble Trayectoria

Ocho décadas y algo más contempla esta historia. Hijo de músicos e intelectuales, el senador Gabriel Valdés - "El Conde"- conoció a su mujer cantando y a la política en tertulias. La misma que lo sentó a la mesa con De Gaulle, Mitterrand y Nixon, pero que también lo arriesgó a morir. Gestor, junto a otros, de la Alianza Democrática y de la Concertación, aunque "en mi partido ya no soy líder de opinión", tiene una idea muy clara respecto a la situación actual que vive nuestro país.
VENIA con el cordón umbilical anudado al cuello, al borde de la asfixia. Sin embargo, empecinada en salvarlo, la matrona lo lanzó al techo hasta que logró hacerlo llorar. Entonces su madre, devota de Pío X, junto con encomendárselo, lo bautizó Pío Gabriel. Era el 3 de julio de 1919.

A partir de entonces, su infancia transcurriría en la viña de su abuelo materno, en el Llano Subercaseaux, en San Miguel. Como el menor de cinco hijos de un clan de músicos e intelectuales - su padre tocaba el chelo, mientras su mujer lo acompañaba al piano, pintaba o escribía novelas- , se integró al coro familiar, aunque prefería refugiarse en la cocina, donde la nana lo regaloneaba. "Por eso pasé a ser persona mucho después". Precisamente cuando su madre contrató a una institutriz belga para que les enseñara a sus hermanas francés y modales. "Una señora muy severa a quien le tomé una profunda antipatía. Felizmente, cuando cumplí nueve años nos fuimos a Europa de vacaciones y ella se quedó allá, al igual que mi hermano que entró al seminario, en Italia".

A ese mismo país se trasladaría él, al poco tiempo, por decisión de su madre. Así como ella - hija de embajador- se había educado en el Viejo Continente y dominaba cinco idiomas, también quería una completísima formación para sus hijos.

Entonces, sus años de monaguillo en la capilla de la chacra le serían de gran utilidad, porque además de participar en la primera misa de su hermano, fue elegido para representar a todos los alumnos jesuitas del mundo en una ceremonia de beatificación a unos mártires de dicha congregación, junto al Papa Pío XI.

Lógicamente, al regresar a Chile continuó su educación en el colegio San Ignacio, donde fue alumno del padre Alberto Hurtado. Le gustaba la filosofía, la historia, pero en especial, la literatura española y las novelas de Julio Verne. No obstante, su pasión por la lectura no le impidió ser deportista - "fui campeón escolar de tenis"- o ingresar a los scouts, donde rápidamente se convirtió en el jefe máximo entre sus pares.

Una capacidad de liderazgo que Gabriel Valdés se había preocupado de cultivar. "Siendo mi padre alcalde de San Miguel, siempre estuve rodeado de personas de mucha jerarquía y comprendí que la mejor manera de vivir era interactuando con individuos que fueran más que uno, porque eso levanta".

Asimismo, participaba en las tertulias intelectuales a las que su progenitora convocaba cada domingo en la casa patronal, con la presencia de Gabriela Mistral - "más que una simple poetisa, una de las personalidades más poderosas que he visto, con una capacidad filosófica genial, quien vivió largo tiempo con nosotros"- y de amigos de sus hermanos, como Bernardo Leighton - quien también pasaba temporadas con ellos, pues su familia era de Chillán- , Manuel Garretón y Radomiro Tomic, entre otros.

"USTED ES UN LADRÓN"

Fue justamente de la mano del primero que ingresó a la política, en 1938, cuando entró a estudiar derecho a la Universidad Católica. Así, aunque "tuve un papel menor", formó parte del grupo gestor de la Falange Nacional, cosa que viniendo de una familia conservadora no fue bien visto e, incluso, motivo de sanción social.

Pero también fueron épocas de fiesta. Entonces, si bien confiesa que "era bastante enamoradizo y me gustaban muchas niñas a la vez", cayó rendido a los pies de "una hermosa viñamarina" (Silvia Soublette) al oírla cantar. Como dirigente de la federación de estudiantes la había invitado con su coro a un encuentro musical universitario. Aprovechando la ocasión, "la invité al Lucerna a tomar té y empezó el romance".

Sin embargo, el matrimonio no vino inmediatamente. "Como no me había dedicado a ganar plata, sino a pensar", cuenta, e ir a verla todas las semanas a Viña era costoso
- "me subía al tren en segunda clase y al llegar, para aparentar buena situación, me pasaba a primera"- , tuvo que esperar, hasta 1946, que aumentaran las comisiones que ganaba como agente de seguros de la Chilena Consolidada y que pusiera su primera oficina de abogados, junto a Sebastián Vial y Manuel Cruz.

Desde entonces, aunque "mi señora dice que soy una estafa porque ella siguió en la música y yo la dejé", llevan 53 años juntos, no sin insólitas anécdotas, como la oportunidad en que para un cóctel del Club Naval, un 21 de mayo, se le acercó el ya fallecido almirante José Toribio Merino y le dijo: "Usted es un ladrón".

- Quedé tan sorprendido y enojado que empuñé la mano, pensando por cual ventana lo lanzaba, cuando él se me adelantó: "Sí, se robó a la niña más bonita de Viña del Mar". Le sacó carcajadas a todos y a mí me desarmó.

Luego entró a trabajar a la Compañía de Aceros del Pacífico. La misma que le permitió ausentarse por dos años, en 1948, cuando se ganó una beca para estudiar ciencias políticas y economía en La Sorbonne. Aunque sus dos hijos mayores - Juan Gabriel y Max- ya habían nacido, los dejó con sus suegros y partió junto a su mujer.

Al regresar, nació su hija María Gracia y "me interesé más por el trabajo profesional que por la política". Sin embargo, no por mucho tiempo, pues su amistad con Eduardo Frei Montalva lo embarcó en la campaña presidencial del año '59. Si bien el triunfo fue para Jorge Alessandri, inmediatamente quedó a cargo del programa de gobierno de la Democracia Cristiana para las elecciones de 1964.

Entonces se rumoreaba que Gabriel Valdés sería designado presidente de la CAP o ministro del Trabajo. Sin embargo, "para gran susto mío, debido a la tensión que existía entre Chile y Argentina en la zona austral, el Presidente me asignó la cancillería y, a los tres días de asumir el cargo, tuve que partir a negociar la deuda externa nacional junto a José Piñera padre y Sergio Ossa".

Así conocería, entre otros, a De Gaulle, Kennedy, Adenauer, Mitterrand, al Papa Pablo VI y a la Reina Isabel, de quien años más tarde sería anfitrión, haciendo honor al apodo - El Conde- con que Bernardo Leighton lo había bautizado después de escucharlo cuando recibió a una delegación de la península itálica en perfecto italiano.

Sin embargo, la aventura política más osada que le tocó vivir durante esos años fue presentar al Presidente Nixon los descargos de América Latina contra Estados Unidos. "Hasta el día de hoy releo el documento que redactamos entre todos los cancilleres, desde México para abajo, y me impresiono del coraje que tuve para transmitirlo. Es más, mi actitud le pareció tan exótica a Kissinger, que me invitó a almorzar al día siguiente y nuestra discusión salió hasta en los diarios".

LA TRAGEDIA

Al concluir el gobierno de Frei, "estaba cansado y, por las actitudes de unos y otros, presentí que no habría acuerdo y colapsaría el sistema político del país". Entonces, aunque la idea no lo convencía del todo, aceptó una invitación del Secretario General de las Naciones Unidas para asumir un cargo, por dos años, en Nueva York.

Aunque al término de ese período las cosas en Chile seguían mal, Valdés decidió volver en julio de 1973, con la idea de ayudar. "Hablé con unos y otros, pero no encontré conciencia de lo que se venía encima. Incluso, algunos me dijeron que asumirían los militares, pero nada más... y todavía estamos pagando las consecuencias", así es que a los diez días regresó a Estados Unidos. "Puede haber sido cobardía, pero no encontré la manera de impedir la tragedia".

Las circunstancias que se vivieron en esos años lo motivaron a buscar una solución de fondo para el país. Con aquellos exiliados que llegaron hasta él se abocó la preparación del documento "Chile en los años ochenta", que a su regreso, en 1982, daría pie a un centro de estudios para la recuperación de la democracia (CED) y a la Alianza Democrática.

Sin embargo, antes tendría que eludir a la muerte. El mismo año que asesinaron a Orlando Letelier, el Departamento de Estado norteamericano se enteró de que él era otro de los candidatos a morir, por lo que "me pasaron un revolver y quedé bajo la tuición de un agente del FBI. Tuve que viajar con nombres falsos y cambiar de aviones, varias veces, para despistar. Pasé mucho susto".

Una vez de vuelta en Chile, las cosas tampoco fueron fáciles. Acusado de incitar a las protestas, fue llamado a declarar ante "un juez muy poco juez, miembro de la Corte Suprema que, felizmente, salió", quien lo sentenció a prisión.

- Fue muy humillante, aunque los presos aplaudían cuando llegaba alguno de nosotros a la cárcel. Me llevaron al tercer piso a una celda fétida, de la cual podía salir una vez al día para ir al baño. La cama se reducía al somier y a una frazada vieja. El primer día no comí nada, pero el segundo me llegó un frasco con castañas confitadas de parte de la Adriana Matte, nieta del ex Presidente Alessandri, que le exigió al alcaide que me las diera.

Después de pasar cinco noches al cuidado del "Cara de tiburón", un hombre condenado a cadena perpetua por matar a tres personas, entre ellas una en prisión, finalmente la corte declaró que su detención había sido injusta e ilegal y quedó en libertad.

Entonces nació la Concertación en torno al plebiscito del '88, cuyo triunfo lo recibió en la Alameda, porque aunque quiso hacerlo en la sede del comando, en el Hotel San Francisco, "por esas cosas de la vida, mi nombre no estaba en la lista de los autorizados a entrar".

Algo similar le volvería a suceder a la hora de nominar a la persona que encabezaría el futuro gobierno de la alianza opositora. "Había sido su gestor y llevaba cinco años presidiéndola; sin embargo, fue electo Patricio Aylwin. Era indiscutido que tenía mejor derecho; igual que hace poco, en que pude haberla peleado más, pero lo que pasa es que vocación política tengo, pero ambición, me falta mucha".

UN ACUERDO POLÍTICO

Pero la transición le tenía reservada la presidencia del Senado. Un día llegó a su casa Jaime Guzmán para decirle que la derecha quería que él asumiera ese cargo, "porque daba garantías de un buen trato para Pinochet". Como tal, sería protagonista del cambio de mando.

- Cuando éste entregó la banda y comenzó a retirarse, con el Presidente nos quedamos paralizados mirando cómo se iba la historia contra la cual nos habíamos dedicado a pelear tantos años. Sin embargo, nuestro gran problema es que las circunstancias lo han mantenido vivo, en vez de haberlo relegado, progresivamente, a la penumbra que le correspondía.

Aunque está consciente que en su partido no es líder de opinión, eso no le impide tener una posición clara al respecto: "Ninguna transición ha terminado por una ley; éstas concluyen porque el tiempo transcurre lo suficiente o por un acuerdo político de cerrar el pasado, que es lo que debemos hacer. Es duro decirlo, pero hay que ser realistas, los detenidos desaparecidos no van a aparecer. Por eso, no sacamos nada con seguir enrabiados buscando culpables".

Por lo demás, añade el senador, "tengo la clara convicción de que hay un imperio, Estados Unidos, que nos maneja a todos cortitos y, por lo tanto, es absurdo pelearnos por los dichos de unos y otros. En definitiva, nuestra suerte como país depende de lo que determine el tribunal calificador de riesgos, la bolsa de Nueva York y el Gobierno norteamericano".

Por eso mismo, echó de menos en el reciente discurso del Presidente Lagos unas líneas sobre la necesidad de estimular nuestra identidad cultural, a la par con la globalización. "Formamos una comunidad histórica y cultural que está en riesgo. Si continuamos exaltando las diferencias internas nos desperfilaremos. Internet es sólo un instrumento, como un teléfono, ¿pero los contenidos valóricos propios de nuestra nación, dónde están? No quiero morirme dejando un país dividido".

Pero como sabe que tarde o temprano esa hora llegará, ya comenzó a escribir sus memorias y un libro de cuentos sobre sus misiones en el extranjero. Tarea que realiza sentado al escritorio de su nuevo departamento, tras haberle dejado su casa al Presidente de la República.

Está feliz con el traslado - "las casas corresponden a una etapa de la vida. Con los años uno se va encogiendo en amistades y espacio"- , gozando del canasto de caquis que le acaba de enviar la Primera Dama. "Planté en el jardín ese árbol frutal hace quince años y antes de irme llegamos a un trato: la mitad para cada uno".

Angela Grisar Martínez




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Foto:Jimmy Scott
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