EL SÁBADO

Sábado 29 de Octubre de 2005

Habla el primogénito del empresario y ex fabricante de armas
El zigzagueante camino de Carlos René Cardoen

El hijo mayor del rey de colchagua está recién aprendiendo lo que su padre domina tan bien: los negocios. Hace 11 años debió someterse al tratamiento más duro de su vida. Hoy Es un rehabilitado del alcohol y las drogas. Asegura que lo ha pasado más bien que mal con su apellido y enfrenta los rumores que vinculan a pablo mackenna con la muerte de su suegro.
Por Ximena Pérez Villamil

Su abuelo era Carlos Alberto Emilio. Su padre Carlos Remigio. El es Carlos René. Para todos; sólo su señora lo llama por el primer nombre. Ella está embarazada por cuarta vez ­hasta ahora sólo ha tenido mujeres­ y si resulta ser hombre se llamará... Carlos Alfredo como su suegro Carlos Alfredo Larraín.

La tradición pesa en la familia Cardoen. El amor por la tierra, los caballos, el rodeo, los paltos y limones se ha transmitido por generaciones. Desde el bisabuelo, un ingeniero belga que llegó a Chile a trabajar en el ferrocarril y terminó quedándose porque se enamoró de los parajes del sur. El apego a las raíces es tan marcado, que cuando le preguntamos si su padre debiera ser reconocido como un empresario, un fabricante de armas o un benefactor, su hijo responde: "Una persona que se crió en un pueblo, en un pue-blo (remarca), que es capaz de volver a su pueblo y de retribuirle con un gran museo, con una gran inversión turística y hotelera...", con una admiración que se repetirá cada vez que se refiera a él.

Carlos René es el mayor de los ocho hijos de Cardoen. A sus 38 años, confiesa que "lo he pasado más bien que mal" por llamarse igual que su progenitor. Lo negativo, según él, "es que la sociedad te encasilla, Carlitos Cardoen, el primogénito, el que le maneja el cuento, su brazo derecho. Y las cosas no son así". No es que no vaya a ser su heredero, pero no se ha puesto en esa situación. "Mi papá está concentrado en su enfermedad (cáncer al colon) y la ha atacado extraordinariamente bien. Él está tranquilo, a punto de terminar su tratamiento (de quimioterapia). Me cuesta hablar de herederos. Lo relaciono con... (silencio). No me gusta ese tema. Yo espero que mi papá agarre toda su plata, la invierta en lo que quiera, la gaste en lo que sienta es lo más satisfactorio para él, y listo. No me desvelo por el tema de la herencia".

En agosto del año pasado a su padre le extirparon la mitad del colon. En una segunda operación, le extrajeron la mitad del hígado. El hombre, sin embargo, no modificó demasiado su rutina: siguió levantándose temprano, trabajando en su proyecto más querido ­convertir al Valle de Colchagua en el Napa Valley chileno­, pilotando su Cheyene Piper, cuenta su hijo que está a punto de obtener la licencia. Los lunes y martes viaja a Santiago, donde se somete a sesiones de quimioterapia "que lo dejan un poco reventado, pero al otro día las ganas de hacer cosas son exactamente iguales a cuando estaba bueno y sano".

Transparente, con aspecto de niño y razonamientos simples, Carlos René no se detiene un segundo a meditar si le ha pesado ser hijo de un fabricante de armas. "En absoluto. No tengo problema moral alguno", afirma con la misma seguridad con la que admite que habría trabajado con él en ese negocio. Si no lo hizo es porque su vida tuvo algunos zigzagueos que lo hicieron avanzar más lento y lo tienen recién aprendiendo lo que su padre sabe hacer tan bien: los negocios.

"De ésta vamos a salir"

"Nací en Salt Lake City, Estados Unidos (mientras su padre cursaba un doctorado en ingeniería en minas). Mis padres se separaron el año 74. Yo tenía siete años. Viví con mi madre (Cecilia Aylwin) como hasta 1978 y luego con mis hermanos nos fuimos con mis abuelos a Santa Cruz. Fue una decisión compartida. Las cosas estaban difíciles. Me gustó, fue un período maravilloso; uno de mis grandes recuerdos es haber crecido con mi abuelo, que me haya inculcado el amor a la tierra, la tradición huasa. El año 80 volvimos a Santiago con mis hermanos y nos fuimos a vivir con mi padre".

No hay una palabra de reproche ni un cuestionamiento por tanto cambio de hogar. "Fue una infancia acompañada por mis hermanos Rodrigo (36, agricultor que vive en Lolol) y Andrés (35, ingeniero que trabaja con su padre). Siempre estuvimos juntos". Lo que sí, se tradujo en una trayectoria algo extensa de colegios. Partió en el Grange, pasó por uno cuyo nombre no recuerda en Santa Cruz, por el Liceo Bernardo O'Higgins de Iquique, a donde fue enviado como castigo por mala conducta, por el Breamer de regreso a Santiago para terminar cuarto medio, a los 19 años, en el Liceo 11.

Como si no tuviera demasiada conciencia, Carlos René relata que, a los 16, "yo era un poquitito descarriado, estaba desorientado y mi papá me mandó a Iquique. Yo me pagaba el colegio con mi trabajo. Estudiaba de noche y trabajaba con un amigo de mi papá, Mauricio Giangrandi que fabricaba motores. Era ayudante de mecánico. Ganaba 25 lucas mensuales, vivía solo en una pensión de la calle Lynch, al lado del liceo".

Nuevamente, ni una sola queja. "Volví más calmado", dice. Su formación profesional la hizo en dos institutos: la escuela de contadores auditores, donde estuvo tres años ­"me mareó, me rayé con tanto número"­ y la fundación Epson, en la que estudió administración de empresas con mención en informática.

A los 23, se casó con Francisca Larraín y se fueron de luna de miel a Puerto Varas, porque la madre de ella acababa de morir.

Carlos René comenzó a trabajar en las empresas de su padre. Primero, en GMT, una fábrica de jeans en Huechuraba que fue inaugurada por el Presidente Aylwin (primo en segundo grado de su abuelo materno, Carlos René Aylwin) y que se suponía iba a ser la gran proveedora de jeans de la Unión Soviética. Pero la apertura económica y la competencia china echaron por tierra los planes y GMT se cerró.

La Viña Tarapacá ­adquirida por su padre en 1993­ fue su siguiente parada. "Trabajé cinco años, abriendo el canal de distribución de ventas especiales, inventé el concepto de la etiqueta envejecido y embotellado para... (distintos clientes)".

A esas alturas, el lado fiestero ­como lo llama­ y la ingesta de alcohol hacían estragos en su vida. "Los amigos, el trago y vamos con la conversa, el asado y las fiestas. La adicción al alcohol viene de la mano con la adicción a las drogas. Yo partí con el trago. Después, caí en la droga". Durante dos años consumió cocaína.

"Tengo la suerte, porque esto no lo puede decir cualquiera, de tener un padre extraordinario que me agarró y me dijo de ésta vamos a salir, y me ayudó, me apoyó económica y emocionalmente junto con mi señora. Porque tengo la suerte de estar casado con una gran mujer".

Ambos fueron claves para superar sus adicciones. "Y la gran ayuda de mi amigo Raúl Schilkrut (el psiquiatra), dueño de la clínica Schilkrut en la avenida Kennedy", cuenta y sonríe al agregar que allá van todos los famosos. En 1994, a los 27 años, se internó en esa clínica por uno o dos meses, no recuerda con exactitud. Dos años estuvo con chaperón, una persona que lo seguía durante todo el día, a excepción de cuando dormía. "La única manera en que puedes superar las adicciones es con un control excesivo, fuerte. Y con terapia individual, grupal, familiar, de pareja, donde manosean tu vida de una manera casi indecente, pero tremendamente efectiva", relata con la misma franqueza con la que les advierte a sus amigos que si quieren tomar trago en su casa lleven su botella. "Yo tengo alcohol básico, un whisky que tiene como seis años. Cuando me ofrecen trago, digo no tomo. Pero ¿cómo?, ¿no tomai? Es que me lo tomé todo".

Los amigos llegan a su casa en Buin con botellas de ron, de vodka o de lo que sea, pero al irse, si quedó algo, se lo llevan.

"El proceso nunca termina. Esta es una enfermedad que uno tiene apagada, controlada, durmiendo. El tratamiento te entrega herramientas, amor propio, creces y te das cuenta de que durante tres, cuatro, cinco o seis años la anduviste cagando. Te miras al espejo y un día haces click y dices que no es difícil y empiezas a consolidar tus bases; en mi caso, mi matrimonio y mis hijas. Yo tenía dos niñitas, empecé a mirarlas y a pensar esto es mío, aquí estoy, depende de mí en cierta manera que estas niñitas puedan crecer tranquilas, orientadas para que el día de mañana puedan surgir y desarrollarse como personas".

Han transcurrido 11 años desde su rehabilitación y no ha vuelto a recaer. Reconoce que dejar el trago, "una droga legalizada ­como la califica­, es una pérdida y tienes que vivir con este tema toda la vida". Es tan fuerte su voluntad de superar las adicciones, que está intentando abandonar el cigarrillo. Y eso que fuma uno tras otro en su oficina, que no es muy grande ni tampoco muy iluminada en el barrio de Independencia. "Fui donde el doctor Schilkrut y le dije estoy preparado", cuenta aludiendo a su nueva meta.

"Todo mejora con el primer nieto"

"Tengo claro lo que me pasó. Tengo una enfermedad, yo me doy cuenta de que tengo amigos que se toman sus tragos, que le ponen y no entran en ningún grado de locura".

Está seguro que lo suyo no tiene que ver con la falta de afecto o la soledad, "porque a pesar de las crisis (familiares) tuvimos cariño, no nos faltó la mamá ni el papá".

Cecilia, su madre, se volvió a casar y tuvo a Francesca y Cecilia Miretta, quien nació con síndrome de Down. "Mi mamá se corta un brazo y las dos piernas por su hija. La Cecilita hoy tiene 21 años". Hace dos años, ella decidió llevársela a vivir a Madrid porquer quería darle mas oportunidades. "La Cecilita hoy es una mujer independiente, en el sentido de que va al instituto sola, viaja en bus y metro por Madrid. Para los Down es complicado adquirir independencia, porque uno tiende a regalonearlos y a malcriarlos. La Cecilita hoy es una mujeraza", describe cariñosamente a la menor de sus hermanas por parte materna.

El segundo matrimonio de su madre terminó en separación, al igual que el de su padre con Angélica Délano, la madre de sus hermanos Francesca, Diego (alcalde independiente pro RN de Vichuquén), Emilio, estudiante de ingeniería comercial, y Sebastián, alumno de hotelería. "La relación de mi papá con ella no ha sido tan fluida como la que tiene con mi madre, pero hoy día nosotros vamos a sus cumpleaños y a los cumpleaños de los niños".

Cuenta que su experiencia le dice que los papás separados que terminan con malas relaciones la mejoran cuando nace el primer nieto. Isidora, su hija mayor de 14 años, fue el factor de unión de sus padres. Actualmente, las relaciones de la familia extendida son tan fluidas que su mamá pasa la Pascua y el Año Nuevo con su papá, su tercera mujer, Pilar Jorquera, a la que describe como "muy chora", Alvaro, el menor del clan Cardoen, y los hijos del segundo matrimonio.

Pasada la crisis más profunda de su vida, retomó el trabajo, esta vez en el proyecto inmobiliario Las Araucarias de Linderos. El fundo que alguna vez perteneciera al español Jaime Ballestero, su padre lo loteó y construyó una cancha de golf de 18 hoyos. Hace dos años se terminaron de vender los sitios y las membresías del club de golf, del que Carlos René fue director. Él es un golfista de handicap 15.

Así, en 2003, Carlos René se atrevió a dar el gran paso. "Tuve una larga conversación con mi padre, tenía mis ideas, mis proyectos, mis ilusiones y gracias a él, que me dio un gran apoyo en lo emocional y en lo económico, pude derivar y desarrollar ciertos negocios que hoy día estoy manejando".

Se trata de tres empresas creadas con distintos amigos: una de cobertizos prefabricados para terraza que se llama Wood Cover y que distribuyen a través de Sodimac; otra de publicidad caminera, que se adjudicó 24 letreros en el tramo de Pudahuel (donde está Enea, el complejo inmobiliario de Manso de Velasco) y cuyo nombre es Buenavista; una tercera que fabrica mesones de acero inoxidable para cocinas industriales y gabinetes de frío para hoteles y restoranes llamada Polar Fredo.

La cuarta es una humorada ­dice­ y tiene que ver con su principal afición: el rodeo. Es un programa dedicado a los corraleros que va los martes, a las 22, en el canal de fútbol (CDF) y que conduce su gran amigo Jorge Inostroza, a quien se lo puede oír en la radio Agricultura hablando de... rodeo, por supuesto. En honor a su abuelo paterno, la empresa se llama Chomedahue, el lugar en Santa Cruz donde su abuelo se compró el primer campo.

Pura tradición.

"El muerto tenía nombre y apellido"

"Nunca tuve un accidente automovilístico gracias a Dios. Por dos cosas: tenía buenos amigos que no me dejaban manejar o dejaba el auto y agarraba un radiotaxi". La explicación cobra sentido en boca de Carlos René Cardoen. Porque fue alcohólico y drogadicto. Porque está casado con Francisca Larraín Ward, cuyo padre murió atropellado por un conductor que se dio a la fuga el 31 de octubre de 1987.

Hace tres semanas, Carlos René habló con Las Ultimas Noticias. "Nos duele ver a (Pablo) Mackenna otra vez en un accidente", fue el título de una crónica que se hacía cargo de los rumores que alguna vez sindicaron a Pablo Mackenna como el conductor prófugo que habría dado muerte a su suegro en la avenida Las Condes, a la altura de la calle Barbastro, pasada la medianoche.

"Hablé porque me llamaron y porque apareció en un sitio de internet que el señor Mackenna había chocado curado y le estaban cargando un muerto. Mi deber era aclarar que el muerto tenía nombre y apellido: era mi suegro, Carlos Alfredo Larraín".

La conexión entre Pablo Mackenna, el conductor en receso de CQC que está siendo enjuiciado por chocar ebrio en contra de un radiotaxi, con la muerte de Carlos Larraín es producto de rumores. "Todos los rumores lo apuntan a él, absolutamente todos", dijo Carlos René a LUN. Y lo reitera a "El Sábado": "Hay un rumor, un rumor que viene desde hace muchos años. Nunca se encontró el auto ni al conductor. No hubo culpables. Lo dije muy claramente: las condiciones en esa época estaban para cualquier cosa". Sus palabras al diario fueron "ellos manejaban el país, silenciaban y acallaban como se les daba la gana", refiriéndose a la realidad judicial y política en ese entonces.

­¿La familia de su mujer desea aclara el caso?

­¿Cómo se aclara un rumor? Es imposible. ¿Llamando a testigos, a las personas que andan rumoreando esto? Aquí hay un tema de conciencia solamente".

La muerte de su suegro coincidió con el cáncer incipiente de Mary Ward, su suegra, quien al cabo de cuatro años murió. El yerno sabe por las dificultades económicas que pasó su familia política para costear el tratamiento.

Francisca, la cuarta de cinco hijos, al momento de perder a su padre tenía 17 años y se hizo cargo de llevar las cuentas, los exámenes, las idas a la clínica. "Tuvo una gran valentía y coraje", dice aludiendo a su señora que no pudo estar con su madre en su matrimonio. Ella murió días antes.

Carlos René la conoció ya enferma, no así a su suegro, "de quien tengo las mejores referencias, un gran deportista, polero, un hombre muy querido, tenía 50 años".

No quiere hablar más del asunto. Tampoco le agrada que a su padre lo sigan relacionando con la fabricación de bombas racimo y vehículos de guerra. "Qué lata. Siempre con el mismo cuento. Las condiciones de nuestro país en 1978 eran muy complejas. Había una amenaza de guerra (con Argentina). Los generales de Ejército llamaron al empresariado chileno y preguntaron ¿son capaces de ayudarnos en hacer estas cosas (material bélico)? El único que levantó la mano y dijo sí, soy capaz, fue mi padre".

Consciente de que es un negocio en el que hay mafias y tráfico, Carlos René asegura que "mi papá nunca actuó fuera de la ley, jamás". Cree que mientras su padre viva no se solucionará su problema judicial con Estados Unidos, "él no tiene esperanzas (de un arreglo)", a pesar del apoyo que, según su hijo, le han entregado los gobiernos de la Concertación. "El señor Hussein hace 15 años era amigo de los yanquis y después de que se volvió loco invadiendo Kuwait pasó a ser enemigo de los yanquis. Por lo tanto, todos los socios (de Hussein) pasaron también a ser enemigos del sistema yanqui. ¿Quién sabía de la invasión a Kuwait? Nadie".

Carlos Cardoen tiene orden de captura internacional. No puede salir de Chile, sin correr el riesgo de ser detenido. Su hijo del mismo nombre sólo ha viajado una vez a Estados Unidos desde que fuera emitida aquella orden en 1993, por razones de negocios. No le pusieron problema alguno en el aeropuerto. Volverá a pisar suelo norteamericano este verano. Las nietas de Carlos Cardoen van a conocer Disney.

"mi papá nunca actuó fuera de la ley, jamás", afirma. Del problema con estados unidos, que tiene a su padre con orden de captura internacional, admite: "Él no tiene esperanzas (de un arreglo)"."


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