REVISTA YA

Martes 19 de Marzo de 2002

Carlos Cruz, ex ministro:
ya no tengo tanta pena

Del Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Telecomunicaciones se fue triste. La decisión del Presidente Lagos de sacarlo del cargo lo tomó por sorpresa. A dos meses del cambio de gabinete, asegura no estar desilusionado de la política ni dispuesto a echarse a morir.
Texto María Paz Lagos V. Fotografías Julio Maillard

No fue casualidad que el 16 de enero se juntaran trescientas personas para despedir a Carlos Cruz. Ese día, en el restaurante El Parrón, había no sólo comida sino una lluvia de emociones que se desplegaban en discursos y gestos de camaradería. Su salida del Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Telecomunicaciones no sólo lo sorprendió a él, sino a todos los sectores involucrados con su gestión.

Se habló de los problemas presupuestarios que tenía su cartera, de las dificultades para definirse respecto al decreto tarifario de las compañías telefónicas y de que Lagos no estaría de acuerdo con que Cruz impulsara ciertos proyectos a los que finalmente le tocaría cortar las cintas a un posible gobierno de Lavín. Pero, en definitiva, las razones de su partida las conoce sólo el Presidente Lagos tal como el mismo Cruz lo asegura dos meses después y quien, en una actitud políticamente correcta, no quiere hacer conjeturas.

- Con el paso del tiempo, ¿logró entender su salida?

"No creo que éstas sean cosas que haya que entender. Cuando el Presidente Lagos me invitó a ser ministro, yo jamás me lo esperaba y tal como me sorprendió que me nombrara, también me sorprendió que me pidiera que me fuera. Son parte de las facultades que tienen los presidentes y, por lo tanto, la verdad es que no he intentando ni siquiera aclarar cuáles son las razones. Soy un soldado disciplinado en estas causas".

- ¿ Ha tenido conversaciones posteriores con el Presidente?

"Sí, varias, y en general son de una relación muy cordial, muy afectuosa, no ha cambiado en nada".

- Pero en algo será distinta.

"Bueno, obviamente yo tenía una relación prácticamente cotidiana con él y hoy día es mucho más distante. Yo sigo pensando que el Presidente ha dado muestras de confianza muy importantes en mí y el no ser hoy parte del equipo ministerial no invalida esa relación de mucho tiempo. Si él estima que es importante que yo ahora esté en la reserva, estoy en la reserva, con mucho gusto".

- Al principio usted manifestó tener mucha pena, ¿la sigue teniendo?

"No, ya no tanto. Lo que pasa es lo siguiente, el trabajo del Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Telecomunicaciones es tremendamente absorbente y permite proyectar cosas a futuro con mucha intensidad. Eso significa que uno genera compromisos con gente y sectores sociales que se ven beneficiados con cada una de las iniciativas que uno emprende. Entonces, obviamente se produce desazón, más aún cuando tengo la impresión de que hay muchas cosas por hacer que me hubiese gustado poderlas llevar a cabo y, en ese sentido, es legítimo que tenga pena por sentir cortado un camino que se ha ido trazando".

- Dicen que la más picada con su salida era su señora.

"Sí, mi señora estaba un poco picada".

- Y que le pidió explicaciones a Insulza.

"No, mi señora no es de pedir explicaciones. Lo que hizo es que al día siguiente de la salida, cuando el Presidente nos invitó a una cena en su casa, ella estaba muy complicada y se excusó de asistir, pero fue su única manifestación de molestia, porque en realidad estaba muy afectada, sí. Era lógico. No estaba en condiciones de soportar un acontecimiento social de esa envergadura en ese momento, y ésa fue la única manifestación de dolor que tuvo, pero nada tiene que ver con un rechazo a la medida ni con que sienta animosidad contra el Presidente Lagos".

- ¿Cree que el aceptar cargos públicos requiere de un cierto coraje?

"Claro, requiere de una cierta fortaleza especial para distintas cosas. Por una parte, para aceptar la responsabilidad que significa y para llevar adelante las tareas que a uno le encomiendan, para aceptar y soportar la exposición pública a la cual uno está sometido, para aceptar y reconocer errores en público y para aceptar y reconocer que de repente el trabajo se termina. Creo que tal como uno lo acepta con mucha humildad cuando asume, tiene que aceptar con mucha humildad que estos cargos son finitos y, por lo tanto, envanecerse con ellos es el peor error que uno puede cometer".

En ese sentido, agrega: "Nosotros felizmente mantuvimos una actividad muy normal como familia y creo que mi reciclamiento a la vida privada fue mucho más fácil que si me hubiera dejado llevar un poquito por el entusiasmo de haber sido ministro para siempre".

Volver a empezar es algo que Carlos conoce de cerca.

Entre los antepasados masculinos, por distintas razones, tanto su padre como su abuelo tuvieron que emprender nuevos rumbos a los 50 años. "Mi papá trabajaba en el sector público y años después del golpe tuvo que empezar de nuevo. A mi abuelo le fue mal en los negocios y también a los 50 años debió partir de nuevo; por lo tanto, ésta es una vieja historia familiar que se repite generación tras generación, pero en general con resultados virtuosos".

- ¿ Y usted, qué ha hecho después del cambio de gabinete del 7 de enero?

"Lo primero, tratar de reinstalarme. La forma de retomar actividades es intentar rápidamente dar vuelta la página y pensar para adelante. En ese sentido, la idea era instalar oficina, y empezar a buscar nuevas cosas que hacer fue lo que me motivó durante un par de semanas. Una vez que las tuve relativamente claras, tomé una semana de vacaciones, después estuve en España y ahora estoy de vuelta".

Se reconoce muy autodisciplinado y, sin tener mucho que hacer, llega a su oficina a las 9 de la mañana y no regresa a casa hasta las 8 de la noche. "Me apasiono mucho con lo que hago, para algunos es un costo, para mí, una gran virtud".

- ¿Y qué pretende hacer?

"Bueno, tengo la idea de montar una corporación de derecho privado que se dedique a incentivar el campo de asociación entre el sector público y el sector privado. La idea es resolver muchas controversias que de repente aparecen y que a mi juicio son bastante artificiales".

Junto a él trabajan cuatro personas que renunciaron al ministerio y las relaciones de cooperación que pretende establecer están vinculadas al tema de transporte y al de concesiones, su fuerte, que también se transformará en asesorías internacionales que, espera, vayan saliendo con el tiempo.

- ¿Le asusta no tener trabajos concretos?

"Después de haber estado tan protegido durante tanto tiempo y tan sometido a demandas, no tener una plena utilización del tiempo me produce vértigo. Ahora, felizmente tengo algunas posibilidades de concretar algo relativamente rápido en otros campos del sector privado. Estoy pensando en algunos directorios que me permiten tener una base de sustentación más o menos estable".

Dice que lo económico no le preocupa. Incluso asegura no ser machista y que aceptaría feliz que su señora lo mantuviera si fuera necesario.

Agatha Gambardella, conocida como La Kika, es toda una empresaria. Fue dueña del colegio Altamira y actualmente tiene una tienda de decoración, un café y una empresa de comunicaciones.

Con Agatha lleva 25 años de matrimonio. Como pareja y familia asegura que uno de los mejores momentos fue durante su estada en Venezuela, donde obtuvo un master en administración durante los primeros años de casados. Ahí nació Camilo, su primer y único hijo. "Buena parte de los cimientos familiares se constituyeron en ese tiempo".

- ¿Qué tal ha sido ser padre de hijo único?

"A ver, tiene varias aristas. Por una parte, te diría que uno se transforma en un padre excesivamente aprensivo en la medida que concentra los afectos en una sola persona; pero también ha sido tremendamente gratificante, porque genera una relación muy estrecha. En ese sentido, creo que la relación con mi hijo es extraordinariamente íntima, muy afectiva, muy complementaria".

- ¿Es un papá presente?

"No, soy un padre bastante ausente. Esencialmente por trabajar mucho y, como te decía, les pongo mucha pasión a las cosas que asumo y les dedico mucho tiempo a las actividades extrahogareñas. Ahora, obviamente uno siempre se pasa la cuenta, pero creo que en este caso no vale mucho la pena, porque a él le va muy bien, es una persona muy madura y tenemos una muy buena relación".

Cuesta imaginar que el ex ministro sea un socialista de convicciones tan profundas, que a los 19 años llegó a pelearse con su familia por seguir los ideales revolucionarios. La formación del colegio alemán donde pasó sus años escolares no le permitía una inserción particular en la realidad contingente, y fue al ingresar a Ingeniería Comercial de la Universidad de Chile cuando definitivamente salió del cascarón. Viniendo de una familia acomodada y más bien de derecha, explica las razones por las que ingresó al socialismo.

"Soy de la generación del '60 y lo que había en ese tiempo eran grandes inquietudes respecto a cómo se estaban llevando adelante ciertos procesos en el mundo. Yo viví muy intensamente lo que fue la revolución cubana, el movimiento hippie, la guerra de Vietnam, la reforma universitaria, y eso despierta ciertas inquietudes que se transforman en cosas bastante más estructurales respecto a cómo se empieza a ver el mundo".

Sin tener un papel muy destacado como dirigente estudiantil, se empapó del ambiente e incluso abandonó algunos hobbies burgueses como el golf, que hoy retomó. Más tarde, después del golpe militar, se dedicó a ayudar a mucha gente a salir del país.

- ¿Creyó en la lucha armada?

"En su momento era muy legítimo creer que ésa era la forma de resolver los conflictos, hoy día pienso que fue un gran error. Impulsado por el idealismo de juventud, lo veía como algo posible y legítimo. La madurez sirvió para darme cuenta de que era una cuestión bastante poco asentada en lo que son los principios democráticos y de solidaridad".

- No me lo imagino rebelde ni muy chascón.

"Siempre fui una persona bastante disciplinada y he cumplido rigurosamente con las reglas. No he sido una persona excesivamente rupturista, salvo en las opciones más políticas, donde sí tuve una ruptura muy fuerte con mi familia. Eso produjo distanciamiento durante algún tiempo, pero finalmente se subsanó muy bien".

La partida de Carlos del hogar paterno fue considerada, según sus palabras, una traición absoluta. Se trata de una familia bastante unida, compuesta por cinco hermanos y tres primos que quedaron huérfanos y que vivieron en la casa de los Cruz-Lorenzen. "En la época de la Unidad Popular se produjo este desgarramiento en la sociedad chilena, que se manifestó muy claramente con distanciamiento en las familias. Posteriormente eso se agudizó con el golpe".

- De sus padres, ¿quién sufrió más con su alejamiento?

"Creo que ambos lo pasaron muy mal. Con mi madre fue más fácil rehacer. Siempre con las mamás es más fácil. Con mi padre recién vinimos a reconstruir una relación más afectuosa cuando yo me gradué del postgrado, en 1980".

Su papá murió hace dos años, a la semana que a Carlos lo habían nombrado ministro.

"Él se sintió muy contento. Éramos parecidos de carácter, chocábamos mucho por eso. Tanto él como mi mamá fueron siempre personas muy disciplinadas, que valoraron mucho el trabajo como una forma de vida y nos criamos en la idea de que el trabajo siempre dignifica; en consecuencia, eso de echarse a morir, como que no va mucho con nosotros".

quién es

Nació en Santiago el 13 de octubre de 1951. De sangre germana por el lado materno, estudió en el Colegio Alemán de Lota durante la enseñanza básica y posteriormente en el de Santiago. En 1970 ingresó a la Escuela de Economía de la Universidad de Chile y ocho años más tarde viajó a Venezuela para realizar un posgrado en Administración. Dentro del ámbito privado ha sido gerente de finanzas de algunas empresas, editor del diario Estrategia, desde 1981 a 1984, y gerente general de la consultora Sercal. En 1990 comenzó su carrera pública. Fue jefe de gabinete del Ministerio de Economía, vicepresidente ejecutivo de la Empresa Nacional del Carbón, Coordinador General de Concesiones en el Ministerio de Obras Públicas y posteriormente ministro de esa cartera entre el año 2000 y enero de 2002.


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"Creo que mi reciclamiento a la vida privada fue mucho más fácil que si me hubiera dejado llevar un poquito por el entusiasmo de haber sido ministro para siempre".
Foto:Julio Maillard


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