REPORTAJES

Domingo 27 de Julio de 2003

CONFLICTO La verdadera historia del desencuentro gobierno-Armada:
Dawson, el conflicto submarino

La petición de un grupo de ex prisioneros de regresar a la isla está generando entre el gobierno y la marina el más importante diferendo cívico-militar desde la salida de Patricio Ríos de la FACh. Ambos, la Marina y el Ejecutivo, tienen razones clave y profundas que les impiden transar.
PAMELA ARAVENA BOLIVAR

La solicitud de ex detenidos de realizar un acto en Isla Dawson - lugar al que fueron a parar las más importantes figuras de la Unidad Popupar, después del 11 de septiembre- se ha transformado en un tema complejo y mucho más delicado de lo que aparenta, y amenaza con deteriorar las relaciones entre el gobierno y la Armada.

La ministra de Defensa Michelle Bachelet ha apoyado la conmemoración ante el Comandante en Jefe de la Armada, José Miguel Vergara, y, al menos un par de veces, ha sondeado su posición. Si bien el almirante no le ha dicho tajantemente que no, sus argumentaciones son irreconciliables con la posición de La Moneda.

En los medios de comunicación, en cambio, donde ya se conoció que la Tercera Zona Naval no autorizó a las organizaciones de ex detenidos ingresar a la isla, el debate ha sido más tajante. El ministro Sergio Bitar - quien fue prisionero en Dawson- ha criticado la decisión de la Armada, mientras su ex Comandante en Jefe, Jorge Martínez Bush, ha defendido a su ex institución.

En el gobierno le han bajado el perfil al conflicto, a pesar de que lo consideran el principal diferendo cívico-militar desde la salida del comandante en Jefe de la FACh, Patricio Ríos.

Lo más irritante para el Ejecutivo es que la ministra carece de posibilidades legales para intervenir en la decisión de la Marina, dueña del territorio de Dawson, en donde aseguran que existen municiones sordas -resultado de prácticas de tiro, las que pueden explosionar-, hay una base de misileras y para arribar debe hacerse en buques de la Armada, con autorización o de lo contrario "un 'cosaco' puede considerar como hostil la presencia de un visitante particular y proceder...".

El argumento de Vergara es que no se opone a un acto litúrgico, pero que no puede permitir en un recinto militar un acto que puede tener consecuencias políticas, pues está prohibido constitucionalmente.

Con su actitud infranqueable, el Almirante ha forzado un escenario que La Moneda ha desechado: que el Presidente Ricardo Lagos se involucre en el tema, pues tiene el poder, del que carece Bachelet, de ordenarle a la Armada formalmente la apertura del territorio al acto conmemorativo. En La Moneda temen - por los fuertes lazos que, consideran, ligan a la Armada con la UDI, pues no olvidan que su último comandante en Jefe es senador por ese partido- una fuerte arremetida contra el Presidente desde el Congreso si es que el acto deriva en una reunión de carácter político.

En el gobierno, el Mandatario desea que el acto se realice este año, al cumplirse 30 años del golpe militar, y que sea la Marina, sin la intervención presidencial, la que autorice el ingreso de los ex prisioneros.

El plan gubernamental para conseguir "por la buena" la autorización de Vergara es solicitarles a las agrupaciones de ex detenidos que entreguen un plan detallado respecto a qué tipo de conmemoración desean realizar, quiénes irán, qué se dirá, cuánto tiempo durará y cuándo se hará. Incluso se está dispuesto a aplazarlo hasta diciembre. Con el proyecto ajustado por los asesores gubernamentales, la ministra Bachelet se reunirá nuevamente con Vergara para discutirlo formalmente.

Pero el gobierno puede persuadir a la Armada por otros canales. No se puede olvidar que el ex ministro de Defensa Patricio Rojas, en tiempos de Aylwin, frenó la renovación de armanento ante problemas con las ramas castrenses. A fines de agosto llegan las propuestas de los distintos astilleros para el Plan Fragatas de la Armada, y ahora el Ejecutivo puede utilizar la compra como argumento si el conflicto se prolonga más de lo necesario.

Las razones del gobierno

En el gobierno se ve a la Armada como el gran obstáculo a la ambición presidencial de dejar el gobierno el 2006 con unas FF.AA. completamente subordinadas al poder civil.

Desde que inició su mandato, Lagos ha intentado marcar fuertemente su autoridad por sobre las ramas castrenses y prácticamente lo ha conseguido. Ejemplos abundan: su enérgico rechazo al "servilletazo"; su ácida reacción a la abrupta salida del almirante Jorge Arancibia para presentarse a senador UDI por la V Región; el nombramiento anticipado del sucesor del General Director de Carabineros, Manuel Ugarte, que en la práctica lo dejó sin poder, y su monumental molestia ante el Comandante en Jefe de la FACh, Patricio Ríos, por sus decisiones en torno a la Mesa de Diálogo, que ennegrecieron su partida de la institución.

Con el recambio en las demás áreas de la Defensa, el gobierno creía que el Presidente había consolidado sus aspiraciones, pero el episodio Dawson está amenazando con agriar sus objetivos y han marcado a la Armada como la institución que más difícil le está haciendo cumplir su objetivo al Primer Mandatario.

En la óptica gubernamental, desde el año pasado cuando la ministra Michelle Bachelet solicitó a todas las ramas dar señales en vistas al 30º aniversario del golpe militar, "la Marina fue la única rama que nunca se mostró particularmente interesada en la idea", según una alta fuente gubernamental.

Si bien el Ejecutivo no pidió tareas concretas, tanto el Ejército con Juan Emilio Cheyre como la FACh con Osvaldo Sarabia, dieron pasos en esa dirección. El primero con una misa para Carlos Prats, una carta al país y varias reuniones con generales opositores a la intervención militar. El segundo con un homenaje al general Alberto Bachelet y la reincorporación simbólica de los exonerados en 1973.

La idea de un acto en Isla Dawson fue entonces avalada por el gobierno, porque sería "el gesto" de la Armada. Una jornada allí sería un emblema de "reconciliación" y una prueba de normalidad en las relaciones cívico militares. La lectura de "normalidad" simbolizaría - según el gobierno- que la Armada no tiene enclaves vedados al resto de la población, pero sobre todo que el poder naval está subordinado al civil. Y que en eso no transará.

Los motivos de la Armada

Para la Armada, en cambio, un acto que derive en una manifestación política en Dawson, representaría un pisoteo a su imagen. Temen, a su vez, que se transforme en el primer paso hacia la espiral en que está sumergido el Ejército. No es un secreto para el gobierno que dentro del ámbito naval se considera un error el camino seguido por el Comandante en Jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, arguyendo que sus reconocimientos no han significado ningún avance en favor de los uniformados, sino todo lo contrario.

Dentro de la Marina se ha intentado, por el contrario, reforzar la idea de que ella poco tiene que ver con las violaciones a los DD.HH. Nunca han reconocido ni las torturas que acusan algunos prisioneros en La Esmeralda ni en otros recintos en la V Región, ni menos las acusaciones de ser responsables de detenidos desaparecidos. Es más, recién hace dos meses fueron procesados por primera vez un contralmirante y otros cuatro miembros de la institución por la desaparición del concejal socialista y ex regidor de Limache Jaime Aldoney. Las organizaciones de derechos humanos, sin embargo, le enrostran a la institución que la información que dieron a la Mesa de Diálogo de 13 detenidos desaparecidos en Cuesta Barriga demuestra que su participación en hechos de este tipo es grande.

La Armada, de todos modos, siente que - en comparación con las demás ramas- su responsabilidad histórica es menor. Y un acto político en Dawson significaría aceptar tácitamente que su responsabilidad fue mayor.

Sobre todo ahora, cuando la Armada ha estado más expuesta que nunca, no sólo por el caso Aldoney, sino también internacionalmente por el inesperado cambio de itinerario de la Esmeralda (no pudo recalar en Suecia, Holanda y España).

En la oficialidad molestó que el Presidente Lagos asegurara a la BBC de Londres que fue un error el recorrido propuesto para el buque escuela, sin que se defendiera su derecho a recorrer los mares, cuando él mismo, al despedirlo, calificó a sus hombres como embajadores de un país respetado en el mundo por su democracia y sus DD.HH. "Podría haber recordado que en la Torre de Londres la realeza torturó durante años, y ahora es un recinto turístico", dicen. Se recuerda que el comandante del buque tenía 14 años para el golpe y que ninguno de sus tripulantes había nacido para el 11 de septiembre. Por último, disgustó que el Presidente no precisara que la responsabilidad de no prever las consecuencias del viaje correspondían también a los ministerios de Relaciones Exteriores como de Defensa.

Por eso, en el caso de Dawson no quieren ceder, de modo que sea el Ejecutivo el que asuma la responsabilidad y las consecuencias mediáticas de lo que allí ocurra.

El ex Comandante en Jefe de la Armada y senador institucional Jorge Martínez Busch, quien habla a título personal, afirma que el problema es más profundo "tiene que ver con cómo enfoca la autoridad las relaciones que tienen que existir entre las altas autoridades y las personas que están dentro del ámbito constitucional que ellos dirigen. El arte de conducir a un país tiene que estar morigerado por la prudencia. Y en los últimos años lo que más le ha faltado a Chile es la prudencia política".

Según el almirante en retiro, el daño a la Armada con el tema de la Isla Dawson ya está hecho: "Dada la enorme difusión y contenido mediático que se le ha dado a esta petición, no se puede borrar el efecto político. Lo que pudo ser sano, hoy queda sumergido en el plano político que contamina todo. Esto no ayuda de ningún modo al espíritu de reconciliación que se anda buscando".

Él afirma que la relación divergente y no convergente entre las autoridades civiles y militares explica el máximo interés que ha puesto el gobierno en reformar la Constitución. "Con ello se romperían los últimos diques de contención a la acción unilateral y, que muchos vemos, sin justificación, de ejercer el poder por el poder sobre un grupo de personas que están mudas por mandato constitucional".

El combate naval-gubernamental por la Isla Dawson es de proporciones, pues, al igual que el gobierno, la Armada tampoco está dispuesta a transar, y nadie se atreve a hacer una apuesta sobre las consecuencias que puede tener este conflicto.

1973-1974

Una isla "cautivante"

En 1972, José Tohá, llegó a la Isla Dawson investido como ministro de Defensa de Salvador Allende para entregar a la Armada, en nombre de la Unidad Popular, el dominio de los mil 330 kilómetros de ese territorio.

Irónico destino, un año más tarde, en septiembre de 1973, volvería a la isla como detenido político, junto a Clodomiro Almeyda, Sergio Bitar, Orlando Cantuarias, Jaime Concha, Luis Corvalán, Fernando Flores, Arturo Jirón, Alfredo Joignant, Carlos Jorquera, Orlando Letelier, Osvaldo Puccio (padre e hijo), Aniceto Rodríguez, Erich Schnacke, Anselmo Sule, Benjamín Teplizky y Jaime Tohá, entre otros, todos ministros, diputados, senadores y dirigentes de la UP.

Ellos habían sido recluidos en la Escuela Militar, llevados a Punta Arenas, encapuchados y subidos a tanquetas hasta un embarcadero para un periplo en barco hacia el islote, su nueva prisión.

Ubicada en el centro del Estrecho de Magallanes, la Isla Dawson fue descrita en octubre de 1973 por una defensora del gobierno militar: "Los valles, cubiertos de un tupido manto de bosques; el clima, unos cinco a 16º en verano y bajo cero en invierno en las partes altas... Una extraordinaria variedad de plantas enanas... Entre la fauna, gansos, patos silvestres y cisnes blancos de cuello negro".

Para los prisioneros políticos, sin embargo, Dawson fue un inhóspito centro de reclusión, donde José Tohá les solicitó el domingo 26 de septiembre de 1973 imponer autodisciplina, posponer las discrepancias políticas y establecer la más estrecha unidad, luego de ser designado junto al doctor Edgardo Enríquez - el padre de Miguel, la figura mítica del MIR- representante ante los jefes del campo.

En un reportaje del 10 de octubre del 73, Aniceto Rodríguez afirmaba que los "tratan en forma muy gentil", lo que coincidía con la apreciación de Tohá, quien hablaba de un "trato deferente". Las cosas, sin embargo, parecieron cambiar.

La Comisión Interamericana de DD.HH., que los entrevistó en octubre de 1974 (fecha en que se fueron de Dawson), consignó sus quejas. Las barracas para dormir eran pequeñas, la mayoría no tenía frazadas y estaban obligados a lavarse con aguas servidas. Los principales reclamos tenían que ver con trabajos forzados, hostigamiento y escasa alimentación. Los detenidos instalaron 16 kms de postes telefónicos, cargaron camiones con piedras grandes, limpiaron caminos y canales, abrieron zanjas, alambraron y acarrearon ripios en sacos, al trote. También refaccionaron la capilla salesiana, por voluntad propia.

Luego, cuando los infantes de marina se encargaron de su custodia, por orden de la Junta en Santiago, recibieron instrucción militar: cantaban la canción nacional a las 8 A.M. y a las 6 P.M., incluyendo la estrofa de los "valientes soldados". Los trabajos forzados, además, debían realizarlos formados en filas, al trote, con gritos militares y castigos corporales. Con un mal paralelo: la escasa alimentación que les causó bajas de peso promedio de 10 a 12 kilos, y en casos extremos - como el de José Tohá- de más de 20 kilos.

Los prisioneros se quejaron de la censura en las cartas de familiares, aunque lo peor vino cuando a prisioneros llegados desde Magallanes los sometieron a simulacros de fusilamiento.

Los cautivos, sin embargo, sabían que otros detenidos tenían peor suerte, pues hasta Dawson arribaron también hombres como Sergio Vuskovic, que habían pasado por la Esmeralda, acusando evidencias de torturas.

Hoy en el fuerte militar de la isla nada queda de estos recuerdos, ni siquiera las barracas de los prisioneros.

URSS-PC CHILENO

La KGB y Luis Corvalán

Un barco comercial, uno o dos submarinos, tres a cuatro helicópteros, información satelital y armas de última generación usarían los soviéticos para rescatar al secretario general del PC, Luis Corvalán, desde Isla Dawson, apenas unos meses después de ser detenido en 1973. La operación fue planificada por el jefe del Departamento de Análisis e Información de la KGB, Nikolai Leonov, quien la relata en "La Inteligencia Soviética en América Latina durante la Guerra Fría", del CEP.

La KGB se fascinaba con las hazañas de otros servicios de inteligencia que hacían cosas inauditas. "Entonces, cuando supimos que Luis Corvalán y algunos compañeros chilenos estaban recluidos en la isla Dawson, ahí en el estrecho de Magallanes, surgió la idea de cómo salvarlos, de cómo hacerles este tributo a nuestros compañeros de clase, de armas ideológicas, si se quiere.

"El plan consistía en usar un barco comercial de carga, de gran tonelaje, con una cubierta que se abre y una segunda cubierta en la que habría tres helicópteros, o cuatro si era necesario, armados con todo lo que era necesario para aplastar la resistencia de los guardias del campamento en Dawson. Teníamos vistas de la isla tomadas desde satélites; también teníamos maquetas del campamento para hacer la operación comando. Era algo sencillo. Se enviarían también, si era necesario, uno o dos submarinos a esa zona, y cuando el barco estuviera a unos 15 kilómetros de distancia del campamento, saldrían helicópteros y súbitamente asestaríamos un golpe. Primero destruiríamos los medios de comunicación - las antenas- para evitar que llegara la señal del ataque; y después, aplastando el destacamento de la guardia, que no era muy grande, aterrizaríamos y recogeríamos a Luis Corvalán. Lo llevaríamos a bordo del helicóptero a unos 50 kilómetros de ahí, a un lugar destinado a los submarinos. Los helicópteros serían luego destruidos, usando una carga fuerte, en un lugar de mucha profundidad, de modo que no hubiera modo de encontrar ningún trazo de ellos".

Al presentar el plan a la jefatura, los miraron como si fueran locos, aunque los militares estaban de acuerdo en prestar los medios necesarios para ejecutarlo. "Desgraciadamente o afortunadamente, no sé cómo decirlo ahora, el plan no se realizó. Pero confieso que lo hubo", afirma.

RECUERDOS

La capilla de los presos

No sólo una misa están solicitando los ex prisioneros de Dawson. El arquitecto Miguel Lawner ha pedido terminar un proyecto inconcluso de los propios presos políticos de la isla.

A fines de octubre de 1973, mientras ponía postes telefónicos en la isla, Lawner - quien fue detenido por ser director de la Corporación de Mejoramiento Urbano en la UP- descubrió la capilla salesiana en Puerto Harris, un villorrio con escuela incluida, donde hoy viven unas 300 personas. La capilla, la misma donde ahora se pretende realizar una misa conmemorativa, estaba abandonada desde los años 30.

Por eso solicitó a los oficiales permiso para restaurarla. "Hice unos bosquejos y nos autorizaron a iniciar las tareas. Descubrí entre unos matorrales el busto de monseñor Farragno, el sacerdote salesiano que protegió a los onas que estaban siendo desplazados desde Tierra del Fuego. Pronto me di cuenta del valor de la capilla: estaba construida en madera de coigüe de entre mil y dos mil años de antigüedad. Orlando Letelier pidió pintar el alero frontal y Clodomiro Almeyda - que decía que nunca había hecho nada útil en su vida- instaló todos los vidrios".

Entre los demás, rasparon las paredes y el piso, y los aceitaron. "Abruptamente, sin que aún se terminara el proyecto, me informaron que la capilla sería inaugurada el 8 de diciembre de ese año con una misa. Después no nos dejaron seguir trabajando".

La capilla fue declarada Monumento Nacional durante el régimen militar. "Ahora, le presenté un proyecto a la ministra Bachelet - afirma Lawner- para terminar el proyecto original, que contemplaba pastelones de piedra, hechos por los mismos presos y un cortaviento".

Lawner recuerda la isla como un lugar de extraordinaria belleza, con la cordillera de Darwin y sus glaciares de fondo, pero con la carga de ser un campo de concentración.

Hoy la isla sigue conservando su extraordinaria belleza y su portentosa flora y fauna. El rostro del recinto militar, sin embargo, sin las barracas donde los presos políticos estuvieron, ha cambiado.



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Crece la tensión entre el Presidente y el Almirante por la petición de ex prisioneros políticos de realizar un acto en la llamada
Crece la tensión entre el Presidente y el Almirante por la petición de ex prisioneros políticos de realizar un acto en la llamada "Perla del Estrecho", la isla Dawson.
Foto:El Mercurio


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