EDITORIAL

Jueves 8 de Noviembre de 2007

Banco del Sur


La integración y cooperación financiera entre los países de América Latina debe abordarse con modernidad, realismo y seriedad, sin que prevalezca la politización. Lo fundamental es obtener el máximo de recursos para proyectos que sean social y económicamente rentables y de beneficio regional. Los excedentes en divisas de Latinoamérica, aunque hoy sin precedentes y considerables, por los relevantes aumentos de precios de sus exportaciones, son insuficientes para financiar planes para el desarrollo de sus pueblos. Por eso mismo, lo razonable es participar en organismos financieros multilaterales, siempre que den garantía de solvencia y de profesionalismo para invertir y administrar eficientemente los fondos de los gobiernos regionales, captar los cuantiosos recursos extrarregionales disponibles e invertir en iniciativas correctamente evaluadas, que produzcan los retornos esperados.

El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, parecería haber elegido una opción distinta, al proponer la creación del Banco del Sur. Invocando la desorientación, la burocratización y los condicionamientos provenientes de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, propone reemplazarlos por una institución independiente de los países industrializados y autóctona de la región.

Este nuevo banco tendría capital reducido, del orden de siete mil millones de dólares, y se propone, adicionalmente, por algún otro Mandatario, la discutible posibilidad de recibir parte de las reservas internacionales de los estados miembros. Los fondos captados se destinarían a programas de infraestructura, de desarrollo y, eventualmente, a ayudas de emergencia ante crisis de pagos de los países que lo integran. La empresa ha ido recibiendo adeptos, debería comenzar a operar el próximo mes y cuenta con compromisos de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Paraguay. Chile ha manifestado interés en sumarse sólo en calidad de observador.

El Banco del Sur está motivado por razones esencialmente políticas; la restitución de sus préstamos es riesgosa para los inversionistas; su creación es redundante ante la multiplicidad de instituciones financieras existentes; la membresía no favorece el prestigio de los participantes y los expone a ser parte y depender de una instrumentalización de la agenda intervencionista del Presidente venezolano. Se sabe que éste sobrepone la politización a otras consideraciones en sus decisiones. Así lo demuestra la ideologización que practica en la educación, en la economía, en los programas sociales, en la política exterior y en instituciones y valores permanentes, como las fuerzas armadas de su país.

La decisión chilena de limitarse a participar como observador es prudente, resguarda los dineros aportados por los ciudadanos y es correcta ante el ideologismo predominante en este proyecto. Por lo demás, la participación de Chile en calidad de observador no impide concurrir a financiar proyectos específicos y determinadas solicitudes de cooperación asistencial.

Asimismo, difícilmente asignaría el Congreso chileno recursos para que fueran administrados por una entidad en la que parece prevalecer el ideologismo por sobre el pragmatismo, y es imposible que el Banco Central de Chile invierta las reservas nacionales en semejante institución, que no cuenta con clasificación internacional de solvencia, que no dispone de acceso a los mercados mundiales de capitales y que, por ende, dependería significativamente de la influencia y del respaldo discrecional del Presidente de Venezuela.


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