ARTES Y LETRAS

Domingo 5 de Marzo de 2006

ARTE - Guillermo Kuitca, artista argentino:
Pintor sin límites pictóricos

Kuitca es el artista argentino actual más reconocido en el exterior. Sus camas y mapas triunfaron en la escena neoyorquina cuando tenía 30 años. Por primera vez inaugura una gran exposición en Chile, en el Museo Nacional de Bellas Artes y en Fundación Bank Boston.

CECILIA VALDÉS URRUTIA

"Partí mi carrera al revés. Mi vida ha sido un continuo desface", cuenta con su modo pausado, reflexivo y sencillo, el artista argentino más requerido en el exterior. Una de las figuras de culto del arte contemporáneo de Latinoamérica: el llamado niño prodigio Guillermo Kuitca (1951).

Lo cierto es que triunfó en la escena neoyorquina antes de los 30 años. Sus obras de la década del 90, esos mapas y planos enigmáticos y absorventes, se llegaron a a transar junto a trabajos de Lucien Freud y de Rufino Tamayo, mientras él vivía en Buenos Aires. "De algún modo me pareció importante probarme a mí mismo, y demostrar que los artistas de Latinoamérica podíamos seguir viviendo aquí".

Kuitca llegó aún más lejos: continuó en su país mientras su trabajo artístico se requería y exponía también en Europa. Viajaba prácticamente solo a las inauguraciones. Y seguía pintando, sobre tela, madera o colchón, e, incluso, con los ojos vendados o con los pies. En tanto, desarrolla su otra pasión: realiza escenografías de teatro para obras como "Besos brujos" y "La casa de Bernarda Alba". Llega a escribir y a dirigir otras como "Nadie olvida nada" y "El mar dulce". Hace cuatro años debutó como escenógrafo de ópera, con "El holandés errante", de Wagner, en el Teatro Colón de Buenos Aires: el público no entendió su interpretación tan contemporánea.

Y hace dos años, recién, montó su primera retrospectiva de artista consagrado en Argentina en el Malba; después de tener individuales en el Reina Sofía de Madrid, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y en la Whitechapell de Londres, entre otros importantes espacios, junto a la llegada de sus obras a las colecciones de la Tate Modern de Londres, del Metropolitan y del MoMA, entre otras, y después de producirse filmes, como "El joven Kuitca", de Alberto Fisherman.

A Santiago aterriza la próxima semana para inaugurar -el 16 de marzo, gracias a la Fundación Bank Boston- su primera gran muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la Sala de Arte de esa entidad bancaria. Se exhibirán pinturas a partir de los años 80, que hablan del espacio, del lenguaje, de la muerte y la mirada, como de los laberintos de la psiquis. Estarán sus escenas interiores, en las que prima un desgarro y también la belleza, como en sus series "Mar dulce" y "Siete últimas canciones". Vienen sus celebrados planos, plantas, mapas y cartografías, en donde lo abstracto y figurativo se entrecruzan. Asimismo, se verá su emblemática y provocadora instalación: esta vez con 54 camas. Trae sus pictóricas composiciones "musicales", como la tetralogía de Wagner, "El Anillo de los Nibelungos"; y mostrará sus "Diarios", que nacen en la mesa de su taller, a partir de lo que encuentra ahí, que puede ser la marca de una tasa de café.

Ese modo libre de sus diarios lo une a su formación no académica, a pesar de que a los nueve años empezó a estudiar arte con Ahusa Szlimowicz , en la ciudad de Buenos Aires.

Hijo de un contador y de una psicoanalista, de familia de origen judío, Kuitca (quien se declara "no religioso") mantiene una estrecha relación con otras artes, aparte del teatro. De gustos eclécticos, "tengo épocas en que me centro en la literatura de ficción, otras en ensayos e historia", cuenta. Entre sus relecturas figuran Theodor Adorno y Edward Said. En música, "me gusta la electrónica, también Bach, que me parece un milagro, y a Wagner lo prefiero escuchar más que ver. Me encanta viajar y ahora estoy muy ilusionado con ir a Santiago", donde no viene desde 1988, cuando expuso en una colectiva en la entonces galería "Arte Actual", en la Plaza del Mulato, recuerda; mientras permanece sentado frente a un gran computador (otra de sus aficiones), en su casa estudio de tres pisos: un "petit hotel" remodelado en el barrio Belgrano de Buenos Aires, con un hall de entrada con paredes de color verde loro y una lámpara de tubos fluorecentes del artista Schilliro.



-¿Cómo se plantea su trabajo? ¿Se enmarca en una tradición o se identifica con la pintura que expande sus límites?



"Me interesa la pintura como campo que se expande, pero esa expansión no necesariamente tiene que ver con el volumen, con el salir fuera de ella. Me interesa la exploración de los límites dentro de la pintura. Es contemporáneo pensar la extensión dentro de ella".

-¿En nuevas búsquedas dentro del campo pictórico?

"En la imagen que no conoce límites. Mi idea fue, cuando empecé, entender la pintura como algo en que todo era posible y desde cualquier tipo de estímulo. En ese sentido, el teatro, la música y la cultura cotidiana ocupan su lugar".

Espacio escénico



-El teatro es clave, además, que ha trabajado en él...

"Sí, y el trabajar en la dirección teatral y en escenografías me sirvió para pensar mi pintura como un espacio escénico. En los años 80 se tradujo, a veces, en la representación misma de una escena. Ahí uno podía imaginarse que estaba mirando un escenario. Quince años después volví al tema del teatro en la pintura, pero como si hubiera rotado el eje: empecé ahora a mirar hacia la platea, desde el escenario".

-Su obra también dialoga con artistas precedentes como Anselm Kiefer y Gerhard Richter, Warhol, Ryman, los concretos y neoconcretos...

"Sí, aunque en general he sido bastante poco permeable a dialogar con otros artistas. Pero la impronta más evidente la reconozco en Warhol: es difícil reconocerlo como pintor y me interesa esa tradición suya de artista, más que la de otros que han estado bajo techos absolutamente pictóricos. A Richter lo encuentro más claustrofóbico, por ejemplo. Me siento más libre cuando no pienso en lo exclusivamente pictórico. Mi obra a veces no tiene que ver con proyectos cromáticos; a veces es muy mecánica y no artesanal".

-Pero usted partió en la escena internacional, a principios de los 80, cuando había una vuelta a la pintura, ¿le influyó ese momento que vivía la pintura, luego de gritarse su "muerte"?

"Para mí fue más importante la incorporación de la imagen fotográfica en esa época en que todo era muy pictórico. En ese momento era muy joven para decir qué me influenció. Entiendo que un artista que fue conceptual duro en los años 70 sintió rechazo o influencia de los neoexpresionistas. Pero yo no viví con tanta presión el arte conceptual. Yo busqué refugiarme en otros ámbitos: en el teatro, en la arquitectura en mi obra, y aparece la música...".

-Tiene pinturas que hablan de Mozart y exhibirá aquí esas sobre la tetralogía de Wagner. ¿Cómo aborda la transfiguración de la música en su obra pictórica?

"Muchas veces aparece la música transformada en diseño grafico. En el anillo de Wagner mi trabajo tiene que ver con el compositor, pero es una propuesta netamente visual. La imagen es un invento, tomo la música como tema, como si fuera un retrato. No ilustro la ópera. Pinté, incluso, Wagner con otro entorno sonoro, porque en mis obras la música puede aparecer sólo en el título, incluso. Surge como una especie de perfume".

-¿Pero las asocia en la armonía, en el ritmo?

"Sí... Hay una relación con las nociones musicales que se pueden sentir. Hay obras sobre papel que semejan una pequeña canción, y tengo pinturas que se asocian a una sinfonía".

-Y de la literatura, ¿qué hay entre Borges y sus espacios, con los espacios de Kuitca?

"Una de las posibles lecturas de mi obra en algunos aspectos parece ser un acercamiento a situaciones laberínticas, más bien por una asociación de espacios que no siempre tienen una lógica cartesiana; no hay lógica espacial. En ese sentido Borges fue un maestro que lleva a recorrer espacios mentales. Me interesa el usar elementos arquitectónicos como espacios de la mente, que pueden ser lados oscuros...".
Por una cornisa

-Su trabajo con el tema de los mapas y planos marcó un hito. ¿Cómo le fueron permitiendo desarrollar esas búsquedas artísticas y personales?

"Cuando empecé a trabajar con mapas, encontré que la idea contenía elementos fascinantes: ocurre un quiebre entre lo figurativo y lo abstracto. Es una especie de imagen que va por una cornisa, que es todo o nada. Dos de los mapas que se exhibirán en el Museo Nacional de Bellas Artes se llaman justamente 'Todo'.

"Me gusta lo que permite el mapa, jugar por un espacio como un limbo: una especie de abstracción y de máxima información, a la vez. Una de las cualidades que me interesa, además, es el mapa como herramienta para perderse... Y, por otro lado, me interesa el modo en que una constante de líneas van apareciendo en una superficie".

-Y después de esos mapas que nacieron en los años 90 y las camas en los 80, ambos confluyeron en su instalación clave de las camitas.

"¡Sí!, y es mi obra más importante y conocida. Esos caminos convergen, y parecen haberse entrecruzado y fundido, porque las camas son camas y mapas al mismo tiempo. Para mí fue un encuentro muy importante y me interesa conceptualmente ese cruce. Pienso en la cama como el espacio más íntimo y privado, el primer terreno; y lo opuesto sería el mapa, el extremo del terreno colectivo. Esta instalación contiene extremos de la experiencia humana".

-Y reúne la pintura con la instalación

"¡Absolutamente!, la pintura de los mapas aparece en la superficie de las camitas. Es una obra que reúne muchas cosas, y está hecha de materiales como colchón, patas de madera, pintura, botones, plástico...".

-Se ha dicho que su pintura tiene una fuerte elaboración psíquica. ¿Lo comparte?

"Me interesa la exploración de la mente. Pero también me acerco a mi obra de manera intuitiva. No porque me interese en los recovecos de la mente trabajo desde lo mental, al contrario".

-Pero especialmente sus mapas y planos parecen objeto de estudios, de bocetos

"Es curioso, en mi obra hay muchos bocetos, que se verán en el museo. Pero los dibujos aparecen después en la pintura. No me gusta la idea de trabajar con bocetos porque tienen una frescura que los cuadros luego no tendrían; y no me gusta que mi pintura pierda esa frescura. Por eso postergo los bocetos".

-¿Qué importancia le da usted al oficio?

"Trato de no fomentar el oficio, como docente. Y como artista muchas veces intento explorar los límites. Como no fui formado académicamente, mi capacidad fue elaborar esas carencias. Hoy cuando enfrento el cuadro lo hago con esa ambivalencia, con elucubraciones".



Lejos de presiones

-Y desde hoy, ¿a qué atribuye ese temprano éxito, que tuvo a principios de los años 90 en Nueva York...?

"Mi vida es muy desfasada. Y esa especie de desfase se extendió. Aparecí en la escena neoyorquina en un momento en que estaban un poco cansados con la mirada a Europa y donde el poder cultural se concentraba en artistas de otras partes del mundo. Creo que más allá del valor que tuviera mi obra, la acogida se debe en parte a que se empezó a explorar otros terrenos..."

-Usted tampoco se mantuvo con "la imagen probada" de los mapas, sino que incursionó en los "Diarios", que surgen muy libres, casi como un juego...

"Sí, es un trabajo completamente distinto. Partió de la mesa taller. Esa mesa un día apareció cubierta con una tela que me gustaba más y de un modo muy casual empecé a garabatear un correlato visual. Es un colapso de ideas, de pensamientos distintos, de nombres de cosas. Todo el material completamente caótico va a parar ahí. Tiene que ver con esa mirada conceptual que trabajé sobre camas, ahora lo hago sobre mesas. Y así como tengo obras muy organizadas como la sobre la Tetrología wagneriana, en los diarios la sensibilidad es caótica".

-Y qué destaca de las obras suyas que veremos aquí.

"Vienen de las obras más tempranas de los 80 a la Fundación Bank Boston. Una sobre la película de Einsenstein de la serie 'Mar dulce'. Se expondrá también una selección muy grande de trabajos que implican un giro: ahora es el teatro mirado desde el escenario".


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Más de 50 camitas integrarán la singular instalación que Kuitca desplegará en el Museo de Bellas Artes, formando otra figura, y en la cual jugará con el volumen, el espacio y la pintura.
Más de 50 camitas integrarán la singular instalación que Kuitca desplegará en el Museo de Bellas Artes, formando otra figura, y en la cual jugará con el volumen, el espacio y la pintura.
Foto:Kuitca


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