EL SÁBADO

Sábado 3 de Mayo de 2008

José Pablo Arellano en medio de la tormenta

En plena crisis de Codelco, su presidente ejecutivo habla del complicado escenario que enfrenta, dice que preferiría ver al Gobierno alineado y que le cuesta imaginar una situación como la del ministro Andrade durante el gobierno de Patricio Aylwin, del que Arellano fue parte. También habla de su infancia sin padres y cómo eso influyó en lo que es hoy.

Por Paula Coddou B. y Gazi Jalil F.

Algunos de sus cercanos dicen que Codelco ha sido el trabajo más estresante para José Pablo Arellano Marín. Más que su paso como director de Presupuesto en el gobierno de Patricio Aylwin e incluso más que en Educación, donde fue ministro en el gobierno de Eduardo Frei. Un amigo cuenta que Arellano ha confesado que su actual cargo es el que ha tenido "menos gratificaciones de todos".

Sentado en su oficina del piso 11 del edificio de la Compañía, frente a una larga mesa, con Santiago a sus espaldas en un día de cielo amenazador, el actual presidente ejecutivo de Codelco lo niega, y aclara que "he tenido hartos trabajos, y cada uno en su momento ha tenido exigencias y desafíos". Una respuesta muy José Pablo Arellano, dirían sus amigos, quienes lo definen como contenido y controlado.

Tal vez no haya otro funcionario público que en los últimos 18 años haya ocupado puestos tan distintos entre sí. Como director de Presupuesto de Aylwin tenía que cuidar la plata. Como ministro de Educación de Frei tenía que pedirla. Y, ahora, en Codelco, tiene que generarla.

Para muchos de sus cercanos, es un negociador duro. En Presupuesto, donde estuvo siete años, lo bautizaron como la "muralla sonriente", porque a todo decía que no. Eran tiempos en que había que probar que la Concertación podía administrar recursos, y él salió bien evaluado. Igual que en Educación, donde llegó en 1996 en medio de un gran paro de profesores. Él recuerda una anécdota de esa época: cuando asumió recibió un llamado de Máximo Pacheco Gómez, ex ministro de la cartera de Frei Montalva para darle un consejo: le dijo que esa cartera era "un mar sin orilla".

Arellano, 56 años, sonríe. Tiene un vaso de agua en frente y se frota las manos mientras habla.

Quienes lo conocen coinciden en algo: es un tipo responsable. Eso mismo opinan sus hermanos, de quienes fue un poco padre cuando se murió el suyo. José Pablo Arellano, hoy de 56, tenía entonces cuatro años. Era mayor que sus hermanos Pedro y Teresita. Su madre estaba embarazada de ocho meses, esperando a José Santiago.

Tal vez por eso también es introvertido.

"Mi papá murió a los 33 años, súper joven, de un problema renal. Por eso, cuando cumplí 33 pensé, ¡chuta! que joven era mi papá. Y ahora mi hijo ya va a cumplir 33", cuenta algo emocionado. Su padre sabía que iba a morir y compró un par de terrenos para darle seguridad económica a sus hijos.

–¿Recuerda a su papá?

–Sí, poquito, pero me acuerdo. Y además tengo un tremendo recuerdo a través de sus amigos, de la gente que lo conoció. Él se llamaba José (se le ponen los ojos brillantes). Mi padre no terminó sus estudios y de joven tuvo que trabajar. Cuando murió, era alcalde de Cartagena, presidente de la asociación de municipalidades de la época y falangista.

Tras enviudar, su madre creó un jardín infantil llamado "Casita de Nazareth", que hoy es parte del colegio Villa María, mientras los tres hermanos estudiaban en el San Ignacio.

Pese a la ausencia del padre, los cuatro Arellano Marín eran aún chicos y felices. Pero su madre murió 10 años después de una repentina enfermedad. José Pablo tenía 14 años. Siguieron viviendo en su casa, y la abuela se fue a vivir con ellos.

–¿Cómo lo marcó haber quedado huérfano tan tempranamente?

–Como hermano mayor, uno tiende a ser más responsable. Tuve el apoyo de mi abuela y una tía abuela que vivía con nosotros. Pero uno se siente más responsable de sus hermanos menores: yo era apoderado en el colegio, y cosas así.

–¿Nunca se rebeló por el hecho de perder también a su madre?

–Más que rebelarme, me dolió. Me acuerdo que en una misa, un padre nos leyó la parábola de los talentos y eso me ha quedado siempre. Uno desarrolla una fuerza especial.

–¿Cómo se nota eso ahora?

–(Se ríe) Uno va creciendo harto, rezando un poco. Tal vez me hice más hacia adentro... También se reforzó mi fe en Dios.

El 69 egresó del San Ignacio y entró a Economía en la U. Católica. Era su vocación. También entró a la DC.

–¿Nunca lo encantaron los discursos de izquierda de la época?

–Estábamos atentos. Cuando parte de la DC se fue a la Izquierda Cristiana nos juntamos un grupo con don Bernardo Leighton y él nos dijo (golpea la mesa) ¡éste es el camino!

El año 75, a los 23 años, se casó con Manena Recabarren, tuvo su primer hijo y se fue a Harvard. Allá se quedó dos años y terminó su tesis de doctorado en Chile. En Estados Unidos nació su segunda hija. Hoy ya es abuelo y con otro nieto en camino.

Los Arellano Marín viven todos juntos en La Reina alta. Ahí José Pablo y su hermano Pedro salen a subir cerros, aunque por estos días, dice, no ha podido hacerlo. El prolongado conflicto de Codelco lo ha mantenido concentrado en su trabajo. El Teniente volvió a suspender operaciones el martes, El Salvador lleva dos semanas sitiado y el día de la entrevista, miércoles 30 de abril, el problema con los trabajadores subcontratados no tenía visos de terminar. Para peor, algunos sindicalistas han pedido la cabeza de Arellano, mientras en el Gobierno seguía la pugna soterrada por la postura del ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, partidario de que Codelco negocie directamente con los subcontratistas.

–Con todo esto que ha sucedido, ¿está arrepentido de haber aceptado este cargo?

(Cuando aceptó, Arellano era director de varias empresas: TVN, Fundación Chile, y varias firmas privadas también: antes estuvo en BancoEstado y Canal 13)

–No, pero si algo me llama la atención es que no hay un reconocimiento en la clase dirigente, de toda, de la importancia que tiene la empresa para el país. El trato que recibe no está a la altura de su importancia. Codelco es muy importante pero no se le cuida, no se le trata como la gran empresa que es.

–¿Hoy se siente entrampado en este conflicto?

–Más que el conflicto, lo que no me esperaba era tener que poner tanto esfuerzo en defender la empresa. Defenderla de una falta de reconocimiento.

–Pero más allá de eso, hoy está en medio de un conflicto que tiene a Codelco paralizada.

–No estamos paralizados, pero nos toma muchas energías que quisiéramos estarle dedicando a otra cosa.

José Pablo Arellano sigue trabajando "las 12 horas de siempre", dice, aunque ya no puede jugar squash ni trotar en la semana. Su único deporte, bromea, es subir religiosamente cada día la escalera que lleva a su oficina.

–¿Qué solución le ve al conflicto? Para algunos pasa por su propia salida.

–(Sonríe apenas) Esto no es una huelga ni un paro, ves gente que a través de la violencia está interrumpiendo el acceso a los trabajadores de Codelco y de las empresas contratistas a las faenas. Eso no es aceptable y por eso nos hemos puesto muy firmes. Hoy está El Teniente sin trabajar, porque no queremos arriesgar a nuestros trabajadores. Hay turnos en que la gente va de noche y en la oscuridad les disparan balines. Y no los vamos a arriesgar, aunque sea una pérdida grande de ingresos.

–¿Se va a sentar a conversar con los subcontratistas, como quieren algunos?

–Siempre hemos conversado. Lo que pasa es que hay conversaciones que podemos hacer, y otras que no nos corresponden. Y negociaciones que no nos corresponden. Negociamos con los trabajadores de Codelco y no hemos tenido ningún conflicto, a pesar de que estamos en un período de altísimos precios.

Cuando Arellano estaba en Presupuesto, participó en todas las negociaciones de salario mínimo y de reajuste del sector público con Manuel Bustos y Arturo Martínez. "Hicimos un muy buen trabajo", recuerda. Pero Martínez, el lunes pasado, declaró que Arellano debía renunciar porque no había podido administrar la empresa sin conflictos.

–¿No tiene razón, en parte?

–Voy a estar aquí defendiendo la compañía y buscando resolver los problemas. Creo que no corresponde un camino como ése. Entiendo que Arturo estaba haciendo un reclamo que quiere que el conflicto se solucione...

"NO HEMOS CONVERSADO"

–Una de las críticas hacia usted es la incapacidad de prever este escenario de conflicto.

–Anticipamos que esto iba a repetirse. Pero como en otras ocasiones –esta situación viene de 2003– siempre se alegan incumplimientos y la verdad es que hemos cumplido todo lo comprometido. Luego se planteó una negociación tripartita que no corresponde, y hemos insistido en eso y es la línea del Gobierno.

–Habla de la línea de Gobierno. ¿Qué responsabilidad le asigna al ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, en la prolongación del conflicto?

–Él es el ministro del Trabajo, el tema lo estamos abordando nosotros como empresa. ¡Claro!, yo quisiera que ... preferiría que todos estuviéramos en una sola línea, en un solo discurso respecto de que esto hay que abordarlo entre las empresas y sus trabajadores.

–¿Qué hubiera esperado concretamente del ministro del Trabajo?

–Prefiero no hacer comentarios.

–¿Han hablado para acercar posiciones?

–No, en estos días no hemos conversado.

–¿Le molesta la falta de unidad del Gobierno?

–Hay una clara postura del Gobierno que planteó el ministro del Interior, que ha reafirmado el directorio de la empresa.

–Usted fue a hablar con Pérez Yoma, ¿Le planteó si era Andrade o usted, o que Andrade debía renunciar?

–¡No! Yo tiendo a comprender, siempre trato de ponerme en el lugar de los otros, y es algo que me ayuda.

–¿Es estratégico lo de Andrade?

–¿Qué estamos organizando haciendo esto dices tú? (se ríe). Pero hay roles distintos, por supuesto.

–¿Y el ministro del Trabajo tiene que estar más cerca de los trabajadores?

–No quiero opinar de eso, no quiero calificar. Nosotros estamos muy cerca de los trabajadores.

–De algunos...

–De los que contratamos, de los que evaluamos, los otros nos relacionamos a través de empresas y ellos tiene que mantener esa relación.

–¿Va a renunciar si el conflicto no se resuelve como a usted le parece?

–No me lo he planteado. He estado haciendo las cosas de acuerdo con mi obligación legal.

–Pero si esa línea se cambiara, ¿se iría? No son pocos los que sostienen que deben negociar ustedes directamente con los subcontratados.

–No veo que la línea se esté cambiando. El directorio está claro y el Gobierno también.

–¿Usted se imagina en el Gobierno de Patricio Aylwin a dos ministros teniendo divergencias públicas?

¡No!– contesta de inmediato. No, repite. Diferencias sí, pero no en público.

–¿Eso es porque hay otro ánimo?

–La Concertación ha sido la alianza más clara de la historia y apuesto porque podrá fortalecerse, pero requiere recomponer el ánimo societario, que se han debiliitado con el tiempo. Creo que eso era más fuerte.

la acusación de letelier

Arellano estuvo en Cieplan en los 80, junto a René Cortázar, Patricio Meller, Pablo Piñera, José de Gregorio y Alejandro Foxley, de quien es muy cercano.

–¿Echa de menos la mística de esos años?

–Echo de menos la mística de la vuelta de la democracia, del 90 en adelante, sí, la echo de menos. Había mucho más sentido de equipo y, la verdad es que todos estábamos muy conscientes en que se estaba jugando la vuelta a la democracia. Y hoy estamos en otra cosa, en que la democracia ya está segura y hay que cuidar el desarrollo del país. Y eso es menos claro. Y es lo que está en juego hoy día.

–¿Y parte de la Concertación tiene una desafección con el desarrollo y el modelo?

–Claro. La gente se da más licencias, los dirigentes en general. Mira más su proyecto y no el desarrollo, que requiere un crecimiento colectivo, con equidad.

–Usted viene de Cieplan, donde tuvo mucho contacto con el mundo sindical. ¿Cómo es ahora ser el "malo" en parte, el enemigo de algunos trabajadores?

–No me gusta que se hable de los trabajadores por un grupo, que está haciendo un sindicalismo que no busca construir acuerdos y el grueso está en otra cosa. Que se identifique al conjunto de los trabajadores con eso, les hace mal. Pero obviamente que preferiría no tener que ser el que aparece como en esa posición (de malo de la película), pero es lo que me toca hacer.

–En diciembre pasado, el senador PS Juan Pablo Letelier dijo que usted "le mentía al país" por el tema de la subcontratación, y acusó a Codelco de no cumplir la ley. ¿Es lo más duro que le han dicho, mentiroso?

–Sí, y por eso lo llamé. Hablé con Juan Pablo. Le dije, 'Mira, me parece súper grave'. Puede haber diferencias pero mentir, eso sí que no lo voy a hacer. Quedé tranquilo con la explicación que él me dio. Si nos descalificamos, si no nos creemos, si decimos que alguien miente, eso nos lleva por un camino que termina en cualquier parte.

–El fracaso no está en su currículo. ¿Está preparado para eso?

–Quiero que las cosas resulten bien, obviamente.

–¿No teme tener que renunciar finalmente?

–Bueno, uno está siempre expuesto a que las cosas no resulten como uno quisiera. O que no coincidan las percepciones con lo que pasa, y ése es el riesgo.

–¿Le ha pedido algún consejo a su amigo René Cortázar por estos días?

–(Se ríe) ¡Yo le he dado consejos a él!


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Foto:Carla Dannemann


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