REPORTAJES

Domingo 19 de Agosto de 2007

Documento de Expansiva "Somos más, queremos más y podemos más" demanda drástico cambio institucional:
Jorge Marshall: Lo que necesitamos es renovar la nave

El presidente de la corporación cuestiona el enfoque electoralista de "El Desalojo", de Andrés Allamand. En un estudio que lanza hoy, Expansiva urge a terminar con "el sistema asistencialista y autoritario que ha imperado en Chile".

NELLY YÁÑEZ N.

Al paso del crudo diagnóstico del senador Andrés Allamand (RN), que plantea "El Desalojo" de la Concertación en 2010, salió Expansiva, centro de pensamiento liberal cercano al oficialismo, que preside Jorge Marshall. En un documento de 28 carillas titulado "Somos más, queremos más y podemos más", plantea una defensa con cifras de los logros alcanzados por el oficialismo desde 1990 a la fecha. Pero lejos de quedarse en la autocomplacencia, demanda drásticos cambios para enfrentar la siguiente fase.

El estudio, iniciado en abril con la colaboración de más de 100 profesionales, no pretende replicar directamente al senador de RN, pero difiere de su diagnóstico. "Nosotros planteamos un horizonte de dos décadas, y 'El Desalojo' sólo mira a los comicios de diciembre de 2009 sin detenerse en las cuestiones de fondo", opina Marshall.

-¿Hay que "desalojar" a la Concertación en marzo de 2010?

-Para Andrés Allamand el tema es cambiar al capitán, pero el escollo es otro. Hasta el momento, hemos navegado con mucho éxito, pero la embarcación no está preparada para entrar en los mares inciertos que se nos vienen. Los obstáculos son las instituciones, el asistencialismo y el autoritarismo en la convivencia social. La nuestra es una invitación a cambiar el horizonte para renovar la embarcación. No se trata de cambiar el rumbo o de hacer reparaciones parciales. Definitivamente, lo que necesitamos es renovar la nave. Hay que pasar de un orden social post dictadura a otro abierto a la innovación y a la creatividad".

-Él ve la situación tan irreversible que plantea como vía de cambio sacar a la Concertación de La Moneda.

-Ese enfoque planteado por Allamand es sólo electoral y con un diagnóstico que se agota sólo en la Concertación. El nuestro tiene raíces más profundas y considera los cambios que ocurrirán en los próximos cinco gobiernos. Lo que hay que desalojar es la política de las visiones rígidas y de las recetas cerradas. Ése es el primer paso para renovar un marco institucional que a nuestro juicio tocó techo. Hay que desafiar el modelo asistencialista, cuestionar nuestro estilo autoritario de convivencia. Podemos crecer a tasas interesantes, pero sólo una mejor convivencia social garantizará el crecimiento en el largo plazo.

-¿Y cómo se afrontan los problemas de gestión? ¿Con la alternancia, como lo plantea la oposición?

-La democracia permite la alternancia, pero es la confianza de la ciudadanía la que decide. El énfasis de la derecha en la alternancia es políticamente legítimo, pero refleja un diagnóstico gerencial de la política. No entra a cuestionar el orden social ni la forma de convivencia. La Concertación tiene un bagaje histórico que está más cerca de estos temas. Es cierto que ha hecho rendir el actual marco institucional; sin embargo, ha sido débil para mejorarlo y para cambiar el asistencialismo de las políticas públicas, en parte porque hemos vivido un período en que la sociedad prefirió el orden para funcionar luego de una experiencia traumática.

-El cambio del tablero de juego institucional no es fácil. Obviamente, va a generar tensiones, conflictos, incomodidades...

-Todo proceso de cambio genera tensiones. En este caso, porque transforma la manera de hacer política y de organizar la convivencia. Algunos demandan más autoridad, pensando en sofocar conflictos que después de un tiempo volverán a aparecer. Pero para resolver el origen de los conflictos hay que cambiar la forma en que se ejerce la autoridad. El mundo actual demanda enfoques transversales, relaciones horizontales, decisiones expuestas a ciudadanos informados y exigentes de sus derechos. No es fácil, pero es inevitable para poder progresar.

-Ese giro implica pérdida de poder.

-La coalición que está en el gobierno tiene que aceptar esa pérdida de poder, que se reparte entre la oposición y la ciudadanía. Hoy, el cómo se hacen las cosas es tan importante como el qué se hace. Este giro esta pendiente en Chile. La política del futuro es de colaboración, más participativa. Se acabó el tiempo de la política entre cuatro paredes.

-¿La administración Bachelet ha actuado entre cuatro paredes?

-En lo esencial, la administración Bachelet ha mantenido el estilo de gestión del Estado chileno, que siempre ha operado entre cuatro paredes. Un ejemplo es el Transantiago, que no consideró variables que sólo aparecen cuando la participación es amplia y hay colaboración efectiva. Cambiar este estilo es un desafío.

-Pero la Presidenta también planteó la idea del gobierno ciudadano y de las comisiones como vía de consulta, y eso fracasó.

-Durante la campaña efectivamente la Presidenta planteó el concepto con mucha intuición, pero las acciones que hemos observado sólo han tocando la superficie de un proceso que es de lenta maduración. Además, el concepto se distorsionó cuando se planteó como alternativo a la política. La participación consiste en una política más abierta, lo que no se logra de un día para otro, especialmente cuando la gente sólo conoce una suerte de 'rol de víctima' y confunde participar con pedir. Eso ahoga la creatividad y el esfuerzo individual.

-¿La discusión sobre el salario ético que planteó monseñor Alejandro Goic es asistencialista?

-Monseñor Goic apuntó acertadamente a la desigualdad en un país que se enriquece, pero hay otros vicios, como el asistencialismo y el autoritarismo. Sería lamentable disociar el salario ético del esfuerzo individual.

-¿Es viable realizar estos cambios con gobiernos de cuatro años?

-El horizonte del país no puede ser de cuatro años. Debemos buscar fórmulas en que la oposición comparta más responsabilidades en la gestión de las políticas a través de contrapesos, participación en empresas públicas, rendición de cuentas o gobiernos regionales. El sistema actual, donde quien gana la elección se queda con todo el poder, no facilita la colaboración, que es indispensable para tener la flexibilidad cuando hay escenarios que no podemos anticipar.

POSIBLES FUENTES DE CONFLICTOS: "Los actores públicos están más impacientes"

De acuerdo al documento, el país necesita de formas más eficientes y justas para coordinar las nuevas energías de la sociedad. "Chile necesita hacerse grande", dice, al sostener que "no basta" con hacer ajustes en algunas de las formas y reglas que han organizado hasta ahora las actividades sociales.

Para esta tarea demanda nuevas formas de colaboración social y de gobernabilidad, relaciones más horizontales y una mayor calidad de las decisiones públicas.

Sostiene que la cooperación no es sólo un remedio ante las debilidades del Estado, del mercado o de la sociedad, sino una herramienta crucial en la tarea de mejorar la capacidad del país para crear y concretar oportunidades de desarrollo. Y que esta cultura y organización para la cooperación no van a surgir espontáneamente, por lo que el Estado debe jugar un papel insustituible como iniciador y catalizador.

Luego de sostener que esta labor demandará tiempo y que no hay atajos posibles, advierte que "el auge del cobre, el malestar frente a las fallas ostensibles en la calidad de la gestión pública, la conciencia cada vez más aguijoneada de una desigualdad intolerable, han vuelto a los actores públicos más impacientes y menos dispuestos a cooperar y a aceptar postergaciones". Y que esa impaciencia puede ser fuente de conflictos, pero también un gran motor de cambio y desarrollo.

Frente a este escenario añade que "no hay lugar para las seducciones del populismo ni para las recetas tecnocráticas", y que el Chile desarrollado de los próximos 20 años exige una nueva arquitectura institucional que aliente la colaboración y el reconocimiento mutuo en un ambiente de cambio y de incertidumbre.

ACTUAL SISTEMA FUE ÚTIL EN EL PASADO: "Proponemos cuestionar nuestro estilo autoritario de convivencia"

Expansiva plantea que en los últimos 20 años Chile ha experimentado un acelerado progreso, pero que es hora de emprender decididamente la innovación institucional y trabajar por una mejor convivencia entre los chilenos. A continuación, párrafos marcados de esta ponencia:

"Existe una brecha entre nuestra incipiente visión de lo que queremos para Chile y lo que hoy somos. Esa distancia crea una tensión que sólo se resuelve consolidando la visión del país que queremos y luego produciendo las condiciones para actuar en la realidad de acuerdo a esa visión.

"La transformación en los últimos 20 años ha sido profunda, pero no lo bastante para sostener lo que viene.

"El marco institucional que organiza las políticas del Estado nos fue útil en el pasado, pero ya ha tocado techo. No se trata simplemente de las dificultades con que hemos topado en áreas donde hemos sido poco exitosos, como la educación, sino de algo más profundo, que toca el tejido social y nuestra cultura nacional.

"El auge del cobre que vivimos desde comienzos de 2006 crea oportunidades y amenazas: aporta recursos que nos permitirían avanzar en el desarrollo, pero no ofrece la garantía de que se gastarán bien. La inquietud sobre nuestras capacidades para aprovechar esta oportunidad ya está instalada entre nosotros.

"Para pasar a la acción debemos partir por reconocer el nuevo escenario que acompañará el desarrollo del país en las próximas décadas (...) El rasgo más relevante de estas tendencias es la incertidumbre, que todo lo permea; actuar en un ambiente de escasas certezas se está volviendo una norma, ya no la excepción. La política habrá de operar en adelante en un mundo incierto; la economía ya lo hace.

"Hoy lo que Chile necesita no es un cambio en el rumbo de sus políticas fundamentales. No basta con perfeccionar las políticas sectoriales, ni siquiera aquellas que tienen alta prioridad. El tema de fondo tampoco es quién conduce el gobierno; pues, a pesar de las críticas, el sistema político chileno es confiable y estable. Ninguna de estas visiones parciales de la transformación toca las bases en que se apoya el progreso futuro, que hoy comprometen a la sociedad entera: el sistema político, las empresas y la sociedad civil.

"Proponemos actuar sobre el marco institucional en el que se organizan las políticas del Estado, desafiar el modelo asistencialista de gobernabilidad que nos ha moldeado hasta ahora, y cuestionar nuestro estilo autoritario de convivencia tradicional".

CAMBIOS AL MODELO DE GOBERNABILIDAD Y CONVIVENCIA: Chile debe sacudirse el "peso de la noche"

Para el "think tank", otro obstáculo que enfrenta Chile es el modelo de gobernabilidad, al que acusa de incentivar la pasividad de los individuos como un medio de asegurar el orden social.

Advierte que en la relación Estado-ciudadanos "sobrevuela una mirada paternalista y asistencialista", y que ese enfoque "ya no nos sirve".

Reconoce que esa visión fue muy útil en los períodos conflictivos de la transición a la democracia, cuando la sociedad demandaba que el Estado aportase el orden que le era imperiosamente necesario para funcionar. Pero que hoy "Chile debe sacudirse el 'peso de la noche'".

Este modelo, de acuerdo al análisis, no permite a Chile desenvolverse en un mundo que necesita combinar orden con creatividad e innovación.

"El paternalismo ahoga la libertad", sentencia. Y añade que "la pasividad está negativamente relacionada con el desarrollo".

Junto a lo anterior, suma como otra traba, el "estilo de convivencia tradicional", que se expresa en los ámbitos más diversos de la sociedad, desde la sala de clases hasta la empresa.

Esos "frenos", sostiene, sólo pueden ser removidos con una educación que encuentre nuevas formas de autoridad, sin caer en los extremos de la obediencia irreflexiva o del liberalismo total.

También afectan esos vínculos, según advierte, la persistencia de desigualdades y la discriminación en muchos ámbitos. Y lamenta, en esa línea, que la meritocracia no haya avanzado al ritmo que debiera hacerlo.




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