REVISTA YA

Martes 2 de Octubre de 2007

El monólogo interno negativo


Por NEVA MILICIC,

sicóloga

Un monólogo interno negativo es un espacio de conversación muy frecuente de relación consigo mismo, en niños y adultos. Son autoafirmaciones negativas que constituyen un espacio mental que resulta tóxico para el crecimiento emocional y también para el sentido de la autoeficacia.

Cuando usted dice 'jamás voy a terminar de ordenar el clóset', o 'nunca voy a ser capaz de terminar con mis deudas' o 'no puedo dejar de gritar a mis hijos', usted se autoconvence que esto va a suceder. Las reacciones depresivas tienden a intensificar los monólogos negativos; se termina por sentir una actitud negativa contra sí mismo.

Daniel Brown, que es profesor de la facultad de medicina de Harvard y autor de numerosas publicaciones, trabaja enseñando a las personas a meditar. Relata que en sus primeras experiencias de meditación, a la mayoría de las personas les surge una intensa rabia u odio contra sí mismas. ¿De dónde proviene este monólogo negativo? Brown responde que este diálogo interno se forma en la tierna infancia de las conversaciones con los padres y da un ejemplo que me parece clarificador.

Una madre que está enojada le dice a su hija 'eres una niña mala', cuando realmente quiere decir 'no me gusta lo que estás haciendo'. El mensaje 'soy mala' permanecerá, dice Brown, aún cuando la niña haya crecido y olvidado la razón por la que le dijeron que era mala.

Los niños con monólogos negativos sienten una enorme impotencia frente a la realidad, se sienten poco capaces de cambiar y se rinden con facilidad frente a los obstáculos.

Cuando comienzan a tener una iniciativa, a la primera dificultad surgen las verbalizaciones que los atrapan en un círculo paralizador: 'Esto es muy difícil para mí, no lo voy a lograr', y allí se paralizan, abandonando los esfuerzos por salir adelante. Se entrampan en sus dificultades, enredados en el tejido mental que constituye su monólogo negativo.

Que los niños construyan conversaciones positivas consigo mismos para que tengan la sabiduría de confiar en sus recursos internos, requiere de una atención vigilante sobre nuestro lenguaje hacia ellos. Ser capaces de atender a las claves sutiles de lo que decimos a los hijos es el mejor aliado para analizar qué suministro constituye nuestro lenguaje para su mundo interno.

Haga un ejercicio: escriba algunas de las frases que diga a su hijo o hija, durante una semana.

Lea atentamente y evalúe si están transmitiendo lo que quiere transmitir. No se desanime, ni caiga en una autoevaluación negativa, como padre o madre. Usted, no cabe duda, los quiere mucho y hace muchas cosas positivas por ellos. Tome esas frases y cámbieles la dirección de contenido, escribiéndolas en positivo; verá que no es fácil, pero que tampoco es imposible.

Se trata de mirarlos con ternura, focalizarse en sus puntos fuertes y alentarlos a cambiar en lo que no está bien. Si necesita decir que algo no está bien, busque en el camino para decirlo en positivo.

No diga 'eres pésimo para las matemáticas', sino 'vamos a buscar un camino para que puedas aprender a dividir y estoy segura que lo lograrás'.

Dejar como herencia un monólogo positivo es sin duda una buena herencia, y para ello se necesita que usted entregue mensajes que incluyan mucha retroalimentación positiva.




Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir

  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales