WIKÉN

Viernes 8 de Septiembre de 2000


Pequeños personajes

En la ficción de las teleseries no todos son héroes ni villanos. Hay personajes con un trabajo normal, de empleada, médico o pescador. En la vida real, los actores que frecuentemente se encargan de estos roles, agradecen ciertas cosas, reclaman por otras y se preguntan hasta qué punto se les valora.
LOS HOMBRES DE PUEBLO

El actor Ricardo Pinto, hoy Enríquez, el torpe ayudante del alcalde Tiberio en Santoladrón, tiene un amigo que define a muchos de los personajes que él ha hecho en teleseries como personajes lechuza: no hablan, pero miran harto.

Otro amigo suyo que también hace papeles pequeños suele contar las historias en que actúa como si todo girara en torno a él. Me parece que es una forma de trabajar sana, dice Pinto. Porque aquí, como en el fútbol, no hay ningún jugador parado.

Pinto comenzó a ser convocado a varias teleseries para interpretar a personajes populares que, en registro de comedia y con apariciones breves, matizan la ficción. Tras varios trabajos que los actores conocen como bolos (servir el café una vez a los protagonistas, por ejemplo), Pinto fue el maestro sanguchero en la fuente de soda de Estúpido cúpido, donde hacía completos de verdad. Más importante que ese realismo fueron las caras que el actor ponía al escuchar lo que decían los personajes que sí tenían diálogos. Así ganó algo de cámara y la simpatía del director.

Luego fue Jeremías, empleado de la farmacia de Sucupira, el parrillero Rogelio en Borrón y cuenta nueva, el junior Juanito en Oro verde y el Taza, un pescador sordo, en Romané.

En la Plaza Ñuñoa, mientras sale un colegio, varios niños se acercan para pedirle autógrafos. El los firma como Taza. A ellos no les interesa tener un autógrafo de Ricardo Pinto, explica.

Es frecuente que los actores con roles pequeños en las teleseries sean más cercanos al público. Ese es el caso de Eduardo Gutiérrez, integrante del infaltable trío-de-personajes-populares desde Sucupira en adelante. Este actor, que fue a principios de los 70 el jovencito del Far West (un espectáculo al aire libre sobre aventuras de vaqueros), cuenta que siempre vuelve con regalos de la gente de los pueblos donde ha grabado teleseries.

Nosotros somos como ídolos de los trabajadores a los que representamos, agrega. Cuando hice al Anchoveta en Romané, los cookies (cocineros de los barcos, como el personaje), se molestaron, porque hice que el personaje fuera amanerado. Como era cocinero, pensé que se le podía quemar el arroz. Pero al final lo entendieron con humor.

Gutiérrez, que ha hecho de pescador en Sucupira, La fiera y Romané, reconoce que muchas veces sus papeles son limitantes. Pero dice estar agradecido. Yo he podido vivir de la tele mucho tiempo. Es menor el sueldo, es verdad, pero como gano menos, gasto menos. Para mí es un orgullo estar con este equipo (el de la producción dramática del primer semestre de TVN). Significa que estoy entre los mejores actores de Chile.

Héctor Aguilar, compañero de Gutiérrez en los tríos populares de Oro verde, Iorana, La fiera y Romané, también tiene razones para agradecer. Hace cuatro años este actor que fue miembro fundador del Teatro Itinerante de Fernando González, había dejado Santiago agobiado por las deudas y partió con su mujer a Nancagua, un pueblo de la Sexta Región, donde ella tenía un terreno. A los tres meses lo llamó el director Vicente Sabatini para actuar en Sucupira como otro de los empleados de la farmacia.

Con ese sueldo compramos ladrillos y cemento para hacer nuestra casa, cuenta Aguilar. Las piezas son Oro verde y el living comedor es Romané, se ríe.

A él le parece natural hacer este tipo de papeles. Pinta de galán no tengo, observa. Para él lo importante es poder actuar, tener trabajo, aunque un personaje con más desarrollo no le vendría mal.

Lo que podría ser frustrante es que, como tenemos roles pequeños, no estamos contratados. Somos temporeros. Siempre está la angustia de saber si vamos a tener trabajo o no.

LUIS WIGDORSKY: MÉDICO A PALOS

En Santoladrón, Luis Wigdorsky aparece como el alcalde asesinado de la Caleta Tumbes. Pero su figura se ha fijado en la retina del público de las teleseries nacionales gracias a sus breves apariciones como médico, de las que él ha perdido la cuenta. El semestre pasado hizo el mismo papel en Romané, de TVN y en Sabor a Ti, de Canal 13. El Colegio Médico tendría que darme un título, bromea. Lo más divertido es que mi esposa es doctora.

En la vida real, el delantal blanco que tantas veces ha usado ante las cámaras cede el puesto a un par de jeans, botas, chaqueta de gamuza, corbata y un sombrero de ala ancha. Look que adoptó tras un viaje a Tucson, Arizona, cuando acompañó a su mujer a una pasantía.

En los 80, Wigdorsky tuvo papeles de mayor figuración en telenovelas como El juego de la vida, La trampa y La última cruz. De repente dejaron de llamarme para papeles importantes y me pegaron en esto del médico, no sé si será porque tengo anteojos, señala sentado en un café céntrico donde celebraba sus tertulias el fallecido Arturo Moya Grau, autor de varias de las teleseries donde él era parte importante del elenco.

No es una opción mía. Estos papeles son más bien ingratos, no tienen historia propia, no luchan. Simplemente son portadores de una información. Creo que mi capacidad interpretativa da más que para un médico continúa. Sin embargo, dice estar contento porque gracias a que lo llaman de la televisión está haciendo lo que le gusta. En diciembre cumplo 58 años y puedo seguir actuando, destaca.

Inscrito a escondidas de su madre en la vieja escuela teatral nocturna de la Universidad de Chile, ex alumno de la Escuela de Carabineros, egresado de pedagogía en Castellano y hace cuatro años residente de Ovalle, el actor se encuentra ahora escribiendo un monólogo titulado provisoriamente Bonifacio payaso o S.O.S., un viagrazo por favor. Se trata de un hombre cesante a quien lo único que le ofrecen es trabajar de payaso en un circo de mala muerte. Un día lo entrevistan para una encuesta callejera de un canal. Una antigua compañera lo ve en televisión y lo llama. Con voz insinuante le dice que quiere verlo. El se da cuenta de que su stress lo ha vuelto impotente y pide fiado Viagra en la farmacia. Después el hombre se da cuenta de que lo que necesita es un viagrazo espiritual, cuenta Wigdorsky.

¿La frustración del personaje puede tener algo que ver con la suya después de tantos papeles pequeños?

Pudiera ser que sí. Creo que consciente o inconscientemente eso aflora.

MIREYA VÉLIZ: ANTES DE MORIR, ME GUSTARÍA UN ROL INTERESANTE

Uno de los hitos de los 53 años de actuación profesional de Mireya Véliz es haber sido una de las primeras actrices en trabajar ante las cámaras televisivas. Fue a principios de los 60, en los teleatros que Hugo Miller dirigía para Canal 13. Entre mis propias compañeras del teatro Ensayo, nadie quería hacer papeles en televisión y en el teatro de la Universidad de Chile tampoco, recuerda ella.

En esa época, era una mujer inquieta que durante siete años había escrito, dirigido y montado con éxito obras para público infantil, que luego había pasado a la planta del teatro Ensayo, una de las dos grandes compañías universitarias del país, que también escribía radioteatros y grababa en la embajada estadounidense para el programa La Voz de América.

Hoy, Mireya Véliz parece añorar esos días. Dice que los papeles que le han tocado en el área dramática de TVN, donde trabaja hace 12 años, la limitan. El rol que se le ha asignado con mayor frecuencia es el de empleada doméstica. Ha tenido que hacerlo en Trampas y caretas, Jaque mate, La fiera y Romané.

Yo creo que merezco un papel más singular, señala. Antes de morir, porque sé que dentro de poco moriré, me gustaría tener un rol interesante, profundo, porque me siento capacitada tanto en memoria como en expresión corporal. Pueda ser que algún día, si es que Dios me presta vida, me lo den.

La actriz está en el departamento de un block cercano a Tobalaba con Grecia donde vive sola junto a sus perros, aunque es frecuente que su familia la acompañe. Esta vez se encuentran en la casa su hermano, quien fue escenógrafo de su montajes infantiles, su cuñada, un sobrino que extraprogramáticamente cumple funciones de representante y la esposa de este último. Mireya Véliz no tiene hijos. Me casé mal, recuerda. A los tres años surgió la disputa eterna de las señoras, de las niñas. Yo era una mujer muy a la antigua en ese tiempo, no concebía que un hombre tuviera dos, tres mujeres. Ahora lo comprendo, que hagan lo que quieran, que cada uno viva su vida, pero yo consideré que la mía no iba a ser vida, porque iba a vivir en mentira. Entonces yo misma terminé.

En las paredes hay varias fotografías de momentos de su carrera, entre ellas una foto de su personaje en El chacotero sentimental firmada por los actores y el equipo de la película. Su trabajo en ese filme, cuenta, fue distinto a lo que ha hecho últimamente en televisión. Ahí, Galaz (Cristián, el director) me dejó un poco actuar a mí. En televisión de repente me dan ganas de hacer una escena como yo la siento y me restringen.

De todos modos, ella dice tener muy buenas relaciones con los que trabajan en las teleseries: Adoro, quiero y alabo a los técnicos y cameramen (camarógrafos) que me dicen ¡tira parriba Mireya, tira parriba Mireya!

Sergio Fortuño




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Eduardo Gutiérrez está agradecido de la televisión, aunque reconoce que la mayoría de sus papeles son limitantes.
Eduardo Gutiérrez está agradecido de la televisión, aunque reconoce que la mayoría de sus papeles son limitantes.
Foto:Gonzalo López


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