REPORTAJES

Domingo 28 de Septiembre de 2008

A un día de entregar el poder, ambos se reunieron a solas en Palacio:
La charla privada de Pinochet y Belisario antes de dejar La Moneda

Mientras Velasco preparaba los nombramientos ministeriales, tuvo dos encuentros con el general. El primero, acompañado de Carlos Cáceres y Gonzalo García, fue protocolar. Muy distinto al segundo, los dos solos, y que hasta ahora no se conocía.

POR SERGIO ESPINOSA VALENZUELA

Viernes 9 de marzo de 1990. Meses antes jamás se lo habría imaginado. Bajándose de un destartalado taxi Lada o Fiat 125 -los tres pasajeros nunca se han puesto de acuerdo-, Belisario Velasco Barahona, acompañado de un abogado y una periodista, se presentan en la puerta principal de La Moneda. Luego de sortear la burla del carabinero a cargo de la guardia, al que le ha dicho que viene a jurar como nuevo subsecretario del Interior, Velasco recibe el auxilio de Gonzalo García, a quien viene precisamente a reemplazar.

El ambiente que recibe a Velasco es propio de un funeral: secretarias que no ocultan sus lágrimas, funcionarios con los ojos enrojecidos, mozos con caras largas, edecanes siempre impertérritos. García -a quien conoce desde hace tiempo- se muestra amable con el recién llegado, consciente de la incomodidad que debe estar sintiendo. Lo mismo el ministro del Interior, Carlos Cáceres, cuando lo recibe en su oficina. Allí, en una breve ceremonia, García renuncia y Velasco asume. El último funcionario del régimen militar. El primero de la renacida democracia. El único que no lamenta en ese momento la partida de Augusto Pinochet de la sede de Gobierno.

Un mes antes él mismo no lo habría creído. Una llamada del Presidente electo Patricio Aylwin, en febrero, lo había convertido en el nexo indispensable entre la administración saliente y la que llegaría el 11 de marzo. Él debía, en esas 48 horas, garantizar la continuación de la República firmando los decretos de renuncia de los ministros de Pinochet y los que sellarían la asunción de sus reemplazantes.

Al terminar, Velasco es conducido por García y Cáceres por una escalera hacia el Salón Azul para ver al general, quien lo recibe con un apretón de manos y evoca recuerdos de la amistad entre el flamante subsecretario y su hija mayor Lucía, cuando trabajó como secretaria de Velasco en la Empresa de Comercio Agrícola (ECA), en los '60.

-Eso no lo contuvo para mandarme relegado a Putre y después a Parinacota, más algunas pasaditas por algunos regimientos y la propia Dina- responde Belisario.

-Jejejejeje....

El buen humor de Pinochet mantiene el ambiente en un clima de cordialidad. "Bueno, usted es mi último subsecretario... García está en esta reunión como si fuera un supernumerario y Carlos Cáceres baja y se queda también como supernumerario, porque usted asume ahora ambos puestos y comienza a firmar los decretos...", comenta.

Durante el resto del viernes y la mañana del sábado, Velasco trabaja afanosamente con su pequeño equipo en la subsecretaría preparando los nombramientos. En la tarde, un edecán le avisa que el Presidente lo espera en su oficina. A esa hora, La Moneda está casi desierta. Hasta Cáceres se ha ido.

Cuando lo ve, percibe a un Pinochet muy distinto al del día anterior. Su cara se ve demacrada. Su voz, tradicionalmente dura y cortante, aparece ahora entrecortada. A ratos le cuesta entender lo que dice. Las mismas frases son un tanto incoherentes. Belisario cree que está bajo el efecto de tranquilizantes. Lo atribuye a la fuerte tensión de estar a sólo horas de dejar el poder.

-Usted estuvo con Allende poco antes del golpe...

-Sí, general. Estuve con él cinco días antes en su casa.

Velasco no quiere ahondar en detalles. No sabe qué hace ahí ni a dónde va la conversación, así que lo deja hablar. Pinochet vuelve a referirse a su amistad con Lucía, que durante el régimen sirvió para que ella le pidiera bajar sus críticas y evitar su expulsión.

Entonces, sin mediar pregunta alguna, le cuenta que acaba de rechazar una compra de tanquetas para Carabineros. Velasco siente que, bajo esas palabras, se esconde una desconfianza hacia la policía uniformada.

-Los carabineros no deberían tener tanquetas- repite, criticando que son una policía y no una fuerza militar.

Su sorprendido interlocutor está a punto de comentarle que quien integró Carabineros a las Fuerzas Armadas fue él mismo, por lo que no entiende ahora sus aprensiones, pero se muerde la lengua.

Durante unos 20 minutos, la charla, siempre liderada por el gobernante, pasa de la desconfianza hacia Carabineros a otros temas. Hasta que el ingreso del edecán marca el fin del encuentro y un confundido Velasco vuelve a su oficina. No volverán a conversar en privado nunca más.

Pinochet le cuenta a Velasco que acaba de rechazar una compra de tanquetas para Carabineros. Belisario percibe una fuerte desconfianza del general hacia esa institución.


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SOLO Durante 48 horas, Belisario Velasco se sintió como pollo en corral ajeno en La Moneda. Con la ayuda de su antecesor, Gonzalo García, trabajó en los decretos de nombramientos del futuro gabinete de Aylwin.
SOLO Durante 48 horas, Belisario Velasco se sintió como pollo en corral ajeno en La Moneda. Con la ayuda de su antecesor, Gonzalo García, trabajó en los decretos de nombramientos del futuro gabinete de Aylwin.
Foto:EL MERCURIO
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