REPORTAJES

Domingo 4 de Junio de 2000


Agustín Edwards, Marca Registrada. El Hombre Detrás del Diario

El quinto Agustín Edwards - entre nostalgias del pasado y proyectos de futuro- abre por primera vez la caja fuerte de sus emociones al celebrar, en grande, los cien años del periódico que fundó su abuelo.
Por RAQUEL CORREA

DEBE ser uno de los personajes públicos más privados, pese a ser dueño y director del medio de comunicación escrito más importante de este país. Una de sus muchas paradojas.

Extravagante, multifacético, hosco en apariencia, pero muy ameno en confianza, erudito en temas tan variados como la botánica y la ornitología - dicen que se sabe el nombre de todos los pájaros que vuelan por los aires de este mundo- , navega en yates y barcos propios, pilota su helicóptero, cría caballos chilenos y se le ve tan a sus anchas vestido de marino (es reservista de la Armada) como de huaso. Viajero permanente, tan pronto está en su casa santiaguina de Lo Curro, como en Reñaca con su jardín botánico, donde tiene su inigualable colección de cactus; en sus campos de Isla Illeifa, en Lago Ranco o en su casa de veraneo en Maine, Estados Unidos.

Al escoger qué lo cautiva más entre tantas y variadas aficiones, no lo piensa dos veces:

- Cada una en su momento - dice con lógica aplastante- . También me encanta leer y escuchar música.

Aventurero por vocación, recorrió el mundo con saco de dormir en los años mozos y hoy se da gustos espléndidos, como ir todo los años a los conciertos de Salzburgo, sentándose siempre en la misma butaca y alojando en el mismo hotel. O recorrer el sur de Francia e Italia por el puro placer de contemplar sólo obras románicas.

Quinto Agustín Edwards, el presidente de "El Mercurio" se siente orgulloso de la dinastía que fundó el primer Edwards que llegó a Chile desde Inglaterra a comienzos del siglo XIX. De ahí proviene la serie de los Agustines: Edwards Ossandón, Edwards Ross, Edwards MacClure, Edwards Budge, Edwards Eastman y que completa su hijo mayor Edwards del Río.

Lleno de anécdotas, cuenta que en 1873 su bisabuelo fue premiado por un potro y tres crías. "Recibió una escultura de bronce. Lo curioso es que casi un siglo después, me gané el mismo premio con un potro tataratataranieto de aquél. Claro que a mí me dieron un platillito no más", cuenta riendo.

Pese a haber estudiado y vivido largamente fuera de Chile, cultiva con devoción sus raíces chilenas. "Uno tiene que pertenecer a algo - dice- . Nunca quise ser un extranjero en mi propio país. Y el campo es la parte más lógica para echar raíces". Su caballo regalón es "Escorpión", con el que ganó el Champion de Chile, "pero el 'Estribillo' fue el caballo de todos los tiempos. Uno de los mejores potros".

Vinculado en su vida a múltiples empresas (fue vicepresidente de la Pepsi-Cola, de CCU, dueño de un Banco), hoy se dedica exclusivamente a "El Mercurio" que fundó su abuelo hace justamente un siglo. Explica:

- Es que las otras me las quitaron - dice refiriéndose al Banco de A. Edwards, pero reconoce que el periodismo le fascinó desde niño. Ex alumno del Grange, estudió Derecho en la U. de Chile y periodismo en la Princeton Jersey University. Trabajó como empleado en la empresa familiar que llegó a presidir (en "El Mercurio", "La Segunda" y "Las Ultimas Noticias") y recuerda con cariño sus tiempos de reportero en el "Times" de Londres.

Muy alto y corpulento, Agustín Edwards Eastman (72 años, casado con Malú del Río, seis hijos) ha creado y dirigido muchas empresas, pero da la impresión de que lo que más le satisface es lo menos lucrativo que ha hecho en toda su vida: la fundación "Paz Ciudadana".

El "Grandpa"

Con cierta dificultad para relacionarse con la gente, se pone locuaz y hasta tierno cuando recuerda a su abuelo, fundador de "El Mercurio" de Santiago cuando apenas tenía 22 años, que fue parlamentario, empresario, diplomático y casi llegó a la Presidencia de la República.

- Me crié con él, cuando era embajador en Inglaterra. Yo dormía en la pieza del lado. Era fantástico. Lo más curioso es que me trataba como adulto. Yo era un niño de cinco, seis años, y me llevaba a comer a la mesa y me preguntaba cosas. En la casa de mi padre no pude sentarme a la mesa grande hasta que estuve en tercer año de Derecho. Con mi abuelo se hablaba de toda clase de temas. De la Guerra Civil española, los refugiados. Una clase de historia. El era parlamentario y tuvieron que salir arrancando... Don Arturo Alessandri pasaba los veranos con nosotros, Fernando y Hernán Alessandri, tenían su dormitorio ahí... Nos contaba la Revolución del 91... Era otro Chile - comenta- , pero las heridas que se produjeron entonces se sanaron mucho antes...

Tras su escritorio en el tercer piso de "El Mercurio" tiene el retrato de su querido "grandpa" como le decía él. Y los bustos de Edwards Ossandón y de Edwards Ross. En los muros de cemento desnudos de los pasillos cuelgan grandes retratos de todos sus exitosos antepasados. Con el tiempo este Agustín Edwards se ha ido pareciendo cada vez más a ellos, con esa barba blanca que le da aire de caballero antiguo y lo hace parecer mayor.

- ¿Es mucho peso pertenecer al "clan Edwards"?

- No es un peso. Es una responsabilidad. Uno no puede dejar mal a toda esta gente... Hay que hacer las cosas pensando cómo le habría gustado a él que uno se comportara. Querría sentir que mi abuelo estaría orgulloso.

Normalmente lleva en el bolsillo el reloj de oro de su abuelo, tiene unas colleras suyas y un crucifijo que le regaló para su Primera Comunión. Con una memoria privilegiada, recuerda hasta el número de teléfono que tenían en su casa de la Alameda Las Delicias 656: "Era el 63181. Hay que pensar que cuando yo nací Chile tenía 600 mil habitantes..."

- Mi sueño era ser profesor universitario de historia. Pero el periodismo es tan apasionante, algo que te pesca y no te suelta más.

- De tantas empresas que ha dirigido, ¿por qué finalmente se queda sólo con "El Mercurio"?

- Bueno, porque muchas otras nos quitaron, como el banco que no lo recuperé; fundé otro... Si mi familia ha estado exiliada casi en cada generación, por un motivo u otro.

- Y usted se autoexilió en el gobierno de la Unidad Popular...

- Bueno, si se puede llamar autoexilio... Si a uno le empiezan a disparar por todos lados. Había un paradero de micro frente a mi casa y me pasaban vigilando. Una vez salí en avión y tuve que despegar a favor del viento y me siguió una camioneta disparándome. Quedaron agujeros en el avión. Y me aconsejaron que me fuera por favor porque era más fácil defender la libertad de prensa que defenderme a mí. Entonces yo representaba todo lo malo del mundo. Era más fácil defender al diario sin mí. Porque Allende no me quería mucho.

- Usted tampoco lo quería a él...

- Yo nunca he odiado a nadie. Claro que hay gente más simpática que otra... (se ríe).

Las papas fritas

- ¿Qué lo atrae más? ¿El éxito, el poder, el dinero...?

- No. Hay otras cosas mucho más importantes. Lo importante es la familia, los valores que a uno le enseñaron de chico. También como persona tengo interés en otras áreas, como evitar que cunda la escalada de violencia delictual, la preservación del patrimonio histórico nacional, el fomento de la cultura y la preservación de la flora y fauna, que ocupan una parte no despreciable de mi tiempo... La felicidad es tener una familia bien constituida, que a los niños les haya ido bien: todos mis hijos tienen postgrados. Y lo hice con un sacrificio muy grande. Cuando me fui de Chile tenía seis niños...

- ¿Quiere decir que no siempre fue tan rico?

Entonces cuenta, con lujo de detalles, la extraordinaria historia de cómo Agustín Edwards quinto se ganó la vida con el negocio de ...las papas fritas.

- Viajaba en camión vendiendo papas fritas en Estados Unidos - dice ante nuestro asombro. Y explica en serio:

- Yo era muy amigo de David Rockefeller. Nos llevó a su casa, yo llegué primero. La Malú estaba en Buenos Aires con los niños. Vivimos todos en la mansarda de su casa... Entonces David me pregunta qué vas a hacer. No sé, le dije; Donald Kendall, que era presidente de la Pepsi, me ofreció un trabajo, pero me da no sé qué porque no me gusta mezclar trabajo y amistad. ¡Tómalo, me dijo, no seas loco! Y así entré a una subsidiaria de la Pepsi, y me metí en lo de las papas. Eran como hostias, deshidratadas. Después de un tiempo le propuse a Kendall que las vendiéramos directamente como papas fritas. De ésas de coctel que se venden en bolsitas. Partimos a Las Canarias para hacer la prueba... Y nos fue bien. Las introdujimos en México, Japón, España, Francia, Suecia. 16 países. Pero para aprender el negocio, recorrí parte de Estados Unidos en camión, ofreciéndolas.

- ¿Qué cosa que no tiene le gustaría poseer?

- ... Creo que nada.

- ¿Porque no desea nada o porque lo tiene todo?

- Hay muchas cosas que no tengo, pero no las deseo. Me gustaría tener un cuadro de Picasso o un Rembrandt, pero no. Puedo perfectamente ir a los museos y verlos, no necesito tenerlos en la casa. La Malú tuvo la idea de exponer reproducciones de cuadros famosos y las han visto 450 mil niños. Hoy es imposible pensar en traer una exposición como la que hicimos hace unos años - "De Cezanne a Miró"- , impensable. Total, entre tener un Rembrandt o mirarlo en el museo y tener una buena reproducción, no hay mucha diferencia - dice con un modo campechano que se contradice con su imagen pública.

- ¿Qué haría si perdiera su fortuna? ¿Volver a empezar?

- Siempre hay que volver a empezar. La vida tiene tantas vueltas, lo entretenido es hacer cosas, no entrar a lamentarse.

- ¿Por qué decidió asumir la dirección de "El Mercurio" en 1982?

- Yo empecé como empleado de "El Mercurio", en la sección cables; después pasé a la subdirección de "La Segunda" y "Las Ultimas Noticias". Era como una culminación lógica llegar a ser director. Para mí es la cumbre, ¿qué más se puede querer? Subir el Everest.

- ¿Cuál es la mayor responsabilidad de un medio de comunicación social?

- Informar y difundir ideas. Tratar de ayudar a construir el país que uno quisiera entregarles a sus nietos.

- Con los cambios tecnológicos, ¿qué futuro le augura a la prensa escrita? ¿No estará condenada a desaparecer?

- No lo creo. Cada vez que hay un cambio tecnológico se dice que los diarios van a desaparecer. Cuando salió la televisión; ahora, con Internet.

- ¿Le preocupa la "moda" de regalar diarios?

- Para nada. Recién fundado el diario en Santiago, mi abuelo hacía distribuir "El Mercurio" entre potenciales lectores durante 15 días. Pero una cosa es promover el conocimiento de un producto periodístico nuevo y otra bien distinta es tratar de equiparar artificialmente la lectura que proviene de la adquisición del diario - que genera hábito y lealtad en el lector- con la distribución a granel de publicaciones gratuitas, cuyo interés es radicalmente distinto para lectores y avisadores.

- La gente que lo rodea le tiene temor. ¿Por qué será?

- No tengo idea - se ríe- . Pero la verdad es que no me han acusado nunca de ser muy diplomático... En la isla en el sur había una yunta de bueyes, uno se llamaba "Cuidado" y el otro "El". Cuando yo aparecía gritaban "¡Cuidado con él!", avisando mi llegada.

- ¿Por qué, siendo un hombre tan público, es tan reservado?

- Porque en la profesión de uno no está para ser centro. Uno está para observar y contar lo que hacen otros.

- ¿Cuáles son sus manías?

- Eso habría que preguntárselo a la Malú.

"Mi hijo Cristián"

- Seguramente la experiencia más dura de su vida fue el secuestro de su hijo Cristián. ¿Cómo lo marcó a usted en lo humano y espiritual?

- Bueno, fue una experiencia brutalmente dura. Mucha gente nos acompañó, incluso nos vinieron a ver de Argentina, de Guatemala, gente que había vivido experiencias similares.

- En esos meses, ¿perdió la esperanza? ¿O siempre pensó que volvería?

- ...La verdad es que no me acuerdo, pero en general soy más bien optimista. Lo peor era la gente que llamaba para dar datos y no saber si eran ciertos o no.

- ¿Quién fue más fuerte ahí: usted o su señora?

- La Malú fue muy fuerte... Yo creo que fuimos los dos, mal que mal llevamos 48 años casados.

- ¿Esa experiencia lo acercó más a Dios?

- ...Pasé mucho en el convento de los Dominicos, con el padre Gabriel Guarda que siempre ha sido muy amigo mío. Pero siempre he sido católico observante...

Y agrega en voz muy baja:

- No me gusta hablar mucho de eso, es una cosa muy personal.

Y luego se reanima:

- Pero de ahí nació la inquietud de que estas cosas no podían seguir ocurriendo, de hacer algo. Y nació la idea de "Paz Ciudadana". En Chile estamos tan acostumbrados a echarles la culpa a terceros, que esto es problema de Carabineros, del Ministerio del Interior, del Gobierno. No nos comprometamos, qué tengo que ver yo, qué puedo hacer, dice la gente, si ni siquiera quieren hacer las denuncias. Y lo cierto es que si uno se decide a hacer algo y pesca una idea que mucha gente comparte, y conversa el tema... Ahí empezamos. Con un grupo pluralista, sin distingos de ideas políticas. Tenemos gente de todos lados y contamos con todos los medios de comunicación.

- ¿Diría que ha sido una experiencia exitosa?

- No sé si exitosa, pero ha dado frutos. Yo paso un porcentaje muy grande de mi tiempo en eso: me llena la vida. Esta Reforma del Código de Procedimiento Penal no pensé nunca que se produciría, creí que era algo inalcanzable. La delincuencia, la droga, es un fenómeno que se está multiplicando en todo el mundo.
Inquietudes de hoy

- ¿Qué situaciones actuales le preocupan más como presidente de "El Mercurio" y como empresario en el campo económico, político y social?

- No porque un diario cumpla un siglo tiene garantizado llegar a su segundo centenario. Mi principal preocupación en el ámbito empresarial es saber mantener a "El Mercurio" en una posición de vanguardia en el periodismo mundial. Se trata de mantener los principales lineamientos editoriales que planteó mi abuelo, al fundar la edición de Santiago y, al mismo tiempo - también siguiendo el espíritu del fundador- , no tener miedo a la innovación. Esa renovación no se limita al campo tecnológico, sino que también revisamos constantemente si nuestros contenidos son los que necesitan los lectores y cuál es la mejor forma de entregarlos.

- Como presidente de "El Mercurio" - continúa- me preocupa la suerte de la Ley de Prensa, ya que el proyecto recientemente rechazado por la Cámara de Diputados tendía a abrir espacios a la libertad de información.

Y concluye:

- En lo político-social, tal como en etapas pasadas, los chilenos supimos superar las divisiones entre patriotas y realistas, o'higginistas y carrerinos, balmacedistas y congresistas, es indispensable que aprendamos a superar las divisiones provocadas por las luchas ideológicas de la última mitad del siglo XX. Sólo entonces podremos centrar nuestras energías en engrandecer a Chile.

"NO VEO RACIONALIDAD EN EL RECHAZO A LA LEY DE PRENSA"

EL reciente rechazo a la nueva Ley de Prensa es un tema que motiva y altera a Agustín Edwards Eastman.

- Me parece inexplicable - dice- que luego de 10 años de esfuerzos y siete de tramitación en el Congreso, se haya frustrado, una vez más, la posibilidad de avanzar en la eliminación de restricciones informativas que dejan al país en un muy mal pie, comparado con otros países del continente. No veo racionalidad en el rechazo de esta ley, especialmente si se considera que había sido aprobada por unanimidad en el Senado y aprobado luego, también, el informe de la Comisión Mixta.

- ¿Está de acuerdo en que se modifique la ley de Seguridad Interior del Estado en cuanto a privar a las autoridades políticas y judiciales de la ventaja que tienen sobre el resto de la población frente a injurias y calumnias?

- Sí. Es peligroso romper el principio de igualdad ante la ley, precisamente en el campo de la seguridad nacional. Este es un campo legal que, por la importancia del bien jurídico protegido, supone máximo rigor.

- Una de las razones al rechazo al proyecto es que no da garantías contra la concentración de la propiedad de los medios... ¿Qué solución le ve, considerando que su empresa periodística es la más importante, con tres diarios en Santiago y 14 en regiones?

- Me llama la atención que sólo se hable de la concentración en prensa, cuando se piensa que ella es más severa y rápida en radio y televisión. En prensa tenemos competencia abierta, surgimiento de nuevos medios, caída de las barreras de entrada a la actividad, etc. Los observadores extranjeros se sorprenden del número de diarios que tenemos en Chile. Muchas ciudades norteamericanas del mismo tamaño que Santiago tienen uno solo. Le digo: hay algo de simplismo en esta discusión.

- ¿Cómo podría asegurarse el pluralismo informativo?

- De la única manera posible y eficaz: mediante la contratación en los medios periodísticos de profesionales de calidad - como los que tenemos en "El Mercurio"- , con independencia absoluta de sus convicciones personales. Para tener una información plural y abierta, hace falta tener sensibilidades distintas, pero no "camisetas" ideológicas o partidistas con espacio asegurado por el Estado, como algunos lo pretenden.

- ¿Está de acuerdo con el fin de la censura de prensa, cinematográfica, de televisión?

- Obviamente que sí. Uno que está en el negocio de las comunicaciones no puede estar a favor de la censura. Sin embargo, veo lógica la calificación cinematográfica por edad, única manera de impedir consumo pornográfico o violento en los niños. Pero el asunto no es fácil: los niños acceden a la pornografía por Internet.

- ¿Apoyaría editorialmente la circulación de "El Libro Negro de la Justicia Chilena" y la exhibición de "La Utlima Tentación de Cristo"?

- Rechazo la censura por principio y, además, la encuentro inoperante. "El Libro Negro" ha circulado profusamente en el país; lo hemos visto todos. Si circula hasta en los Tribunales... Y el libro sobre el cual está basada - en forma bastante fiel- "La Ultima Tentación" circula libremente.

CARGOS Y DESCARGOS MERCURIALES

-EN la conferencia de prensa para anunciar las celebraciones del centenario del diario, un periodista le preguntó a su hijo Felipe si consideraban hacer un análisis crítico del papel que ha jugado "El Mercurio" en la historia reciente del país. ¿Qué le habría contestado usted?

- En el diario siempre hacemos análisis críticos de lo que se publica. Todos los días lo estamos examinando y creo que somos más críticos que nadie de la edición que se entrega a los lectores. Pero para analizar el papel que ha jugado el diario en la historia reciente se requiere posiblemente de una mayor perspectiva. Pienso que para eso sería necesario que algunos historiadores, en un tiempo más, puedan revisar con objetividad fortalezas y debilidades de "El Mercurio" en los últimos años.

- ¿Cómo justifica la intervención activa del diario en la época de la Unidad Popular? ¿No se contradice con la línea de objetividad tan preciada en los medios de comunicación social?

- A lo largo de toda la historia hemos intentado mantenernos fieles a las líneas trazadas en el primer editorial de la edición de Santiago, hace ya un siglo. Hemos procurado entregar una información objetiva y, en nuestras páginas de opinión, analizar la realidad en forma serena, alejada de las banderías políticas, para constituir un factor moderador en las disputas cívicas.

- Pero en la Unidad Popular...

- Durante el gobierno de la Unidad Popular se vivieron años excepcionales. En el contexto histórico de entonces, la lucha ideológica se había exacerbado a niveles que ahora nos resultan casi incomprensibles. Algunos partidos propugnaban una línea de acción que pretendía hacer tabla rasa con las instituciones históricas del país. Y no nos podemos olvidar de que esos sectores habían erigido a "El Mercurio" en el símbolo de lo que querían destruir. "El Mercurio" se vio, sin quererlo, envuelto en una vorágine a la que lo llevaron el gobierno de la Unidad Popular y las fuerzas que lo apoyaban. El ideario tradicional de nuestro diario, centrado en valores tales como el Estado de Derecho, la democracia representativa, las libertades política y económica, se veía gravemente amenazado por los programas y declaraciones de los personeros de gobierno. Además, aún estaba fresco lo ocurrido en Cuba durante la década anterior. Todo ello, unido a las explícitas amenazas contra la libertad de prensa y, en particular, contra la supervivencia misma de "El Mercurio", nos pusieron en el centro de los acontecimientos y nos tuvimos que defender y defender las instituciones del país.

- ¿Y cómo explica que durante el gobierno militar el diario no haya usado todo su poder para que imperara el Estado de Derecho que siempre ha defendido editorialmente?

- "El Mercurio", en la medida de sus posibilidades, siempre ha defendido el Estado de Derecho. En el período inmediatamente anterior y posterior al 11 de septiembre de 1973 se creó una situación excepcional de la cual era muy difícil sustraerse. Cabe recordar que algunos partidos políticos muy importantes se habían manifestado explícitamente contrarios al sistema democrático y propiciaban la violencia para alcanzar el poder. El apasionamiento político de la época hizo que la violencia de los primeros meses del gobierno fuera considerada por muchos, no sólo por el diario, como una consecuencia dolorosa pero ineludible en el estado de enfrentamiento que reinaba en el país. Las cosas hay que juzgarlas en su contexto. En ese momento existían serias limitaciones a la libertad de prensa que nos dejaban con muy pocas posibilidades de acción. Hubo censuras, bandos, decretos excepcionales. Era muy difícil o imposible la investigación periodística. Pero, fundamentalmente, no fue por temor ni por presiones que publicáramos poco de lo que ahora sabemos, sino porque no teníamos información seria sobre las acusaciones que en ese tiempo circulaban como rumores imposibles de confirmar.

- ¿No cree, en todo caso, que pudieron haber hecho más?

- En retrospectiva, uno se pregunta si pudimos haber hecho más, y seguramente todos los chilenos pensamos ahora, en la tranquilidad de los tiempos actuales, que podríamos haber reaccionado de una manera más vigorosa.

- ¿No debió "El Mercurio" haber denunciado las violaciones a los derechos humanos que se cometían y que hoy todos reconocen?

- Creo, sinceramente, que siempre nos esforzamos por informar lo que ocurría. Pero, como le digo, existían limitaciones muy serias que ningún medio pudo superar. Sin embargo, dentro de las limitaciones intentamos dar la información más completa a la que podíamos aspirar. Ese fue el origen, por ejemplo, de la sección "Chile en el Exterior". Por ese medio dábamos cuenta de las reacciones internacionales respecto de hechos locales cuya cobertura directa se encontraba limitada. También se puede recordar que, al reunirse en Santiago la Asamblea de la OEA en junio de 1976, destinamos 11 apretadas páginas a la publicación íntegra del Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y a la respuesta del gobierno de Chile, en las que se hacía un completo análisis de las violaciones a los derechos humanos de las que se acusaba al Estado de Chile. Después, la información sobre tales violaciones fue cada vez más completa. Pero hay que recordar también que "El Mercurio" siempre abogó por sentar las bases para retornar al Estado de Derecho y ponerle un límite en el tiempo al gobierno de excepción.


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"Para tener una información plural y abierta hace falta tener sensibilidades distintas, pero no 'camisetas' ideológicas o partidistas con espacio asegurado por el Estado, como algunos lo pretenden".
Foto:Claudio Parra


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