EL SÁBADO

Sábado 28 de Octubre de 2006

RENOVACIÓN EN LAS UNIVERSIDADES:
El ABC de los nuevos rectores

Renovación en las universidades.
Por Ximena Pérez Villamil

Luis Riveros no lo podía creer. Siempre pensó que ganaría por tercera vez el sillón de la rectoría de la Universidad de Chile, el de mayor peso político del país. Tan confiado estaba que rechazó una candidatura a senador por RN. Y perdió en segunda vuelta el 18 de mayo, a manos del ingeniero Víctor Pérez, que también desechó una oferta de la Presidenta Bachelet para ocupar la jefatura de la división de educación superior del Ministerio de Educación, por postular al sillón de la Casa de Bello.

Apenas tres meses después de la derrota, Luis Riveros sufrió un infarto. Al parecer, su corazón no pudo con la decepción. Mal que mal, ser rector de la Chile significa una dosis de autoridad y un poder social importantísimos. Dicen que quien ocupa la rectoría de la Casa de Bello ejerce más poder en La Moneda que la ministra de Educación. "Si el rector de la Chile toma el teléfono y llama a la Presidenta ésta le devuelve el llamado. Cuanta personalidad llega al país, cuanto embajador pisa tierra chilena, quiere entrevistarse con el rector de la Chile. Hasta el Dalai Lama lo visitó", explica un experto en educación que conoce de cerca el mundo universitario.

A Riveros le jugó en contra el síndrome del "tercer período" al igual que al saliente rector de la Usach, Ubaldo Zúñiga. "Las comunidades académicas aceptan sólo dos mandatos de rector y no más. Curiosamente, en regiones los rectores duran cuatro y cinco mandatos, pero en Santiago no", argumentó el derrotado Zúñiga al admitir el estrecho triunfo de su contendor, Juan Manuel Zolezzi, quien en segunda vuelta lo superó por tres votos. No así no en la primera: Zúñiga le ganó a Zolezzi por un amplio margen. En la Usach la pelea es siempre dura: por un voto le ganó Ubaldo Zúñiga al entonces rector Eduardo Morales en 1998. Y en la siguiente, en 2002, Zúñiga barrió a Zolezzi.

En la Diego Portales, una de las dos privadas más antiguas del país, fue elegido Carlos Peña González, el vicerrector académico y segundo hombre de la universidad, tras la renuncia forzada de Francisco Javier Cuadra el año pasado por sus dichos sobre la orden para detener a Ricardo Lagos después del atentado a Pinochet para salvarle la vida. "Me enorgullezco de haber participado en todas las iniciativas liberalizadoras de este país", sostiene Peña, ideologicamente muy distante de su antecesor y famoso por llevar sólo una taza de café a sus clases de Derecho Civil y Filosofía del Derecho y ni un papel gracias a su prodigiosa memoria.

Peña, que asume el 1 de marzo, es atípico. No por formación ­es abogado con estudios de posgrado en sociología en la Católica y candidato a doctor en Filosofía de la Chile­ sino porque desde su posición en la Diego Portales ha tenido un protagonismo fuera de lo común entre las instituciones privadas.

En las universidades regionales hay, por cierto, más tolerancia a repetirse el plato. Su cuarto período asumió este año Víctor Fajardo en la Universidad de Magallanes. El tercero, Sergio Lavanchy en la U de Concepción, Raúl Aguilar en Los Lagos y Alfonso Muga en la Católica de Valparaíso.

Tampoco es por tiempo ilimitado: Jaime Pozo, el rector de la U. de La Serena, no pudo llegar a su quinto mandato. Fue víctima de lo que allá se llamó la "tocopo", todos contra Pozo, que implicó que los otros tres candidatos unieran fuerzas para evitar un nuevo mandato. Y así fue como logró su triunfo en segunda vuelta Nibaldo Avilés.

Las candidatas mujeres fueron las grandes derrotadas en las urnas universitarias. Felisa Córdova en la Usach y María Teresa Juliá en La Serena ocuparon el tercer lugar, por lo que no pasaron a la segunda vuelta. Los masones también perdieron en esta pasada: Luis Riveros, Ubaldo Zúñiga y Oscar Quiroz de la U. de Playa Ancha.

Nada menos que 17 de las 25 universidades del Consejo de rectores ­que reciben aporte estatal directo­ fueron a las urnas este año. Son las mal llamadas estatales, públicas o tradicionales. Porque en el Consejo se mezclan universidades de origen privado como las católicas y otras que provienen de fundaciones u organizaciones particulares como la Austral, la Federico Santa María, la de Concepción y las creadas por el Estado como la Chile, la Usach y las regionales derivadas de estas dos últimas a partir de 1981 (ver recuadro).

En las privadas también hubo cambios: en la Sek asumió Jorge Luzoro; en la Central se reeligió a Luis Lucero Alday, y en la Diego Portales, Carlos Peña.

A los 74 sacó doctorado

Al igual que los presidentes de Chile, los rectores duran cuatro años. Aunque en las católicas del Maule y Santísima Concepción, permanecen cinco. Y son figuras reconocidas como líderes de opinión que ejercen influencia en todo orden de materias: valóricas, técnicas, económicas y filosóficas. Quien habla desde la academia se supone que lo hace desde el conocimiento.

El balance es generoso en títulos: de los 20 rectores elegidos en las universidades del Consejo de Rectores once poseen doctorado (y el consiguiente magíster), cinco cuentan con magíster y cuatro con título profesional, sin otros grados. En esta ola de elecciones todos los rectores provienen de sus universidades. El promedio de edad es de 57 años. Héctor Gaete, de la U del Bio Bio, es el más joven, con 50 años, y el único arquitecto de profesión. Juan Iglesias Díaz, de la U de Atacama, es el mayor, con 74, y acaba de terminar un doctorado en educación en la Universidad de Humanismo Cristiano. Durante 23 años trabajó en escuelas básicas y fue desde profesor auxiliar a director. Harta gracia, porque derrotó al rector en ejercicio que iba por un segundo período, aunque su labor será ardua, porque la U. de Atacama fue acreditada por el mínimo de dos años.

La profesión dominante es la ingeniería civil: Nibaldo Avilés de La Serena (que ya era constructor civil de la ex UTE), Alfonso Muga de la UCV, José Rodríguez Pérez de la Federico Santa María, Víctor Pérez de la U. de Chile, Juan Manuel Zolezzi de la Usach, Sergio Lavanchy de la de Concepción y Luis Lucero de la SEK. Le siguen los profesores: Luis Alberto Loyola de la U. de Antofagasta, Juan Iglesias Díaz de Atacama, Patricio Sanhueza de Playa Ancha (quien además es abogado), Raúl Aguilar de Los Lagos y Víctor Fajardo de Magallanes.

Únicos son el ingeniero comercial Juan Antonio Rock Tarud de la U. de Talca, que sucedió al exitoso Alvaro Rojas ­autor del milagro que levantó a la universidad­ y el veterinario Víctor Cubillos de la Austral. Otros, como Juan Manuel Zolezzi, se consideran casos especiales, "porque debo ser el único rector con un proyecto Fondecyt en desarrollo (sobre aplicaciones económicas en el mercado eléctrico) y soy primera promoción de profesionales en mi familia, los cinco hermanos somos profesionales, ni mis padres ni mis parientes lo eran", destaca el poseedor de un magíster y un doctorado en ingeniería eléctrica en la UC, obtenido en 2002. Para el flamante nuevo rector de la Chile es motivo de orgullo provenir de una familia de profesores primarios. Victor Pérez es hijo, nieto y sobrino de educadores. Y así lo destaca en su perfil. Aunque los que votaron por él, por cierto, lo hicieron por su gestión como decano de la facultad de ingeniería (1994-2002). La ordenó, subió los puntajes de ingreso, le dio forma a los centros de investigación, entre ellos, el reconocido Centro de Economía Aplicada, del que provienen varios ministros y subsecretarios del gobierno. Conocido por sus simpatías pro Concertación, la Presidenta Bachelet lo designó miembro del consejo asesor presidencial de educación. Pérez no es percibido como un intelectual ni como un hombre que tendrá protagonismo en las grandes discusiones del país. Ingeniero civil industrial de la Chile y magíster en ciencias en la Universidad de Michigan, es catalogado como un buen administrador, un funcionario ordenado, con menos sentido público, menos discurso y ambición que su antecesor Riveros. Los chilenos no le ponen rostro, porque no se muestra en los medios. Será otro liderazgo, menos espectacular políticamente dicen, porque Riveros tenía gran muñeca y era, a poco de asumir, un personaje claramente reconocible como el rector de la humita. Hábil para manejar su imagen y sobrevivir a situaciones complicadas, logró que la Chile siguiera manejando la PSU ­y no se licitara como pedía la Católica­ y percibiendo ingresos por 6 millones de dólares, ya que los alumnos pagan por rendir la prueba. El hoy rector Pérez, sin embargo, supo buscar apoyo en los académicos de mayor prestigio dentro de la universidad. Conquistó a Jorge Las Heras, el decano de Medicina, antes leal a Riveros; a Iñigo Díaz, candidato a rector en 2002; a Jorge Allende, Premio Nacional de Ciencias y, más tarde, los nombró en puestos clave.

Los nuevos estatutos permiten sólo dos mandatos en la rectoría y aunque Luis Riveros alegaba que esa norma recién estaban en aplicación, por lo que no había que contar hacia atrás, sus opositores argumentaron que ya llevaba dos períodos. Finalmente, lo vencieron. Mientras en las estatales votan los académicos, en las católicas la tarea recae en un comité de búsqueda en que la mitad es elegida por el cuerpo académico y la otra designada por el gran Canciller, que entrega una terna a este último para que escoja un nombre. En las pontificias ­sólo la UC y la UCV­ el Vaticano debe dar su visto bueno al elegido. Alfonso Muga fue propuesto por tercera vez a Roma y ratificado en la Católica de Valparaíso. Y Juan Miguel Cancino debuta este año en la Católica de la Santísima Concepción.

En las privadas eso no corre. Algunas han tenido el mismo rector desde su fundación, porque el mecanismo de elección no pasa por la consulta abierta a los académicos. Carlos Peña fue elegido por un comité de búsqueda que preguntó a los consejos de cada facultad ­formados por directores de escuelas, profesores elegidos y un estudiante designado por el centro de alumnos­ a los consejos académicos, integrados por decanos, vicerrectores y académicos elegidos por sus pares, a la Federación de Estudiantes y el apoyo fue unánime.

Liberal, filudo y respetado columnista ­escribe los domingos en el Cuerpo D de El Mercurio­ Peña fue uno de los redactores del proyecto de ley de divorcio presentado por los entonces diputados DC Mariana Aylwin e Ignacio Waltkr, de la ley que estableció el régimen de participación de los gananciales, contribuyó al diseño de la ley de filiación (que igualó derechos de los hijos), fue asesor de la reforma procesal penal, integrante de la comisión sobre verdad histórica y nuevo trato sobre pueblos originarios, y miembro de la comisión del CEP que trabajó en la modernización del Estado, de donde salió el proyecto de financiamiento a los partidos políticos. Al igual que Víctor Pérez, fue designado en el consejo asesor presidencial de educación. "La universidad ha dejado de ser una experiencia de minorías, ha dejado de ser un signo de distinción y está comenzando a ser una experiencia a la que acceden las grandes mayorías", destaca. Coincide con él Héctor Gaete, de la U de Bío Bio, quien apunta que en 1981 había 115 mil alumnos en el sistema universitario y hoy la cifra alcanza a 650 mil. La meta del gobierno es llegar a un millón en 2012, lo que significa aumentar la cobertura desde el actual 37 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años que estudia en la universidad a un 50 por ciento.

"Esa es una cifra de país desarrollado", acota Peña, quien promete seguir escribiendo todos los domingos columnas tan lúcidas como provocadoras desde su nuevo cargo. "Yo creo que un rector tiene que ser un intelectual que intente participar en los diálogos de su época y que abandone la pretensión absurda de la neutralidad. Esta idea de que los intelectuales son neutrales es una estupidez inventada por quienes no son intelectuales".

Probablemente, Peña será de los nuevos rectores, a pesar de ser de universidad privada, que dará más que hablar. Y tendrá harto tiempo: ocho años dura el cargo en la Diego Portales.

Dígalo bien: las categorías de las universidades

­Tradicionales son las ocho universidades que existían hasta 1981: U de Chile, las Católicas del Norte, Católica de Chile y de Valparaíso, Federico Santa María, de Concepción, Austral y Técnica del Estado.

­Públicas o estatales son las 16 universidades creadas por el Estado: U de Tarapacá, Arturo Prat, de Antofagasta, de Atacama, de La Serena, de Valparaíso, de Playa Ancha, de Chile, Tecnológica Metropolitana, Metropolitana de Ciencias de la Educación, de Chile, de Talca, del Bío Bío, de La Frontera, de Los Lagos, de Magallanes. Surgieron del desmembramiento de las universidades de Chile y Usach (ex UTE) en 1981.

­Católicas son las seis que fueron fundadas por los arzobispados, fundaciones o grupos de religiosos como los jesuitas: Católica del Norte, de Valparaíso, de la Santísima Concepción, del Maule, de Temuco y la Católica de Chile. Sólo la UC y la UCV son pontificias.

LOS ROSTROS DEL RECAMBIO




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Carlos Peña, rector electo de la Universidad Diego Portales; Juan Manuel Zolezzi, de la U. de Santiago, y Víctor Pérez, de la U. de Chile.
Carlos Peña, rector electo de la Universidad Diego Portales; Juan Manuel Zolezzi, de la U. de Santiago, y Víctor Pérez, de la U. de Chile.


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