ARTES Y LETRAS

Domingo 29 de Agosto de 2004

REPORTAJE. El patrimonio religioso chileno y los procesos de restauración:
Resurrecciones y otros prodigios

Caen las cifras de católicos en Chile. ¿Y se caen también nuestras iglesias? ¿Qué templos se restauran en Chile? ¿Quiénes lo hacen? Y, muy importante, ¿con qué plata?

ELENA IRARRÁZABAL SÁNCHEZ

Según el último censo nacional, alrededor del 70 por ciento de los chilenos se declaran católicos. Una cifra más baja que el 76,9 por ciento registrada en 1992, pero que sigue siendo mayoritaria, y que se refleja en la fisonomía de cada una de las ciudades de Chile. "¿Qué es lo primero que ve al llegar a casi todos nuestros pueblos?: la iglesia", responde el padre Gabriel Guarda.

El estado general de esta herencia patrimonial religiosa no es para nada uniforme, según los expertos. "El Vaticano ha dado directrices muy claras sobre este tema. Eso es lo formal. En la práctica, el panorama nacional es disímil y aleatorio. Hay obispados muy activos, como el de La Serena. Y otros con escaso interés, que no logran insertar el tema de la cultura en la visión de los temas de urgencia. En general, no parece una familia que reacciona unida ante este tema, que forma parte de la propagación de la fe", señala el arquitecto Hernán Rodríguez. A su juicio, "esto no sólo es culpa de los curas. Yo me pregunto, por ejemplo, si los laicos se organizan para catequizar, ¿por qué no armar agrupaciones que velen por el patrimonio de sus parroquias".

Magdalena Krebs, directora del Centro Nacional de Conservación y Restauración (CNCR), cuyas labores abarcan también el patrimonio religioso, percibe un interés creciente en esta esfera . Pero le preocupa "la desvalorización religiosa de los objetos culto. A veces en la misma Iglesia se ven como accesorios, desvinculados de su función evangélica. Y al trabajar en las comunidades se percibe el gran sentido que tienen para los fieles. La feligresía agradece templos cuidados, que las imágenes no estén sin manos o sin un ojo".

El restaurador Hernán Ogaz tiene una mirada más optimista. "Creo que el patrimonio artístico de la Iglesia está viviendo un renacimiento. Se trata de una gran respuesta a las corrientes iconoclastas del modernismo que afectaron al templo y la liturgia durante toda la primera mitad del siglo XX, que produjeron el retiro y destrucción de muchas obras de las iglesias, que hoy forman parte de colecciones privadas o extranjeras".

Algunas estimaciones indican que alrededor de dos tercios de nuestro patrimonio histórico cultural tienen relación con la herencia de la Iglesia. Este patrimonio se expresa en forma tangible en los edificios de los templos y conventos. Pero también en el variopinto conjunto de objetos que allí se almacenan, desde primorosos retablos elaborados por la escuela jesuita, hasta toscos Cristos tallados, pasando por los añosos archivos parroquiales -afortunadamente microfilmados por la iglesia mormona- y las ingenuas pinturas murales de los templos altiplánicos. Este sinfín de objetos pretenden ser catastrados a través de un proyecto elaborado por la Comisión de Bienes Culturales (Ver recuadro)

De hecho, la palabra "catastro" aparece una y otra vez durante la realización de este reportaje, y parece ser signo de un naciente interés por el tema. El Seminario Pontifico Mayor de Santiago, por ejemplo, está embarcado en ese mismo plano. "A lo largo de sus 420 años de historia, el seminario ha ido recibiendo y adquiriendo bastantes pinturas, en su mayoría para el culto, artículos religiosos e imágenes que han acompañado y ayudado en la formación de los futuros sacerdotes durante más de cuatro siglos. Estamos elaborando un catastro de todas las piezas artísticas existentes (ya en el Seminario, ya en comodato en algunos museos de Santiago) y junto con eso se está realizando un trabajo de restauración (limpieza y reparación) de todas las obras", explica su rector, el sacerdote Rodrigo Polanco.

En este universo patrimonial tan amplio, los problemas parecen infinitos, pero hay algunos que lideran el ranking. Para empezar, el débil estado estructural de un gran número de templos, a raíz de fenómenos naturales como los terremotos y temporales. A veces estos efectos incluso se combinan, como ocurrió hace poco en la IV Región. Allí, el terremoto de 1997 se produjo justo después de intensas lluvias, que habían humedecido las paredes de adobe.

Sismos y descreídos

Las "intervenciones nefastas" disputan el primer lugar con los terremotos. "Muchas veces los problemas estructurales no son consecuencias directa de los sismos, sino de intervenciones inadecuadas, como mezclar adobes con otros materiales", explica Magdalena Krebs. La historiadora Magdalena Pereira cuenta que en algunas iglesias andinas los techos de paja se han reemplazado por otros materiales, lo que abre las murallas de adobe porque no reciben suficiente peso. "A veces hay un deslumbre por nuevos materiales que son ajenos y constructivamente terminan funcionando mal".

La pérdida de fieles y la migración hacia el mundo evangélico también dificultan la mantención del patrimonio de las iglesias católicas. Poco se puede hacer en iglesias que no cuentan con fieles. Finalmente, los robos constituyen un problema cada vez más preocupante. Existen antecedentes de bandas especializadas, en que los ladrones se ponen sotanas con tal de entrar y robar en los templos.

La ignorancia

¿Se puede hacer algo consistente en este frágil escenario, en el cual los fondos son aún más precarios? Sí, contesta convencido el padre Gabriel Guarda. "España y México partieron con poco, y hoy son modelos en este ámbito. Han llevado a cabo procesos de importantes consecuencias en términos culturales y turísticos".

Muchas de las "cosas aterradoras" que describen algunos entrevistados (valiosas imágenes repintadas con acrílico, pasta de zapatos usada con los más diversos fines, casullas con hilos de oro algo dañadas, que se botan y reemplazan por géneros sintéticos) se podrían remediar con una formación adecuada, señalan los que saben. "La mayoría de los errores son por desconocimiento. No hay mala intención", dice Magdalena Pereira.

A juicio de Magdalena Krebs, "seminaristas y párrocos tienen carencias importantes en términos de conocimiento de la iconografía, y más aún en lo que significa la mantención de esos mismos bienes. Creo que con los seminaristas se puede avanzar mucho, ya que están en un momento de aprendizaje y tienen más tiempo que los párrocos".

"El tema de la belleza y de sus expresiones artísticas, sean pictóricas, plásticas o musicales, está asumiendo un lugar de gran importancia. En efecto, la belleza es una de las características de Dios, y un seminarista que no pueda admirar, valorar y promover la belleza presente en las expresiones artísticas, tendrá también dificultades para descubrir la obra de Dios en los hombres y la creación. Éste es hoy uno de nuestros desafíos", explica el rector del Seminario Mayor de Santiago, institución que contempla una serie de conferencias y visitas en terreno en torno al tema, y está preparando un curso específico de conservación.

¿Existen en Chile profesionales idóneos para restaurar? Todos coinciden en que hay pequeños grupos de alto nivel en los distintos ámbitos que comprende la restauración. En materia pictórica y de imaginería, por ejemplo, aparecen nombres como Alejandro Rogazy, María Eugenia van de Maele, Hernán Ogaz y los profesionales del CNCR y de CREA.

Pero el terreno se pone pantanoso en el estrato menos especializado o amateur. Para Hernán Ogaz, "el trabajo de restauración en Chile es muy heterogéneo. Por lo general existe poca claridad respecto de los alcances de los términos "conservación" y "restauración" y sus niveles de ejercicio profesional o técnico. Así es posible ver que muchas veces se le dé una categoría de restauración a un trabajo que es más una mera reparación o "lustre" de una escultura municipal".

"El deterioro tiene niveles. Puede ser un resfrío o un cáncer. Cuando hay pinturas con humedad y desprendimientos, por ejemplo, se necesita un gran profesional. Ahí no sirve el generalismo", dice Hernán Rodríguez. En este sentido, elgunos echan de menos una instancia que agrupe o acredite a los profesionales especializados en cada ámbito.

A juicio de Amaya Irarrázaval, que ha dirigido las restauraciones de la iglesia del Sagrario, las Hermanas de la Providencia y la catedral de Antofagasta, "al menos cuando se quiera restaurar un bien patrimonial que tiene una connotación de patrimonio nacional, debería ser intervenido por especialistas acreditados en los organismos correspondientes. Que se acredite que se sabe. Pueden participar otros profesionales, pero siempre con un experto en restauración en la disciplina que se interviene. No entiendo cuando se contrata a un pintor para que solucione la arquitectura, y viceversa".

A juicio del arquitecto Cedric Purcell, quien junto a Hernán Ogaz tuvo a su cargo la restauración de la céntrica iglesia de San Agustín, un riguroso estudio previo es clave para que el proyecto llegue a buen término. "En el caso de San Agustín, nos demoramos casi un año en la investigación previa, que comprendió la revisión de archivos de la orden y de numerosos textos históricos sobre aspectos constructivos de la iglesia, desde 1608 en adelante. Luego se fijaron los criterios de restauración y, de acuerdo a ellos, las etapas a seguir, los plazos y el presupuesto. Gracias a estos estudios pudimos trabajar ateniéndonos a un marco claro, sin que los costos o tiempos se dispararan".

Las platas

Los presupuestos de la Iglesia para restauración son prácticamente inexistentes, y por eso normalmente se recurre a otros salvavidas. La ayuda de la Fundación Andes ha sido una de las más utilizadas, razón por la que el anunciado cese de sus actividades es ampliamente lamentado. "No me puedo imaginar qué va a pasar cuando se vaya. Se viene un vacío terrible. Ha sido un agente principal", dice el padre Gabriel Guarda.

El cambio en la normativa de las donaciones, que entre otras alteraciones reunió la esfera cultural con otros ámbitos como el deportivo, también ha retrasado o paralizado varios proyectos.

Empresas privadas como Enersis -que ha financiado la iluminación de muchas iglesias chilenas, lo que también implica reparar el usualmente catastrófico sistema eléctrico- y donantes individuales también han "puesto el hombro" en varias ocasiones. En el caso del Convento de San Francisco se contó, entre otros, con un aporte del World Monuments Fund, gestionado por la Corporación del Patrimonio. La dirección de Arquitectura del MOP también constituye una posibilidad a través de las distintas formas de asesoría que puede prestar, como la confección de anteproyectos.

Pero más allá de algunas herramientas específicas, la experiencia de restauraciones recientes parece mostrar que no existe una estructura consolidada que apoye este tipo de gestiones. La restauración del patrimonio religioso parece depender más que nada del empeño de personas individuales -laicos o sacerdotes-, que literalmente se "sacan la mugre", trabajando arduamente y consiguiendo auspicios por aquí y por allá. El cielo es el premio.
Historias a través de Chile

En los últimos meses, Santiago recobró dos iglesias que recuperaron todo su esplendor. Se trata de las parroquias del Sagrario y de San Agustín, ambas en el centro de Santiago. De esta forma se suman a otros trabajos de interés que se han realizado en la capital, como el museo de La Merced, la restauración de las Agustinas y las labores en el convento de San Francisco, entre otras. Pero si en Santiago estas cosas cuestan, ¿cuánto más esfuerzos implica en regiones? Por eso, y como puede ser injusto nombrar sólo a un puñado de obras a través de Chile, citamos tres historias que pueden entregar ejemplos interesantes.

La Serena: Muy "movido", el obispo de La Serena, Manuel Donoso, no esperó que la ayuda lloviera sola y logró interesar a empresas e instituciones de la zona. Ellos más la Fundación Andes finaciaron el rescata de ¡siete! dañadas iglesias de la diócesis, labor realizada por el Centro Nacional de Conservación y Restauración y la Universidad de Antofagasta. Se recuperaron arquitectónicamente las iglesias de Ovalle, Combarbalá, Diaguitas, Mincha, Montegrande, Montepatria y Barraza. En estas tres últimas también se restauró la imaginería interior.

Chiloé: La infatigable agrupación "Amigos de las iglesias de Chiloé", dirigida por Hernán Pressa y con el importante apoyo del arquitecto Hernán Montecinos y de diversas instituciones, ya terminó los trabajos en las iglesias de Colo y San Juan y tienen casi lista la de Chonchi. Para octubre se piensa iniciar obras en Ichuac, Vilupulli, Tenaún y Aldachildo, y ojalá la intervención de Quinchao, con la ayuda del reciénte crédito del BID. También se está habilitando la Escuela de carpinteros y taller de imaginería en Ancud, un antiguo anhelo que busca preservar y proyectar todo el caudal de conocimientos en madera que manejan los chilotes.

Arica: Tras conocer la riqueza y precario estado de las capillas del "decanato andino" en Arica (Socoroma, Putre, Parinacota, etc.), la joven historiadora Magdalena Pereira se instaló con su marido a vivir en la zona para luchar por su preservación. Ahora trabaja en el catastro de los bienes de cada una de ellas y en la restauración de la capilla de Poconchile. Para trabajar adecuadamente el adobe, se entrevistó con la reconocida historiadora boliviana Teresa Gisbert y buscó maestros en Puno. También coordina la Comisión de Bienes Culturales de la Iglesia.

"La memoria del pueblo fiel merece respeto"

Para qué presentar mucho al padre Gabriel Guarda, Premio Nacional de Historia y autor de múltiples publicaciones patrimoniales. El sacerdote benedictino fue nombrado hace varios años presidente de la "Comisión de Nacional de Bienes Culturales de la Iglesia chilena".

-¿No hay necesidades más acuciantes que restaurar viejos templos?

"La Santa Sede insiste mucho en el decoro del templo con vistas a la nueva evangelización. La Casa de Dios debe ser cuidada, entre otras razones, porque es herencia del pueblo fiel. Y esto merece el mayor respeto. Refleja la sensibilidad de nuestros mayores, de quienes recibimos la fe".

-El patrimonio religioso que hay en Chile, ¿tiene algún valor particular?

"Cada país tiene lo que tiene. El patrimonio alemán es poco si se le compara con Italia. Y el de Italia con Grecia. Es nuestra historia, nuestras raíces".

-¿Cuáles son los frutos de esta comisión?

Hemos elaborado un completo manual para hacer un catastro científico de todos los elementos que se usan en el culto (incluido el mobiliario).También una ficha tipo, que servirá para elaborar una base de datos. El catastro ya se está realizando en forma piloto en las diócesis de Arica y Rancagua. También enviamos periódicamente a todas las diócesis información sobre preservación.




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Virgen de Andacollo, intervenida durante las
Virgen de Andacollo, intervenida durante las "misiones de conservación" en el arzobispado de La Serena.
Foto:CNCR


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