ECONOMÍA Y NEGOCIOS

Domingo 10 de Octubre de 1999

MINISTROS DE HACIENDA:
Juraron... y Se Fueron

Fue una práctica habitual en el Congreso Nacional de principios de siglo: hacer rotar a los Ministros lo más rápidamente posible y así entrabar el trabajo del Ejecutivo. A tanto llegó la costumbre, que algunos secretarios de Estado apenas completaban una semana en funciones. Incluso menos.
Por MIGUEL ANGEL CRUZ

Un verdadero récord de permanencia en su cargo registra el actual ministro de Hacienda, Eduardo Aninat Ureta, quien hoy (10 de octubre) cumple nada menos que cinco años, seis meses y veintinueve días desde que asumió el 11 de marzo de 1994. Esta marca lo convierte en el secretario de Estado más antiguo desde que fue creada esa cartera mediante el decreto del 2 de junio de 1817.

Una situación excepcional que otros de sus pares estuvieron lejos de alcanzar. Se trata de la otra cara de la medalla conformada por aquellos secretarios de Estado menos afortunados que vieron fracasar sus esfuerzos por todo tipo de trabas y cambios en las directrices gubernamentales, muchas de las cuales no tenían una justificación real, sino más bien dependían de las simpatías logradas en el entorno.

Fue el caso de casi una decena de ministros de Hacienda de este siglo, los cuales no alcanzaron a estar 10 días en funciones. Las razones van desde pronunciamientos militares hasta discrepancias de criterios con el Presidente en ejercicio, historias desconocidas que marcaron una época oscura en nuestra institucionalidad, pero que sirven de referencia para conocer el esfuerzo que cada uno de ellos desplegó en su momento para lograr las metas trazadas.

Según explica René Millar, historiador de la Universidad Católica, los resultados económicos de estos gobiernos fueron mejores en muchos aspectos comparados con los logros del período siguiente, pese a la alta rotación ministerial que los caracterizaba. Por ejemplo, la inflación promedio fue de 6% anual antes de 1930 y en torno a 20% después de ese año. Algo similar ocurrió con el crecimiento del país, por cuanto el aumento del producto geográfico bruto per cápita llegó a una tasa media de 2,11% anual entre 1909 y 1924, cifra superior al 1,5% registrado entre 1931 y 1960.

VETOS PARLAMENTARIOS

Los primeros cambios de corto plazo durante este siglo en Hacienda ocurrieron hacia 1914, cuando el Parlamentarismo era el régimen político imperante en la época. En la práctica esto se traducía en que el Presidente de la República gobernaba de acuerdo con la mayoría cambiante del Congreso, escogiendo a sus ministros con este criterio y conformando así un gabinete político representativo. De esta forma se aseguraba que nunca hubiese un Gobierno de minorías, explica Millar.

Esta forma de hacer las cosas fortaleció al Parlamento y debilitó al Ejecutivo, el cual era incapaz de mantener la continuidad de su administración debido a las constantes obstrucciones de ambas Cámaras. Los mecanismos más utilizados para derribar a los ministros eran las interpelaciones parlamentarias y el voto de censura, ya que bastaba atacar a un secretario de Estado para que el resto solidarizara y renunciase en masa.

Fue así como bajo la Presidencia de Ramón Barros Luco (1910-1915) se sucedieron casi una quincena de ministros de Hacienda, algunos de los cuales apenas completaron una semana en funciones. Es el caso del senador Alfredo Barros Errázuriz, quien asumió el cargo el 3 de diciembre de 1914 y lo dejó sólo tres días después.

Tal como le ocurrió a su antecesor, Barros Errázuriz vio la necesidad de reorganizar las finanzas públicas - que mostraban un déficit cercano a los $80 millones- y generar ahorros a todo nivel.

Pero las buenas ideas de este ministro no fueron suficientes, ya que un desacuerdo relativo a la emisión de más papel moneda suscitado entre Rafael Orrego, ministro del Interior, y Enrique Zañartu, ministro de Industria y Obras Públicas - con la consiguiente salida de éste último- , obligó a la renuncia de todo el gabinete el 6 de septiembre.

El país quedó atónito frente a este abrupto cambio que se convirtió en el primero que se producía en tan corto plazo. Fue así como ese mismo día el Presidente llamó al senador Eduardo Charme para conformar un nuevo Ministerio, quedando Enrique Oyarzún a cargo de la cartera de Hacienda.

No alcanzó a pasar un día cuando el Partido Radical - al que pertenecía Oyarzún- decidió que éste había transgredido un acuerdo interno que exigía que ningún correligionario podía aceptar su ingreso a un Ministerio sin previa consulta, situación que significó que no fuera autorizado para desempeñar el cargo. A los nueve días (15 de septiembre) Oyarzún tuvo que renunciar y fue reemplazado por Alberto Edwards, quien se mantuvo en funciones hasta el 15 de diciembre de 1915.

Poco antes de esa fecha se conoció el triunfo presidencial de Juan Luis Sanfuentes, quien asumiría la primera magistratura el 23 de ese mismo mes. El problema estaba en que ello provocó una nueva crisis ministerial y nadie quería estar en el último gabinete de Barros Luco, lo que obligó al Presidente saliente a designar secretarios de transición entre seis de sus mejores amigos para finalizar con dignidad esos últimos días de mandato.

Fue así como a Manuel García de la Huerta le tocó la fortuna de dirigir Hacienda durante ocho días, período durante el cual los partidos no cuestionaron la permanencia del grupo, aunque tampoco estuvieron dispuestos a que sacaran adelante iniciativas de importancia. Así lo dejó en claro el senador Arturo Alessandri, quien logró que fuera aprobada su moción para postergar el debate de la ley de presupuestos hasta el 31 de diciembre, lo que fue visto por el Congreso como una forma sutil de seguir manifestando sus opiniones frente al Ejecutivo hasta el último momento.

GOLPES MILITARES

Con la elección de Arturo Alessandri en 1920 comenzó en el país una serie de cambios políticos y sociales que pondrían fin al régimen parlamentario y darían paso al sistema presidencial. La oposición del Senado, la indisciplina de los partidos de gobierno y la figura de este Presidente contribuyeron a desprestigiar el Parlamentarismo, dice Millar, sistema que fue incapaz de valorar las urgentes reformas económicas para recuperar las finanzas fiscales y frenar la caída del cambio que llegó a menos de seis peniques.

El retraso en la aprobación de los presupuestos y de algunas leyes sociales, el incremento de los gastos fiscales, el colapso de la industria salitrera, así como el aumento de la cesantía no hicieron más que agudizar los trastornos políticos de la época y la consiguiente caída de los ministerios.

Estos hechos promovieron el pronunciamiento militar del 5 de septiembre de1924, día en que los oficiales constituyeron un comité deliberante que se entrevistó con el Primer Mandatario para exigir el pronto despacho de los 16 proyectos de ley que se le presentaron, los cuales fueron aprobados en su totalidad sólo tres días después por el Congreso.

Ese mismo 5 de septiembre el gabinete existente renunció ante el nuevo giro que tomaba la situación, siendo reemplazado por uno encabezado por el general Luis Altamirano, quien designó como ministro de Hacienda al almirante Francisco Neff Jara.

Pero éste se mantuvo en el cargo sólo siete días hasta que Altamirano constituyó una Junta de Gobierno castrense que disolvió el Congreso. Poco antes, el 8 de septiembre, Alessandri - consciente del curso de los acontecimientos- decidió asilarse en la embajada de Estados Unidos, desde donde envió su renuncia.

Al asumir el control total del poder público y quebrantar el régimen constitucional, los militares dieron fin al régimen parlamentario y declararon su intención de crear un nuevo orden político. Hacia principios de 1925 las acciones emprendidas no lograban contentar a la mayoría del país, por lo que un grupo de oficiales se apoderó nuevamente de La Moneda el 23 de enero con el objetivo de restablecer a Alessandri en el cargo y llevar a cabo su programa de gobierno, ya que su período presidencial terminaba el 23 de diciembre de ese mismo año.

Ello rompió la cordialidad entre el Ejército y la Armada, lo que significó la caída del gabinete encabezado por Luis Barahona, quedando a cargo de la cartera de Hacienda en forma interina el subsecretario en funciones, Rodrigo Sánchez Mira, quien se desempeñó hasta el 29 de enero (6 días), siendo reemplazado por Valentín Magallanes.

La creación del nuevo gobierno fue liderado por Armando Jaramillo y estuvo compuesto en su totalidad por amigos personales de Alessandri, quien retomó sus funciones el 20 de marzo.

DISCREPANCIAS

Otro ciclo de movimientos ministeriales de corto plazo se verificó a mediados del año 1931, durante el Gobierno del general Carlos Ibáñez del Campo. Los planes económicos-financieros de la época se vieron frustrados por la gran crisis económica de 1929 agravada en esos años, lo que se sumaba al aumento de la deuda externa, escasez de fondos, creciente cesantía, desvalorización de las exportaciones (principalmente salitre) y cierre de mercados.

En esos momentos de agitación social, Ibáñez designó un nuevo gabinete encabezado por Juan Esteban Montero y secundado por Pedro Blanquier en Hacienda. Sin embargo, bastaron sólo 9 días para que los ministros renunciaran colectivamente por discrepancias con el Presidente en relación a los procedimientos necesarios para superar la delicada situación del país, como fue la supresión de la Superintendencia de Bancos, reducción de personal en los servicios australes o las nuevas contribuciones a todos los sueldos de la administración.

Frente a esta crisis, Ibáñez nombró un nuevo gabinete liderado esta vez por Hipólito Marchant en Interior y Francisco Garcés Gana en Hacienda. Mal le fue a este grupo, el cual estuvo un día en funciones, ya que el 23 de julio todos renunciaron.

Tras la dimisión de sus asesores, el Presidente llamó al ex ministro del Interior, Carlos Frodden, para que completara el gabinete donde también participó Arturo Lorca Pellross en la Secretaría de Hacienda. Entre las primeras medidas del nuevo gabinete estuvo la de impartir instrucciones terminantes destinadas a instruir a Carabineros para ejecutar una represión enérgica sobre toda manifestación pública, además de aumentar a diez los ministerios y continuar con las bases del programa económico establecido por sus antecesores.

Las reyertas callejeras y el cese de funciones de muchos colegios profesionales tenían por objetivo restablecer las libertades públicas y del Gobierno civil. Tal fue la presión, que el 26 de julio de 1931 Ibáñez delegó el mando en el presidente del Senado, Pedro Opazo Letelier, quien en calidad de vicepresidente asumió el control. El 27 de julio se designó un gabinete denominado de Salvación Nacional presidido por Juan Esteban Montero, con lo que llegaba a su fin el desempeño de 4 días realizado en Hacienda por Arturo Lorca Pellross.

Tras estos cambios siguió un período político de gran inestabilidad conocido como la anarquía, que cuando sólo fue superada se pudieron ampliar las garantías democráticas del país que dieron forma al régimen de gobierno vigente hasta 1973.

LA ULTIMA MITAD DEL SIGLO

Las últimas cuatro décadas han sido reflejo de este ordenamiento, aunque también fueron testigo del mayor quiebre institucional de este siglo, lo que cambió la forma de hacer política económica en Chile.

En el período previo al golpe militar de 1973 se vivieron momentos de gran inestabilidad, lo que redundó en varios cambios de ministros. Así le ocurrió al almirante Raúl Montero, quien integró - junto a los otros dos comandantes en jefe del Ejército y la Fuerza Aérea, y el director general de Carabineros- un gabinete de seguridad que buscaba superar la crisis política que vivía el gobierno de SalvadorAllende.

Sólo 19 días alcanzó Montero a estar en el cargo, ya que el primer mandatario decidió estructurar un nuevo ministerio manteniendo la participación de las Fuerzas Armadas. Esta vez la cartera de Hacienda recayó en el contraalmirante Daniel Arellano, quien estuvo en funciones hasta el 11 de septiembre.

De los secretarios de Estado posteriores, Sergio de la Cuadra fue uno de los pocos que duraron menos de seis meses, ya que al jurar el 22 de abril de 1982 y abandonar el 29 de agosto siguiente, apenas logró permanecer cuatro meses y ocho días en el cargo. La devaluación del peso en 18% y la decisión de liberar el precio del dólar fijado en 39 pesos hasta ese momento - con la consiguiente debacle financiera- se identificaron con su persona por mucho tiempo.

Martín Costabal, a su vez, fue el último secretario de Hacienda de Pinochet y el primero en abordar la gestión ministerial con un Banco Central autónomo. Su principal labor en esos tres meses y seis días de labor (que comenzaron el 6 de diciembre de 1989) fue ordenar la entrega de la cartera al primer gobierno de la Concertación.

De ahí a esta parte, ser ministro de Hacienda se ha transformado en uno de los puestos más estables del gabinete.

Ministros de Hacienda

(1960 - 1999)

MINISTRO NOMBRAMIENTO

Eduardo Figueroa Geisse 15 - sept - 1960

Enrique Serrano de Viale-Rigo 28 - jun - 1961

Luis Mackenna Shiell 18 - oct - 1961

Sergio Molina Silva 3 - nov - 1964

Raúl Sáez Sáez 15 - feb - 1968

Andrés Zaldívar Larraín 15 - mar - 1968

Américo Zorrilla Rojas 3 -nov - 1970

Orlando Millas Correa 17 - jun - 1972

Fernando Flores Labra 11 - ene - 1973

Almte. Raúl Montero Cornejo 9 - ago - 1973

Ctalmte. Daniel Arellano Maclead 28 - ago - 1973

Ctalmte. Lorenzo Gotuzzo Borlando 12 - sept - 1973

Jorge Cauas Lama 11 - jul - 1974

Sergio de Castro Spikula 31 - dic- 1976

Sergio de la Cuadra Fabres 22 - abr - 1982

Rolf Lüders Schwazemberg 30 - ago - 1982

Carlos Cáceres Contreras 14 - feb - 1983

Luis Escobar Cerda 2 - abr - 1984

Hernán Buchi Buc 12 - feb - 1985

Enrique Seguel Morel 5 - abr - 1989

Martín Costabal Llona 6 - dic - 1989

Alejandro Foxley Rioseco 11 - mar - 1990

Eduardo Aninat Ureta 11 - mar - 1994

FUENTE: Ministerio de Hacienda.


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