WIKÉN

Jueves 2 de Agosto de 2001


Taxi para Trejo

Alejandro Trejo es un famoso desconocido. Se le escucha en radio y en televisión, se le ve en teatro, en telefilmes y en El chacotero sentimental. Ahora, el protagonista de Taxi para tres, película que hoy se estrena en todo el país, pasa al asiento del conductor y se prepara para el que podría ser el viaje de su vida: la consagración en pantalla.
por Francisco Aravena F.

Es como el trabajador invisible: da la impresión de que no hiciera nada, dice el actor Fernando Gómez-Rovira en busca de una definición de Alejandro Trejo (41), su compañero de reparto en Taxi para tres. Llega al rodaje, saluda... y en el resultado te das cuenta.

El trabajador invisible se levantó temprano el lunes pasado. Esta semana comenzó con varias cosas en su cabeza: las actividades en regiones de la Muestra de Dramaturgia (donde él y su compañía están presentando la obra El desvarío, que dirige); desmontar las cosas de Loco afán,(otra obra que dirige); y claro, estar disponible para promocionar Taxi para tres, la película que se filmó hace un año y medio y que hoy se estrena en todo el país.

Esto último incluye algunos ajustes en su rutina, cosas que no ha terminado de plantearse. Dar entrevistas, por ejemplo. O hacerse conocido. Qué tontera más grande para un tipo como Trejo, un hombre cuya voz puede escucharse a cada rato en los comerciales de radio o en algunas series y documentales de televisión - lleva 15 años trabajando en doblajes- , cuyo nombre inspira respeto en los círculos teatrales - por su trayectoria con las compañías de teatro La Batuta, Bufón Negro y, ahora La Comarca- y cuya breve carrera cinematográfica registra uno de los momentos más jocosos de la película más taquillera de la historia del cine chileno: cuando su personaje, en la tercera historia de El chacotero sentimental, es aclamado por una población entera que ha estado escuchando su acto sexual.

Es que no estoy en televisión, es la obvia explicación de Trejo respecto de su anonimato. Creo que es eso. Igual, la televisión es una posibilidad tremenda de hacer buenas cosas. El problema es que se hacen malas.

Malas como la representación de los personajes pobres o populares. En la televisión se burlan, sentencia Trejo, el encargado del encarnar a Ulises Morales, el personaje popular principal de Taxi para tres, una tragicomedia de personajes populares.

Me dediqué mucho a andar en taxi, comenta sobre la preparación de su personaje. Es una pega complicada, peligrosa. Tienen que estar preocupados de los asaltos, de esconder la plata. Les pagas con un billete más grande y ves que empiezan a sacar un poco de aquí, otro poco de allá....

Mucho con poco

Alejandro Trejo es como un travesti: trabaja disfrazado de lo que quiere ser. Y no quiere ser ningún héroe. Lo de Trejo no es salvar el mundo: es mostrarlo.

Como director de Loco afán, el exitoso montaje de los textos de Pedro Lemebel, muestra travestis y homosexuales. En pantalla, como Ulises Morales, muestra a un taxista atribulado por las deudas que busca una salida y toma lo que el destino le pone en el camino: un par de delincuentes amateurs que lo obligan a participar de sus asaltos.

Son personajes que tratan de sobrevivir, explica Trejo. Son bastardos del sistema económico, en definitiva.

Orlando Lübbert, el director de Taxi para tres, estaba buscando a un Ulises distinto para encabezar su odisea. En el guión, era un gordito simpaticón que se las traía. Y busqué por lado y lado. Y un día mi mujer, Iria, me dijo ¿por qué no vas a ver a Trejo?, recuerda Lübbert.

Alejandro es un tipo que maneja esa cosa aparentemente lenta, que se traduce en intensidad en la pantalla, explica el director. Que recoge esas pequeñas fibras, esas vibraciones. Y el cine está justamente hecho para ese tipo de vibraciones.

Daniel Muñoz, otro de los compañeros de Alejandro Trejo en la película, coincide en el diagnóstico. Es sorprendente la capacidad que tiene el Trejo: mientras menos hace, más proyecta.

Pero el Trejo no hace pocas cosas.

Doble por acá

Ya no toma tanto taxi, porque sale caro. Trejo se mueve en un Suzuki pequeño y desordenado que debe tener casi tantos años como los 15 que lleva este actor casi autodidacta en el negocio del doblaje.

Todo ocurrió mientras Trejo hacía teatro callejero, cuando apenas llevaba un tiempo trabajando en lo que había descubierto que quería trabajar. Después de cursar tres años de talleres en la escuela de Puri Durante, cuando ya estaba trabajando con Juan Edmundo González en el teatro-escuela, donde montaban obras a la vez que tomaban clases. Se necesitaban voces, y Alejandro Trejo tenía una. Y servía.

El lunes pasado, Trejo llegó a los estudios de Doblajes Internacionales, se sacó su chaqueta de cuero llena de cierres, neutralizó su acento y se hizo cargo de dos personajes de una producción alemana llamada Viaje al infinito. Trejo puso una voz drástica para doblar a Miembro 2 y una voz más carraspeada para un profesor de apellido Scheck.

A veces las agarro en televisión. Ahí se ve la verdad de la milanesa, explica en una pausa, retomando su acento chileno. Pero quedan bien, dice el dueño de una voz que ganó un concurso internacional para ponerle cuerdas vocales a una mala idea: que la Pantera Rosa hablara. Parece que gusta más la de los años 70, la muda, concluye, antes de tomar nuevamente el volante de su Suzuki y poner primera.

Su próxima parada será el teatro Galpón 7, donde tiene que ir a pagarle a quienes están desmontando los elementos utilizados en el montaje de Loco afán. La temporada en la sala de Chucre Manzur ha terminado, pero él espera seguir con la obra en lo que queda del año. Eso, lo que pase con El desvarío y su constante trabajo de doblajes serán los temas que ocuparán su agenda por el resto del año. Hasta ahora.

Instinto animal

Trejo ya protagonizó el telefilme Tres noches de un sábado, bajo la dirección de Joaquín Eyzaguirre - cuya exhibición en TVN se espera para este año- y está en conversaciones para integrarse a otros. Es que le gusta el cine. Le gusta desde que se enfrentó con una cámara bajo las órdenes de Edgardo Viereck, en el cortometraje El cobrador, en 1995 (que le valió un premio como mejor actor al año siguiente en el Festival de cine de Viña).

Sentí esa energía que se vive en el teatro, de creer en un proyecto y tirarlo para adelante porque crees no más, recuerda Trejo, un hombre que a lo largo de la conversación se refiere varias veces a las particularidades de un medio que, se ve, todavía lo sorprende. Hay que entender que uno, como actor, tiene que aislarse de la parafernalia externa y concentrarse para estar listo para cuando se dé la orden de acción, para entregarse a la dictadura de la cámara, comenta el actor, satisfecho por su analogía.

Él tiene un manejo sorprendente de su energía, de sus recursos físicos, comenta Viereck, quien lo dirigió además en un pequeño papel en Mi famosa desconocida. Tiene un instinto animal para esto. Eso, sumado a que tiene mucha responsabilidad y es tan comprometido, no te puede dar un mal resultado, sentencia el director.

Suficiente talento como para salir del anonimato. Pero ése no es un tema que le preocupe. Para mí, explica Alejandro Trejo, lo interesante es el proyecto en total, de qué manera esta película se instala en el corazón de la gente. Si lo otro ocurre, ocurrirá, pero lo que me atrae y me interesa es eso, explica el actor.

Alejandro sabe que el reconocimiento que vale es el de sus pares, sostiene el director Alejandro Goic, compañero de Trejo en los montajes de la compañía Bufón Negro. Y él es reconocido. Es el mejor actor que hay en Chile, sentencia Goic.

Fernando Gómez-Rovira, el intérprete de Coto en Taxi para tres, tiene otra manera de resumir el perfil de Trejo. Si hay algo que cae mal es la arrogancia de un artista: si alguien anda con anteojos de sol de noche, hay que preocuparse. Y yo sé que él nunca va a andar con Ray-Ban de noche... ¡Y menos con Ray-Ban!.

Lübbert: realidad real.

El taxi de Taxi para tres era de un taxista, del señor Sergio Lecaros. La hija del taxista en la película era Denitze, su hija. Y la casa del taxista en la película era la del mismo Lecaros y de su esposa, Ana, en Cerro Navia.

Todo partió por el casting de Denitze, explica el director, Orlando Lübbert. Luego llegamos a la casa y estaba perfecta. Así que les arrendamos el taxi y la casa, que usamos como locación y centro de operaciones: ahí comíamos - la señora Ana nos cocinó comida chilena todo el verano- y los actores hasta podían dormir siesta.

El problema era que la casa estaba recién pintada, y no podía presentar así una casa de alguien con problemas económicos. Así que evité mostrarla al principio, y al final agregué esa escena donde la pintan, comenta Lübbert. Es la ventaja de ser el guionista y el director.

El Chavelo de Muñoz

Para construir su personaje, Daniel Muñoz se valió de un detective que le presentó a alguien con antecedentes. Era una persona que tenía un puesto en la feria. Había estado en prisión, pero no comentaba nada. El resto hablaba por él, dice Muñoz.

foto: j Jorge Sánchez / Retoque: Gabriela Reyes







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El taxista en el tejado: Daniel Muñoz, Alejandro Trejo y Fernando Gómez-Rovira toman el control en Taxi para tres.
El taxista en el tejado: Daniel Muñoz, Alejandro Trejo y Fernando Gómez-Rovira toman el control en Taxi para tres.
Foto:Jorge Sánchez


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