EL SÁBADO

Sábado 15 de Octubre de 2005

La misteriosa muerte del chofer de Huber

El sargento Blas Meriño Castillo falleció en 1995. La investigación fue corta: suicidio. Hoy, el CDE baraja la teoría de que el chofer haya sido asesinado, mientras el juez del caso Huber reúne antecedentes al respecto. El Sábado conversó con la hermana de Meriño: "Mi hermano me decía que sabía todo lo que había pasado". Por Hugo Infante

A Verónica Meriño se sienta en el sillón su casa, llorando, nerviosa. ­Lo estaba esperando­, dice. Ha estado pendiente de las informaciones del coronel Gerardo Huber, quien apareció en 1992 muerto tras destaparse el tráfico de armas a Croacia. Pensaba que tarde o temprano un periodista o un investigador tocaría a su puerta.

Ya había olvidado lo que era enfrentar preguntas sobre su hermano, el sargento segundo Blas Meriño Castillo, ex chofer de Huber.

La mujer, una dueña de casa de 44 años, suspira y recuerda el 8 de agosto de 1995, cuando su hermano apareció muerto, supuestamente suicidado. En aquellos días era un secreto a voces que la justicia caratularía la muerte del coronel Huber, ocurrida tres años antes, como "homicidio". El cuerpo del ex jefe de Adquisiciones en el Exterior del Ejército había sido hallado cerca del Puente El Toyo 20 días después de su desaparición. En un principio sólo se hablaba de una "presunta desgracia".

Verónica Meriño recuerda ese capítulo y dice que su hermano siempre repitió, incansablemente, que a Huber lo habían asesinado, que no había sido un suicidio. Su convicción la mantuvo hasta que fue encontrado muerto a un costado del kilómetro 21 del Camino a Melipilla. Sólo le restaban pocos meses para cumplir 20 años de servicio en el Ejército.

Su cuerpo estaba en el interior del automóvil que él conducía para un jefe del Complejo Químico Industrial de Talagante de la institución castrense. La patrulla de Carabineros que encontró a Meriño informó en el parte policial que el cuerpo tenía un disparo en el costado izquierdo del tórax y, sobre él, una carné de identidad de iniciales H.J.V.V.

La información de la época señala que la patrulla de la Tenencia de Carreteras concurrió a fiscalizar un vehículo que se encontraba con las luces encendidas a un costado del camino. El motor del automóvil, un Ford blanco, aún estaba funcionando. Cuando los policías abrieron la puerta, cayó al suelo el cuerpo de Blas Meriño Castillo, el ex chofer de Huber. A un lado había una pistola Beretta 9 mm.

Hoy, diez años después, una fuente del Consejo de Defensa del Estado afirma que la hipótesis es clara para ellos: a Meriño lo mataron.

No es todo. El ministro Claudio Pavez, quien investiga la muerte de Gerardo Huber, ordenó diligencias para aclarar el deceso de Blas Meriño y del magistrado Hernán Correa de la Cerda, quien tomó declaración a Huber por el caso Armas a Croacia nueve días antes de que éste desapareciera. Correa es otra muerte que causa suspicacias en torno al caso: falleció en diciembre de 1992 en el Hospital Militar.

"Mi hermano me decía que sabía todo lo que había pasado con el coronel Huber, pero nunca nos dijo nada. Era muy hermético. Creímos que se había suicidado por los problemas amorosos que había tenido con su novia", cuenta Verónica Meriño. "Pero al tiempo después, comenzamos a tener dudas".

Las dudas, dice, comenzaron a surgir con el tiempo y cuando la familia intentaba encontrar explicaciones a situaciones que les parecieron extrañas.

"Nunca nos mostraron la investigación sobre su muerte. Mi hermano mayor dice que le hicieron firmar un papel para que ninguno de nosotros investigara nada. No recibimos pensión. Sólo el seguro de vida por su muerte", afirma Verónica Meriño.

"Incluso nos avisaron recién al otro día que mi hermano había muerto. Él fue encontrado como a las ocho de la noche y sólo a las 10 de la mañana supimos todo".

Hombre de confianza

Meriño Castillo tenía 38 años al momento de morir. Había ingresado a los 18 a la Escuela de Suboficiales, que estaba ubicada en calle Blanco Encalada, en Santiago.

En 1987, Meriño fue destinado como chofer del coronel Gerardo Huber Olivares, entonces oficial del Complejo Químico Industrial del Ejército. Como señalan algunos militares consultados por El Sábado, la función que pasó a desempeñar Meriño Castillo es una de las labores de mayor confianza entre un suboficial y un subalterno. La tarea -que realizó durante cuatro años- implica conocer detalles íntimos de la vida de un jefe, escuchar conversaciones telefónicas y mantener un silencio espartano. Los lazos entre un conductor y su superior son estrechos, casi familiares. Y no cualquiera es elegido para esa labor.

Adriana Polloni, viuda del coronel Huber, cuenta que Blas Meriño era "un hombre muy serio, casi introvertido. Era una persona buena que gozaba de toda la confianza de mi esposo. Era un profesional".

Meriño estuvo junto a Huber hasta 1990, año en que el coronel fue destinado al Departamento de Adquisiciones del Ejército. Durante ese período, el chofer fue formando un fuerte lazo sentimental con la familia Huber Polloni. Los hijos del militar le tenían mucho aprecio. "Mi hermano adoraba a esos niños", dice Verónica Meriño.

En diciembre de 1991, una vez conocido el escándalo del envío de armas a Croacia, Huber tuvo el último contacto con su ex chofer. Según Verónica, la muerte del coronel impactó mucho a su hermano. "Estaba mal, decía que sabía lo que había ocurrido".

En esa misma época, el sargento Blas Meriño comenzó a tener cambios en su conducta e intentó suicidarse tres veces. Según Verónica Meriño, esta conducta se debía a una tormentosa relación amorosa. En su unidad, el Complejo Químico Industrial, todos sabían de su comportamiento, pero nadie creyó que fuera capaz de quitarse la vida. Un hombre que sabe de armas, como el chofer, no apunta su arma al tórax para suicidarse, sino que directamente a la cabeza, dice una fuente del Ejército.

El sargento Meriño cuidaba de su hermana, a quien apoyaba económicamente. Y por eso surgen las dudas de que cometiera suicidio meses antes de cumplir los 20 años de servicio, requisito para que sus familiares cercanos, en caso de muerte, recibieran pensión y no sólo el seguro de vida, que fue lo que finalmente se le pagó a la familia.

Adriana Polloni recuerda que al saber de la muerte de Meriño, el impacto en su familia fue demasiado fuerte. "Terrible. Le teníamos mucho cariño. Nunca lo creímos capaz de hacer algo así", y asegura que con "el tiempo relacionamos las dos muertes".

La viuda de Huber relata que tras la muerte de su esposo, Blas Meriño los fue a visitar. Estaba muy acongojado. Ambos no habían perdido el contacto, incluso cuando Huber fue destinado a Adquisiciones.

La semana pasada Adriana Polloni se contactó con Verónica Meriño. Nunca habían hablado y sólo se conocían por lo que Blas Meriño contaba. En esa conversación, Verónica quería acercarse un poco más a la situación por la que pasa Adriana. La hermana del sargento le habló de su miedo y su preocupación, mientras que la viuda de Huber quería conocerla, ir a su casa y ver su cara.

Según Polloni, la hermana del malogrado sargento está atemorizada. Pero Verónica Meriño dice que vive tranquila, que de vez en cuando, mirando las noticias sobre el caso Huber, se acuerda de su hermano. En un rincón de sus pensamientos afloran dudas, pero prefiere pensar que su hermano murió por su propia voluntad, agobiado sentimentalmente.

Han pasado varios días desde su conversación con Adriana Polloni, y Verónica Meriño confiesa que no ha podido dormir. Camina nerviosa, reviviendo momentos que pasó hace 10 años, cuando era acosada por la prensa y por hipótesis que hablaban de asesinatos, venganzas.

"Cada día que pasa -cuenta- prefiero convencerme de que esto fue un suicidio. Mi hermano intentó matarse muchas veces. Quiero pensar que es un suicidio. Yo quiero vivir tranquila, sin sobresaltos. Mis hijos están muy chicos. Fue un suicidio. Si yo he tenido dudas, ha sido por la prensa, que siempre ha tenido esa creencia. Pero lo más importante: ¿qué sacó con revivir esto? ¿qué gano? La plata no me interesa".


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El coronel Gerardo Huber en una celebración de Fiestas Patrias.
El coronel Gerardo Huber en una celebración de Fiestas Patrias.


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