ARTES Y LETRAS

Domingo 29 de Junio de 2003

FILOSOFÍA. Entrevista a Jorge Eduardo Rivera C.:
La filosofía como pasión

Veinte destacados filósofos, nacionales y europeos, se reunieron en un proyecto editorial para rendirle un homenaje al destacado traductor chileno de "Ser y Tiempo", a la vez uno de los más profundos conocedores de la filosofía de Heidegger y destacadísimo docente.
MANUEL FELIÚ GIORELLO

La Filosofía como Pasión es un homenaje al filósofo y maestro Jorge Eduardo Rivera C., que consiste en un total de veintinueve artículos que consignan temas de filosofía, moral y religión, arte, música, ciencias y reflexiones en torno a la relación discípulo-maestro y a la amistad. El libro en su totalidad mantiene una coherencia interna (a pesar de la diversidad de temas y autores) que permite establecer la percepción de una cierta sensibilidad intelectual común, que subyace al espíritu de un tiempo; tiempo que es el propio de Jorge Eduardo Rivera y los que aquí lo quieren honrar.

Las personas que participan de este homenaje son hoy filósofos destacados, nacionales y europeos, que han trabajado en la misma línea del profesor Rivera, como también importantes discípulos de él y amigos. También encontramos personas correspondientes al mundo de las ciencias y las artes, en las que el profesor Rivera ha ejercido una particular influencia. En todo el libro, tácita y expresamente, encontramos la presencia dominante de este importante filósofo y traductor, que ha encontrado su lugar en la filosofía a nivel mundial con su importante y reconocida traducción al español de Ser y Tiempo, de Martín Heidegger, y por su destacadísima labor como docente. Aquí tendremos la oportunidad de conocerlo con un poco más de detenimiento, queriendo de algún modo también participar de este tan merecido homenaje a su persona.

- La "Filosofía como Pasión" es un título inspirado en su ejemplo de vida como filósofo, pero este título también representa una cierta paradoja, la pasión como esa instancia en que lo sensible nos inunda hasta la pérdida del objeto o de sí. ¿Qué le produce la pasión de la filosofía?

"Para mí la filosofía es una pasión que me coge totalmente, pero no por ello pierdo de vista el objeto, sino todo lo contrario, me sumerjo en él. Es como si la cosa me llamara y me dijera venga y descúbrame porque yo soy un misterio. Las ganas de descubrir, el deseo de penetrar en la realidad, pero sobre todo lo que más me atrae es el misterio. Porque hay cosas que no las vemos, que no las descubrimos nunca. Tentamos por un lado, tentamos por el otro, damos la vuelta, y de repente creemos haber descubierto algo y luego nos damos cuenta de que estábamos equivocados, es como una aventura, y en mi caso, una aventura apasionante. Creo que mucha gente opina que la filosofía es una cosa fría, especulativa y totalmente separada de la realidad; yo, al contrario, estoy absolutamente en contra de esa idea. Creo que la filosofía se basa en un sentir radical, sentimos la realidad, estamos con ella y en medio de ella y eso nos conmueve, nos toca, y si no nos toca no sirve para nada esa filosofía."

- La influencia que usted ha tenido sobre tantas personas de distintas áreas del quehacer intelectual es sorprendente, y este libro es un testimonio de ello. Según su experiencia, ¿cuál cree que es la disposición fundamental para abrirse a la reflexión filosófica?

"Yo creo que es la disposición de estar abierto a que algo, o alguien, o lo que sea, nos enseñe y nos abra. Es el reconocimiento de la ignorancia, de que no sé, y las ganas apasionadas de saber. Es esa disposición humilde: no sé y quiero saber, y que lo único que nos puede enseñar es la realidad misma."

- ¿Es un poco también el fenómeno de la extrañeza, no?

"El asombro, la extrañeza, particularmente en el lenguaje. Cuán raras son las cosas y qué raras son las palabras. Una vez en clases les pregunté a mis alumnos ¿de dónde viene la palabra manifestar? Esto se manifiesta, las cosas se manifiestan. Manifestar viene de la palabra mane que significa mañana, es que se hace mañana. Desde la noche se aclara hasta que se hace mañana y eso es un proceso muy lento, muy paulatino, hasta que de repente te das cuenta de que estás en plena luz. En la presentación del libro de Cristóbal Holzapfel (Crítica de la Razón Lúdica), hablé sobre una palabra que usamos todo el tiempo y de la cual no nos damos nunca cuenta, que no es otra que la misma palabra "cuenta". La cuenta es la palabra española que corresponde a la palabra ratio que en latín es razón. Darse cuenta, tomar en cuenta, dar cuenta de algo, contar con las cosas, en resumidas cuentas, etc. Usamos todas estas expresiones muchas veces sin darnos "cuenta" de lo que quieren decir, pero de repente comienza a amanecer, se hace claro, se hace mañana, y vamos viendo que la "cuenta" es el modo de ser del hombre."

- A propósito de esta reflexión que nace a partir del lenguaje, ¿cuál es su reflexión actual en torno a la articulación de lenguaje y realidad?

"Yo creo que el primer momento en que la realidad se nos empieza a dar, que tiene contacto con nosotros, no es lingüístico, no es por el lenguaje, sino que es un sentir. Pero los sentidos no son tan limitados como los pensamos sino que es algo mucho más amplio.

A través de los ojos vemos, como decía Platón, con los ojos del alma, a través de los ojos materiales hay un mirar que es del alma, y pasa lo mismo con el escuchar, no sólo escuchamos ruido, sino que escuchamos a alguien, y escuchar es entender lo que se está diciendo."

- Es un poco a lo que usted se refería en la presentación del libro de Holzapfel acerca de la fruición y del gusto con el que se experimenta la libertad.

"Efectivamente. El sentido del gusto parece estar en la boca, pero decimos me gusta este cuadro, me gusta este paisaje, me gusta esta niña, quiere decir que el gusto está más allá de la pura boca, invade todo nuestro ser, cada sentido invade todo nuestro ser y se produce una fusión de los sentidos, la vista con el oído, el gusto y el tacto, el sentido de la realidad, porque si quieres convencerte de que algo es real, lo tocas."

- ¿Pero entonces no se está limitando de alguna manera la realidad sólo a lo que se puede experimentar?

"Sí, ciertamente. El hombre es total y absolutamente limitado en su percepción. Por eso ve las cosas parcialmente, ve por un lado o por el otro, ve las cosas de una cierta perspectiva más grandes o más chicas. Una vaca, vista desde lejos, es chica, pero si la miro desde cerca, es grande, entonces surge la gran pregunta ¿es grande o es chica? Es las dos cosas, porque las cosas se nos revelan según nuestra perspectiva. Ése es el primer modo de inteligir, un modo muy radical, si no hubiera eso no habría nada. Pero luego hay un segundo modo de inteligir bien, que es lo que se llama logos. Logos es el hablar de las cosas. En el momento en que nombro una cosa ya la pongo en relación con muchas otras cosas. Cuando digo por ejemplo que esto es un árbol, no podría ser que "esto" que nombro como árbol, sea un árbol, si no lo pusiera en el contexto a una serie de otros árboles, de otras especies y de otros "unos" con los cuales lo reúno, y eso es logos, es reunir. La palabra primero que nada es una reunión, reunión de ciertas cosas unas con otras, y ésas son las especies, son los géneros, naciendo de este modo la esfera de lo conceptual. El concepto es posterior al sentir, al tocar, pero es importante porque el concepto precisa e impide la confusión, y además, del concepto viene el hablar; es decir, que esto es bueno, o es grande o pequeño, o justo, y todo lo que puedes decir, entonces surge el logos que se funda en un sentir radical. Y por último viene la gran pregunta: ¿y por qué? Tres estadios diría yo, el del sentir intelectivo, el estadio del logos y el estadio de la razón que ahora reúne la totalidad. La razón tiene que dar razón de cada cosa por otra cosa y porque siempre tiene que reunirlo todo en definitiva en el ser".

La música y el ser

- "Usted me comentó que ha estado muy preocupado acerca de este tema, del principio de razón. ¿Cuáles son sus conclusiones considerando la contradicción que implica preguntarse por el principio de razón suficiente? Porque en el momento en que pregunto por él inmediatamente vuelvo a retomarlo y caigo indefectiblemente en un círculo".

"Exacto. Toda cosa tiene que tener una razón de ser lo que es y como es. Eso es el principio de razón y nos parece obvio, pues si se produce un estallido tiene que haber una razón de que se produjera ese estallido. Sabemos que cada vez que pasa algo tiene una razón de ser, una causa, un por qué, pero no sabemos por qué es así, porque tiene que haber razón. El mismo principio de razón, habría que decir, tiene una razón de ser, y se aplica el mismo principio de razón. Entonces, en definitiva, hay ahí un misterio, el misterio de la razón, no sabemos bien por qué la razón se impone. Y si llamamos razón a la cuenta, y la cuenta es la globalización o la totalización de tomar en conjunto las cosas, en definitiva la razón es el ser, no es que sea el ser, es que desde él ser mira a los entes, a las cosas, y ésa es la estructura radical de la realidad. Este libro es, y por el hecho de que es está en comunión con la luz que es también, y contigo que también eres, pero que no eres ni libro ni luz. Entonces hay algo que reúne todo y que Heráclito lo llamaba logos, y decía que la sabiduría y filosofía consistía sólo en escuchar al logos, y si escuchas al logos y estás de acuerdo con el logos te das cuenta que todo es Uno. Es el famoso fragmento Cincuenta".

- Es escuchar el silencio que subyace...

"Que subyace después de cada ruido. El silencio es lo radical, es el horizonte de la acústica. Al revés del horizonte visual que está lleno de cosas, en el horizonte acústico se acaban, es eso, es uno sólo."

Arte, fe y filosofía

- A propósito del horizonte acústico, y del escuchar, sé que el arte, y en particular la música, ha ocupado un importante lugar en sus reflexiones. ¿Cómo desde la filosofía se ha acercado a la experiencia del arte?

"El arte es anterior en mí a la filosofía. Yo empecé mi vida con la música, soy músico de nacimiento. A los trece años empecé a estudiar violín y lo continué durante parte importante de mi vida y hoy resulta que tengo una hija que es concertista en violín. Cuando yo era muy joven dudaba mucho acerca de mi vocación, si ser músico, filósofo o sacerdote, y venció a todos finalmente en mi el ser sacerdote, luego pedí mi reducción al estado laico y me lo concedieron. Pero la música desde el primer momento de mi vida me tocó. Cuando aún joven me fui a Europa se me abrieron todas las maravillas de la escultura, de la pintura y de la arquitectura, era una experiencia muy rica y directa del arte que hoy recuerdo vívidamente. Luego vino el desarrollo de toda una filosofía del arte que se desarrollo, curiosamente, a raíz de un curso que tuve que dictar en la Escuela de Música de la Universidad Católica de Valparaíso, filosofía del arte que se basa fundamentalmente en Heidegger y en su obra El Origen de la Obra de Arte que para mí es una de las obras más fantásticas sobre el arte. Yo resumo mi filosofía del arte diciendo que el arte es manifestación de la realidad; es la realidad que se descubre, que se hace manifiesta. En la música no-
sotros oímos al ser."

- A raíz del misterio que antes mencionó, y de su propia experiencia como creyente ¿qué papel ha jugado la fe en su desarrollo como filósofo?

"Absoluto. Yo no soy un filósofo que además cree en Dios, sino que soy un creyente, cristiano y católico, que filosofa".

- ¿La filosofía entonces ha sido para usted una forma de acercarse a Dios también?

"Sí, ciertamente. Tú sabes que esa fue la primera pregunta que le hice a Heidegger la primera vez que fui a verlo. Le pregunté ¿en qué sentido un cristiano cuando filosofa también se acerca a Dios? ¿Y sabes lo que Heidegger me respondió? "La filosofía nos enseña a ser sensibles a las palabras, y cuando escuchamos la palabra de Dios ésta tiene un efecto tremendo". Y es así exactamente, pues esa forma de oír la palabra humana, la palabra filosófica, me ha abierto tremendamente a la palabra de Dios. Así es que no sólo no me ha estorbado la fe, sino que por el contrario me ha servido enormemente, y por una razón que es muy importante, y es que después de la muerte nada, ni filosóficamente ni científicamente, nada, nos puede decir algo. Es una zona de la que no podemos prescindir, o tomar una actitud en la que tomas en cuenta que podría haber algo, o tomas una actitud en la que no te importa un pito que haya algo, pero tomas una actitud igual, es decir, te tienes que jugar sin saber y ese es el problema del hombre. Para mí ese misterio es lo más alto, y como tal me juego por eso que es lo más alto.

Jorge E. Rivera La traducción de Rivera de "Ser y Tiempo", intenta hacer comprensible el difícil lenguaje de Heidegger, trasladándolo en castellano a terminología lo más usual posible. Y dentro de lo que cabe es una buena traducción. Que surge de un buen criterio (utópico) de planteamiento: intentar que Heidegger hable en castellano, recrear el texto alemán de modo que aparezca en la forma propia del castellano. Y que da muestras de aprecio a un buen consejo de Gadamer: 'Hay que tener la valentía de traducir libremente'. (Isidoro Reguera).

FICHA

VARIOS AUTORES

"La Filosofía como Pasión",

Homenaje a Jorge Eduardo Rivera Cruchaga en su septuagésimo quinto aniversario

Editor Patricio Brickle

Editorial Trotta, Madrid, 2003,

391 Páginas.


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