ENFOQUES

Sábado 12 de Enero de 2002

HERMANOS LARRAÍN ARROYO. Luis, Ignacio y Juan Pablo:
La economía ganó espacio

Crecieron en una familia en la cual la diversidad se respetaba. De siete hermanos tres se inclinaron por la ingeniería comercial y han hecho una carrera destacada. Los invitamos a conocer su historia.
MARIA CRISTINA SILVA M.

Cuentan que la casa de los Larraín Arroyo era fascinante. La biblioteca paterna tenía más de 15.000 volúmenes, las conversaciones sobre actualidad y política eran pan de cada día y las discusiones eran acaloradas, ya que entre los propios integrantes de la familia había grandes diferencias.

"Somos conservadores en lo religioso pero bien liberales en el desarrollo de cada uno", dice Ignacio, el sexto de los siete hermanos.

Un primer examen permite darse cuenta de que el clan Larraín Arroyo es bastante variado tanto en lo político como en lo profesional.

Aunque el padre, Luis Larraín Marín, trabajó para el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez y luego en su calidad de presidente de la SNA se opuso a la reforma agraria, no todos sus hijos heredaron sus simpatías derechistas.

"Yo soy un ex concertado que ahora está en un proceso de revisión", dice Juan Pablo, el menor de esta familia integrada por tres mujeres y cuatro hombres.

En cuanto a las vocaciones, las de los Larraín conforman un completo abanico. El arte, las leyes, el periodismo, la medicina y la ingeniería comercial tienen espacio en este clan. Pero si hay un área en la cual los Larraín se han centrado es en la economía y los negocios. Luis (45 años) es subdirector ejecutivo del Instituto Libertad y Desarrollo y gerente general de Invesco S.A. (Sociedad de Inversiones y Servicios de la Construcción). Ignacio (40) es gerente general de Sipsa, holding de la familia Menéndez Ross; y Juan Pablo (37) es gerente comercial y director de Sudamericana de Metales, grupo de empresas ligado al comercio de commodities.

Vocación de servicio público

Autoexigentes, buenos para la talla y el deporte, estos tres hermanos aseguran tener una excelente relación, pero no ser pegados.

"No somos de andar en patota ni tener los mismos amigos. So-mos bien independientes y tenemos caracteres fuertes", comenta Ignacio.

De una franqueza poco común, Luis Larraín va de frente y dice lo que piensa aunque esto le traiga problemas.

"A veces paso por pesado o por arrogante", dice el mayor de los hombres, quien desde joven se ha caracterizado por su mentalidad crítica y su facilidad para expresarse por escrito.

Ex alumno de Saint George, entró a ingeniería comercial con mención en economía en la UC. De esa época tiene buenísimos recuerdos, ya que conoció a su mujer, Mónica Stieb, con quien se puso a pololear en segundo año de la carrera y se casó apenas egresó. Hoy llevan 22 años de matrimonio y tienen cinco hijos.

"Entré a la universidad el '74, a comienzos del gobierno militar. Fue una etapa de bastante exigencia, en la que conocí de cerca el rigor intelectual".

Cuando todavía era un estudiante, José Piñera lo invitó a trabajar a la revista "Economía y Sociedad". Entonces trabajó con Juan Andrés Fontaine, Sergio Guzmán y Cristián Lomakin.

"Luis demostró ser un tipo de inteligencia aguda, sentido crítico y muy buena pluma", dice Sergio Guzmán, gerente general de Ecusa. Según Guzmán, tanto él como Larraín pertenecieron a una generación un tanto deslenguada: "En un Chile muy conservador, muy socialista, impulsamos reformas y promovimos un pensamiento más liberal".

Tras poco tiempo trabajando con Piñera, éste fue nombrado ministro del Trabajo, y Luis Larraín partió como asesor del ministerio.

"Mi señora, que trabajaba en el sector privado ganaba bastante más plata que yo. Gracias
a ella pude dedicarme a temas que consideré sumamente interesantes".

Más tarde, asumió el cargo de superintendente de Seguridad Social, en circunstancias en que la economía chilena sufría una fuerte crisis y el desempleo se disparaba. Entonces se creó el SUF (subsidio único familiar). "Esa época fue como un doctorado en políticas públicas".

En 1984, cuando los jóvenes economistas que habían impulsado reformas pro mercado, comenzaron a ver disminuidas sus posibilidades de hacer cosas para el gobierno. Con Sergio Onofre Jarpa como ministro del Interior y Luis Escobar Cerda como ministro de Hacienda, Luis Larraín decidió irse al sector privado. Entró a empresas Unimarc.

Allí estuvo poco tiempo, hasta que Hernán Büchi fue nombrado ministro de Hacienda y Cristián Larroulet fue su jefe de gabinete. Larraín se fue a Odeplan, donde estuvo 4 años y fue subdirector y director.

Mirando hacia atrás de esta etapa el economista destaca la gran cantidad de gente joven que llevó al gobierno y ayudó a formar, y su participación en la transición al gobierno democrático: "Me tocó ver de cerca gente que estaba perdiendo el poder. Esto me enseñó a tenerle desapego al poder y no meterme directamente en política".

En marzo del '90 Luis Larraín participó, junto a Hernán Büchi y Cristián Larroulet, en la fundación Instituto Libertad y Desarrollo.

"Había que continuar desarrollando las ideas de libre mercado", comenta el subdirector del instituto, cuya función está relacionada con los estudios y las publicaciones.

A juicio de Hernán Büchi, Larraín ha demostrado ser una persona "tremendamente reflexiva, con una gran habilidad de comunicación y que nunca pierde de vista cuáles son las cosas importantes".

Paralelamente a la fundación de Libertad y Desarrollo, Luis Larraín - quien a lo largo de toda su carrera había hecho clases en la UC, la U. de Chile, la Universidad de Concepción y la de Antofagasta- tomó el cargo de director de la escuela de Ingeniería Comercial en la Universidad Andrés Bello por dos años.

Actualmente, Luis Larraín se desempeña como gerente general del holding Invesco y como principal accionista.

Cuando no está en Libertad y Desarrollo ni en la Cámara, Luis Larraín está leyendo novelas de autores clásicos, jugando tenis o golf, o andando en bicicleta con sus hijos.

"Jugaba harto fútbol con mis hermanos, pero ahora soy más espectador", comenta risueño.

Ignacio, carrera en la empresa privada

Varios son los rasgos de Ignacio Larraín que permiten tener una idea de su personalidad: espíritu alegre, deportivo y sociable; perfeccionismo en el trabajo; participación activa en el movimiento apostólico Schoensttat e identificación política con nombres como Joaquín Lavín, Hernán Büchi y José Piñera.

Ignacio, quien fue trasladado del Saint George al Grange durante la UP porque su padre encontró que los sacerdotes del primer colegio habían tomado una línea muy izquierdista, sacó lecciones de ambos establecimientos: la fe del Saint George, y el trabajo orientado a metas y el amor por los deportes del Grange.

Entre los tres ingenieros comerciales, él fue el que presentó más inquietudes en el área científica. De hecho, estudió ingeniería civil un año. Tras darse cuenta que no era para él, se cambió a ingeniería comercial en la U. de Chile.

Antes de recibirse ya estaba trabajando en la Superintendencia de Valores y Seguros, en la cual le tocó encargarse de las bolsas de valores.

El '89, tras dos años en la superintendencia, Ignacio Larraín se fue como gerente de estudios de la Cámara Nacional de Comercio. "Me fui al poco tiempo por motivaciones profesionales. Me di cuenta que lo mío no era tanto la cosa teórica, sino la administración de empresas".

Su camino en el mundo empresarial comenzó en Chilgener - donde trabajó en control de riesgos y fue tesorero- y siguió como gerente de finanzas de Maciza. "En Chilgener al principio fue duro, pero me ayudó bastante el rigor que había aprendido a poner en todo lo que hacía. Me acuerdo que después de cada operación exitosa el gerente de finanzas no celebraba nada, sino que decía de inmediato ¿alguien sabe cómo se contabiliza esto?".

El ejecutivo también relata que en Maciza vivió una de las etapas más ricas de su vida profesional: "Con la colocación de ADR de la empresa en mercados internacionales aprendí mucho y pude ser testigo de cómo la empresa subía de pelo". El '95 lo llamó de un head hunter para asumir como gerente general de Sipsa.

Ignacio, quien está casado con María Trinidad Lazcano y tiene dos hijos, reconoce que a veces su impaciencia lo ha llevado a pasar malos ratos: "Si la reunión es a las 10:00 y alguien llega a las 11:00 me saca de quicio".

Finalmente, el menor de los Larraín Arroyo fue durante años minoría política en su propia casa, por su simpatía hacia la Concertación.

Desde suche

"Lucho me lesea por mi opción política, pero yo creo que fue para defenderme y buscarme mi espacio", comenta.

Al igual que Ignacio, Juan Pablo se cambió del Saint George al Grange durante la UP. Más tarde decidió volver a su colegio de niño, ya que en el Grange presentaba ciertos problemas de disciplina: "Tenía buenas notas y no estaba para que me hincharan".

En el colegio fue un excelente alumno y en la PAA sacó 800 puntos. Sin embargo, en ingeniería comercial en la UC fue un alumno promedio. Privilegió otras actividades frente a sus responsabilidades académicas, tanto que no siguió la mención en economía puesto que ello requería una cantidad de horas de estudio que él no destinaba. "No me dediqué fuertemente a los estudios", cuenta Juan Pablo, a quien lo molestaban por su dificultad para el álgebra.

Pablo Rosales, gerente general del Hotel Carrera, recuerda que hubo un año en que "el Pulga" (como le dicen a Juan Pablo sus amigos) fue el único consejero de oposición que había en el centro de alumnos de ingeniería comercial en la UC. "Las votaciones dejaron de ganarse 15/0 y pasaron a ganarse 14/1".

Toda su vida profesional Juan Pablo la ha pasado en Sudamericana de Metales, grupo de empresas que actúa como intermediaria en el comercio de commodities y además tiene otros desarrollos paralelos.

"Entré aquí como suche y he hecho toda la carrera". Interrogado respecto de los desafíos que enfrenta en su trabajo, Juan Pablo responde que con el avance de las comunicaciones actualmente los intermediarios no se justifican si no dan valor agregado. "Hoy la información la conocen todos y tenemos que dar valor agregado por otros lados, que pueden ser por servicios o toma de riesgos. Es complicado sobrevivir y crecer en un mercado en el cual el rol del intermediario está en riesgo", comenta.

Juan Pablo trata de estar de vuelta en su casa a las 6:30 hrs., lo que logra con bastante frecuencia gracias a su capacidad de trabajar firme sin hacer interrupciones para leer el diario o conversar.

Con este sistema, "el Pulga" puede compartir con su mujer, Paulina Gálmez, y sus 3 hijos (el menor de tres semanas). "Antes que mi proyecto empresarial está mi proyecto de vida", concluye categórico el ejecutivo.


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Los hermanos y hombres de negocios que han logrado combinar la política, la vida empresarial y, por sobre todo la familia. Ellos son Juan Pablo, Luis e Ignacio Larraín Arroyo.
Los hermanos y hombres de negocios que han logrado combinar la política, la vida empresarial y, por sobre todo la familia. Ellos son Juan Pablo, Luis e Ignacio Larraín Arroyo.
Foto:Jaime Bascur


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