VIDA SOCIAL

Miércoles 1 de Septiembre de 2004

Gino Angelini Fabbri


Hay personas que pasan por la vida sembrando a cada paso su sencillez y su bondad y dejando un recuerdo imborrable de su caballerosidad y gentileza.

La simpatía y calidez de Gino penetraba hondamente en quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo y apreciarlo como un gran amigo y compañero. Ninguna persona que acudió a Gino quedó defraudada, sea por un buen consejo, sencillo y muy humano, o la ayuda fraterna y silenciosa.

Llegó a Chile a mediados del año 1950, después de conocer la realidad de la guerra en el Norte de África en las tropas italianas bajo el mando del mariscal Rommel y después de su retirada, a la pesada servidumbre de los trabajos semiforzados en las fábricas de armamento en Alemania. A su llegada colaboró con su hermano Anacleto en el inicio de las actividades empresariales pesqueras en el puerto de Arica y posteriormente en Iquique y en las oficinas de Santiago.

Fueron tiempos duros y de gran sacrificio, en una actividad nueva y llena de problemas, que se desarrollaba en lugares donde no existían recursos de infraestructura básicas como muelles, agua potable, teléfonos y electricidad. Todo había que improvisarlo y llevarlo hasta las plantas productoras. No existía tampoco personal calificado, tanto de profesionales como de mandos medios, especialmente en las faenas pesqueras de captura y, en consecuencia, su preparación y la mantención de la disciplina necesaria para estas desconocidas tareas era realmente un trabajo de gran esfuerzo y sacrificio.

Para estas duras faenas el aporte de Gino fue fundamental, sea llevando tripulaciones en su propia camioneta en las frías madrugadas, a fin de poder lograr el zarpe de las embarcaciones o en la instalación de las maquinarias y su puesta en marcha y no descansar hasta lograr sus objetivos.

Fueron años muy difíciles en que, gracias a grandes empresarios y a un reducido, pero entusiasta equipo de colaboradores, se gestó el desarrollo de una nueva industria que logró un gran éxito para el futuro de Chile y, especialmente, para la Zona Norte, aquejada en esos años por la enorme cesantía producida por el cierre de las faenas salitreras, que dieron origen al episodio de las "banderas negras" en Iquique.

El desempeño de Gino, conforme a su especial carácter, fue eficiente y humano. Conocía uno a uno a sus colaboradores que lo admiraban y respetaban y, al mismo tiempo les exigía una total entrega y una eficaz colaboración, ayudándolos permanentemente con sus valiosos y oportunos consejos.

Su enfermedad fue lenta y dolorosa y la soportó con gran valentía y calidad humana, dejando en sus familiares y amigos una gran esperanza de vida eterna.

Hoy día, al cumplirse 10 años de su fallecimiento, todos los que tuvieron la alegría de conocerlo ruegan al Buen Dios para que lo tenga en su merecido y eterno descanso.

J. T. G.


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