REVISTA YA

Martes 7 de Agosto de 2007

MANUELA MARTELLI
Llegó el momento de asumir mi vida

Manuela Martelli, de "B–Happy" a "Malta con huevo".
Por NATALIA NÚÑEZ. Fotografías: CARLA DANNEMANN. Producción: ANTONIA BUSQUET y MARÍA PAZ JIMÉNEZ

Asus 23 años, Manuela Martelli no se desmarca de ese look grunge medio destartalado que la caracteriza. Llega tarde a esta entrevista, vistiendo chaqueta de jeans Ellus, bufanda de lana café, pollera, bototos. Está resfriada y, antes de sentarse a conversar, sólo quiere una aspirina. Viene de pagar un parte en la Municipalidad de Recoleta. El auto de su madre, que tomó prestado hace unos días, sufrió el rigor de la ley y Manuela debe hacerse responsable de la multa respectiva antes de partir de vacaciones. Pide un café. Se sienta algo intranquila. Sigue acelerada y no le gusta el modo en que el peluquero recoge su pelo para la sesión fotográfica. "¿Qué suena así?", se queja cada vez que la tenaza pasa por sus rulos. "¡Estoy sufriendo con esta entrevista!", comenta afligida al rato después cuando las preguntas se vuelven personales. Porque, dice, le cuesta hablar de sí misma

A estas alturas su comportamiento está muy cercano al de una estrella. Tiene talento de sobra. Se sabe, y lo han dicho varios directores, que cada vez que la cámara se acerca a su anatomía y a su cara, la pantalla se llena. Eso le ha servido para construir una prolífica carrera en el cine, que ya la ha tenido como protagonista en ocho películas. Estaba en el colegio Saint George cuando fue al casting para protagonizar "B–Happy". En ese entonces, pololeaba con el cineasta Matías Bize, y sus compañeras la recordaban como una estudiante "volada" sin remedio, en el anuario escolar. La película se estrenó dos años después de filmarse y ella estaba recién comenzando la carrera de Arte.

Han pasado cuatro años y hoy Manuela creció. Se fue a vivir sola, terminó ese largo pololeo y se prepara para radicarse en Italia por un tiempo. "Me voy por una razón súper práctica: el año pasado hice una película allá llamada "Sonetaula" y aprendí a hablar italiano sin saber una sílaba ¡estaba obligada a comunicarme!. Y ahora dije: ¿Dónde me puedo ir de intercambio estudiantil? ¡Italia! Conozco el idioma y como tengo que terminar la universidad y no puedo egresar acá porque me faltan ramos que ahora mismo no se están dando, tenía este tiempo disponible. Me voy el 13 de octubre a la Universidad de Bologna y todavía ni siquiera he visto dónde voy a vivir", dice.

–¿No dejas ataduras en Chile?

–Bueno, son seis meses, igual no es tanto. Siento que es tan fácil en este momento viajar, hay tantas maneras de estar en contacto con la gente. Tengo amigos que están en Nueva Zelandia, en Europa, y hablo con ellos por Skype, nos vemos y es como que uno estuviera en la pieza de al lado. Entonces para mí la distancia hasta el momento no ha sido un problema. Y no estoy pololeando.

–Estuviste harto tiempo pololeando con Matías...

–Yo de eso prefiero no hablar. No me gusta hablar de relaciones porque competen a otras personas.

–¿Pero estás bien emocionalmente?

–Sí. No me siento sola. Creo que he hecho muchas cosas este año, entonces igual quiero ir a Italia y concentrarme sólo en la universidad, porque me ha tocado harto tener que estar trabajando y estudiando al mismo tiempo. Estar así me distanciaba un poco de mis compañeros de curso.

"No es necesario un documento para amar"

Manuela vuelve a escena ahora con la película "Malta con huevo" que se estrena el 6 de septiembre. Allí interpreta a Feodora, una extraña y solitaria joven que hace brujería. "La experiencia fue súper buena. Fue muy bonito trabajar con Cristóbal Valderrama (el director) porque era su primera película, entonces tenía un goce tan grande que se lo transmitió a todo el equipo. Había muy buena onda y muchas ganas de que todo resultara", dice la actriz, quien para dar vida a su personaje se tiñó el pelo negro y palideció su rostro. Aparece irreconocible.

–¿Tuviste que recurrir a experiencias muy personales para construir este personaje?

–Feodora tiene que haber pasado una infancia bastante solitaria. De alguna manera puedo establecer una conexión con ella porque yo también tuve una infancia donde mis hermanos eran mucho mayores que yo. No tengo momentos concretos de soledad, pero somos cinco hermanos en total, yo fui la cuarta en nacer, y de las hermanas que me siguen en edad una tiene 33 años y la otra 4 años. De mi infancia tengo recuerdos muy lindos igual, están muy presentes en mi vida. Vivíamos en una casa antigua en Ñuñoa, de adobe pintada blanca y piso de madera, preciosa, llena de todo un mundo entretenido porque tenía mil piezas en las que uno se podía perder. Mi mamá además es súper cachurera, entonces había muchas cosas, como pinturas y telas, por todos lados. Ella es bien artista, es arquitecta pero también fotógrafa y ahora está dedicada a las joyas y a ser paisajista. Entonces yo creo que mi infancia estuvo llena de estímulos distintos. De chica inventaba cualquier cosa para jugar, agarraba un par de champús y jugaba a que eran personas. También amaba los Playmobil. Me acuerdo de que me regalaron la mansión de esos muñequitos para un cumpleaños y fue como el sueño del pibe. Jugué con ella hasta que me dio puntada.

Los padres de Manuela hoy están separados pero ella procura mantener una buena relación con ambos. Mientras come una manzana que se compró en un quiosco de la esquina, digita el número de su madre para juntarse a almorzar, mientras coordina los pasajes del bus que tomará para llegar a Licanray, donde se juntará con su familia paterna. "Es una especie de junta familiar increíble y divertida. Mi familia es bien italiana, entonces como que organizan concursos de cocina, se hacen equipos y la idea es que cada día cocina una persona distinta y después se escoge el mejor plato. Lo que pasa es que por el lado de mi papá son siete hermanos, que se juntan con todos los primos, sobrinos, nietos y bisnietos".

–Son un familión bien grande entonces... ¿Has pensado en casarte? ¿Formar una familia?

–No sé si el tema de casarse sea mío. A veces tengo la sensación de que no es necesario tener un documento legal que acredite que tú quieres o amas a otra persona. Tal vez para tener hijos, sí.

Ahora Manuela está en otra y, claramente, el matrimonio no le preocupa en lo más mínimo. Dice que sus pasiones a estas alturas de su vida son el cine, el teatro, los viajes, los amigos y la naturaleza. "Me sobrecoge mucho y es muy lindo estar en conexión con la naturaleza y ser consciente de eso. Lo digo porque a veces uno está en Santiago y pierde la noción de que de repente los árboles pierden las hojas, o que la cordillera está entera nevada. De hecho, siento que ésa es una de las cosas que te ayudan a estar en armonía, el estar presente y atenta de que las cosas van cumpliendo los ciclos. La película de Andrés Wood "La buena vida" (donde Manuela es protagonista y que en estos momentos está en pleno rodaje) habla todo el rato de ese tema, del hecho de que siempre nos estamos moviendo sin mucha conciencia del lugar, se transforma en el 'no lugar'. Estamos trasladándonos constantemente de un lado a otro y los momentos de encuentro son eso: no queda otra que encontrarse en el auto, en la micro. Y cuando uno logra establecer una conexión con alguna persona siempre es camino a alguna parte".

"Prefiero trabajar yo mis propias falencias"

Como parte de su preparación en la película de Wood, Manuela está leyendo el libro "Crimen y castigo". Su personaje se llama Paula y es una adolescente que quiere llamar la atención de su madre y que escribe una novela. "Me gustan mucho los libros y autores como David Mamet y Claudio Bertoni. Ando con una libretita en la cartera donde voy anotando ideas, cosas que se me ocurren en el momento, escribo cosas que me gustan ahí y también en mi computador, donde tengo historias, párrafos sueltos, poesías, me encanta escribir. A veces siento esa necesidad y esas ganas imparables de contar historias. De hecho, me gustaría mucho ser directora de cine".

En buenas cuentas, lo suyo es el arte en todas sus expresiones. Y esa vocación la descubrió estando en la universidad, donde si bien hizo amigos, no tuvo mucho tiempo para ir a fiestas porque siempre estuvo con compromisos laborales que cumplir en paralelo. Pero eso no la afectó en nada, porque dice que no es muy fiestera. "Aunque me encanta bailar, me gusta desde la música clásica hasta grupos electrónicos como Air. No estudié baile ni nada, pero me gusta. Para mí, un carrete ideal es estar con mis amigos, conversar tranquilamente y poder escucharse, porque cuando vas a una disco no lo puedes hacer".

Hace un mes Manuela ganó más libertad. Se fue a vivir sola a un departamento de Providencia junto a una amiga. Dice que tomó la decisión sin cuestionárselo demasiado: "En un momento se hizo necesario establecer una distancia, independizarme. Creo que es bueno aprender y saber que uno puede hacerse cargo incluso de cosas súper prácticas como lavar la ropa. Hay que tomar conciencia de que las cosas no se hacen solas. Había llegado el momento de asumir mi vida y de establecer una relación con mis padres más de adulta, donde no hubiera de por medio temas como si lavaste la loza o no, sino que poder verse para conversar y para estar. Ahora yo llevo mi propio ritmo de vida, no hay que responder a nadie, uno tiene su espacio y es libre en él".

Pero uno de los costos que le ha traído esta independencia es que Manuela ha conocido de cerca lo que es la burocracia chilena, una cosa que odia. "Yo por esencia no soy enojona, pero de repente hay cosas que me dan rabia. ¿Un ejemplo? Siento que la burocracia, los trámites, me producen ira".

–¿Qué cosas te gustaría cambiar de tu personalidad?

–Me gustaría aprender a concentrarme mejor. Me cuesta mucho hacerlo. Tal vez tuve déficit atencional cuando era chica y nadie se dio cuenta. Me iba súper bien en el colegio, cosa rara sí, porque era y soy súper volada.

–¿Eso no juega en contra de tu talento?

–Sí, pero igual me esfuerzo. No tomo pastillas para mejorarlo porque no me gustan, prefiero trabajar yo mis propias falencias. No creo en los remedios porque son como una solución bien parche. Destinarle a un químico la responsabilidad de mejorarte... Hay momentos en que seguramente son necesarios, pero prefiero yo tratar de aprender y entender por qué soy así o me pasa eso.

–¿Eso de que prefieres aprender por las tuyas es por orgullo?

–No es por orgullo, es porque creo que es una solución a más largo plazo, si uno logra entender por qué uno anda desconcentrado por la vida, si uno lo entiende, eso se pasa, y ya nunca más te desconcentras.

–Tu familia es italiana, te vas a Italia a estudiar, filmas allá. ¿Te sientes más chilena o más italiana?

–¡Estás loca! Absolutamente chilena y me doy cuenta de eso viajando a Italia. Mi familia es descendiente de europeos, pero soy súper chilena. Nací acá y manejo estos códigos y el humor chileno que es muy particular. Por ejemplo, reírse de las desgracias, en eso hay mucha ironía. Soy súper irónica porque disfruto el humor negro.

–¿Cómo te sientes a los 23 años?

–Me siento de todo. A ratos súper cabra chica, a ratos grande. A veces siento que me toca hacer cosas de adulta. Es complicada la pregunta. Tengo mucho por hacer y aprender. Y eso me gusta.

Pelo Javier Fernández Maquillaje Ale del Sante Agradecimientos Opera Catedral

Abrigo y jeans: Fillipa, pulseras: Vistete Guapa

Vestido: Costes, pulseras: Vistete Guapa.


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