EL SÁBADO

Sábado 8 de Enero de 2005

A 20 años de la muerte de Alice Meyer
El Asesinato que Conmocionó al País

La muerte de la joven deportista sigue pesando en la conciencia de toda una generación de chilenos. El caso se cerró en 1991 y el único reo de la causa, Mario Santander Infante, fue absuelto en todas las instancias judiciales. Casi dos décadas después hablan dos de sus protagonistas: Denise Ahrens, la mejor amiga de Alice Meyer, y la hermana de Delfín Díaz, Brígida. Sus vidas y la de los demás personajes claves de esta historia nunca volvieron a ser las mismas.
Por Cherie Zalaquett A.

"Fue el viernes 13 de diciembre de 1985. Estaba parada en la reja de su casa. Yo quería llevarla a Santo Domingo a pasar el fin de semana. Pero Alice no quiso. Estaba un poco depre, porque Javier Flores, con quien ella salía en esos días, no la había llamado. Yo le insistía que nos acompañara, y ella, parada en la reja, me decía que no".

Ésa es la última imagen que Denise Ahrens conserva de su íntima amiga Alice Meyer Abel, de 25 años, de quien se despidió ese día sin sospechar que nunca volvería a verla.

Denise ­hoy periodista y propietaria de una tienda de ropa de navegación­ se quiebra al revivir los días felices que pasó junto a su ex compañera del Deutsche Schule, brutalmente asesinada al atardecer del domingo 15 de diciembre de 1985. Después de este tiempo, por primera vez acepta volver a hablar de una herida que para ella todavía está abierta.

Denise cuenta que la noche anterior a su muerte, mientras esperaba el llamado telefónico de Flores, Alice decidió ir a la fiesta del corredor de automóviles José Antonio Celsi, en Isla de Maipo. Entre los más de 150 invitados estaban el tenista Hans Gildemeister y la entonces glamorosa pareja que formaban Eliseo Salazar y Raquel Argandoña. "A la mañana siguiente", prosigue Denise, "ella seguía bajoneada y fue a buscar a su amiga Jackie Schöngut, quien era azafata, pero ese día ella tenía que volar. Entonces, fue a la casa de unos amigos que vivían en El Comendador. La invitaron a la piscina, pero Alice, como era muy blanca y no tenía protector solar, no quiso bañarse".

Según consigna la prensa de la época, ese día, cerca de las dos de la tarde, Alice tomó su moto Kawasaki azul de 250 cc y salió de su hogar, ubicado en el número 2166 de Carlos Antúnez. "Aun cuando no se vistió con el equipamiento acostumbrado, anunció que iba a practicar motocross, se despidió de su hermana Erika (27) y casi no cruzó palabras con sus padres", relata una edición de la época de la revista Primer Plano. Y agrega que Alice pasó por la casa del empresario Javier Flores y, al no encontrarlo, le dejó una nota que decía: "Javier, no me gusta que juegues con mi tiempo".

"IMAGINÉ LO PEOR"

Los abuelos de Alice eran inmigrantes alemanes dedicados a la gastronomía, cuyo primer local, el München, estuvo ubicado en Providencia con Luis Thayer Ojeda y era atendido por ellos mismos.

José Meyer Gar, padre de la víctima, heredó el negocio y abrió nuevos locales en Lo Barnechea y El Bosque. A principios de los ochenta, durante la crisis económica, Meyer quebró y Alice, su hija menor, pese a que había estudiado secretariado bilingüe y decoración de interiores, se convirtió en su mano derecha en las finanzas y lo ayudó salir a flote. "Ella trabajaba hasta muy tarde y cuando menguaba el público, se entretenía jugando dominó con su abuela", contaba la revista Apsi.

Alice era una gran deportista y se mantenía en excelente forma. Practicaba gimnasia, atletismo, motocross, esquí y windsurf. "Era una persona llena de vitalidad y una amiga muy preocupada", recuerda Denise con nostalgia.

Recién el lunes 16 de diciembre de 1985, mientras estaba en el gimnasio donde acostumbraba a ir con Alice, Denise se enteró de que su amiga no había llegado a alojar a su casa el domingo y que sus padres la estaban buscando. "Sentí un escalofrío e imaginé altiro lo peor", dice. Fue donde Javier Flores a preguntarle si sabía algo de ella. "Lo reté, le saqué en cara el estado en que tenía a mi amiga, y él, desesperado, me dijo: 'Denise, yo hago lo que sea por encontrarla'. Y arrendó un helicóptero para la búsqueda. Yo tenía la certeza de que ella estaba en el Santuario de la Naturaleza, un lugar que siempre visitábamos juntas".

El martes en la mañana, cuando Ahrens y Flores estaban a punto de subirse al helicóptero particular, la Policía de Investigaciones les avisó que había aparecido el cuerpo sin vida de la joven. Fue un helicóptero de Carabineros el que divisó desde el aire la Kawasaki azul estacionada a pocos metros de un estanque de agua potable, en un predio del Banco del Estado en el Parque del Sol. Encontraron su casco sobre un roquerío, y su ropa interior, destrozada, sobre el pasto reseco, además de un manojo de llaves y una piedra ensangrentada. Muy cerca de allí, el cuerpo de la joven yacía semisumergido, de espaldas y con las rodillas flectadas, en un boquete del canal El Tranque. Estaba salvajemente golpeada.

En la prensa de esos años se desató una fiebre informativa por cubrir los detalles de uno de los enigmas policiales más impactantes de las últimas décadas: el asesinato de una hermosa joven bien ubicada socialmente acaparó titulares y portadas de diarios y revistas en los meses y años que siguieron y fue por mucho tiempo el tema de conversación, especialmente en los círculos sociales más altos.

La consternación entre los santiaguinos aún no cesaba cuando otra sobrecogedora noticia estremeció nuevamente a la capital.

El hallazgo del cadáver de un joven poblador de Lo Barnechea, el 26 de diciembre, que apareció ahorcado colgando de su propio suéter en la rama de un viejo eucaliptus, en el Cerro Dieciocho, bien pudo haber pasado inadvertido si no hubiese sido por un macabro detalle: tenía en su muñeca izquierda el reloj Swatch que portaba Alice Meyer el día de su desaparición. El mismo que le había prestado su amiga Denise para llevarlo a un viaje a Estados Unidos, realizado semanas antes de morir.

El cuerpo era de Delfín Antonio Díaz Méndez, un delincuente menor de 21 años, quien no había terminado el colegio. Solía merodear por los cerros del sector cazando conejos. No tenía trabajo fijo, salvo "pololos" como jardinero y reemplazos ocasionales de caddy en el Club de Golf La Dehesa .

Su hermana Brígida es hoy auxiliar paramédico del consultorio de Lo Barnechea. En su modesto hogar conserva las fotografías de Delfín, el menor de la familia, y la imagen de su madre, quien falleció en 1995. Brígida Méndez, que nunca aprendió a leer, murió sin haber podido esclarecer la verdad sobre el deceso de su hijo.

"Fui la primera a la que avisaron y partí hasta el cerro, donde lo vi muerto en el árbol", recuerda Brígida Díaz Méndez, quien, por primera vez, concede una entrevista para hablar de la muerte de su hermano. "Esperé allí hasta que llegaron los detectives de la Brigada de Homicidios. Fui detenida por ellos sin saber por qué; pasamos a la casa de mi mamá, porque dijeron que necesitaban ropa de Delfín, y después me dijeron que tenía que acompañarlos porque Carabineros me iba a tomar declaraciones. Pero no fuimos a Carabineros, sino al cuartel de Investigaciones de General Mackenna. Quisieron que firmara una declaración de que había visto a mi hermano usar un reloj durante 15 días. No sabía de qué me estaban hablando y nunca antes se lo había visto. No quise firmar. En el transcurso del día vi cómo iba llegando toda mi familia detenida también. Ahí me di cuenta de que era por lo del reloj y de la niña que había fallecido".

Recién al día siguiente, los Díaz se enteraron, por las noticias, de que Delfín era sindicado como culpable de la muerte de Alice.

Juan Fieldhouse, hoy fallecido, asumió la dirección de la BH días antes del crimen de Alice y su división despachó el caso con rapidez. Tras la aparición del cadáver de Delfín ahorcado y con el reloj de la joven en su muñeca, concluyó que el poblador era el asesino y que se había suicidado preso del arrepentimiento.

Fieldhouse leyó un comunicado en el que sindicaba a Delfín Díaz "como el autor del robo con homicidio de Alice Meyer" y lo calificaba de "delincuente habitual con detenciones por asaltos, robos y violación", relató en un informe la revista Cauce. La publicación subrayó el extraño hecho de que La Tercera había informado el miércoles 18 de diciembre que el robo no había sido el objetivo del ataque a Alice, porque la víctima portaba sus documentos, su reloj y algunas joyas. "Nadie explicó cómo el reloj, que fuera encontrado por Carabineros en la muñeca de Alice Meyer, había llegado a la muñeca del suicida Delfín".

La tesis de Investigaciones tuvo detractores desde el primer momento. Partiendo por la familia de Delfín Díaz. "No tenía signos de que se hubiera colgado, estaba como arrodillado y tenía señales de golpes y sangre en el pantalón en la zona de los testículos", dice hoy Brígida. "Creo que antes lo golpearon, lo mataron y simularon que se ahorcó".

El círculo más cercano a Alice Meyer tampoco se conformó con la teoría de que el móvil fuera el robo. En su momento, aseguraron además que un tipo esmirriado y de baja estatura como Díaz no pudo enfrentarse a una Alice Meyer, de un metro setenta y gran fortaleza física, como para haberla matado a golpes.

Incluso al juez del 12 Juzgado del Crimen de Santiago, Fernando Soto Arenas, le pareció que la investigación debía seguir y citó a su despacho al teniente coronel de Carabineros Emilio Zambrano, jefe del OS7 de Carabineros y le pidió que su unidad continuara la investigación.

Esa decisión marcó un giro en esta historia. Tras continuar las pesquisas durante casi cuatro meses en el más estricto secreto, la policía uniformada sindicó como principal sospechoso de ser el autor del crimen a Mario Santander Infante, un empresario de 30 años del mismo círculo social de Alice Meyer. Ello dejó al descubierto una abierta discrepancia entre la versión entregada por la policía civil y la de Carabineros. La complejidad de la situación afectó al proceso judicial que se dilató por casi seis años acumulándose progresivamente en ocho gruesos tomos.

EL CLIENTE

El 16 de abril de 1986, el empresario Mario Santander Infante fue arrestado en su casa por el OS7 como sospechoso del crimen. La noticia se conoció dos días más tarde y causó gran conmoción, entre otras cosas, porque se trataba de un hombre casado y papá de dos niños, perteneciente a una familia acomodada, cuyo padre era un alto ejecutivo de la empresa Sigdo Koppers, Mario Santander García.

Lo que se rumoreó entonces ­y que Cauce reveló en su informe especial­ es que Santander había sido interrogado por la Policía de Investigaciones pocos días después de la aparición del cuerpo de Alice y antes de que encontraran muerto a Delfín Díaz. Las sospechas sobre Santander, que culminaron en su arresto, fueron el resultado de una extensa ronda de interrogatorios que realizó el OS7 entre los vecinos de Lo Barnechea y de personas que ese fatídico domingo pasearon por el sector. La policía uniformada aseguró que varios testigos vieron a Alice esa tarde en su moto y la trayectoria que siguió la joven desde su casa hasta el lugar del crimen. Entre esos testigos hubo discrepancias, algunos dijeron haberla visto sola y que les llamó la atención que fuera vestida de blanco, y otros aseguraron que iba acompañada. Las descripciones físicas de ese acompañante tendieron a coincidir: se trataba de un hombre moreno, alto, crespo, corpulento, vestido con camisa azul, jeans con bastillas blancas vueltas hacia arriba y botas café.

El OS7 contactó y puso bajo su protección a dos amigos de Delfín Díaz. Uno de ellos José Contreras Araya, alias el "Topo Gigio", entregó un testimonio que se convirtió en una pieza fundamental del proceso; el otro, Mariano Hermosilla, fue testigo de oídas y corroboraba la versión del primero. Según las declaraciones del "Topo Gigio" ­un hombre sin oficio, conocido en Lo Barnechea en esos años por su afición al alcohol y a las drogas (aspiraba neoprén)­, él y Delfín Díaz andaban cazando conejos y tomando "copete" en el sector cuando presenciaron el momento en que Alice Meyer fue asesinada. Su versión señalaba que primero vieron a la pareja pasar en moto y en ese momento Díaz le habría comentado que conocía al hombre. Luego desde lo alto de una loma ambos vieron al individuo golpear duramente a la mujer; posteriormente la tomó en brazos y la trasladó hacia el canal. Añadía que ella llevaba las piernas fláccidas, los brazos inertes y la cabeza caída. Al retirarse el hombre, ellos se habrían acercado al cuerpo, Delfín habría sacado del agua a Alice y, en una actitud que su amigo calificaba de compasiva, la acarició. Después Delfín la lanzó nuevamente al canal y ambos se retiraron con el compromiso de guardar el más absoluto silencio.

El "Topo Gigio" afirmó tajantemente que el hombre que vio con la joven era Mario Santander Infante. Cambió sus declaraciones en varias oportunidades, hasta que confesó que había mentido y que nunca estuvo en el lugar ni presenció nada de lo que dijo haber visto.

Sin embargo, el OS7 le brindó todo su apoyo al "Topo Gigio" descartando rápidamente la autoría de Delfín en el asesinato. A través de peritajes se había descubierto que el reloj Swatch tenía los mismos microorganismos acuáticos que se hallaban en el cuerpo de Alice, lo que indicaba que había estado sumergido con ella en el canal. Mario Santander era un cliente frecuente del München y, por lo tanto, él y Alice se conocían. Incluso, su amiga Denisse Ahrens declaró ante la justicia tiempo después que ella había sido testigo de que Santander la pretendía. Con la detención de Santander, el caso volvió a robarse titulares de prensa durante semanas, hasta el punto de que el juez Soto Arenas decretó prohibición de informar en más de una oportunidad.

La familia Meyer decidió contratar a Marcelo Cibié, prestigioso abogado criminalista, en reemplazo de Iván Skolnik (actualmente fallecido). Los Santander, por su parte, recurrieron a otro peso pesado de la plaza: Sergio Miranda Carrington, quien en sus primeras declaraciones anunció que probaría con testigos la inocencia de su representado.

A través de diversos medios de comunicación, Miranda Carrington dio a conocer las
coartadas de su defendido. Aseguraba que el domingo 15 de diciembre, desde las 9.30 y hasta las 14.30, Santander estuvo en un campeonato de golf. Luego, ya en su casa del condominio familiar de calle Raúl Labbé 14000 (donde todavía viven sus padres), habría dormido siesta hasta las 15.30. Posteriormente, añadía el abogado, se levantó y jugó con sus niños hasta que a las 18.30 proyectó una película para los invitados a un asado que había en la casa de Santander papá y que se habría prolongado hasta las 23.30 horas. "Mi defendido no pudo salir de la casa sin ser visto", declaraba el penalista, "porque la única manera es a través de un portón metálico y los invitados tenían amplia visión hacia éste". Añadía que por lo menos 30 personas podían acreditar que fue imposible que hubiese matado a Alice. De hecho, muchos de ellos ­varios familiares de Santander, como su esposa, hermanos, los padres­ declararon en el proceso.

A su vez, la parte querellante contaba también con numerosos testimonios, como el del cuidador de una parcela en Lo Barnechea, un portero del Santuario de la Naturaleza, la propietaria de un pequeño quiosco del sector, los ocupantes de un jeep Toyota, un cadete militar que paseaba con su novia, entre otros, aseguraban haber visto a Alice esa tarde en su moto acompañada de un hombre, al que reconocían como Mario Santander. Eso llevó a su abogado Sergio Miranda a advertir que su cliente figuraba como sospechoso sólo por tener un tipo físico muy común.

Los padres de Alice, José y Érika, y la hermana de la joven, Érika (Kika), creyeron en la versión del OS7, entre otras razones, porque estimaban que Alice sólo podía haber aceptado subir a su moto a una persona conocida.

El primer aniversario de la muerte de Alice, en diciembre de 1986, se cumplió junto a 13 órdenes de detención por perjurio y falso testimonio dictadas por el magistrado Soto Arenas en contra de las personas que declararon haber compartido con Santander el día del crimen. El dictamen del juez causó un enorme revuelo por la alta posición social de los acusados (médicos, una gerenta del Banco Central, una vicepresidenta de una asociación de ahorro y préstamo) quienes recurrieron para su defensa a renombrados penalistas que interpusieron recursos de amparo en su favor. Luis Ortiz Quiroga representó a Jaime Didier y Carlos Sepúlveda Seaman, cuñados de Mario Santander Infante; el actual ministro de Justicia, Luis Bates, defendió a Teresa Campbell, tía política del reo, y a su cónyuge, Pablo Infante Vergara. Y Davor Harasic, a Sonia Kreft, amiga de la familia del reo en la causa.

LA SEGUNDA AUTOPSIA

En junio de 1987 la confusión se intensificó al hacerse públicas partes del proceso que tendían a descartar la autoría de Delfín Díaz. Hoy, el abogado que tuvo en ese entonces la familia de Díaz, José Galiano, aseguró a "El Sábado" que "logré conseguir en el proceso que se exhumara su cadáver (ello se produjo el 16 de enero de 1985) y se le practicara una segunda autopsia, que dejó claramente establecido que no calzaba el suicidio y que lo mataron".

Galiano declaró a El Mercurio en 1987 que había pruebas que demostraban el homicidio del poblador. El médico legista que realizó la necropsia declaró que el muchacho habría sido estrangulado con una soga, puesto que el surco que tenía en su cuello era más angosto que el que podría haberle causado el suéter con que apareció colgado.

Brígida Díaz remarca ahora que Delfín era muy reservado y nunca le comentó a su familia lo que había pasado ese domingo. Sí recuerda que los detectives lo andaban buscando y que estuvo escondido fuera de su casa varios días. Pero para la familia era ya habitual que la policía lo interrogara debido a que, según admitió su mamá en una entrevista concedida a Apsi, en abril de 1986, era amigo de una banda de delincuentes de Lo Barnechea.

"Mi hermano volvió a la casa para Navidad. Al día siguiente, estuvo hasta tarde con nosotros. Nada hacía presagiar que podía suicidarse. Mi madre, a pesar de que era analfabeta y de nuestra falta de recursos, agotó todas las posibilidades de dar con la verdad. Incluso visitó a los padres de Alice en su restaurant. Ellos le dijeron que estaban convencidos de que Delfín no había sido el asesino", asegura la auxiliar paramédico. El OS7 filtró a la prensa un informe con las declaraciones de las diez últimas personas que vieron con vida a Delfín. El documento revelaba que había sido visto en la tarde merodeando una elegante residencia del sector; que posteriormente llegó con unos amigos al restaurant "El Pollo chico", donde ordenó bebidas alcohólicas y comida. Uno de los declarantes hizo notar que portaba algún dinero y estaba ebrio. Pasada la medianoche ­según el informe­ tres individuos sacaron a Delfín sin que opusiera mayor resistencia, lo instaron a subir a una camioneta celeste y se retiraron del lugar.

Brígida recuerda que "la gente que los vio dijo que los hombres que se lo llevaron eran detectives. Y que los subieron por el camino que lleva al mismo lugar donde apareció colgado. Pero se dijeron tantas cosas. Incluso se dijo que mi hermano había extorsionado a Santander y que por eso lo habían mandado a matar".

De ocasionar esas confusiones en el proceso se responsabilizaba a ambas policías, pero para entonces habían comenzado a surgir serias críticas a la idoneidad del juez Soto Arenas como instructor de la causa. Mientras al comienzo de la investigación en la prensa se le describía como "acucioso, acelerado, hiperkinético" y se le atribuía un riguroso celo profesional para resguardar el expediente de las filtraciones, habiendo transcurrido un año y medio ya era una figura controvertida. Se lo definía como "temperamental"; la defensa había pedido su inhabilitación porque le atribuía abiertamente haber tomado partido por la culpabilidad de Mario Santander, y el director de Investigaciones, Fernando Paredes, había presentado una queja disciplinaria en su contra.

Soto Arenas fue sacado del proceso Meyer y se designó como ministra en visita extraordinaria a la magistrada Raquel Camposano el 15 de junio de 1987. Pero el asunto contra el juez no se zanjó ahí. El 19 de junio los familiares de Santander, quien llevaba 14 meses en prisión preventiva, presentaron una querella de capítulos en su contra por el presunto delito de prevaricación, acusando al magistrado de estar involucrado en un intento de extorsión para conceder la libertad a Mario Santander.

SANTANDER LIBRE

Mario Santander estuvo 19 meses preso. Durante el segundo semestre de ese año, la investigación del Caso Meyer cambió continuamente de ministros, debido a que la magistrada Camposano salió con licencia médica, la subrogaron tres ministros hasta que reasumió el 16 octubre. Para entonces, la defensa de Santander había solicitado en numerosas oportunidades la libertad bajo fianza que la Corte de Apelaciones había denegado. El 17 de noviembre finalmente fue acogida y abandonó ese mismo día la ex Penitenciaría.

A la mañana siguiente, el procesado dio una conferencia de prensa en su casa y respondió serenamente las consultas. "Conmigo se cometió un atropello. Le puede pasar a cualquiera, pero en este caso le 'achuntaron' a uno que se puede defender... Pero me imagino que una persona con menos recursos y menos apoyo que yo estaría condenado". Se refirió también a las especulaciones que decían que lo estaban encubriendo por pertenecer a una familia acaudalada: "Una cosa que aprendimos es que parece que tener plata es un pecado. ¿No se puede tener plata si uno se la ha ganado honradamente?".

Su libertad duró 22 horas: la Suprema acogió una orden de no innovar presentada por Cibié que lo obligó a regresar a la ex Penitenciaría.

Recién el 1 de diciembre de 1987 el procesado recibió el beneficio de la libertad provisional que le permitió abandonar la cárcel de Pedro Montt, al que nunca regresó. En una entrevista con Ercilla, días más tarde, aseguró que "como tampoco soy el asesino ni siquiera siento verguenza de haber estado en la cárcel. Jamás he bajado la cara ni lo haré, porque no soy culpable". Aunque estaba en libertad, Santander tuvo que esperar hasta el 1 de diciembre de 1988 para que la ministra Raquel Camposano emitiera el fallo de primera instancia absolviéndolo de toda responsabilidad en el homicidio. La magistrada estimó que los antecedentes que había no eran suficientes para acreditar su participación.

Además, los testigos que lo habían reconocido se habían retractado y sólo mantenía sus acusaciones "el Topo Gigio". La ministra Camposano desestimó el valor probatorio de sus declaraciones por "falta de veracidad" y porque como él mismo reconoció que solía "fumar marihuana, aspirar neoprén, beber 'copetes' y mirar a las parejas que hacían el amor". Además, se concluyó que el hombre presentaba rasgos anormales de personalidad.

Para entonces, María Angélica Vargas, la mujer de Santander, esperaba su tercer hijo y la normalidad parecía haber vuelto a sus vidas. Entre otras cosas, a él se lo veía jugando golf en el Club de La Dehesa.

En septiembre de 1989 la tercera sala de la Corte de Apelaciones confirmó por unanimidad la absolución de Santander dictaminada por Raquel Camposano. En enero de 1991 la Suprema confirmó las sentencias anteriores, y en otro pronunciamiento, dividido, resolvió que un juez sustanciara un nuevo proceso para investigar, de manera circunstancial, la participación y responsabilidad de Topo Gigio en el homicidio de Alice Meyer. En ese mismo proceso, el 26 de febrero de ese año, el Topo Gigio se retractó; confesó que había mentido y que nunca presenció el crimen. Pero respecto de Mario Santander el juicio quedó cerrado. Y con sentencia "ejecutoriada", lo que significa que no puede ser reabierto salvo que, con antecedentes nuevos, se intentara un recurso de revisión, que los allegados a la familia Meyer aseguran que ésta jamás interpondría porque prefiere dejar atrás las heridas del pasado.

Respecto de la muerte de Delfín Díaz, esta parte del proceso fue sobreseída temporalmente por la ministra Camposano. Hoy, según juristas consultados por "El Sábado", el caso estaría prescrito. Su hermana Brígida afirma, emocionada, que su madre enfermó gravemente "ansiando demostrar que mi hermano nada había tenido que ver en ese homicidio. Quería que se supiera que nuestra familia podrá haber sido muy pobre, pero no de asesinos". La tristeza, agrega, no la abandonó nunca.

LOS PROTAGONISTAS

Mario Santander Infante continúa siendo un próspero empresario. Es uno de los cinco directores del Grupo Incorp S.A, un holding empresarial creado en 1989 para inversiones, creación y desarrollo de nuevos negocios, que tiene su edificio corporativo en calle Barros Borgoño, en Providencia. Entre los otros cuatro socios de la empresa está su padre, Mario Santander García.

José Meyer, el padre de Alice, hasta el último momento aseveró su plena convicción de la culpabilidad de Santander. Pero cuando se cerró el proceso, en 1991, se sumió, al igual que su mujer Érika Abel, en un hermético silencio que tampoco quiso romper ahora. Sus cercanos cuentan que los acongojados padres perdieron esa alegría de vivir que impulsaba a José Meyer a tocar el acordeón. Conservó el restaurant München de El Bosque con Ebro hasta 2002, en que vendió el terreno a una inmobiliaria en 2 millones de dólares. Tiene parientes en Alemania y suele viajar mucho, especialmente en las fechas cercanas al 14 de diciembre.

Érika Meyer Abel y su hermano mayor José trabajaron en el restaurant familiar hasta que ella se casó y se dedicó al cuidado de sus dos hijos. Abordada por "El Sábado" en su residencia de La Dehesa, Kika rehusó referirse al homicidio de su hermana para no reabrir tan dolorosas heridas.

Sergio Miranda Carrington conserva la cátedra de profesor de la facultad de derecho de la Universidad Católica, pero está retirado de las aulas de la UC y actualmente hace clases en la universidad Bernardo O'Higgins. Desde su participación en la defensa del general Manuel Contreras, no ha tomado casos de relevancia pública.

Marcelo Cibié, querellante por la familia Meyer, ahora tiene a su cargo la defensa de algunos militares procesados por casos de violaciones a los derechos humanos, como el general (r) Odlanier Mena, ex Director de la CNI, y el general (r) Ariosto Lapóstol.

El defensor de la familia de Delfín Díaz, José Galiano, hoy es profesor de derecho penal y ética jurídica de la Universidad Arcis. Defendió al sociólogo Pablo Huneuus en la querella por injurias que interpusieron contra él los senadores de la UDI Jovino Novoa y Carlos Bombal después que Huneeus, en el marco del caso Spiniak, puso en su página web que lo dos congresistas eran políticos que asistían a las fiestas de Claudio Spiniak. Se disculpó públicamente de aquello.

Raquel Camposano está retirada del Poder Judicial. Asumió en abril de 1996 la investigación por asesinato del senador y fundador de la UDI, Jaime Guzmán, cometido por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) el 1 de abril de 1991, luego que el ministro instructor Alfredo Pffeifer renunciara denunciando "presiones políticas". Raquel Camposano había procesado a varios funcionarios de "La Oficina" por obstruir la justicia, entre ellos el ex Director de Investigaciones, Nelson Mery, y el entonces subsecretario de Desarrollo Regional, Marcelo Schilling, quien había encabezado el Consejo de Seguridad Pública. Ellos fueron absueltos por la Corte Suprema y la ministra truncó su carrera judicial. A pesar de sus expectativas, no pudo transformarse en la primera mujer en llegar a la Corte Suprema, pues Eduardo Frei, en 2003, no la eligió cuando tuvo que proponer al Senado el siguiente candidato que integraría el máximo tribunal.

Fernando Soto Arenas tuvo una carrera descendente desde el caso Meyer. Aunque la Corte Suprema finalmente lo respaldó en las acusaciones y querellas que se le hicieron, sorpresivamente fue trasladado al 10º juzgado del Crimen de San Miguel, donde estuvo diez años hasta que jubiló, y en 1994, abrió una oficina de abogados. Entre sus primeros defendidos estuvo el narcotraficante Manuel Fuentes Cancino, apodado "El Perilla", inculpado como jefe del cartel de La Legua. En 2000, tras reconocer que en el caso Meyer prohibió informar en varias oportunidades, dijo que la medida "no tuvo ninguna relevancia para la investigación, no sirvió de nada. Sólo lo hice para liberarme de la presión de la prensa, que distrae la labor del tribunal, aunque reconozco su papel de informar". Fue su última aparición pública.

José Contreras Araya, alias el "Topo Gigio", quien fuera el principal testigo de cargo contra Mario Santander, confesó que había mentido, se arrepintió y dijo que agradecía que el empresario no lo demandara. Se casó, tuvo dos hijos, intentó rehabilitarse de las drogas y el alcohol, pero los vecinos de Lo Barnecha comentan que aún merodea por las calles, cesante, con trabajos esporádicos de jardinero y aficionado a la bebida.

Denise Ahrens, íntima amiga y confidente de Alice, dio en 1988 una entrevista para defender la reputación de su amiga enlodada por comentarios de quienes defendieron a Santander. Hoy dice con pena: "Siento que este fue un caso en que se le quebró la mano al destino. A casi 20 años, todo me parece una pesadilla irreal". Reflexiona que su amiga perdió la vida por defender su integridad de mujer frente a alguien que, ella cree, "la conocía y supuestamente la apreciaba". Enfatiza que el proceso que intentó esclarecer el crimen terminó siendo "truculento y truncó más de una vida". Como único consuelo espera "la justicia divina, ya que la terrenal no se la pudo contra la máquina que se montó". Advierte: "Espero que quien haya decidido quebrarle la mano al destino de tantos, al menos se tenga que enfrentar a diario con su conciencia, y que hoy, a 19 años del momento más duro de mi vida, no nos volvamos a ver amenazados por dar estas opiniones".


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