REVISTA YA

Martes 10 de Septiembre de 2002

Ganadora del concurso elite:
Ximena Huilipán: afuera, ser mapuche no es exótico

En un taxi que partió de Las Condes a su casa en Puente Alto, inocente e ilusionada, Ximena habló de su familia y del modelaje. En la única entrevista, antes de tomar el primer avión de su vida y volar a Túnez para participar en Elite Model Internacional, dijo que siempre deseó ser modelo y que se llevó las fotos de sus amigas "para no olvidarme de lo que soy". Y agregó: "Valoro lo que tengo, porque sé que hoy no hay grandes oportunidades para todo el mundo".
Texto Juan Luis Salinas T. Fotografías José Luis Rissetti Producción Macarena Lira y Paula Salinas

figura a punto de rozar el metro ochenta, cruza la puerta de Elite en Isidora Goyenechea. Saluda sonriente sin disimular su cara de cansancio y pide disculpas antes de dejar escapar un pequeño bostezo. Son más de las dos de la tarde y está despierta desde las siete de la mañana. "Vengo de dos programas de televisión, un matinal y otro del mediodía. Además tuve una sesión de fotos, pasé por unas tiendas porque estamos armando mi guardarropas para el concurso y ahora tengo esta entrevista. Estoy muerta. ¿Podemos dejarla para más tarde? Es que quiero ir a mi casa a buscar unos papeles".

- Pero podríamos conversar en el camino. Tomamos un taxi y hablamos...

"Es que vivo bien lejos", dice con un tono que mezcla advertencia y algo de pudor. "Es en el paradero 33 de Puente Alto y el recorrido es largo".

La idea no la atrae, pero las encargadas de la agencia y la periodista responsable de asesorarla y que la ha guíado toda la mañana, terminan convenciéndola. "Igual es largo el viaje", insiste por última vez y frunce el ceño.

De nada sirven sus aniñados gestos. Minutos después de saludar a los encargados de una zapatería italiana que está en el mismo edificio de Elite, que la besuquean y la tratan de Ximenita, estamos arriba del taxi. Con voz suave da las indicaciones para llegar a su casa y bosteza nuevamente.

Entrecerrando sus ojos de un café casi miel, vuelve a disculparse. "Desde que gané todo ha sido extraño. Celebraciones, reuniones con mis amigos, mis vecinos y mis tíos, porque tengo una familia muy grande. Incluso fui a mi colegio para que me felicitaran los profesores y hasta grabé un mensaje de saludo en mapudungún, que no hablo, para la gente del pueblo mapuche".

- ¿Siempre te has sentido orgullosa de tu origen?

"Siempre. Pero ahora que gané el concurso y voy a viajar, mi primer orgullo es Chile. Cuando me presente voy a decir que soy chilena y después que me llamo Ximena. Además, en el concurso no creo que importe mucho que sea mapuche, porque hay tantas niñas que vienen de distintos lugares y tienen tantas razas, que ser mapuche no resulta tan exótico como fue acá. Sabes, la única vez que me ha molestado un comentario sobre mi origen es cuando dicen que somos indios. Somos indígenas, y eso es bien distinto".

De sus orígenes mapuches conoce lo necesario, pero nunca ha viajado a Temuco. Hace poco supo que su apellido significa "uña de tigre", conoce algunos instrumentos, distingue la joyería y unos platos típicos, como el catuto ("que es como el trigo y con él hacen una bebida"), que le encanta con miel.

Los primeros pasos

El gran amor de Ximena es su padre y el día del concurso estuvo preocupada, porque él no había conseguido permiso en el trabajo para asistir. "Además, mi mamá no tenía con quién dejar a mi hermano chico. Al final llegaron todos, mis dos hermanos y mis papás. Eso me relajó, aunque igual estaba que reventaba de los nervios".

- Pero, si todos te nombraban como la ganadora...

"Cuando dieron los resultados, no entendí nada. Primero dijeron los dos nombres de mis amigas y creí que había perdido. Me quedé ahí helada y miraba a mi familia que me tiraba besitos y pensé que estaba consolándome. Después escuché algo de Túnez y mi nombre, y no sabía si había ganado el primer lugar o un ramo de flores. Sólo supe que viajaba cuando me abrazaban mis compañeras. Incluso todavía no lo asimilo. Supongo que cuando me suba al avión me van a explotar los nervios".

Ximena Isabel Huilipán Muñoz tiene 15 años y siempre quiso ser modelo. "Cumplí el sueño de mi vida", comenta, y algo avergonzada recuerda que cuando niña caminaba frente al espejo tratando de imitar las poses de las supermodelos que veía en la televisión. También reconoce que "dejaba la embarrada" jugando con las telas con que trabajaba su madre en un taller de costura que prestaba servicios a Rubén Campos.

A los doce años se inscribió en un curso de modelaje en el colegio Obispo Alvear, donde actualmente cursa segundo medio y realizó un desfile "bien chico en un shopping cercano". Durante ese verano tomó un curso de un mes en la Academia de Gabriel Muñoz. Hasta ahí toda su experiencia. Como ella dice, mientras el taxi avanza por Américo Vespucio, "prácticamente nada".

El paso decisivo lo dio hace dos años. Apoyada por sus padres - el técnico mecánico Alfredo Huilipán Lincaqueo y la costurera Isabel Muñoz- , primero probó suerte en cuatro agencias donde dejó sus fotos. Pero en todas ellas prometieron llamarla después porque sólo tenía 13 años. Finalmente, su madre habló con Rubén Campos, quien le dio su bendición y la mandó a Elite. Ahí la aceptaron de inmediato y le pidieron que retirara sus books del resto de las agencias.

"Todo partió lento. Sólo hice unas fotos de prueba y únicamente me llamaban para cambiarme las medidas. Igual yo seguía practicando y preparándome en la casa", comenta, mientras hojea un folleto con información sobre Túnez que le entregaron y se pregunta en cuál de los hoteles que aparecen tendrá que alojarse.

Su primer trabajo fue "un desfile enano, donde más encima sólo tuve que andar en zapatillas". A las semanas vino el trabajo que marcó su despegue profesional: la presentación de los diseños del dominicano Óscar de la Renta, en el Alto Las Condes. Un evento que la puso en las portadas de los diarios y que reconoce, "infló mi imagen. Porque en algunos artículos periodísticos me presentaron como la mapuche que lo deslumbró y todos querían entrevistarme".

Recuerda el episodio y suelta una risita. "Cuando me seleccionaron para ese desfile, me dio cosa. Además yo no conocía el Alto Las Condes y mi mamá estaba muy asustada, porque si el caballero, Óscar de la Renta, descubría que yo tenía 14 años y que no había desfilado nunca vestidos largos podía rechazarme. Estaba preocupada porque podía caerme o hacerlo mal. Yo sabía que era un evento muy importante, pero no tenía miedo".

- Entonces, Óscar de la Renta no se deslumbró contigo.

"La verdad es que casi no hablé con él. Sólo lo vi una vez, cuando estaba en las pruebas de los vestidos y dio opiniones generales, pero luego de eso no lo vi nunca más. Fueron cosas que inventaron algunos periodistas, porque después yo no supe ni siquiera si habló bien o mal de mí. Igual agradezco lo que escribieron, porque me ayudó para ser conocida".

Ximena tiene razón y comenta "que todo está tomado de la mano". Luego se convirtió en figura obligada en todos los desfiles. La convocaron a participar en la película de terror "Sangre eterna" (que se estrena en octubre) y donde actúa como una vampira que acompaña al protagonista. "Es un personaje más estético que dramático y no hablo. Mejor, porque no tenía experiencia actuando. La única vez que salí en una obra fue en el colegio. Aparecí de mendiga, dije como dos palabras y no quedé muy conforme. Yo sé que lo mío es el modelaje, especialmente la pasarela".

Antes de pedirle al chofer que doble por una calle paralela a Concha y Toro, reconoce que no le gusta posar en fotografías. "Es que me va mejor en los desfiles. Además, todas las fotos que me saco no las encuentro muy buenas. No me gusta lo de las producciones. Igual muchos dicen que me veo bien y no voy a alegar por eso, pero la verdad es que todavía no me convenzo".

En Casa

"Entre a este pasaje, y ésa de dos pisos, con rejas negras y el jeep, es mi casa", indica Ximena al taxista.

Está nublado, y apenas se baja del auto comienzan a caer unas gotas de lluvia. Aparece su madre saludando y la apura para que no se moje. También se acerca su hermano menor, "el Rorro", quien baja la escalera caracol y corre a abrazarla. Tienen el mismo color de ojos, igual que otro hermano, a quien "encontraron súper lindo y también le ofrecieron ser modelo".

Minutos antes de llegar, justo después de persignarse frente a una iglesia, aclara que su único temor es que su vida se transforme.

"Todo ha sucedido tan rápido. Me convertí en modelo, hice una película, nunca he viajado en avión, no había ganado un concurso. Pero no quiero que mi vida personal cambie. No quiero que haya mucho bullicio, porque mi vida es muy normal. Me retan, tengo mi pieza desordenada, casi no salgo, voy a fiestas a casas de vecinos y tengo mis mejores amigas aquí en el pasaje. Además quiero terminar mi colegio, porque si lo dejo ahora y me va mal en el modelaje, no saco nada. No sé qué voy a estudiar a futuro. Pero tengo que hacerlo porque ser modelo no es para toda la vida".

- ¿Y estás pololeando?

"No, nada que ver. Tengo muchos amigos y todo. Puede que me tengan miedo porque soy muy alta, pero tampoco tengo tiempo para eso".

Según Ximena, en los últimos meses su rutina consiste en llegar a su casa, acostarse, y hasta el otro día. "Sólo he estado preocupada de mí. Ni siquiera he podido ver a mis amigas, pero quiero llevarme fotos de ellas para no olvidarme de lo que soy. No quiero convertirme en una quebrada, porque piensa que cuando chica mi familia partió desde de cero y mi papá sólo soñaba con pagarme los estudios. Él sólo quería que con mis hermanos fuéramos algo. A mí las cosas no me han costado mucho, porque me presenté a Elite y me aceptaron. Pero valoro lo que tengo, porque sé que hoy no hay grandes oportunidades para todo el mundo", dice sentada en el sofá, antes de partir de vuelta a la agencia a dejar los papeles que vino a buscar.


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Maquillaje y Pelo  Claudia Bruzzone Vestuario  Blusa blanca, Zara y Pantalón, Ellus.
Maquillaje y Pelo Claudia Bruzzone Vestuario Blusa blanca, Zara y Pantalón, Ellus.
Foto:José Luis Rissetti


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