REVISTA YA

Martes 30 de Septiembre de 2008

Las obsesiones de doña Bárbara

La actriz, que interpretó a la fría y calculadora Leontina en "El señor de la Querencia", se define como una mujer intensa, perfeccionista y obsesiva con su trabajo. Casada desde hace dos años y decidida a envejecer junto a su marido, Bárbara Ruiz–Tagle reconoce que tiene muchos sueños por cumplir: desde convertirse en madre hasta no bajarse nunca de los escenarios.
Por Juan Luis Salinas T. Fotografías: Claudio Doenitz. Maquillaje y pelo: Carolina Lazo.

Bárbara Ruiz–Tagle suelta una carcajada cuando recuerda la primera vez que se subió a un escenario. Estaba en kinder y tenía 5 años. Aunque resaltaba entre sus compañeras por sus largas piernas flacas, era tan tímida y callada que apenas se hacía notar. Por lo mismo, cuando llegó el acto de final de año y su profesora repartió los números artísticos, ella se quedó como espectadora. Frustrada y muy triste, durante semanas se dedicó a mirar de lejos y con envidia los ensayos de una compañera a la que escogieron para bailar flamenco. A modo de consuelo, a escondidas, empezó a imitar sus zapateos y movimientos de brazos. Entonces, un par de días antes de la presentación, sucedió lo inesperado: su compañera se enfermó de paperas y Bárbara debió reemplazarla.

–Cuando me lo dijeron me volví loca de alegría, pero también entendí que tenía que hacerlo lo mejor posible porque sabía que era nula para el baile. El día del acto escolar mi mamá me llevó a la peluquería, me pusieron una peineta enorme y me subí al escenario con la convicción de que era la mejor bailarina. No sé si lo hice bien, pero todavía me acuerdo de la emoción de sentir cómo me miraba y aplaudía la gente. Supongo que ahí empezó mi gusto por la actuación.

Bárbara Ruiz–Tagle Correa es la segunda de tres hermanas. Hasta los 15 años vivió con sus padres, Andrés y María Eugenia, en una parcela en Lo Herrera, a 25 minutos de Santiago, camino a San Bernardo. Durante su época escolar se levantaba de madrugada para llegar a la hora al Colegio San Benito, donde tuvo "pocas pero buenas amigas y que, curiosamente, también vivían en el campo". Durante los fines de semana pasaba todo el día corriendo "a pata pelá" y encaramada arriba de los árboles. También le gustaba hacer picnic en los cerros y montar a pelo los caballos.

–Tuve una infancia increíble. Todos los Ruiz–Tagle vivíamos cerca, y nosotras con mis hermanas, como éramos mayores, teníamos un montón de primos chicos que nos seguían para todas partes. Entonces no me imaginaba la vida lejos del campo, pero ahora no me llevan ni amarrada. Me da alergia todo. Antes podía estar toda la tarde bajo el sol, pero ahora hasta para salir en invierno me pongo protector solar- , cuenta en medio de una sonora risa.

Además de cuidarse del sol, Bárbara también le tiene fobia al frío. Es la razón que tiene para llevar chaqueta de cuero, un pañuelo al cuello y anteojos oscuros, mientras afuera del restaurante donde almuerza el sol cae vertical y mucha de la gente que circula por la calle adelanta su ropa de primavera. "No puedo evitarlo, es una de mis tantas obsesiones", explica. Algunas de sus otras manías, que confesará a lo largo de la entrevista, son el anotar todo lo que hará durante la semana en su agenda de Garfield (el año pasado usó una Pascualina), tener siempre sintonizada la radio Corazón en su auto y leer todas las entrevistas de actores que encuentra en las revistas, "para aprender", dice.

A los 28 años, Bárbara Ruiz–Tagle sigue igual de larguirucha como en la infancia, pero hace rato dejó atrás la timidez. Ahora se ríe fuerte, tiene una voz profunda que se hace notar cuando habla y, confiesa, es capaz de bailar desde tango a reggaeton. Aunque sólo ha participado en dos teleseries, su papel de Leontina, la fría y manipuladora ama de llaves que personificó en "El señor de la Querencia", ya la consolidó.

–Fue un papel que me dejó agotada emocional y físicamente. Hasta me creció el pelo con ese moño tan tirante que me hacían todos los días- , dice Bárbara, quien está grabando los últimos capítulos de la próxima teleserie nocturna de TVN, que se inspira en la desaparición de la niña inglesa Madeleine McCann en Portugal. Hace unas semanas también participó en "Variaciones sobre la muerte", un montaje teatral underground que sólo tuvo 10 funciones y que fue dirigido por Víctor Carrasco (el guionista de "El señor de la Querencia"). Además ya está preparando su papel para una nueva telenovela de la que tiene prohibido dar detalles.

Hiperactiva y trabajólica asumida, Bárbara Ruiz–Tagle reconoce que está en su mejor momento. "Estoy convencida de que la gente, más que deslumbrarse por tal o cuál actuación, valora el sacrificio y que nos involucremos en proyectos. Que tomemos riesgos. Personalmente no me siento una actriz revelación, creo que lo que he logrado se debe en un 99 por ciento a mi trabajo y, lo poco que queda, es mi talento. Eso me obliga a ser perseverante, estar en constante movimiento. Soy obsesiva en todo lo que hago, soy una mujer muy intensa y quiero aprovechar bien las oportunidades que llegan. Y tengo todas las facilidades: soy joven y estoy acompañada de un marido que me apoya incondicionalmente y disfruta todo lo que hago".

Bárbara se casó hace dos años con el ingeniero Sebastián Rodríguez–Peña. Se conocieron en 2003. Entonces ella participaba en el montaje de "La Bella y la Bestia", una obra infantil que la obligó a vestirse de princesa y a recorrer todo Chile durante dos años. Los presentaron unos amigos en común y se pusieron a pololear al poco tiempo. "Me enamoré al tiro y él, de inmediato, entendió mi trabajo y desde un principio se portó como un santo. Había muchas veces en que tenía que ensayar hasta pasadas las dos de la mañana, y siempre me iba a buscar en auto. Me decía que prefería esperarme despierto hasta tarde, antes que no verme. Y tanto amor, terminó conquistándome".

–Ahora que no has parado de trabajar, ¿sigue pensando lo mismo?

–Claro. Todavía, aunque tiene que levantarse temprano para ir a trabajar, no se acuesta porque prefiere ir a buscarme a los ensayos; le gusta que comamos juntos y conversemos hasta tarde. De hecho a fines del año pasado, cuando estaba metida en las grabaciones de "El señor de la Querencia", ensayando una obra con Jaime Vadell y terminando un seminario de actuación en la academia de Alfredo Castro, apenas tenía tiempo para dormir y pensé dejarlo todo. Él me decía: sigue, vamos que te apaño, y hasta me consolaba cuando me ponía a llorar con lo sobrepasada que me sentía. Para mí más que mi marido, Sebastián es mi hermano, mi mejor amigo.

–¿Tanto así?...

–Es imposible que no esté enamorada de él. Me sorprende todos los días con miles de cosas. Cuando la gente me escucha hablar así, piensa que es porque llevamos poco tiempo de matrimonio. No estoy de acuerdo, me parece que ahora la gente tiene una frialdad tan grande para hablar de la vida en pareja. Entiendo que ahora las cosas son más complejas, que hay más problemas de incomunicación, pero aunque me traten de ilusa yo quiero luchar para que mi matrimonio dure para siempre, para que con mi marido estemos siempre enamorados. Es una idea que desde niña he tenido y, aunque a mis padres no les resultó, yo estoy segura que lo voy a lograr.

Hija de un matrimonio muy católico que se separó cuando ella tenía 20 años, Bárbara reconoce que durante una etapa de su juventud dejó de creer en el matrimonio. Se desilusionó. "Fue un golpe muy duro, porque escuchaba las historias de mis compañeras de colegio con papás separados, y estaba convencida de que eso no me pasaría a mí. Yo me sentía muy afortunada, para mí eran el ejemplo de la unidad, pero un día decidieron hacer caminos distintos. Lo bueno es que cuando tomaron esa decisión, lo hicieron con responsabilidad y teniendo siempre como meta que nosotros no sufriéramos, que la familia se mantuviera unida pese a todo. Y lo han logrado. Los dos han sido excelentes padres".

–Muchas mujeres a tu edad están postergando la maternidad, ¿piensas igual?

–No, quiero ser madre pronto, es algo que literalmente está en mi guata y en mis proyecciones personales. Sólo tengo que ordenar bien los planes. Como soy obsesiva con el orden, necesito tener todo claro. Lo único que me preocupa es que soy muy aprensiva y cuando tenga mi hijo me voy a poner peor. Voy a ser una de esas mamás–actrices a las que cuesta quitarles la guagua y son capaces de llevarlos hasta los ensayos, a la grabaciones. Y me dará lo mismo lo que piensen, incluso que me digan la loca de la guagua...Ya veo a mi pobre marido, yéndome a dejar o buscar la guagua para que pueda verla cada tres horas.

Uno de los nuevos pasatiempos de Bárbara es el canto. Una vez a la semana, toma clases de técnica vocal con la actriz Annie Murat. "Me encanta cantar, especialmente boleros. Creo que mi voz es una de mis herramientas más fuertes como actriz y la tengo que potenciar".

Antes de interesarse por el canto y por aumentar el registro de tonalidades de su profunda voz, Bárbara estaba convencida de que su trabajo en el teatro pasaba inevitablemente por la danza. Como estaba segura de que tenía que especializarse en esa área, tomó talleres mientras estaba en su último año de escuela y terminó partiendo a Barcelona para estudiar danza–teatro. "Allá estuve durante un año, viví en la casa de un amigo de una amiga que me bautizó como la pollito, porque me encontró pálida, raquítica y algo desvalida. Comencé a perfeccionarme en clásico y contemporáneo. Bailaba casi seis horas todos los días y cuando salía de clases, con unas amigas hacíamos performances en la calle para ganar plata. Creo que ese viaje - además de enseñarme a madurar y a convencerme de que me la puedo sola- también sirvió para valorar lo que tengo acá. Me preparó para juntar energías y paciencia para abrirme camino".

Tuvo que hacerlo. A su vuelta pasó varios meses sin trabajar. Aunque realizó todos los casting televisivos que le ofrecieron, nunca la seleccionaron. Para tener plata trabajó como promotora y atendiendo mesas en restoranes ("Ya tenía la lección de la sobrevivencia bien aprendida"). Después del montaje de "La bella y la bestia" mejoró su suerte. Cambió cuando se matriculó en el seminario de teatro de la escuela de Alfredo Castro, quien a fines de 2006 le sugirió que audicionara para la teleserie "Corazón de María". Días más tarde, la llamaron para decirle que tenía que decolorarse el pelo: la habían elegido para personificar a "la rusa", un personaje ingenuo y humorístico que subía el rating de esa teleserie. Después vino "El señor de la Querencia", que le reportó una popularidad que hasta hoy le resulta difícil de creer. "Que me reconozcan en la calle es increíble pero no es lo más importante, yo sólo quiero actuar, no bajarme nunca de un escenario. Sé que tengo fama de matea entre mis compañeros, quienes se burlan porque antes de las obras de teatro necesito concentrarme por lo menos unas tres horas y ando para todas partes con los libretos, pero es mi naturaleza. Quiero superarme siempre, aprender todo lo que pueda y cumplir todo mis sueños... Que no son pocos".

Vestido: Alberta Ferretti en Sarika Rodrik. Zapatos: Gacel.

Impermeable: Hall Central

Vestido: Costume Design. Zapatos: Gacel.




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