EDITORIAL

Domingo 8 de Agosto de 1999

Ex Ministro Heine

Señor Director:

Le escribo esta carta en defensa de la probidad y buen nombre del ex ministro de Bienes Nacionales, Jorge Heine, quien ha sido víctima de una atroz injusticia.

Estudié con Jorge Heine en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, quien, luego de recibirse de abogado con distinción, obtuvo un Magíster en Ciencias Políticas en la Universidad de York, Inglaterra, y un doctorado en igual materia en Stanford, Estados Unidos. Se desempeñó como investigador en el Wilson Center, en Washington, y en el Irela, en Madrid, como profesor universitario en Puerto Rico, y profesor visitante en Oxford.

De regreso a Chile, en 1989, fue investigador en un centro de estudios privado y profesor en la Universidad de Chile, siendo nombrado subsecretario de Aviación en 1993. Designado en 1994 por el Presidente Frei como embajador en Sudáfrica, realizó hasta 1999 una admirable labor diplomática.

Concluida su misión, reanuda su trabajo académico y es designado ministro de Bienes Nacionales. Aborda una vigorosa gestión de recuperación del patrimonio nacional, arquitectónico y de espacios públicos, proyectos culturales, con comunidades indígenas, y otras.

Cumplidos alrededor de tres meses en el cargo, resuelve exonerar a unsubalterno, quien, a su vez, lo acusa de actuaciones censurables. Estas acusaciones son irrelevantes y manifiestamente infundadas y, además, aclaradas por el propio ministro Heine.

El subalterno acusador accede al ministro del Interior, no obstante que el propio presidente de su partido calificó de infundadas las imputaciones. Al serle solicitada una reunión por dicho ministro para tratar, entre otros, el tema de las inculpaciones, un vespertino publica en su portada: "Amonestado ministro" y en su interior resume las consabidas acusaciones. Ese titular es desmentido luego por el mismo ministro del Interior, quien afirma públicamente que no caben amonestaciones entre ministros.

A pesar de ello, se desata un vendaval de opiniones sobre aquellos infundios, creándose una sensación de escándalo.

Y lo más pernicioso es que toda esta "tempestad en un vaso de agua", ficticiamente creada, lleva a la renuncia a un ministro particularmente creativo, en vez de respaldarlo poniendo las cosas en su lugar.

En suma, un titular de prensa impone un clima de reproche a un ministro y quienes deben despejar la polvareda se dejan presionar por aquél, quizás al no contar el afectado con apoyo suficiente, adoptando decisiones que producen la iniquidad de permitir que una sombra de duda se cierna sobre un profesional altamente calificado e intachable como persona, dañándole su futuro político y poniéndolo en posición de recibir toda clase de insinuaciones maliciosas, un sinfín de titulares de prensa y comentarios impertinentes y hasta injuriosos.

Luis Felipe Maino Gatti



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