REVISTA DEL CAMPO

Lunes 16 de Junio de 2008

El jinete más joven que fue campeón
¿Un récord imbatible?

En 1980, Enrique Schwalm tenía 19 años cuando se convirtió en campeón nacional de rodeo. Nadie ha logrado batir esa marca.

JUAN PABLO SALGADO S.

Uno a uno, los récords del rodeo han ido cayendo. Primero fueron los hermanos Claudio y Rufino Hernández, quienes, con sus 48 puntos en la final de 2006, hicieron olvidar la marca de Juan Carlos Loaiza y Luis Eduardo Cortés, en 2001, y Sebastián Walker y Camilo Padilla, en 2003.

El año pasado fue el turno de Juan Carlos Loaiza y el potro "Talento". En una faena histórica, el jinete se quedó con el título en Rancagua, igualando el hasta entonces imbatible registro de Ramón Cardemil, quien ganó siete coronas del Chileno.

El "Talento" no quiso ser menos: por tercera vez era campeón, poniéndose a la altura de los inolvidables "Manicero" y "Reservado".

Pero hay una marca que aún sigue vigente. Ha sido amenazada, pero no superada. Y eso que data de 1980. En aquella final, el abrazo de Alberto Schwalm y su hijo Enrique aún está en la memoria de todos los corraleros que llegaron hasta la medialuna rancagüina.

Enrique, con sólo 19 años, se convertía en el jinete campeón más joven de la historia, superando a su hermano Alberto quien, dos temporadas antes había llegado a lo más alto del rodeo chileno con 20 años.

Julio de 1979. En el campo de los Schwalm, muy cerca de Osorno, se junta toda la familia a comer. El invitado especial era Ricardo de la Fuente, quien ya era parte de la casa.

Lo que nadie esperaba era el anuncio que haría Alberto, el patriarca del clan. Con voz pausada, dijo: "Le llegó la hora a Enrique. Esta temporada él correrá al 'Estribillo' y representará al criadero La Amanecida".

Enrique no lo podía creer. Todos los ojos estaban puestos sobre él.

"Fue una sorpresa sensacional, aunque creo que para mi hermano no tanto. Fue una decisión del papá, no buscando resultados. Él siempre fue muy generoso", cuenta.

A los diez años corrió su primer rodeo y cinco más tarde debutó en Rancagua, pero siempre fue suplente de su hermano. Hasta que llegó su oportunidad. Y no la dejó escapar.

"El primer año se nos dio todo. Anduvimos muy bien. Cuando supe que estaría en Rancagua no me puse tan nervioso, porque la etapa brava ya la había vivido. Fue bien difícil y nos fue pésimo. En esos años, el ganado no era ni parecido al de hoy. Uno ve los videos y se espanta de los toros que salían", recuerda.

Pero el Nacional de 1980 fue distinto.

"Corrí con mucha calma. Es que 'Cacaro' es de esos compañeros ideales, no te molestan y te dejan hacer todo. Eso es una gran ventaja cuando un novato corre con un experto, porque te quita presión", señala.

Durante esos años, la rivalidad de Osorno era con Curicó. Pero en los campeonatos previos, fueron los de la Décima Región los que la llevaron en Rancagua. Es más, los jinetes de su asociación ganaron los títulos en 1977, 1978 y 1979. Y los curicanos querían volver a la cima. Para eso tenían dos cartas de reconocida trayectoria y gran talento: Ramón Cardemil y Manuel Fuentes.

"La pelea se empezó a dar en la serie Potros. Don Ramón fue primero y nosotros, segundos. Así clasificamos a la final, mi primera final. Yo los miraba y eran monstruos, pero yo también estaba acompañado de un monstruo y sabía de mis condiciones. Fue tanto que, en el tercer animal, una lata de cerveza tirada desde el público me rozó la cara. Osorno venía como aplanadora y querían que nos cayéramos".

Schwalm estaba un poco nervioso, pero una vez que salió el primer novillo se olvidó de todo. Sólo quería hacer las cosas bien. En el último toro, le tocó salir a la mano de adelante y atajó, pero después vino una tijera.

"Fue una desgracia. Nos faltaban cuatro puntos para ganar. En ese tiempo los puntajes no eran como ahora, era más difícil. No nos dijimos nada. 'Cacaro' sabía que yo tenía que responder. Y eso lo agradezco, porque si me hubiese presionado, quizás habría fallado".

Cuando el secretario cantó el puntaje, la emoción se dejó caer en la arena.

"Todavía tengo una foto con mi papá en la que salimos abrazados llorando, pero llorando de verdad. Hoy, que él no está, la miro con mis hijos y me sigo emocionando, porque son recuerdos imborrables", dice.

Han pasado 18 años de la gesta de Schwalm, pero su forma de correr no ha cambiado.

"Lo único es que cuando uno es soltero y joven corre con los dos ojos en el toro; cuando hay una familia detrás, uno va en el toro y el otro en la pista. Pero el resto sigue igual: no busco esas llegadas terribles, que revientan caballos y novillos. Para mí eso no es rodeo y sólo demuestra falta de arreglo", señala.

Y tiene claro que su marca, puede caer.

"Todos los récords se pueden batir. Por ejemplo, Pablo Aninat es una maravilla de jinete y estuvo a punto de ganar este año. En vez de preocuparme, me alegraría, porque significaría que estamos avanzando".

EL GRAN "ESTRIBILLO"

"Tenía un arreglo extraordinario, que empezó Tavín Rey y terminó Mario Ahumada. Debió haber durado más, pero se lesionó de una corva y no pudimos defender el título en 1981. Su último rodeo fue en Los Andes, corrimos un novillo y no pudo más. Fue una pena enorme. Preparabas tu atajada y el 'Estribillo' golpeaba lo necesario, no como las llegadas brutales de ahora. Fue una bendición que haya llegado a las manos de mi padre y después al criadero Santa Isabel".




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Enrique Schwalm fue campeón nacional a los 19 años y montó nada menos que a 'Estribillo', el potro del siglo.
Enrique Schwalm fue campeón nacional a los 19 años y montó nada menos que a 'Estribillo', el potro del siglo.
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