REPORTAJES

Domingo 23 de Enero de 2005

Detalles inéditos de la sentencia:
El cura Tato espera el juicio final

Terminadas ya todas las instancias procesales, el ex sacerdote José Andrés Aguirre Ovalle vive en la cárcel, en un profundo proceso de reconversión a la fe que traicionó al cometer reiterados abusos sexuales a menores. Espera la notificación de la sentencia que lo condenó a 12 años de cárcel.

RAQUEL CORREA

En su celda pasa gran parte del día. Camina con enorme dificultad, arrastrando los pies. Está gordo -con el vientre muy abultado-. Su rostro ha perdido toda expresión y sus manos están inmovilizadas. Casi nada queda ya del buenmozo muchacho deportista que arrancaba suspiros de las lolas de hace 30 años, cuando vivía con su numerosa familia en calle El Toqui, en Las Condes.

Ahora, en el Pabellón Asistyr (Asistencia, Tratamiento y Rehabilitación) de la Cárcel Colina 1, el ex "cura Tato" paga sus culpas. Casi siempre solo, suele confortarlo el Capellán Nacional, padre Nicolás Vial.

A veces, un pequeño grupo de católicos también lo visita.

Como reo condenado desde comienzos de mes, en cualquier instante lo irán a buscar los gendarmes para llevarlo al Juzgado donde será notificado.

Su abogado intenta que el trámite se cumpla en el penal mismo, para evitarle la vindicta pública.

Pero lo más probable es que cualquiera de estos días se le vea bajando del carro celular, esposado (los grilletes en los tobillos son innecesarios: aun sin ellos apenas puede caminar), conducido por gendarmes, llevando esa casaca amarilla que uniforma a los imputados, a todos por igual.

Ya terminó el proceso.

Una larga historia de fallos, apelaciones, exámenes físicos y siquiátricos quedó atrás. No hay ninguna esperanza más para José Andrés Aguirre Ovalle. Sólo el perdón de Dios.

Quienes han conversado con él aseguran que está en un profundo proceso de reconversión a la fe, esa fe que traicionó abusando de diez modestas niñas menores de edad, mientras ejercía el sacerdocio en la parroquia San Isaac de Quilicura.

Cárcel de reposo

Como todos los días, la puerta de fierro de su celda-dormitorio, que ocupa sólo él, se abre a las 8:00 horas y se vuelve a cerrar a las 17:30. Más de 14 horas diarias de encierro, según el reglamento penitenciario que rige en todo el país. Desayuna y almuerza con sus compañeros de encierro, aislados del resto de la población penal de calle General San Martín 765, en Colina. Ahí los presos -sólo lisiados y ancianos- pueden desarrollar, voluntariamente, actividades recreativas. Pasan horas frente al televisor, algunos asisten al taller de trabajos en madera, leen o simplemente se sientan en uno de los bancos del pequeño parque. Aquí, en realidad el lugar más parece una casa de reposo que una cárcel.

Aguirre sabe que deberá vivir encerrado 12 años. Pese a su edad, el "cura Tato" permanece ahí porque es víctima de un mal incurable: distrofia miotónica o enfermedad Curshmann-Steinert. Según los neurólogos, ello produce compromiso cerebral que se traduciría en deterioro cognitivo y de la conducta. Algunos médicos han dicho que no le alcanzará la vida para cumplir la pena.

Segundo de nueve hermanos, desde hace diez años su madre sufre de Alzheimer, y está internada en un centro especializado. Otros dos hermanos suyos padecen la misma enfermedad neurológica del "Tato". Uno de ellos se encuentra postrado en silla de ruedas. En todo caso, esta posibilidad exculpatoria de conductas anómalas no fue considerada por la Justicia. Médicos de la UC que lo examinaron sostienen que no se puede establecer una relación entre la distrofia miotónica y un proceso de deterioro intelectual. Y que las lesiones cerebrales que revela la resonancia magnética del cerebro del ex sacerdote serían inespecíficas y por tanto no influirían en su conducta.

El caso judicial

En septiembre de 2002, la madre de la menor V.P.C. denunció por violación de su hija al sacerdote diocesano José Andrés Aguirre Ovalle ante la Brigada de Delitos Sexuales. A esta acusación se sumaron diez casos más, todos contra menores, todos de Quilicura, todos cometidos en el mismo período: 1988-2002. Como atenuantes se consideraron su irreprochable conducta anterior, que se presentara voluntariamente a declarar y que confesara sus delitos.

La causa quedó en manos de la jueza del 16° Juzgado del Crimen de Santiago, quien, en sentencia de primer grado del 23 de junio de 2003, lo condenó a 12 años de reclusión mayor en su grado medio, más accesorias y costas, en calidad de "autor de delitos reiterados de abusos sexuales" en contra de nueve menores (V.P.C., D.B.V., F.U.D., R.B.U., P.A.L., E.C.B., Y.L.P.L. y J.A.P.L.), y "como autor del delito de estupro reiterado en la persona de la menor T.P.C.". Fue privado del ejercicio sacerdotal, medida aplicada por el Arzobispado de Santiago y refrendada por Roma, quedando impedido de ejercer el sacerdocio por el resto de su vida.

La 8.a Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago confirmó la sentencia en lo penal, el 6 de julio de 2004. En lo civil, elevó el monto de la indemnización a 100 millones de pesos, que deberían pagar solidariamente el condenado, en su calidad de autor del perjuicio, y el Arzobispado de Santiago como tercero civilmente responsable porque "A juicio del tribunal, el hechor se vale de su investidura de sacerdote de la Iglesia Católica, para cometer abusos sexuales. Mediante el engaño, abusó del grave desamparo, ignorancia e inexperiencia sexual de las víctimas". La Suprema, sin embargo, falló en favor del Arzobispado.

Por estos días, aislado del mundo, el ex párroco aguarda el cúmplase de la justicia humana. Y en su soledad, según dicen, orando en su celda, espera clemencia divina en el Juicio Final.

CASO A CASO:

Abusos sexuales

Tras la reforma de la Ley 19.617, la legislación chilena distingue claramente entre diferentes delitos de abusos sexuales:

Por estrupo se entiende "acceder carnalmente, por vía vaginal, anal o bucal, a una persona menor de edad, pero mayor de 12 años" (Artículo 363 del Código Penal). Violación, en cambio, es "acceder carnalmente, por vía vaginal, oral o bucal, a una persona mayor de 12 años" cuando existe 1) El uso de la fuerza o intimidación. 2) La privación de sentido de la víctima o su incapacidad para oponer resistencia. 3) El abuso de la enajenación o del trastorno mental transitorio de la víctima. 4) El hecho de ser la víctima menor de 12 años".

En su sentencia, la Corte Suprema entra al detalle de algunos de los delitos denunciados. Por ejemplo, respecto al fallo que consideró como actos constitutivos de abuso sexual el que afectó a las hermanas YPL y JPL afirma: "...Tales hechos no tienen la significación que puede atribuirse a algunos otros de los comportamientos del procesado (...) pues unos tocamientos en los cabellos y en una pierna sobre el pantalón, así como la tentativa de besar a una de ellas en la boca, si bien han de haber resultado sorpresivos, incómodos y desagradables para las jovencitas afectadas, difícilmente podría haberles causado un daño efectivo. Ello no implica que tales actos sean atípicos desde el punto de vista de la ley; por el contrario, como lo han afirmado los jueces del fondo, esos hechos realzan las exigencias del delito de abuso sexual del artículo N°2 (antigua redacción) en relación a los artículos 366 y 363 N°s. 3 y 4 del Código Penal".

Según la defensa, en algunos de los casos no se habrían dado los requisitos establecidos por la ley. Pero, a la luz de denuncias, antecedentes y testimonios, la Justicia dijo otra cosa.

En la acusación más grave -el caso de la menor VPC- niega el delito de violación. Dice fueron "relaciones consentidas". Su defensa expuso:

"A partir del año 1999 comenzó una relación de afecto entre ambos, la que se fue acrecentando con el tiempo al punto que en el verano del 2001, durante unas vacaciones familiares en el Lago Icalma, tuvieron relaciones sexuales consentidas, las que se repitieron posteriormente en Santiago hasta julio de 2001, donde se puso término a esta relación".

El "Tato" en su confesión aseguró al respecto "Yo me sentía pololeando con ella". Y la propia joven (fojas 22 del proceso) se refiere así al paseo al Lago Icalma:

"Durante una semana él estuvo durmiendo conmigo, desnudos ambos, y esta situación la acepté porque en esos instantes yo pensé que el padre me gustaba y dejé que me tocara, pero no me penetró. Pero cuando se dio cuenta de que me llegó la regla, ese mismo día y por primera vez penetró su pene en mi vagina. Yo no opuse resistencia... Después volvimos a Santiago y durante una semana mantuvimos relaciones de mutuo acuerdo en su domicilio particular de Quilicura. Como él debía viajar nuevamente al sur con otra familia, me llevó con él hasta Licanray, donde volvimos a dormir juntos en una carpa y seguimos manteniendo relaciones de común acuerdo".

TPC, hermana menor de la anterior, asegura (fojas 24 de autos):

"Después que cumplí los 13 años, él me empezó a tocar mis pechos y vagina por debajo de mi ropa, además me besaba en la boca sin decirme nada". El propio inculpado ratificó lo dicho por la menor (fojas 34) reiterando que "no hubo penetración" y que las conductas de significación sexual entre ambos se verificaron 15 o 20 veces en su domicilio porque a ella "le gustaba ir a mi casa".

En cuanto a DABV el propio Aguirre alegó que la niña tenia más de 12 años (fojas 47), admitiendo: "Ella frecuentaba la capilla y en esas ocasiones le toqué los senos y la vagina en mi casa particular", y explicita más adelante "esto sucedió cuando ella tenía 12 o 13 años de edad en el año 2000 aproximadamente y fue una sola vez". La menor, por su parte, declaró: "Él siguió tocando mis pechos y mi piernas cuando yo tenía 12 años, en su casa parroquial y en su casa particular".

En el caso de RBU, José Andrés Aguirre declara:

"Reconozco, además, que el año pasado le toqué los pechos a una niña llamada R., la cual tenía 13 o 14 años". Así mismo admite que a la FUD "le toqué los pechos en el año 2000 pero solamente una vez". Al igual que a las menores PAAL y ECBU (fojas 44 y 47).

IGLESIA Y RESPONSABILIDAD CIVIL

El caso llegó a la Corte Suprema. Y la Segunda Sala - integrada por los ministros Alberto Chaigneau, Enrique Cury, Milton Juica, Nibaldo Segura y Jaime Rodríguez- confirmó la sentencia en lo penal el 5 de enero de 2005. Pero en lo civil liberó al Arzobispado de Santiago de pago monetario. Para ello se argumenta latamente, citándose artículos y textos, remontándose incluso a Andrés Bello. También, por cierto, los ministros de la Suprema hurgan en el derecho canónico y concluyen rechazando el pago de indemnización a las víctimas (50 millones de pesos), "por carecer de fundamento legal".

El fallo concluye:

"De lo establecido en los cánones 381 y 384, se deduce que la potestad de los obispos sobre los clérigos de su diócesis tiene un carácter pastoral y tiende a velar porque los presbíteros cumplan con las obligaciones propias de su estado sacerdotal. No se trata, por consiguiente - sigue el fallo- de un poder temporal que origine algún género de control sobre el comportamiento exterior de los presbíteros, orientándolos en un sentido determinado, ni tampoco de un tipo de superioridad, asimismo temporal, que permita exigir de los sacerdotes el cumplimiento de unas ciertas labores, dentro de unos horarios preasignados".

A mayor abundamiento, agrega:

- "La organización en cuestión (la Iglesia) es jerarquizada, en efecto, pero sólo en el sentido de que el obispo ejerce una superioridad pastoral y, por ende, espiritual sobre los presbíteros adscritos a su diócesis, pues ello no le confiere clase alguna de dominio temporal sobre ellos".

Insistiendo en que "la potestad del obispo es pastoral y no temporal", concluye:

- "La regla general sobre responsabilidad civil por un delito o cuasidelito que ha inferido daño a otro se encuentra en el artículo 2314 del Código Civil, con arreglo del cual, quien es obligado a la indemnización, sin perjuicio de la pena que le impongan las leyes por el delito o cuasidelito, es el que lo ha cometido. (...) La responsabilidad civil por un hecho delictuoso, igual que la penal, es de carácter personal".

Esta sentencia, que cierra el "Caso Tato" definitivamente, no es compartida por los ministros Juica y Segura, en cuanto a la no responsabilidad civil del Arzobispado. En su voto de minoría, explicitan:

- "Establecida la vinculación jerárquica entre el demandado civil - Arzobispado de Santiago- y el procesado, autor de reiterados delitos de connotación sexual cometidos precisamente dentro del abusivo ejercicio pastoral de este último, de los que aquel había tomado conocimiento frente a denuncias efectuadas por comportamiento sexual incorrecto, que motivaron el traslado del sacerdote, es evidente que se encuentra demostrada la responsabilidad civil indirecta a que se refiere el artículo 2320 del Código Civil, ya que esta responsabilidad - como lo ha expresado este tribunal- es de interpretación amplia, lo cual implica que se produce en lo que respecta a la falta de cuidado, por un descuido o falta de esmero en la vigilancia de los autores del hecho ilícito, que importa una actitud de negligencia en la fiscalización y control de quien o quienes ejercen una actividad que resulta dependiente, en este caso, la autoridad eclesiástica".

IDENTIDAD:

José Andrés Aguirre Ovalle, 47 años, nació en Santiago el 4 de febrero de 1957, segundo hijo de 9 hermanos.

Estudios primarios y secundarios: colegios San Juan Evangelista y Seminario Menor de Santiago. Presidente del centro de alumnos. Terminado cuarto medio entra al Seminario Mayor.

Trayectoria: Lo ordena sacerdote en la Parroquia Inmaculada Concepción, Vitacura, el Cardenal Raúl Silva Henríquez, el 19 de marzo de 1983. Trabaja en establecimientos educacionales: monjas Ursulinas, Villa María Academy, Colegio Bradford, Colegio Anadalién, Monjas Inglesas y otros. Trasladado por sus superiores a la Parroquia San Alberto de Sicilia, Conchalí, se destaca por su labor social y ataque al consumo de drogas. Paralelamente ejerce labor pastoral en los colegios Alianza Francesa y Sagrados Corazones de Manquehue. Tres años después, es trasladado a la Parroquia Nuestra Señora del Olivo, como vicario, a cargo de la catequesis de cuatro capillas. Crea colonias urbanas para atención de niños en riesgo social. Párroco Nuestra Señora Apoquindo. En 1998, vicario de la Parroquia de Quilicura, a cargo de capilla San Isaac, donde comete abusos sexuales contra menores. Está en prisión, condenado a 12 años.


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En cualquier instante lo irán a buscar los gendarmes para llevarlo al Juzgado donde será notificado. Su abogado intenta que el trámite se cumpla en el penal mismo, pero lo más probable es que se le vea bajando del carro celular, esposado.
En cualquier instante lo irán a buscar los gendarmes para llevarlo al Juzgado donde será notificado. Su abogado intenta que el trámite se cumpla en el penal mismo, pero lo más probable es que se le vea bajando del carro celular, esposado.
Foto:El Mercurio


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