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Domingo 24 de Agosto de 2003

Genealogía:
Cómo armar su árbol familiar

Con paciencia y algo de ayuda, puede desenterrar su pasado. Quién sabe si descubre un origen aristocrático o más de algún pariente desconocido.
CATHERINE LIZAMA

¿Alguna vez se ha preguntado quién era su tatarabuelo, su tatara-tatarabuelo o todos sus tatara-tatarancestros? Si las fotos y relatos familiares no le bastan para conocer sus orígenes y quisiera investigar, pero no sabe por dónde empezar, aquí le damos algunas pistas. Armar un árbol genealógico, es decir, las ramas de antepasados de una persona o familia, no es una tarea fácil, pero sí posible y sobre todo, interesante.

El Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas puede ser una real ayuda para reconstruir el pasado, ya que cuenta con un verdadero jardín con cientos de historias familiares documentadas. La biblioteca tiene textos como la Revista de Estudios Históricos, que recopila un sinnúmero de apellidos, desde el primer Pérez, Godoy o Torres que pisó el país, hasta sus últimos descendientes. Para eso hay funcionarios que orientan en la búsqueda de archivos sin perderse.

Patricio Legarraga, bibliotecario del Instituto, asegura que llegan muchos indagando sobre sus orígenes, aunque, explica, las coincidencias en un apellido no implican necesariamente un parentezco, por lo que se debe buscar con paciencia.

Si se atreve, puede llevarse algunas sorpresas. Quien se apellide Galdames, por ejemplo, descubrirá que puede ser descendiente de Francisco Galdames, oriundo de Bilbao, que cruzó la Cordillera de los Andes nada menos que con Diego de Almagro en 1536.

La búsqueda es gratuita, y las revistas se pueden comprar en caso de que encuentre antepasados.

Investigación privada

Si por el contrario no tiene espíritu de investigador y prefiere esperar resultados, existen opciones. El detective privado Renato Vera ofrece a través de la Agencia de Investigaciones Privadas la confección de árboles genealógicos y promete reconstruir hasta la última rama. Cuenta que hay casos en que ha logrado dar con la primera generación de una familia, y muchos han descubierto que tienen una cantidad de parientes vivos que no sabían que existían. El servicio cuesta en promedio $100 mil, pero la tarifa puede aumentar según engorde el árbol, dice. Es decir, el precio depende del nivel de ascendencia al que se quiera llegar. Afirma que gracias a este servicio, se encuentran sorpresas en el camino, como ancestros casados dos veces, hijos desconocidos u orígenes aristocráticos insospechados.

Puede ser que se entusiasme y decida buscar por su cuenta. El primer paso, según Legarraga, es recopilar información preguntando a los padres y abuelos, indagando datos de la generación más antigua posible. Además, intentar obtener documentos, como libretas de familia, certificados de nacimiento o defunción, antecedentes que se pueden conseguir en el Registro Civil.

Pero esta institución sólo fue fundada en 1885, así que la única posibilidad de averiguar sobre nacidos o fallecidos antes de eso es a través de las iglesias, encargadas en ese entonces de registrar las partidas de bautizo, matrimonios y muertes. También los cementerios pueden prestar ayuda.

El Centro de Historia Familiar posee una biblioteca de microfilms con todos los registros parroquiales de Chile desde tiempos de La Colonia hasta comienzos del 1900, más otros archivos genealógicos. Los registros de iglesias datan desde el año 1600, así es que si se quiere ir más atrás, el Archivo Nacional tiene datos notariales, testamentos y títulos de propiedades con datos de habitantes anteriores a la mencionada fecha. El sitio antepasados.cl, también entrega instrucciones prácticas sobre cómo armar su árbol genealógico.

Para quienes tengan orígenes alemanes, la biblioteca de la Liga Chileno Alemana posee información de los inmigrantes que llegaron a Chile, especialmente durante la colonización del sur en el siglo XIX.

¿Cuál es su apellido?

Para complementar el árbol familiar con sabrosas historias sobre el origen de su apellido, existen en Internet varios sitios que entregan reseñas y los escudos de armas que correspondían a cada familia.

Es así como en misapellidos.com puede enterarse de que el apelativo Cordero, por ejemplo, posee un curioso nacimiento. Es originario de Asturias, y el primero que llevó ese nombre era un noble que custodiaba una fortaleza que fue sitiada por los moros vecinos. Tras meses de combate sin resultados, los enemigos decidieron esperar hasta que a los del castillo se les acabaran los víveres y se rindieran por hambre. El caballero se enteró de esos planes y les envió los dos últimos corderos que le quedaban para demostrar que tenía provisiones para seguir resistiendo. Los moros quedaron sorprendidos, y como tenían hambre desistieron del asedio y aceptaron el festín. Desde entonces, se le llamó Cordero, igual que todos sus descendientes.

Los apelativos de Chile tienen en general un origen hispano y muchos son patronímicos, es decir, se formaron agregando los sufijos z o ez al nombre primitivo. Así, quien lo lleva, es descendiente de quien había portado el nombre original. Por ejemplo, Álvarez, hijo de Álvaro; Fernández, de Fernando; González, de Gonzalo; Hernández, de Hernando; Martínez, de Martín, etc. Por eso quienes tengan estos nombres no necesariamente son parientes.

Más información

El Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas está en el 638 2489 o en la página www.ia.cl/ichig. La Agencia de Investigaciones privadas está en www.detective.4mg.com. Otros sitios de genealogía: en www.surnames.org, www.antepasados.cl; misapellidos.cl. Centro de Historia Familiar 340 5147; Biblioteca de la Liga Chileno-Alemana 218 6583. Si es de origen extranjero, las embajadas le pueden prestar ayuda.




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