EL SÁBADO

Sábado 15 de Enero de 2000

ACOSO ELECTORAL AL CENTRO
Los más DeCeados

Son el partido de gobierno, el más grande, el que impone más liturgias y ritos al poder. Ninguno tiene tantas divisiones y subdivisiones, ninguno es tan criticado y a la vez envidiado. Su domicilio electoral, el codiciado centro, los convierte en la guinda del postre. Barridos en las primarias, ahora son la niña bonita de la elección de mañana. Son los democratacristianos, pero ¿quiénes realmente son?
Por Mirko Macari

"No, imposible", nos dijeron cuando preguntamos cómo sería esa quintaesencia decé, si es que existe algo así, por cierto. "Es que no hay una, sino varias identidades decé, tal como no hay un tipo de joven, sino muchos". Ante la cara de sorpresa, nos advierten que, efectivamente, el ejercicio sólo resulta si al menos, y con todas las licencias del caso, se distinguen tres grupos generacionales que conviven bajo el alero de la flecha roja. Así nos lanzamos a este juego.

Nuestra fuente precisa: "Los primeros, obviamente los más viejos, son algunos de los que estuvieron en las primeras horas de la Falange, que presenciaron la Marcha de la Patria Joven y vivieron como propio el gobierno de Frei Montalva y su intento de hacer la reforma social, pero manteniendo un proyecto de vida personal profundamente conservador". Esos son los patriarcas. Ahí, sin entrar a hacer cruces con eso de las "sensibilidades" (chascones, guatones, aylwinistas, freístas o colorines), se ubican los Irureta, don Narciso, el mismo Aylwin, don Pato, Renán Fuentealba padre, y Jaime Castillo Velasco, el "maestro", entre otros.

Para dibujarlos a grandes trazos nada mejor que la pluma privilegiada del periodista Eugenio Lira Massi. En 1968, este escribía: "Es realmente complicado hablar de los democratacristianos. Debe haber uno cerca de su casa. Obsérvelo y llegará a la misma conclusión mía: no tienen gusto a nada. Son como empleados de tienda. Da la impresión de que todos hacen imposiciones en la Caja de Empleados Particulares. Ya he descubierto algo: no tienen cara de patrón. Van a misa todos los domingos y fiestas de guardar. Comulgan y se confiesan regularmente (no sé si confesarán todo). Escuchan cuentos cochinos y los celebran, pero no los pueden contar aunque les gustaría porque carecen de gracia. Cuando chicos es fijo que todos han sido boys scout y han juntado estampillas. Mientras sus compañeros coleccionaban estampitas con niñas desnudas que venían en los cigarrillos, ellos hacían herbarios... Son ejemplares padres de familia. Minuto libre que tienen lo dedican a jugar fútbol con sus hijos. ¿Se da cuenta de que es difícil definirlos en una sola palabra? Tendría que decir cartulinos y no quiero".

En este lote están marcados los grandes ideales de la política. Traen en los genes eso de la austeridad, de que se puede ser rico pero jamás parecerlo. ¿Un Mercedes o un BMW?, primero muertos. Esa es una regla no escrita que han convertido en impronta partidaria, un elemento de lo que en la decé denominan la liturgia: "Sería raro encontrar un democratacristiano con celular de palo o poniendo en su auto una calcomanía de un colegio donde no tiene a sus hijos".

Estos viejos estandartes se sienten raros en el mundo del consumo. De ahí los dardos de don Pato contra la cultura del mall y aquello de que "el mercado es cruel". ¿Su leitmotiv?, el servicio público. Algunos los pelan diciendo que todavía tienen algo del viejo Partido Conservador. No tienen empleadas, sino "señoras que cooperan con el trabajo de la casa".

"Tampoco son muy amigos de hacer la política en el hogar", dicen. Para eso prefieren buenos restaurantes, amplios, como la Mansión de la Novia, por ejemplo. O simplemente los hoteles del centro. Nada muy lejos de Alameda 1460.

Sus mujeres son las señoras de; la cosa pública es un asunto privativo de ellos. Algunas no tuvieron la necesidad ni la inquietud de ir a la universidad, pero, casi como institución, han sacado su cartón de orientadora familiar del Instituto Carlos Casanueva. Ejemplos: la propia doña Leonor o la mismísima Martita, quien pese a ser de otro costal, generacionalmente hablando, también lo tiene. Por cierto, Soledad Alvear es otra cosa.

El "blue set"

"El segundo grupo continúa nuestro informante es el que sale a pelear contra la Unidad Popular en los setenta a la calle y forma la Code con la derecha". Algunos rostros emblemáticos de esa generación son Miguel Salazar; Juan Claudio Godoy, alcalde de San Miguel; Gonzalo Duarte, alcalde de La Florida, o el propio Gutenberg Martínez, actual timonel del partido. También los diputados Aldo Cornejo y Lucho Pareto. Hablando del electorado que cae en esa categoría nos cuentan: "Esta es una clientela con menos conciencia política, en el sentido de ser más pragmáticos. Para ellos se es bueno o malo si se hacen las cosas bien o mal y no tanto en orden a los ideales políticos".

La mayoría de esos dirigentes se identifica con el sector "guatón". Tal mote se lo ganaron quienes planteaban una postura más moderada respecto al tipo de oposición que había que hacerle al gobierno militar. Era 1977 y los partidos estaban proscritos. El nombre les cayó por las excedidas cinturas de algunos conspicuos del sector, dicen, como Enrique Krauss o el mismo Martínez, quien luego se sometió a la dieta Scarsdale. La división de las aguas originó que los más puntudos, el ala izquierda, fuera bautizada como "los chascones", aludiendo al pelo al viento como ícono de rebeldía y rupturismo. Entre estos estaban el insigne Belisario Velasco, el ahora refinado Mariano Fernández amante de las obras de arte, y el actual subsecretario de Gobierno, Claudio Huepe. Incluso algunos cuentan que este, quien llegó a ser jefe de la "máquina" chascona, exhibe orgulloso en su oficina de La Moneda una copia de la llamada "Declaración de los trece", el documento que igual número de decés firmaron en septiembre de 1973, condenando el golpe.

Nos precisan: "Los que no caen dentro del falangismo y que vivieron el 73, es gallá con traumas, con terror al conflicto: Adolfo (Zaldívar), Rafael Moreno, René Cortázar, también Foxley. Equivocadamente creen que la fórmula está en tratar de administrar el país con la menor cantidad de conflictos, no dándose cuenta de que muchas veces enfrentarlos nos hacía bien".

Si hay algo típicamente decé es el pluriclasismo. A la vez, eso convierte al partido en un Chile en chico, lo que le da llegada en todos los sectores. Ahí están una María Rozas, ex dirigente de la CUT, que vive en Lo Prado, y un Felipe Zaldívar hermano de Andrés y Adolfo, quien dirige las empresas pesqueras del grupo Angelini. También tienen al único diputado de origen mapuche: Francisco Huenchumilla.

¿Qué pasa con la masa?

"La militancia es básicamente femenina, con presencia en juntas de vecinos, clubes de adulto mayor. Es una red solidaria, es la viejita que durante la dictadura le convidaba a la vecina un poco de comida, como también la profesional que prestaba atención gratuita en las poblaciones". Aunque la decé es fuerte en la clase media, el grueso de la dirigencia vive en el barrio alto; en Ñuñoa, La Reina, Peñalolén, los más púdicos. En Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea, algunos más pijes. A la hora de veranear, muchos eligen Cachagua, donde los estruja la prensa, como a Nacho Walker y Cecilia Echenique, habituales del papel couché y conspicuos nombres del blue set. "Los más osados van a Zapallar aunque los pelen, como Villarzú y Ravinet, quien además se deja ver en Pucón. O el Gute con la Chol, que juegan a proleta yéndose a Maitencillo".

Si de autos se trata, los Peugeot 505, con tres corridas de asiento, marcaron época en los ochenta. Ahora son las Legacy. La tónica es el espacio, donde quepa la númerosa prole, que es otra cosa bien típica de los decés. A la hora de los colegios, Saint George y San Benito son de los preferidos, y el San Ignacio, un clásico.

En este último, los chicos pasan por las Comunidades de Vida Cristiana y se relacionan con gente de escasos recursos, que tienen ahí una matrícula diferencial: "Allí se aprende la no exclusión y el trato igualitario con personas distintas", nos cuenta uno que pasó por la experiencia. En diarios ni hablar, lectura obligatoria es El Mercurio y en especial "El Sábado" (sobre todo esta edición).

Y seguimos con el tema de la dirigencia: "No toda viene de familias con alcurnia, pero sí son gente muy de su casa, de clase media alta. Por supuesto, católica". Este ser católico también es muy chileno. La mayoría dice serlo y se identifica con la iglesia, pero queda terriblemente complicada con los llamados temas valóricos. Lo decía Elizabeth Subercaseaux en su libro Las diez cosas que una mujer en Chile no debe hacer jamás, donde en primerísimo lugar recomendaba no tener un amante democratacristiano: "Este hombre jamás se va a separar de su mujer, aunque el matrimonio esté roto desde veinte años antes, aunque ni ella lo quiera a él ni él la quiera a ella, aunque esté verdaderamente enamorado de otra. No se va a separar nunca...Todo esto influye en su calidad amatoria, porque, claro, el democratacristiano no está nada de relajado. Cómo podría estarlo, se encuentra rodeado de peligros serios, peligra su matrimonio, peligra su pega, peligra su carrera política, peligra su imagen pública, los amigos van a dejarlo solo en este asunto, sin duda, y él lo sabe; nadie va a apoyarlo, los suegros no van a estar de su lado, su madre, su padre y su hermano tampoco, ni siquiera su perro".

Así y todo, hay algunos camaradas que dieron el paso de la nulidad y se atrevieron a la mentirilla piadosa sobre la incompetencia del oficial del Registro Civil: Juan Carlos Latorre, ahora subsecretario de Obras Públicas, quien está casado en segundas nupcias. También los senadores Juan Hamilton y Adolfo Zaldívar, cuya separación de la actriz Ana María Palma, hermana de los diputados, trajo incluso fricciones político-familiares.

En la decé también es usual esto de los matrimonio entre ellos: María Gracia Valdés tuvo por primer marido a Esteban Tomic. Blas Tomic se casó con Paula Molina. Juan Gabriel Valdés (quien en rigor es socialista, pero es como si fuera decé) lo hizo con Antonia Echenique. Los apellidos que siempre se repiten, como parte de las "familias reales" del partido, son otra cosa típica. Y aunque nunca nadie ha hecho mayor cuestión de las aristocracias, en la base no han gustado algunos episodios: "En el comando de Lagos está don Pato, bien. Pero la hija, el yerno y el sobrino es como mucho. Parecía mesa de cumpleaños. Ha habido descuido de ellos y de los Frei", nos dicen amparándose en un riguroso off the record.

Hay otras cosas que tampoco gustan en el partido. Y cuando hablamos del partido lo hacemos de una red social, de una estructura territorial repartida por todo Chile, que cuando se echa a andar es conocida como "la máquina". Sólo unos pocos tienen sus llaves: Adolfo (el Colorín), nombre que se repite. El Gute, ídem.

Desde allí arrecian críticas a algunos personeros del gobierno, conocidos como los Frei Boys. Muchos son jóvenes y todos técnicos. Los acusan de gobernar de espaldas a las liturgias partidarias: "Yo creo que el guatón Sergio Henríquez (ministro de la Vivienda) no conoce ni la sede del partido. Tampoco Claudio Hohmann, ni Aninat", confidencia uno de los aceitadores de "la máquina". Hay otros más a los que están esperando para pasarles la cuenta cuando dejen el gobierno: Pickering, a quien le dicen Pijering; el director de presupuesto, Joaquín Vial, y Cristián Tolosa, asesor de Frei. "Muchos han sido insensibles. Los alcaldes han suplicado alargar los planes de desempleo. Han llegado a golpear puertas y les han dado en la cara", dicen con molestia.

Otros se quejan del presidente por haber gobernado con los mismos que estuvieron en La Moneda con su padre. De hecho se dice que los que se repitieron el plato en estos años forman un grupete, pequeño pero de nombre decidor: La Cosa Nostra. Cuando se mueven no es para jugar a las bolitas. Enrique Krauss, Patricio Rojas, Andrés Zaldívar y Raúl Troncoso serían de ese lote. "Ellos dicen que no, pero yo creo que sí", confidencia uno de esos que saben lo que dicen, sólo que públicamente no lo cuentan ni en broma.

Barricadas con Firestone

La tercera generación es la que tiene más conciencia de grupo. De hecho están articulados como tal. Son la G-80 (la G es de generación). Nacen a la política haciendo frente al gobierno militar. Su primera experiencia vital es caer preso, estar en la clandestinidad, andar en la calle mano a mano con la izquierda. Tienen una formación política intensa pero comprimida. Para ellos "lo urgente siempre postergó lo importante". ¿Nombres? Felipe Sandoval, Germán Quintana, dirigentes de la Universidad de Chile. Sergio Micco, Eduardo Saffirio, de la de Concepción. Patricio Zapata, José Tomás Jocelyn-Holt, Claudio Orrego, de la Católica. Estos últimos también estuvieron en la barricada, aunque las hayan hecho con neumáticos Firestone.

Y de las privadas también hay: Pato Walker, el diputado, y Jorge Navarrete hijo, entre otros. Esta historia les dejó claras sus definiciones: "Crecieron con mucha virulencia en contra de la derecha y no van a estar nunca disponibles para votar por Lavín. Si tú los apretái (sic) entre la Gladys y Lavín, votan por la Gladys". Como jóvenes son muy autocríticos del partido, de "la máquina" y del poder por el poder.

No pueden existir sin Internet y se mueren sin e-mail. Tienen siempre lo último en computación. Si en los ochenta alucinaron con Blade runner, ahora no se perdieron Matrix. Se aglutinan en Huechuraba y El Salto, hasta se dieron el lujo de enumerarse. Son 36 jóvenes profesionales decé que trabajan en el gobierno: Alejandro Ferreiro, Eugenio Ortega, Andrés Wallis, Javier Vergara, Eugenio Ravinet, Pancho Frei chico, entre otros. Los menos se quedaron en el sector oriente. La mayoría está casado todos por la iglesia, y hasta algunos separados, "pero sin prejuicios como los viejos", aclaran. A pocos les falta tener un cartón en el extranjero. Harvard, Georgetown y la Complutense de Madrid son sus destinos más usuales.

A la hora de salir, sus lugares preferidos tienen el sabor de la nostalgia: La Terraza y Las Lanzas, en la plaza Ñuñoa; el Rincón de los Canallas, en San Diego; el Liguria de Manuel Montt. De Suecia ni hablar, ahí les sale todo lo decé: "Eso es muy new rich, muy de medio pelo arribista".Tampoco nada de camisas blancas "para no verse como viejos", pero sí mucho celeste y mucho cuadrillé. Por ningún motivo conjunto de un color en distintos tonos: "Eso lo hicieron los PS-PPD hasta que apareció Bam-Bam Zamorano vestido así y se lo copiaron los oficinistas y cajeros de banco". Tienen sus ponchos de lana escondidos y los Hush Puppies "piteros" pasaron a la categoría de reliquias dentro del clóset. La chaqueta de cotelé de dirigente universitario, con parches en los codos, obviamente, está guardada intacta y vale lo mismo que la vida.

Musicalmente hablando, ninguno abandonó a Silvio Rodríguez: "Cuando saca un disco nuevo, parten corriendo a comprarlo". También tienen fidelidad con Inti-Illimani y Santiago del Nuevo Extremo. En inglés, tienen todo U2 y todo Police. Algo que aborrecen es el tecno. "Son clásicos. Les gusta cualquier grupo con guitarrista, baterista, bajista y vocalista". Para ellos, la música es un lenguaje tan común como la política (Germán Quintana, ministro de Mideplan, tiene cerca de dos mil quinientos discos compactos).

Para decorar la casa usan mucho Falabella, sobre todo cuando vienen las ondas orientales. En general, el asunto es madera, "lo artesa", sobriedad cara. Su relación con el sexo opuesto marca la diferencia: "Tu haces política con mujeres de la misma forma que te tomas un trago o te ríes con ellas. La política no está fuera de tu casa como en la otra generación. La mayoría conoció a sus mujeres en la política. Muchas de ellas en la universidad militaban en la izquierda. En la G-80, para las primarias, todas las señoras votaron por Lagos y nosotros por Zaldívar. Además, hay una cuestión ética: para ser un buen político tienes que ser buen marido, buen amigo, buen deportista. No puedes ser bueno si eres un profesional penca. Ya nadie llega a las dos de la mañana a la casa, porque además la señora no te aguanta".

Literalmente, en ellos la Concertación se ha hecho carne. Por eso, si Lagos gana tienen la película clara: "En esta generación, hay gente dispuesta a comer tierra por él. Es parte de nuestro compromiso, de nuestra lealtad, de que estuvieron diez años con nosotros". Y si no, tal como el resto del partido, capearán el temporal porque saben que tener el poder desgasta, pero no tenerlo desgasta más. Lo expresa así un avezado dirigente: "La decé es como el Colo Colo. Cuando le va mal al equipo, los socios queman el carnet y dicen que no van más al estadio, pero cuando gana y golea faltan fichas para inscribir socios".

Mañana, ¿brillará el sol?


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Jaime Castillo
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