EDITORIAL

Sábado 3 de Enero de 2009

Chile, ¿país de credenciales?

"...modalidades menores de corrupción, como "sacarse un parte", saltarse una fila, no pagar el IVA, certificados falsos de enfermedad y otras similares, si no se detienen a tiempo, conducen a modalidades de corrupción más graves y dañinas...".

LUIS BATES
Abogado Profesor de Derecho

Episodios recientes y otros no lejanos en los que se enfrentan algunos parlamentarios con Carabineros de Chile se insertan en el tema más amplio de la aplicación de las leyes -en estos casos, las del tránsito- a personas que de modo más o menos sutil invocan credenciales o relaciones de poder para evitar ser sancionadas. Son reacciones de común ocurrencia que se afincan en un rasgo sociocultural muy arraigado en la sociedad chilena: el tráfico de influencias para eludir la aplicación de las leyes u obtener privilegios.

Al proceder de ese modo, los parlamentarios de marras reproducen las conductas de sectores ciudadanos que representan, profundizan ese negativo rasgo sociocultural y obstruyen los principios en que se apoya el recto ejercicio de la función de Carabineros de Chile tales como el de imparcialidad, eficiencia, probidad, neutralidad política, responsabilidad y transparencia, entre otros. Formas recurrentes y más graves sobre la falta de respeto a la policía uniformada en Chile son impensables en otras culturas y países en contraposición con la probidad y el alto grado de profesionalismo con que estos servidores públicos desempeñan sus funciones, motivo de orgullo patrio. Por ello, todos deberíamos contribuir al mejor desempeño de sus complejas funciones, y no dificultarlas.

El mal uso de credenciales o el tráfico de influencias derivadas de cualquier forma de poder se asocia al fenómeno de la corrupción en su componente cultural, porque las faltas a la probidad son más probables entre aquellos que son menos sancionables. Por otra parte, modalidades menores de corrupción, como "sacarse un parte", saltarse una fila, no pagar el IVA, certificados falsos de enfermedad y otras similares, si no se detienen a tiempo, conducen a modalidades de corrupción más graves y dañinas para el país.

Sin olvidar que la esencia de este fenómeno es la prevalencia del interés particular sobre el colectivo o bien común con infracción de reglas que en una auténtica democracia deben ser respetadas por todos -gobernantes y gobernados-, cualesquiera que sean sus títulos, rangos o credenciales, con mayor razón deben cumplirlas quienes elaboran las leyes, porque de lo contrario sus conductas agregan daño social por el mal ejemplo público que irradian a la comunidad.

El no aplicar las leyes oportuna y efectivamente deslegitima el sistema democrático de gobierno y fomenta la cultura de la irresponsabilidad, de la impunidad y del oportunismo. En suma, es un impedimento al desarrollo del país y a la modernización de las instituciones.

Por esto, aplicar las leyes a personas con poder político, social, económico, o una combinación de los mismos, es uno de los desafíos de toda democracia madura. En este sentido, el legislador ha hecho bien en regular el tráfico de influencias como faltas a la probidad pública y, últimamente, como delitos.

Desde otro punto de vista, sería dañino para el país que el uso indebido de credenciales autoinhibiera a Carabineros en el cumplimiento de su importante función de aplicar la ley; y para evitar incluso la apariencia de tráficos de influencia, el Alto Mando de Carabineros debería regular mejor los mecanismos de reclamos ciudadanos. Frente al último episodio conocido que involucró a un senador de la República, es del más alto interés que el juez de Policía Local de Curacaví explique públicamente las razones que lo llevaron a rebajar significativamente la multa aplicada, acorde con los principios de razonabilidad, transparencia y publicidad de las decisiones jurisdiccionales.

Por último, los episodios comentados validan la reflexión que formulara Oscar Wilde en una de sus obras sobre el doble estándar con que suele apreciarse el fenómeno de la corrupción: me interesa la corrupción de los demás, porque la mía carece de novedad.


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