VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 20 de Mayo de 2000


El temple de bach

Con el gesto directo del cincel sobre la piedra, el escultor Lorenzo Domínguez Villar (1901-1963) representó el carácter y la sensibilidad del músico Juan Sebastián Bach, en esta obra que se encuentra en el Parque Forestal.
El busto fue inaugurado el 10 de octubre de 1948 por la Sociedad de Amigos del Arte, y en él aparece toda la carga expresiva y musical del homenajeado, gracias a la textura que el escultor le otorgó a la piedra.

Esta voluntad formal caracterizó a Lorenzo Domínguez desde sus inicios en el oficio. De hecho, empezó sus estudios de medicina en España y muy pronto los abandonó. Posteriormente entró a la Academia de San Fernando, donde tuvo gran influencia el escultor madrileño Juan Cristóbal, quien lo inició en la técnica de la talla directa. Será a través de esta estrategia del volumen que el artista podrá expresar su espontaneidad temperamental y estética.

Con este sistema, la investigación sobre los materiales y una gran variedad de cinceles, en 1948 el artista fue modelando directamente el rostro del músico alemán, evitando el exceso de análisis y detalles anecdóticos de la forma. Proyectó escasamente sus obras y más bien se enfrentó al volumen de un modo que privilegiaba lo espontáneo y natural de la expresión, respetando la propiedad y característica de los materiales, aspecto que él mismo se encargó de enseñar como profesor de cátedra en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, entre 1931 y 1939, y algunas de estas ideas quedaron registradas: "Cada piedra tiene su propia composición, su grado de dureza, sus vetas, sus manchas, lo que exige el empleo de tantos tipos de herramientas de diferente temple. El mismo pulimento depende de los caracteres intrínsecos de las piedras. Muchas no alcanzan su máxima expresión por defecto o por exceso de pulido. Y lo que digo de las piedras, puede decirse de las maderas, de los granitos y de los mármoles americanos" (Víctor Carvacho. Historia de la Escultura en Chile, editorial Andrés Bello).

La textura, ritmo, sutileza y gravedad que testimonia la piedra dan la sensación de que el escultor se hubiera puesto a trabajar sobre este granito tras haber escuchado la suite número 1 y 2 para Cello de Juan Sebastián Bach (1685/1750). En la piedra se revela el modelado directo que fue realizando, sin caer en vacilaciones de proyectos ni bocetos, ni menos en las anécdotas de los detalles y la superficialidad de la imitación o la copia. Su apego a las formas orgánicas y vivas orientó su trabajo por la vía de la libertad expresiva, evitando la reproducción mecánica y servil, que tiende a atenuar toda posibilidad de expresión interior.

Desde esta sensibilidad, Lorenzo Domínguez encontró lo sublime y abismal del músico. Las formas intensas y decoradas de las cantatas y fugas de Bach permitieron la recreación del contorno de la cabeza del compositor alemán. Estas innumerables texturas, pasajes, sutilezas y asperezas despliegan un barroquismo que sólo se logra congelar en las facciones del rostro. El músico emerge como un mascarón de proa y se abre paso desde la síntesis y geometría que describe su nariz, boca endurecida, ojos entrecerrados y ceño fruncido. Como si en medio del ruido y el disgusto por el caos intentara detener y dominar la sucesión de los sonidos de la música religiosa, de los corales, de las misas, de las cantatas y las fugas.

Por Ramón Castillo,licenciado en arte
Fotografías, Carlas Pinilla


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El ceño fruncido, el rictus endurecido de la boca y los ojos entrecerrados sugieren un instante de máxima atención o tensión de músico.
El ceño fruncido, el rictus endurecido de la boca y los ojos entrecerrados sugieren un instante de máxima atención o tensión de músico.
Foto:Carla Pinilla


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