DEPORTES

Lunes 2 de Septiembre de 2002


Los hombres del sindicalismo

La historia del fútbol chileno ha estado marcada por varios jugadores que intentaron modificar los sistemas. Cuatro períodos caracterizados por las huelgas y los movimientos de fuerza que terminaron de distinta manera, aunque siempre signados por el liderazgo de un futbolista.
CAUPOLICÁN PEÑA: 1960

La unión hace la fuerza

El 10 de febrero de 1960 una disputa verbal entre Antonio Labán y Caupolicán Peña detiene el entrenamiento de Colo Colo. Un acto grave, pues el presidente del club obliga al entrenador Flavio Costa a poner en receso al equipo, provoca cambios: nace la Unión de Futbolistas Profesionales y se inicia la huelga más importante del fútbol chileno.

Peña ya había probado sus dotes de negociador y tipo combativo en 1957, cuando los reclamos por el régimen de la bolsa de jugadores y las leoninas condiciones en que los sueldos de los jugadores eran fijados por la autoridad lo enfrentaron con la directiva de la Asociación Central de Fútbol (ACF), que aprovechando actos de indisciplina de la selección que se presentaba en el Sudamericano aplicó sanciones incluso a perpetuidad para los líderes del movimiento, sofocando de raíz todo asomo de rebelión sindical.

La organización de los jugadores era muy precaria y cualquier intento terminaba por el temor de los deportistas hacia las represalias de los clubes. La llegada de Eugenio Velasco a la presidencia de la ACF produjo cambios trascendentales en la organización de las instituciones y en las normas generales. Además permitió que los movimientos tendientes al paro se congelaran por años.

Cuando en 1960 la ACF decidió bajar el sueldo tope de los jugadores de cuatro a tres sueldos vitales y extendió a tres años la duración mínima de los contratos, la indignación de los futbolistas alcanzó el límite. Sobre todo por la iniciativa de Juan Goñi que determinaba que al término de los contratos las partes quedarían en libertad de acción; el club podía recontratar al jugador por tres años aumentando en un 60 por ciento los montos. Si el jugador no aceptaba, podía irse a otro club y si no había interesados, estaría obligado a renovar o se quedaba sin jugar por dos años.

Aunque la huelga dura apenas unas horas, alcanzando a comprometer la gira que iniciaba la selección a Europa para prepararse para el Mundial de 1962, la flexibilidad de Goñi permite superar el conflicto. Tras la negociación, los jugadores ganan un meses de vacaciones, un porcentaje del 40 por ciento en el monto de las transferencias y, lo que es más importante, la libertad de acción y la medida de que aquellos futbolistas que vayan a la Bolsa de Jugadores quedarán con el pase en su poder al cabo de dos años.

Al final de la reunión Peña, René Meléndez, Sergio Goity, Armando Tobar y Sergio Navarro festejan un triunfo total, aunque a la prensa y a un sector de los dirigentes las medidas de fuerzas les parecieran excesivas. El camino es el diálogo. No son necesarias las huelgas, editorializó la revista Estadio, aún reconociendo que los avances obtenidos permitían minimizar la situación de esclavitud de los jugadores.

HUGO LEPE Y MARIO MORENO: 1968

Luchas y traiciones

Dos horas y veinte minutos duró la reunión secreta en el Club México. La noche del 8 de febrero de 1968, el Sindicato ­presidido por Hugo Lepe y Mario Moreno­ llegó al convencimiento de que no había otro camino más que la huelga. Los futbolistas se oponían tenazmente al nuevo sistema de contrataciones impulsado por la directiva de la Asociación Central de Fútbol (ACF).

El rechazo del Régimen Permanente (así se llamaba la nueva fórmula propuesta) tenía plazo: a más tardar el 20 de febrero debía ser derogado, y se establecía la absoluta prohibición para los jugadores profesionales de firmar los nuevos contratos. El 5 de marzo, sin embargo, Lepe y Moreno amenazaron con presentar sus renuncias al constatar que casi el 70 por ciento de los jugadores habían firmado los contratos por dos años, tras los cuales, si no había acuerdo, se renovaban unilateralmente por otras dos temporadas.

Ernesto Alvear, el secretario de la Asociación, defendió el proyecto señalando que hay que buscar caminos para una mejor organización y elevar la productividad de los clubes. Además, hay que limitar los gastos de las instituciones que invierten más de lo que producen.

Finalmente, el 7 de marzo se decretó la huelga, exigiendo además que todas las deudas impagas sean canceladas. Había un solo problema: Universidad Católica se encontraba jugando semifinales de Copa Libertadores y debía enfrentar al Guaraní de Paraguay en Santiago. El Sindicato no dio el pase a los cruzados. Mientras la deuda de Colo Colo se empinaba a los 2 millones 100 mil escudos y era considerada impagable por los recién designados interventores del club, el timonel de la ACF, Antonio Labán, bregaba en varios frentes tratando de evitar que la crisis tomara carácter terminal.

El 9 de marzo, tras una tensa reunión realizada a las 17 horas en el camarín de Universidad Católica en el estadio Independencia y con presencia de Fernando Riera, el entrenador, representantes de la ACF, varios abogados y los dirigentes Lepe y Moreno, el Sindicato acordó levantar por ocho días el paro, en espera de la redacción de un nuevo sistema de contratación. Si este no satisfacía a los jugadores, el movimiento se reanudaría, pero en el intertanto, los cruzados podrían jugar.

Finalmente, los acuerdos llegaron. Los contratos a dos años serían reajustados de acuerdo a lo que en aquella época se llamaba el alza del costo de la vida. Y la renovación obligatoria sería tan sólo por un año. El primer contrato profesional debería firmarse obligatoriamente a los 20 años de edad.

La negociación fue considerada una victoria del Sindicato, aunque los problemas continuaron, básicamente por el nuevo sistema de campeonato ideado por los dirigentes, que dividió el certamen en Metropolitano y Provincial. Una fórmula que fracasó en lo económico y también lo deportivo, obligando a modificarla un par de años después.

La lucha, sin embargo, significó quiebres importantes, siendo el principal damnificado Mario Moreno, quien virtualmente fue proscrito por los dirigentes.

CARLOS RAMOS: 1997

La televisión ataca

Eran tiempos de bonanza aquellos. La selección arrastraba multitudes al estadio para seguir su camino hacia el Mundial de Francia, aunque los presidentes se quejaban que el campeonato estaba algo abandonado. Había dineros para repartir a montón, se hacían grandes inversiones y los sueldos de los jugadores estaban por las nubes.

Sin embargo en la asamblea convocada por el presidente del Sindicato, Carlos Ramos, soplaban vientos de guerra. Un acuerdo colectivo del Sifup ­al que se agregarían luego las aspiraciones del Colegio Técnico­ sumaba 40 peticiones a la dirigencia de Ricardo Abumohor, bajo el nombre de Acuerdo colectivo.

El apoyo al paro, inicialmente, fue total. Y uno de los puntos centrales fue el de la televisión, que se aprontaba a renovar sus millonarios contratos por los derechos. Los jugadores querían un porcentaje de esos dineros, ya que estaban en juego sus derechos de imagen, una lucha en la que Colo Colo había sido pionero. De hecho, varios clubes apoyaron a los jugadores y no tuvieron problemas en presentarse con juveniles para no perder los 15 puntos que establecía el reglamento.

El paro se materializó en la sexta fecha del Torneo de Clausura, pero el apoyo no fue unánime. Mientras el presidente de Arica, Iván Paredes, extendió los finiquitos para los 32 jugadores del plantel, en Puerto Montt los dirigentes y el director técnico Jorge Garcés alinearon un equipo profesional para enfrentar a Unión Española, en un pleito donde se jugaban puntos claves para salvarse del descenso. Marcelo Salas envió su apoyo desde River Plate y Nelson Acosta lamentó que la detención perjudicara a los jugadores en su proceso de preparación, aunque jamás estuvo en duda que los partidos de la Roja se jugarían.

El paro se alzó recién el 27 de septiembre, cuando se jugó la séptima fecha, ya con todos los titulares. La mesa de negociación acogió algunos puntos, aunque los ingresos de televisión siguieron llegando íntegramente a las arcas de los clubes. Los entrenadores, en todo caso, quedaron contentos, pues la Unidad Técnica Nacional ya casi era una realidad concreta, aunque tardaría mucho en materializarse.

Lo peor es que cuando se hizo, les resultó mal. Y todo quedó en el olvido.

CARLOS SOTO: 1999- 2000

La tercera es la vencida

A la sede del Sifup llegaba raudo Jorge Vergara ­acompañado de Marcelo Barticciotto y José Luis Sierra­ para hacer lobby, según declaraba escuetamente en la puerta. El propósito del asesor externo de Colo Colo era convencer a Carlos Soto, el presidente del Sifup, para que alzara la huelga que impediría que se iniciara el torneo en la fecha programada, el 8 de abril de 2000.

Los esfuerzos fueron vanos, porque el motivo del movimiento era más que claro: saldar las deudas de Iquique con sus jugadores, que se elevaban a 134 millones de pesos. Con el club en la bancarrota, descabezado y sin apoyo, la directiva de la ANFP - por entonces encabezada interinamente por Miguel Bauzá- instruyó a los árbitros para presentarse en los estadios a fiscalizar la normal realización de la fecha, pero finalmente se prefirió suspender los encuentros debido al apoyo unánime del movimiento.

Tras comprometer recursos de Digeder y de las autoridades de la ciudad, más el aval de la ANFP y el generoso aporte del empresario Pablo Tallarico, el paro se levantó a la semana siguiente, con el compromiso de que los sueldos de esa temporada se cancelarían en los plazos estipulados. Y una comisión, encabezada por el doctor René Orozco, comprometería todos sus esfuerzos para buscar las soluciones definitivas para la actividad. Con firmeza, el galeno declaró que comenzarían a trabajar de inmediato, pero los acuerdos nunca llegaron a concretarse.

El apoyo al movimiento fue total, incluido el del Colegio de Entrenadores. Una situación diferente a la vivida por el propio Carlos Soto en septiembre de 1999, en su primera convocatoria a paro. Allí el sindicalista y su directiva pretendían cambiar los sistemas de vinculación con los dirigentes del fútbol chileno, exigiendo ser recibidos por el directorio de la Federación de Fútbol de Chile. Con la asesoría del mismo Jorge Vergara, la intención era comunicarse con el organismo directamente vinculado a la FIFA.

La respuesta a las peticiones fueron asumidas por Miguel Bauzá y Osvaldo Band, quienes rechazaron el pedido, pese a que la Federación finalmente sesionó, con los delegados de la ANFA - más proclives a las posturas del Sindicato- incluidos. La huelga no se materializó, pese a que los jugadores amenazaron con una inusual protesta: permanecerían sentados en la cancha los diez primeros minutos de todos los partidos. Iván Guerrero, preocupado por la situación, convocó a los jueces para tomar medidas (se creía que la más adecuada era suspender el partido), pero aquello no fue necesario debido a que tras reunirse con los dirigentes y adoptar diversos acuerdos, el movimiento llegó a su fin.




Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
MARIO MORENO terminó vetado por los dirigentes.
MARIO MORENO terminó vetado por los dirigentes.
Foto:Héctor Aravena


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales