REPORTAJES

Domingo 31 de Octubre de 1999

La Otra Cara de las Uvas. Nunca Fueron Envenenadas

Emergen dos estrategias en pugna. Una, la tradicional del gobierno y empresarios, que aún intenta hacer reconocer al gobierno de EE.UU. que las uvas fueron envenenadas en ese país. La otra, más audaz, apoyada por la U. de Chile, se basa en que el famoso envenenamiento nunca existió, con lo cual la defensa debería ir por otro camino.
Por MAURICIO CARVALLO

EN este problema también se reclama la pérdida de la soberanía nacional. Y se recuerda que el Presidente Frei se comprometió a solucionarlo antes del fin de su mandato.

Quedan pocos meses, y al igual como desde hace 10 años, Estados Unidos no soluciona el caso de las uvas envenenadas, en el cual Chile, en las postrimerías del gobierno de Pinochet, perdió 330 millones de dólares y sufrió descrédito como exportador frutícola.

El embajador estadounidense, John O'Leary, intentó dar la última palada al recordar que el caso ya fue fallado. Efectivamente, la Corte de Apelaciones de Filadelfia y después la Corte Suprema rechazaron el enjuiciamiento al gobierno de EE.UU.

A pesar de eso, del tiempo transcurrido y del cambio de labores de quienes estuvieron a cargo de solucionar el problema, en los últimos días se ha conocido la existencia de dos estrategias en pugna.

Una, la que desarrollan los empresarios frutícolas y el gobierno chileno, que todavía espera sacar un beneficio económico sobre la base de que las uvas fueron envenenadas en EE.UU.

La otra, al parecer sin uso y apoyada por la U. de Chile, la encabezan quienes realizaron estudios técnicos químicos sobre la base de los análisis que permitieron a la Dirección de Alimentos y Medicinas (FDA) rechazar las uvas chilenas.Planteando una posición más audaz, estiman que aún es posible cambiar de caballo y entrar a la batalla demandando a la FDA por graves faltas a la rigurosidad técnica.

Siguiendo la primera estrategia, los empresarios frutícolas entregaron recientemente a la Cancillería una propuesta final - como para salvar el honor- que ya el subsecretario Mariano Fernández entregó en Washington para estudio del Departamento de Estado.

Tras el fracaso de las gestiones de los privados ante la justicia estadounidense, el gobierno es el único que puede negociar. Por eso Fernández reclamó que la noticia trascendiera, ya que podría ser un estorbo, además de alentar desmedidamente una solución, siendo evidente que las relaciones con EE.UU. no giran alrededor de este problema.

Pero también es cierto que los empresarios ya no exigen recuperar las pérdidas causadas por el decomiso y destrucción de 300 mil cajas de uva en el puerto de Filadelfia y a la lesiva alerta dada a la Unión Europea, Canadá y Japón.

Se contentan con compensaciones indirectas.

Es decir, con el reconocimiento público de que los sectores frutícola y exportador no tuvieron responsabilidad en el supuesto envenenamiento; con que el gobierno de EE.UU. devuelva los ocho millones de dólares gastados en la vía judicial, con una mayor colaboración entre los organismos fitosanitarios de ambos países, como la no exigencia de eliminación de costosas plagas.

A pesar de estos 10 años, aún esperan que los norteamericanos cedan algo, porque cuando Bill Clinton estuvo en Chile en 1998 también se comprometió a ayudarles.

El lado B

Los partidarios de la otra fórmula no empleada preguntan si Chile aplicó en estos 10 años la estrategia correcta.

Porque si jugó bien todas sus cartas en las cortes norteamericanas o en su directa negociación con ese gobierno, ¿por qué entonces no se escucharon sus argumentos de mayor peso?

Es la pregunta que hace Hugo Zunino, actualmente prorrector de la Universidad de Chile, y ex decano de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas y presidente de la comisión de expertos creada a instancias del gobierno en 1989 para calificar los procedimientos y métodos de la FDA.

Y en esto lo apoya Rodrigo Díaz Albónico, ex subsecretario de Relaciones Exteriores y quien encabezó la comisión que negoció con EE.UU. el tema de las uvas, hoy presidente del Instituto de Estudios Internacionales de la misma universidad.

Se dio la batalla legal, reparan, sobre la base de que las uvas no fueron envenenadas en Chile, sino en EE.UU.

"Con ello no se ha logrado nada", sostiene Zunino. "Porque, como organismo que protege la salud del pueblo estadounidense, a la FDA le importó bastante poco dónde la uva fue envenenada. Porque si se partía de la base de que estuvo emponzoñada, el embargo es lícito. Ahí parte una estrategia equivocada y es lo que he estado repitiendo desde agosto de 1990, cuando concluimos nuestros análisis".

Algo distinto podría haber sucedido, coinciden Zunino y Díaz, si nuestro país se hubiese defendido basado en que, como aseguran, no hubo uvas envenenadas con cianuro ni en Chile ni en EE.UU., ni en ninguna otra parte.

Zunino guarda copias de las numerosas cartas que escribió a las autoridades de los gobiernos de Aylwin y de Frei sobre este tema, quejándose de que aún no recibe respuesta.

La última que despachó(agosto de 1997) al entonces ministro de Agricultura, Carlos Mladinic, es muy clara.

Señala que "en forma casi majadera he tratado de convencer a las numerosas y distintas autoridades gubernamentales que se han ocupado del tema de la conveniencia de presentar ante el gobierno de EE.UU. el argumento verdadero: los mentados dos gramos de uva jamás estuvieron contaminados con cianuro y que, por lo tanto, el más importante, eficiente y prestigiado organismo técnico de EE.UU. (y tal vez del mundo) emitió un informe comprobadamente equivocado abriendo paso al embargo. Siempre he considerado que ahí radica la defensa de Chile, que debe basarse en la responsabilidad de ejecutar bien la misión técnica de la FDA".

Zunino atesora además una caja de cartón (salvada del incendio de la Facultad de Química en 1992) donde conserva todos los antecedentes técnicos originales que le permitirían reconstruir básicamente íntegro el proceso de análisis de los expertos de la FDA para volver a demostrar paso a paso los errores que cometieron.

Para Díaz Albónico, esos documentos serían un elemento esencial para iniciar nuevas negociaciones con el fin de que EE.UU. verifique lo sucedido. "Creo que conocen el punto, pero no han querido seguir adelante para no entrar en graves problemas con la FDA", estima.

El error técnico

Un equipo de prestigiosos químicos encabezados por Zunino, con doctorados en EE.UU., donde figura el premio nacional de ciencias del año pasado, Juan Garbarino, examinó cuidadosamente los protocolos originales de análisis de la FDA, recopilados en medios judiciales por los productores chilenos. Descubrieron la errónea investigación desarrollada el 12 de marzo de 1989 por ese organismo técnico de Filadelfia y que fue la base del embargo.

Allí figuran, detalladamente y en forma manuscrita, todas las operaciones químicas y técnicas de análisis, con los nombres y firmas de cada uno de los químicos estadounidenses que intervinieron en el proceso.

No pudieron creerlo. Encontraron 13 graves errores, descubrimiento, observa Zunino, que no se apoya en hipótesis, sino en la información oficial y objetiva que entregó la misma FDA.

Acusa el prorrector que en las tomas de muestras de Filadelfia no solamente no se siguieron los patrones internacionales, sino que se realizó una selección (tres granos) que no representa al conjunto de la gigantesca cantidad requisada.

Para determinar si había cianuro, se separó de un mismo racimo uno de los granos, el que se guardó como contramuestra en un refrigerador.

Las otras bayas fueron molidas y no pesadas a pesar de que se buscaba hacer un análisis cuantitativo de cianuro, lo cual imposibilitó expresar la hipotética cantidad que existiría en los gramos de uva. Y al no haberlo hecho, se calculó un promedio aleatorio y se le asignó el peso de la muestra, "lo cual fue una estimación muy burda para la precisión que se requería", alega Zunino.

Posteriormente, se aplicaron métodos que revelaron que las lecturas instrumentales fueron equivocadas, lo cual indicó una impericia de los expertos químicos de la FDA que alarmó a sus colegas chilenos.

"¡Los análisis nos indican que no había cianuro!, pero estaban tan mal realizados que les debió aparecer cianuro de alguna manera, no sabemos cómo. En definitiva, hay errores de tal magnitud que los resultados son absolutamente desechables y anulan todo el procedimiento. Y eso lo puedo defender en cualquier tribunal internacional", asegura Zunino.

Su versión es que al usar soluciones de cianuro para calibrar el método de análisis, esos mismos laboratoristas contaminaron la muestra y les salió positiva.

Esta aclaración, que explica el embargo como grave error técnico, despejaría el comentario que circulaba hace 10 años que el gobierno de EE.UU. habría mandado una advertencia al general Pinochet para que entregara el poder.

El análisis correcto

El gobierno de EE.UU. consideró tan grave el hallazgo que el jefe de laboratorio de Filadelfia fue enviado en avión a la FDA de Cincinatti. Llevó consigo el tercer grano y la solución de muestra líquida de las dos uvas molidas. Viajó a esa ciudad porque allí trabajaba el doctor Fricke, el más reconocido experto de EE.UU. en análisis de cianuro en alimentos, autor de los boletines técnicos e instrucciones que recogía la FDA, además de contar con el mejor laboratorio.

Y los análisis de Fricke, quien, según los protocolos que también guarda Zunino, no cometió ninguno de los errores anteriores, demostraron que no hubo envenenamiento.

A esta noticia la defensa chilena no le sacó provecho, dice Zunino, porque, en forma paralela, los entes privados contrataron los costosos servicios de la U. de California, por lo cual se habría incurrido en el error estratégico de que los esfuerzos no se dirigieran a resaltar los errores, sino solamente a defender la hipótesis de que la uva no había sido envenenada en Chile.

Aunque la verdad científica, se dice, es una sola, en septiembre de 1990, al mismo tiempo en que la comisión de Zunino destruía el primer análisis de la FDA, el gobierno norteamericano dirimió la situación con un tercer informe, esta vez de la GAO, la General Accounting Office, la que elogió el trabajo de la FDA de Filadelfia y minimizó el de Cincinatti.

Este hecho fue severa y oficialmente criticado por el senador Jesse Helms, quien destruyó el respaldo que la GAO dio al laboratorio de Filadelfia. Sin embargo, éste es el que sobrevivió, a pesar de las sospechas que se abrieron desde que en diciembre de 1989 el jefe general de la FDA fue despedido por el gobierno a propósito de que el organismo recibía coimas.

Después de esperar tres años, Zunino intentó denunciar en octubre de 1993 el error técnico-químico a través de una publicación científica internacional, hecho que daría inicio a la nueva estrategia chilena.

Pero la instancia política decidió otra cosa.

Lo que pasó entonces lo explica el ex subsecretario Díaz Albónico. Recuerda que por decisión del Presidente Aylwin formó en agosto de 1993 una comisión que negociaría con los estadounidenses y que conformaron Davor Harasic, del Consejo de Defensa del Estado; Jorge Rosenblut, de la Secretaría General de la Presidencia, y Ricardo Vicuña, del Ministerio de Hacienda. Y que aunque él mismo presentó en su seno la inquietud de Zunino, se consideró en forma unánime que no era el momento más oportuno.

Explica Díaz:

"Todo el mundo sabía que el argumento de Zunino era importantísimo, pero como iniciábamos una negociación, equivalía a dejarla sin efecto, ya que se diría que los fundamentos de EE.UU. eran totalmente falsos e incorrectos, con lo cual habríamos entrado en un proceso en su contra. A la larga, nunca demostramos claramente este descubrimiento, sino que fuimos negociando y estudiando qué ayuda económica se nos podía hacer".

La negociación derivó, en vísperas de que Aylwin entregara el poder, en ofrecimientos de ayuda en procesos de producción y exportación agrícolas. Pero la oferta de EE.UU. no contenía ninguna indemnización económica ni era significativa y fue rechazada por el sector privado. Esto motivó a Díaz Albónico a sugerirle a Aylwin a suspenderla por no estimarla positiva para Chile.

En el gobierno de Frei durante las últimas semanas se habla del tema nuevamente. Washington, para cerrar el asunto, estaría ofreciendo ayuda a los agricultores en el proceso de productividad y después lo haría en las exportaciones. Es decir, casi lo mismo que se rechazó anteriormente.

Pero ese hallazgo de los expertos químicos chilenos era el as ganador, según Zunino y Díaz y de ahí la otra estrategia, que se basa en que el error de la FDA provocó una situación caótica en EE.UU.

"La opinión pública norteamericana no habría aceptado que se le hubiese hecho caer en pánico sobre la base de una negligencia. Habría rechazado haber sido sometida a un stress por la actuación de químicos inexpertos que trabajan en la agencia sobre control de alimentos más poderosa del mundo. Habríamos debido demandar a EE.UU. donde más le duele: en la credibilidad de sus instituciones encargadas de pre-servar su salud pública", insiste Zunino.

Mirando retrospectivamente, Díaz dice que "hemos tratado de realizar una negociación, pero jamás los norteamericanos quisieron aceptar que había problemas de alto nivel. Yo no sé si ahora, en que todavía hay alguna posibilidad, pudiéramos aclarar lo sucedido, que si bien fue en el gobierno del general Pinochet, EE.UU. debería revisar".

Zunino ofrece poner nuevamente al servicio de esta causa a los expertos de la Universidad de Chile. Dice que está en condiciones de formar un comité asesor de alto nivel, a través del profundo conocimiento de lo sucedido que siguen teniendo los expertos químicos, a pesar de que uno de ellos (el doctor Mario Caiozzi) falleciera en el intertanto y otro, el doctor Herman Schmidt, ya cumplió 87 años. Ellos, más la oficina que la universidad tiene en Washington permitirían "de una vez por todas poner las cartas sobre la mesa".

Sin embargo, Davor Harasic, actual candidato al cargo de Fiscal Nacional y quien negoció en representación de Aylwin con el gobierno estadounidense, afirma categóricamente que se usaron todas las pruebas técnicas existentes en todas partes.

Es decir, hay dos estrategias en pugna.

Subsecretario Latorre: "El Resultado Ha Sido Insatisfactorio"

EL actual subsecretario de Obras Públicas, Juan Carlos Latorre, presidió la Comisión de la Cámara de Diputados que investigó el caso de las uvas envenenadas. Estas son sus respuestas sobre la estrategia seguida por Chile frente al gobierno norteamericano:

- A la luz de los antecedentes que corroboraron la inocencia chilena, ¿fue correcto el camino que siguieron las autoridades con el objeto de conseguir alguna indemnización de EE.UU.?

- Primero quisiera reafirmar categóricamente la conclusión a que llegamos en la comisión investigadora acerca de que Chile no tuvo nada que ver en el envenenamiento de uvas. Ello, avalado por los informes técnicos y científicos del más alto valor, pues los efectuados en EE.UU. adolecían de falta de rigurosidad desde el punto de vista científico. Por eso resulta extraño que la General Accounting Office no haya llamado la atención respecto de la falta de rigurosidad por parte de la FDA.

- ¿Por qué no se demandó a la FDA como lo aconsejó en su momento el doctor Hugo Zunino?

- Creo que la estrategia seguida fue la correcta, sin perjuicio de que la opinión unánime de la comisión investigadora fue que este tema nunca dejara de ser planteado en las conversaciones bilaterales que se siguieran entre Chile y EE.UU. Vale decir, que se mantuviera abierta a una acción de nuestro gobierno en todos los ámbitos, sin excepción.

Sin embargo, sostener que existió una conspiración en contra de nuestro país o contra una parte importante de los empresarios dedicados a la importación de frutas era una tesis de muy difícil aceptación en los círculos norteamericanos, sobre todo cuando los funcionarios de la FDA se acogieron a las cláusulas de inimputabilidad. Esta situación, obviamente, condicionaba la estrategia nacional que se pudiera llevar contra EE.UU. Además, los propios productores inhibieron muchas acciones que pudieran hacerse públicas, por cuanto tenían el temor, comprensible, de que actualizar el tema de las uvas pudiera afectar el proceso de recuperación de las exportaciones que paulatinamente tuvo lugar en EE.UU..

- ¿Está satisfecho con la estrategia seguida por Chile o faltó algo por hacer?

- Más allá de saber que encaramos el problema bien o mal, lo que sí tengo claro es que el resultado hasta la fecha es insatisfactorio.

- ¿Considera, tal como lo hacen Rodrigo Díaz y Hugo Zunino, que la vía química es aún un camino posible?

- No la descarto, pero sí debo señalar que los antecedentes de los estudios químicos realizados con la colaboración de Zunino, sí fueron utilizados en distintas fases de la argumentación frente a las entidades norteamericanas.

- Entonces, ¿por qué todo esto pasó inadvertido y no se llegó a nada?

- Creo que el gobierno dio señales de que se buscarían compensaciones que no aparecieran vinculadas al caso de la uvas. El apostar a esa posibilidad motivó que muchas de las gestiones tuvieran un carácter reservado, tratando de evitar que se perfilara como un tema que dificultaba las relaciones.

- ¿Comparte las críticas de Zunino sobre que el gobierno no utilizó sus estudios científicos que demostraban que las uvas no fueron envenenadas en ninguna parte?

- Me parece que Zunino piensa que su esfuerzo no fue utilizado adecuadamente. Mi impresión es absolutamente distinta. Es cierto que el tema de que estos estudios científicos eran inobjetables pudo haber tenido una mayor publicidad, pero inferir que esos antecedentes no fueron planteados dentro del proceso que llevaron a cabo el gobierno y los empresarios es una conclusión equivocada.

Independientemente de lo anterior, quiero resaltar el tremendo esfuerzo realizado por Hugo Zunino y otros profesionales chilenos muy destacados, que en tiempo récord pudieron poner a disposición de la comisión investigadora y de otras instituciones chilenas una información inobjetable que dejaba en evidencia que jamás hubo envenamiento de las uvas en Chile.


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