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Domingo 30 de Marzo de 2008

Adoquines en las calles (Urbanismo)
Al borde de la extinción

Aunque hace años venían en retirada, el Transantiago terminó con la presencia de los adoquines en algunas calles emblemáticas. Pero sobreviven en otras.

Oriana Olivos Marín

Odiado por muchos automovilistas y amados por algunos urbanistas, el clásico adoquín que, desde el siglo XIX ha soportado el tráfico en Santiago, hoy está prácticamente extinguido. Pocas son las calles que aún lo conservan. Pedro de Valdivia, Manuel Montt, 10 de Julio, Franklin, Maruri, Matta, Rosas, San Ignacio y Santo Domingo son algunas de ellas.

La comuna en donde más vestigios quedan es Santiago. En total cuenta con 45 vías, entre avenidas, calles y pasajes, que exhiben este material. En otras antiguas, como Estación Central, Recoleta y Providencia, el adoquín está en franca extinción.

Altos costos

Marcelo Longas, jefe del Departamento del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, está de acuerdo con esta evaluación. "Paulatinamente, con el crecimiento de la ciudad y del parque vehicular, se ha ido pavimentando encima. Incluso, se ha aprovechado este material como base de la estructura. Y algunas obras del Transantiago también han contribuido a su extinción".

Dice que si bien el adoquín tiene características urbanas arquitectónicas interesantes, les hace daño a los vehículos. "Genera una sensación desagradable al transitar y produce mayores costos de operación de los autos".

Carlos Frías, director de Obras Municipales de Ñuñoa, cuenta que en la comuna se conservan aún algunas calles adoquinadas, como Montenegro, Diego de Almagro y Pedro Torres. "Aunque el adoquín tiene el mérito de evocar épocas pasadas, la modernidad, la seguridad y la calidad, exigidas para pistas de rodados, han llevado a que se cubran con asfalto".

Además de los costos que implica mantener en buen estado las calles adoquinadas, este material es resbaladizo con lluvias, y genera bastantes ruidos cuando hay altos flujos de vehículos. "Por estas razones, y la presión de los vecinos, nos hemos visto obligados, por ejemplo, a asfaltar Domingo Cañas", dice Frías.



Al rescate

El arquitecto Patricio Gross, director del Centro de Estudios del Patrimonio de la Universidad Central, declara entender la decisión de retirar el adoquín en muchas vías. "Sin embargo, creo que en muchas otras podría haberse mantenido por las ventajas estéticas y técnicas que presenta y por ser un elemento patrimonial".

Afirma que no hay conciencia del valor que representa. "Lamentablemente, a pesar de la opinión favorable de varios de sus integrantes, el Consejo de Monumentos Nacionales ha sido renuente a declarar el adoquín como un bien patrimonial".

Miguel Laborde coincide y considera que los adoquines son parte de la identidad de un barrio. "En muchas partes del mundo se los conserva, reorientando el tráfico pesado. Lo que pasa en Chile es que no existe una cultura del caso a caso. Se dice que el adoquín es malo y simplemente se opta por sacarlo, sin mucho criterio".

Pero no todo está perdido. Hay comunas que se la están jugando por el adoquín. La tendencia, según los expertos, es conservarlo en aquellas calles y pasajes de bajo tránsito y donde la calidad del material lo permita. "Es que es ideal para ciertos rincones urbanos", dice Miguel Laborde

Por ejemplo, en Providencia ya cuentan con un diagnóstico para conservar el tramo que le corresponde de Pedro de Valdivia. "Se requiere hacer algunas obras de reparación y mejoras, como un cepillado para cortar la película de agua cuando llueve y evitar que los autos patinen. Estamos esperando el plan de transporte definitivo para intervenir estas calles", dice el arquitecto Germán Bannen.

Con el Transantiago la comuna más afectada ha sido Santiago; terminó con los adoquines de Carmen, Lira, Sierra Bella, Santa Rosa y San Francisco. No obstante, este material está siendo almacenado con el fin de reutilizarlo en proyectos de mejoramiento urbano, rediseño y construcción de plazas de entre 500 y 1.500 metros cuadrados, como la que queda en Santa Rosa con Eyzaguirre y la plaza Venezuela.

Al mismo tiempo, el Serviu lleva adelante iniciativas de remodelación de los pasajes patrimoniales Hurtado Rodríguez y Lucrecia Valdés, donde el adoquín es un actor patrimonial importante.

Pero coinciden los expertos que pavimentar con este material hoy es imposible.

Razones técnicas lo impiden, pero, sobre todo, los costos son altísimos, pese a que la materia prima está disponible en lugares como Colina y el Cajón del Maipo.

En plazas públicas



Aunque la mayoría coincide en que el adoquín no es bueno para el transporte, existen intentos de conservarlo en aquellos lugares de bajo tránsito. Además, se está reutilizando en plazas y nuevos espacios públicos.


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Diez de Julio no ha sido tocada.
Diez de Julio no ha sido tocada.
Foto:Alfonso Palacios


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