ARTES Y LETRAS

Domingo 4 de Mayo de 2008

ADELANTO El diplomático presenta el libro "Crónicas del Vaticano (2001-2007)":
Máximo Pacheco y su vida entre dos Papas

"Entre dos pontífices viví mis años vaticanos. Los viví en primera fila, y por eso los comparto", relata el nuevo libro de Máximo Pacheco, quien nos aprovecha de contar algunas de sus impresiones en la Santa Sede. Asimismo, reproducimos párrafos seleccionados de la obra.

E.I.

No fueron precisamente "monótonos" los seis años en los que Máximo Pacheco se desempeñó como embajador de Chile ante la Santa Sede. Le tocó presenciar los últimos años de papado de Juan Pablo II y su sobrecogedor funeral, al que llegaron cuatro millones de personas. También fue testigo de la elección de Benedicto XVI, de la canonización del padre Hurtado y de la inauguración de una escultura monumental de Teresa de Los Andes.

Pacheco vivió la controversia por los casos de pedofilia de sacerdotes estadounidenses, la aprobación de la ley de divorcio en Chile y el rechazo del Papa a la guerra contra Irak, todos hechos que va relatando en las cerca de 350 páginas de su libro. Y en el plano personal, tras llegar viudo y apenado a Roma, se enamoró y casó tras un encuentro inesperado.

De todos estos sucesos, Máximo Pacheco (83) fue tomando notas precisas. Tras volver a Chile, se demoró casi un año en dar forma a una narración, que tituló como "Crónicas del Vaticano". El libro estará en librerías la próxima semana y será presentado el 28 de mayo, nada menos que por el cardenal Errázuriz y el ex Presidente Aylwin.

"Fueron años fecundos. Me tocó ser testigo de dos Papas extraordinarios. Me pareció importante dejar un testimonio de esa vivencia. También, en el plano personal, viví hechos notables. Llegué viudo y salí casado con una mujer extraordinaria".

-¿Cuál fue el momento más emotivo que le tocó vivir?

"En el plano oficial, la conmovedora agonía, muerte y funeral de Juan Pablo II. Fui amigo del médico del Papa, Renato Buzzonetti, y le pedí para mi libro una crónica de esos últimos días. En el plano personal, lo más significativo fue conocer a mi señora".

-¿Descubre el libro "secretos vaticanos"?

"La diplomacia vaticana es cuidadosa y reservada. En otros lugares, los embajadores tienen acceso a cierto comidillo, a mucha vida social. No es el caso del Vaticano, allí no hay posibilidad de un 'anecdotario oculto'. Como abogado, he tratado de que la narración sea lo más objetiva posible. Tampoco soy escritor: no pretendí escribir una obra literaria".

-El libro se extiende sobre la figura de Benedicto XVI.

"A Juan Pablo II lo conocí delicado de salud. Con Benedicto XVI tuve contacto como cardenal, antes de que fuera Papa e incluso le di una cena en mi casa. Tuvimos una estrecha relación. Lo definiría como un hombre extraordinariamente bondadoso y sencillo. Al mismo tiempo, no hay un teólogo vivo que lo supere intelectualmente".

"Crónicas

del Vaticano

2001-2007"

Máximo Pacheco.

Colaboración: Margarita Serrano. E. Andrés Bello.

353 páginas.

Benedicto XVI: su elección y una impresión personal sobre el Papa

MÁXIMO PACHECO

Martes 19 de abri, 2005. "A lo largo de la mañana, la gente fue acudiendo nuevamente a la plaza. A las 11:49, después de dos votaciones, se produjo la segunda sfumata. De nuevo, negra.

Fue por la tarde, a las 17:50, cuando, al final de la cuarta votación, el humo comenzó a salir de la chimenea instalada en la Capilla Sixtina.

Una sfumata blanca que, sin embargo, generó confusión entre las miles de personas que a esa hora se congregaban en la Plaza de San Pedro. Faltaban las campanas que, según había reiterado el vocero de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, sólo horas antes, debían escucharse junto con la aparición del humo una vez que fuera elegido el nuevo Pontífice. Una ausencia que causó incertidumbre a pesar de que la humareda era inconfundiblemente blanca y se perdía en las nubes, que a esa hora cubrían el Vaticano. El Papa doscientos sesenta y cinco de la historia parecía haber sido elegido.

Las campanas llegaron finalmente minutos después, lo que desató la euforia en la Plaza de San Pedro. Habían pasado un poco más de veinticuatro horas desde el inicio del Cónclave."¡Habemus Papam!", gritaba un grupo de jóvenes reunidos cerca del obelisco, mientras otros se abrazaban e intentaban llamar sin éxito por celular para avisar a sus familiares y amigos la noticia. A partir de entonces, comenzaron cuarenta y cinco minutos de espera que parecieron eternos en la amplia explanada frente a la basílica, mientras se veía a funcionarios de las oficinas vaticanas asomarse a las ventanas y a los balcones a la espera de que fuera anunciado el nombre del sucesor de Juan Pablo II. El aplauso estalló instantáneo en una Plaza de San Pedro repleta, cuando a las 18:43 horas el cardenal chileno Jorge Medina Estévez salió al balcón central de la basílica y luego de saludar en italiano, español, francés e inglés anunció la fórmula tradicional: "Annuntio vobis gaudium magnum, habemus Papam" (les anuncio una gran alegría, tenemos Papa)". (Pp. 196-197).

Mi impresión personal del nuevo Papa. "Cien días después de haber sido elegido, Benedicto XVI se fue de vacaciones a los Alpes del noreste de Italia, en Val d'aosta, en el mismo chalet de la localidad de les Combes, donde también Juan Pablo II se refugiaba para huir del calor tórrido del verano romano. Pero ahí termina la similitud. Mientras Juan Pablo II, atlético y vigoroso al comienzo de su pontificado, escalaba las altas cumbres de las montañas de la región, Benedicto XVI se relajaba tocando el piano, sobre todo obras de Mozart, su preferido. No realizó grandes excursiones, sólo breves paseos, leyó bastante y, sobre todo, preparó documentos doctrinales.

El Papa generalmente escribe a mano, en alemán, con letra diminuta que luego transcriben sus dos secretarias, Ingrid Stampa y Birgit Wansing, ambas alemanas y pertenecientes al movimiento de Schoenstatt (...).

Los primeros tres meses del pontificado fueron mostrando paulatinamente la sobriedad del Papa alemán, un estilo "minimalista", según algunos vaticanistas, entre ellos Sandro Magister, de la revista L'Espresso. En su opinión, "la expresividad simbólica del Papa se refleja en la liturgia, que celebra con gran autoridad, pero fuera de la misa, de las bendiciones y de las catequesis, Benedicto XVI es un minimalista".

Su perfil "mundano" es prácticamente inexistente: mientras Juan Pablo II, en la medida en que sus condiciones de salud se lo permitieron, solía tener invitados a almorzar, el Papa alemán generalmente come solo, en compañía de su secretario particular, el teólogo Georg Gaenswein(...).

Durante los cinco años de embajador, me entrevisté con el cardenal Ratzinger en siete ocasiones. En la primera me formé una muy buena impresión de él: muy inteligente, culto, bondadoso, cordial, tímido y austero; conversamos sobre América Latina y Chile". (P. 219-221).

"Una señora viuda, joven, buenamoza, elegante y simpática"

"El 22 de septiembre de 2001, recibí un llamado telefónico de Mercedes Ignacia Pérez Campino para informarme que había llegado a Roma con un paquete de mi hija Natacha y que por favor mandara al chofer de la embajada a retirarlo. Le agradecí su atención y le dije que yo iría personalmente a buscarlo. Me interesaba conocer a esta señora a quien no había visto nunca y de la cual mi hija me había hablado mucho. Me extrañaba no haberla conocido, a pesar de que ambos habíamos nacido en Santiago, nuestros hijos se conocían y frecuentábamos los mismos ambientes. Con esas interrogantes llegué a la casa de Schoenstatt antes de la hora que me habían indicado. Fui atendido por la superiora, quien me mostró toda la casa y luego me pidió que esperara. También visitamos la capilla, donde tuvimos un momento de oración. Finalmente llegó Mercedes Ignacia, quien me saludó con afecto y me hizo entrega del regalo que me había enviado mi hija. Ella correspondía exactamente a la descripción que me habían dado: una señora viuda, joven, buenamoza, elegante, simpática y alegre. Le agradecí su atención. Conversamos sobre su viaje, venía llegando a Roma, donde permanecería dos días para continuar viaje a Asís.

Aproveché para invitarla a cenar al día siguiente. Así regresé a mi casa. No puedo negar que Mercedes Ignacia me causó una gran impresión. Esa noche dormí muy mal. Estaba inquieto, nervioso y no podía conciliar el sueño.

Al día siguiente, la llevé a cenar al restaurante "Sabatini" en el Trastevere. Conversamos largamente sobre nosotros, nuestras familias y nuestras actividades. (...) Luego salimos a caminar por el Trastevere y regresamos a su casa a las once de la noche. No puedo ocultar que este encuentro me dejó perturbado. (Del capítulo "Mi matrimonio", p. 110-111)


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