EDITORIAL

Sábado 7 de Junio de 2008

La visita de Michael Porter

"...las decisiones para que alcancen sus propósitos requieren la adopción de acciones concretas y ello sin lugar a dudas se siente ausente."

Carlos F. Cáceres

La semana recién pasada estuvo en Chile el Dr. Michael Porter, destacado profesor de la Universidad de Harvard, invitado por la Universidad del Desarrollo y la revista Capital. En esa oportunidad habló sobre estrategia empresarial y competitividad, e hizo un especial análisis de la posición competitiva de la economía chilena. Las críticas que efectuó el profesor Porter a la pérdida de dinamismo y a la ausencia de una estrategia formal para la segunda fase del desarrollo despertaron una variada gama de respuestas de parte de diversas autoridades.

Algunas de ellas atribuyeron las críticas a la información que Michael Porter habría tenido para formular sus comentarios. No cabe duda de que el experto norteamericano está debidamente informado, y no por los alcances que le pudieran haber formulado representantes del mundo académico o empresarial chileno, sino por el profundo estudio que él mismo ha hecho acerca de la economía chilena en su rol de directivo del World Economic Forum, institución que año a año entrega los indicadores de competitividad para una importante cantidad de países.

Son los antecedentes de ese informe los que revelan la pérdida de competitividad de Chile debido a la ausencia de reformas microeconómicas. Porter reconoce las importantes reformas que se hicieron en el país en la década de los 70, profundizadas algunas de ellas en la década de los 90, y que significaron generar las condiciones para que el país experimentara un importante desarrollo económico. Sin embargo, también observa que esta dinámica, que permitió a Chile crecer a tasas promedio anual sobre el 7% durante un largo período, se ha desacelerado de una manera significativa. Lo más grave es que ello ocurre en un contexto internacional de altos términos de intercambio, de bajas tasas de interés y de crecimiento de la economía mundial por lo menos hasta el año recién pasado.

Como economista, Porter reconoce el aporte que tanto la inversión de capital como el empleo de recursos humanos entregan al crecimiento de la economía. Pero también tiene plena convicción de la importancia que el factor de la productividad tiene en generar una dinámica en el proceso de expansión económica. Es allí donde él coloca su acento crítico para el caso de la economía chilena, y su información es la correcta. El crecimiento de la productividad en Chile está muy cercano al 3% anual entre 1985 y 1997. Sin embargo, en el período 1998-2006 el crecimiento cae al 0,6%. Un reciente estudio de Juan Eduardo Coeymans revela una clara tendencia decreciente a partir de 1990, año en que el aumento en la productividad alcanza al 3,4%, cifra que cae a sólo 0,44% en los últimos dos años.

Las comparaciones que Porter hace con otros países son también blanco de críticas, pues se señala que es distinto crecer a partir de una base más baja que hacerlo desde un nivel más alto como el que tiene Chile. Cuán alejado está este argumento de la realidad, cuando basta observar las importantes tasas de crecimiento que experimentan países con niveles de productos más altos que el chileno, como algunos del sudeste asiático, Nueva Zelandia o Australia. Y más preocupante aún es constatar que en los últimos años el crecimiento de Chile haya sido inferior al promedio de Latinoamérica.

El tema de los clusters productivos también generó polémica. Porter reconoció que se ha avanzado en algunas áreas e hizo mención explícita a los casos del salmón, el vino y la fruta. Sin embargo, incluso en ellos observó deficiencias en materia de conectividad y de disponibilidad de recursos humanos calificados, entre otros.

Finalmente, en relación con estrategia, son de conocimiento público las discrepancias que se dan al interior del Gobierno en cuanto a los énfasis que permitan definir prioridades. ¿Estarán los acentos colocados en la creación de riqueza o en la redistribución? ¿Se pretende alterar los roles del Gobierno en cuanto a estructurar redes de protección social que cercenan el ejercicio de responsabilidades individuales en esas materias? Por último, no basta con conclusiones publicadas en volúmenes por el Consejo de Innovación. Las decisiones para que alcancen sus propósitos requieren la adopción de acciones concretas, y ello simplemente no se ve.

No cabe duda de que en la actualidad el país siente la pérdida de oportunidades. Más que responder a críticas fundadas, lo que sí es efectivo es entregar señales claras para efectos de generar los ambientes que hagan posible decisiones de largo plazo que se encaminen al crecimiento y al bienestar para todos.


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