REPORTAJES

Domingo 13 de Agosto de 2006

Episodios inéditos de la vida del titular del MOP, Eduardo Bitran Colodro:
La historia desconocida del ministro que dijo no a Chiloé

Un niño temerario que no se amilanaba al aventurarse en peligrosos cerros de la IV Región. Fue siempre alumno de promedio 7. A los 19, conoció Chiloé y se deslumbró. Tras llegar a Santiago y casarse, aprendió hebreo y se acercó con mayor fuerza al judaísmo. En 1997, un episodio nada grato terminó por alejarlo de la Corfo. Calificado como brillante, agudo y rápido, pero de cero manejo político, esta semana debió sobrepasar nuevos episodios con los descontentos chilotes.

ROCÍO MONTES y SERGIO ESPINOSA

Rompiendo la tradición familiar, en enero de 1977 el joven Eduardo Bitran Colodro, de 19 años, no fue de vacaciones a Tongoy. Junto a una veintena de familiares -entre los cuales estaban sus padres y sus tres hermanos-, ese año el estudiante de ingeniería de la Universidad de Chile emprendió un peculiar viaje al sur del país con un objetivo claro y preciso: conocer la isla de Chiloé.

El muchacho, nacido y criado en la nortina ciudad de Ovalle, estaba entusiasmado con el viaje. Tanto así, que antes de partir estudió concienzudamente el mapa de la isla, por lo que se conocía al revés y al derecho cada rincón del archipiélago de la X Región. Tal vez por ello fue que, al montarse junto a su familión en el transbordador en Pargua -que también acarreó el Peugeot familiar con el que hacían caravana-, el joven de barba hippie casi no pudo despegar los binoculares de sus ojos.

Eduardo tenía el afán de conocerlo todo y de ello se dio cuenta su numeroso clan cuando, estando instalado cómodamente en la ciudad de Castro, se le metió una idea fija en la cabeza: tenían que conocer un pueblo llamado Dalcahue.

La obsesión de Eduardo tuvo sus frutos: logró convencer a su familia de que se levantaran temprano, que se montaran en sus respectivos automóviles, y que todos se involucraran en la empresa de llegar a aquel pueblo ubicado en lo más austral de la sureña isla de Chiloé.

Tal como revela el hermano menor de Eduardo, José Bitran, esa aventura hasta hoy día es recordada como anécdota en la familia: fue capaz de llevarlos hasta el fin del mundo con tal de conocer Dalcahue. Una historia que, en estas horas, tiene gusto a paradoja, pues Eduardo, casi 30 años después, ya no es un estudiante universitario, sino el ministro de Obras Públicas que hace 12 días tuvo la amarga tarea de comunicar a los chilotes que el puente que uniría la isla con el continente no se podrá realizar.

Tenía promedio 7

El primero de los Bitran que llegó a Chile fue Nesim, el abuelo paterno del actual ministro, quien siendo un veinteañero se instaló en La Serena en 1917. Nacido en la ciudad de Esmirna, Turquía, provenía de una familia sefardita, como se denomina a los judíos que fueron expulsados de España allá por el 1400. Por eso, Nesim hablaba perfectamente español cuando llegó a Chile.

Ya en La Serena, conoció a una hija de inmigrantes, Donna Palombo, con quien contrajo matrimonio y tuvo cuatro hijos. Entre ellos, el padre del actual mandamás del MOP, Gabriel Bitran, quien a corta edad fue sacado del colegio para hacerse cargo de la empresa familiar "Casa Bitran", de Ovalle, dedicada a la ropa, los géneros y la confección.

En eso estaba cuando conoció a Rebeca Colodro -madre del ministro-, una muchacha santiaguina cuyos padres también provenían de Esmirna. Tras casarse, se radicaron en Ovalle, donde nacieron y se criaron sus cuatro hijos: Eduardo -el ministro-, Jacqueline, Donna y José.

Aunque los Bitran Colodro no eran millonarios, vivían en una zona residencial y tenían automóvil, algo que los instalaba de inmediato en el nicho de las familias más pudientes de la ciudad.

Sin embargo, tanto Eduardo Bitran como sus hermanos se educaron en establecimientos públicos. Aunque terminó su enseñanza media en el Instituto Hebreo en Santiago -donde se trasladó a comienzos de los '70-, él cursó toda la enseñanza en la Escuela N° 1 de Ovalle y luego en el Liceo de Hombres. Ahí mismo fue donde Eduardo siempre obtuvo promedio 7. No 6,9, sino 7.

Desde pequeño, fue especial, pero no sólo por sus excelentes notas y por su correctísimo comportamiento -a muy corta edad ya era catalogado de "sabelotodo" y jamás dio motivos para que sus padres lo reprendieran-, sino además por la vehemencia e ímpetu que siempre lo caracterizaron.

Porque aunque jamás logró ser bueno para el fútbol por problemas de coordinación, y aunque sólo se destacaba en las competencias de velocidad de 100 metros planos y no en las de resistencia, el muchacho desde muy chico emprendía riesgosas aventuras al adentrarse junto a sus amigos en peligrosos montes y cerros de la IV Región. La gente pensaba que Eduardo no le tenía miedo a nada.

Pero la personalidad de Eduardo también le causó problemas: como siempre era el primero de la clase, y se empeñaba por serlo, nunca fue un muchacho de muchos amigos, y estaba lejos de ser el más popular del curso, donde algunos consideraban que era antipático.

Sin embargo, él también buscaba otros ámbitos donde relacionarse. De hecho, siendo un adolescente, participó de la Logia Masónica. Ahí era compinche de una joven algo mayor que él, de ultraizquierda. Ése sería el primer acercamiento de Bitran con la política, donde incursionaría recién a fines de los '80.

Bitran y la religión

Aunque el padre de Eduardo no fue religioso sino agnóstico y masón, en la casa de los Bitran Colodro siempre se respetaron las tradiciones judías, pese a que sólo eran dos las familias de ese origen en Ovalle. Por ello, los muchachos se trasladaban a Santiago a participar de las fiestas religiosas o para recibir el bautismo o la Bar-Mitzvah.

En la casa de los Bitran, además, se comían los platos tradicionales de los sefarditas, preparados por Rebeca -muchos arroces con tallarincitos y guisados de berenjenas y porotos verdes-, y siempre se estaba pendiente de la situación de Israel y del conflicto en Medio Oriente.

Sin embargo, fue tras su llegada a Santiago, al estudiar en el Instituto Hebreo, que Eduardo Bitran comenzó a relacionarse con la comunidad judía, a aprender hebreo y así, poco a poco, a practicar de forma más periódica los ritos religiosos del judaísmo.

De hecho, una persona que influyó bastante en su activismo religioso fue su esposa, Yael Hason, hija de un importante líder de la comunidad judía en Chile, con quien tiene dos hijos: uno de 23, estudiante de Derecho en la U, y otra de 19, que sigue Bachillerato en la UC.

Eduardo Bitran pertenece a la corriente conservadora del judaísmo en Chile. En su casa, por ejemplo, se espera el sábado -día sagrado-, por lo que en la noche del viernes se realizan rituales, con cánticos y rezos, y la familia Bitran Hason se reúne a cenar. El día sábado, aunque asiste a la sinagoga, sí puede realizar trabajos -lo que no es permitido en corrientes más estrictas-, a la que generalmente va acompañado de su esposa y de su hijo, quienes son más religiosos que el propio Bitran.

En su casa, además, hay restricciones alimentarias establecidas por las tradiciones judías, aunque tampoco son tan estrictas como en otras corrientes. En el hogar del ministro se sirve comida kosher -comida ritual que está procesada de cierta forma-, por lo que no se come ni cerdo ni mariscos, y tampoco se mezcla carne con leche.

Sin embargo, aunque es practicante en lo religioso, lo cierto es que él no tiene ningún conflicto entre ser judío y ser chileno, por lo que le molestaron sobremanera las versiones que señalaron que estaba evaluando dejar el gabinete si es que Chile apoyaba a Venezuela, país amigo de Irán y enemigo de Israel.

Lagos le ofreció un cargo

Eduardo Bitran, entre 1981 y 1990, fue académico de la Chile, período en el cual realizó un doctorado en Economía en la Universidad de Boston. A su regreso al país, y desde 1989, comenzó a militar en el PPD y, desde 1990, comenzó a trabajar desde diferentes frentes para los gobiernos de la Concertación.

En la era Frei fue nombrado gerente general de la Corfo, donde debió enfrentar problemas como la privatización de las sanitarias, la modernización de las AFP y el cierre de Lota.

Fue al estar en ese cargo, en noviembre de 1996, que se vio implicado en uno de los episodios más desagradables de su vida pública. Versiones de prensa atribuyeron al entonces ministro de Defensa, Edmundo Pérez-Yoma, y al subsecretario de Obras Públicas de la época, Guillermo Pickering, haberse referido en una reunión privada a una troika judía de poderosa influencia en el gobierno. Supuestamente, estaba compuesta por el subsecretario de la Presidencia, Jorge Rosemblut; el director de la Secocu, Pablo Halpern, y el propio Bitran.

Aunque tanto Pérez como Pickering lo desmintieron, este hecho fue significativo para Eduardo Bitran -según señala su hermano José-, ya que más allá de la acusación misma, que no tenía ningún fundamento, este episodio le enrareció el aire. Se sintió blanco de "artimañas politiqueras" que no quería tolerar. Así, dejó la Corfo en junio de 1997.

En una especie de autoexilio político, desde julio del 97 permaneció más de ocho años como director ejecutivo de la Fundación Chile. Durante ese tiempo, eso sí, también fue uno de los fundadores del think tank liberal Expansiva (2001), junto al ministro de Hacienda Andrés Velasco y, entre otros, la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot.

En eso estaba Bitran -un hombre que posee un importante patrimonio debido a los negocios de su familia vinculados a la cadena de farmacias SalcoBrand, que gusta tanto de la Coca Light como de Cat Stevens y de la U- cuando lo llamó la Presidenta Bachelet para hacerse cargo del Ministerio de Obras Públicas.

En estos cinco meses ha debido enfrentar diversas polémicas; entre ellas, haber realizado reformulaciones importantes y rimbombantes al interior del MOP, lo que fue interpretado como una crítica directa a la gestión del ex Presidente Ricardo Lagos, con quien tiene amigos en común, como el ex asesor presidencial Eugenio Lahera.

Eso, sin contar con que Marco Colodro, tío de Eduardo Bitran, es uno de los más cercanos al ex Mandatario y conforma su círculo íntimo.

De hecho, hay quienes aseguran que Lagos le ofreció una importante superintendencia a Bitran, pero éste la rechazó por asuntos laborales. Eso sí, todos aclaran que Bitrán no es un "anti Lagos".

En el Gobierno, y en general en todo el mundo político, hay coincidencia tanto en que Bitran es un tipo brillante en lo intelectual y de notable capacidad técnica como en que le falta temple político, lo cual -según altas fuentes de La Moneda- habría demostrado en una serie de episodios poco felices relacionados con la "caída" del puente del canal de Chacao.

Dicen que es acelerado e impetuoso, y que a veces su brillantez se confunde con aires de soberbia, características que recuerdan a aquel niño de Ovalle de promedio 7 que no se amilanaba al recorrer peligrosos cerros de la IV Región.



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Al ministro Bitran se le ha acusado de interesarle más los números que las personas, lo cual es negado por su hermano José, quien dice
Al ministro Bitran se le ha acusado de interesarle más los números que las personas, lo cual es negado por su hermano José, quien dice "su estilo empaquetado o docto no permite ver que es un tipo particularmente sensible".
Foto:El Mercurio


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