ACTIVIDAD CULTURAL

Domingo 7 de Agosto de 2005

Habitar La Moneda


MIGUEL LABORDE

Los ingleses sueñan con habitar una casa victoriana del siglo XIX. Algunos, muy exitosos (cantantes de rock, deportistas de elite...), logran lo que sólo tiene la alta nobleza: un palacio del siglo XVIII. Nosotros tenemos un solo palacio que es casi de ese siglo, con área residencial, La Moneda; y nadie lo habita. Es más, se planteó construir una Casa de los Presidentes en Los Cerrillos, sin raíces ni tradición. El tema, millonario, ronda en el aire.

Faro intelectual

Era un símbolo valioso. Así lo entendió el gran Presidente Bulnes que le dio este destino, y que hizo del palacio un faro intelectual con tertulias inolvidables: Gay, Domeyko, Bello... A Manuel Montt se le incendió y volvió el abandono hasta Aníbal Pinto. En sus balcones se leyeron los partes de la guerra del 79, abajo la muchedumbre silenciosa o eufórica oyendo las noticias. Con Balmaceda se oían pianos, entraba Rubén Darío, se trasnochaba en La Moneda y eso al pueblo le gustaba. Tras él, un nuevo descuido hasta Pedro Montt, el que le abre la puerta familiar de Morandé 80.

Arturo Alessandri, Ibáñez y Aguirre Cerda le dieron vida. Después se volvió simple "oficina"; Ríos con casa en La Reina, Jorge Alessandri en el Paseo Phillips, Frei Montalva en Providencia, lo que tenía el discreto encanto de un país de clase media, como si el Presidente fuera un ciudadano más, uno entre todos. Pero el país y la ciudad perdieron.

Juan Antonio Ríos le dio la espalda. Hombre dominante -Mandantonio le decían-, hizo pavimentar calles para llegar más rápido desde La Reina, construir helipuerto sobre el Banco del Estado y desde ahí un ascensor y un pasillo subterráneo a La Moneda. Planeó destinar grandes recursos a su Cañete natal pero lo sorprendió la muerte. Gabriel González los desvió a La Serena, enorme inversión sin visión de país, lo que generó huelgas, el "Complot de las patitas de chancho", "La marcha del hambre", la proscripción de los comunistas, el fin de la convivencia. Le siguió Ibáñez, segundo gobierno, "el General de la Esperanza" que, con el símbolo de la escoba, prometió barrer la desastrosa politiquería. Residió en Ñuñoa.

El Primer Mandatario requiere de símbolos y de ritos. Vivir en La Moneda aporta un mensaje poderoso, en ese noble palacio cargado de historia, cerca del simbólico kilómetro 0, de cara a la ciudadanía. Debiera ser un premio, habitar el único palacio chileno con raíces en el siglo XVIII, una joya de la Colonia, obra del gran Joaquín Toesca.


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