EL SÁBADO

Sábado 4 de Junio de 2005

Virtualmente nominado capitán de la Copa Davis
El match point de Hans

A los 23, el biónico llegó a ser número 12 del mundo.
Por Ximena Pérez Villlamil
Foto Carla Pinilla

Hans nació peruano. Y con otro nombre: Juan Pedro. Recién, a los 21, se nacionalizó chileno. O sea, por poco y ocurre lo mismo que con Horacio "Pulga" de la Peña, el argentino que no podía aparecer oficialmente como capitán de la Copa Davis, porque los estatutos exigen que sea chileno. Por eso, el que ocupaba la silla de capitán en los partidos era Sergio Elías.

­Ya sabemos lo que habría pasado si hubiera seguido siendo peruano.

Hans recibe el golpe y responde con un derechazo a dos manos: "Yo llevaba 16 años en Chile (vivió cuatro en Estados Unidos), salí campeón cinco veces representando a Chile. Yo firmé la carta (en contra la nacionalización de de la Peña) por otras razones".

No se oponía a que le dieran la nacionalidad por gracia al "Pulga", el renunciado capitán de Copa Davis y entrenador de Fernando González. Lo que no le gustó, según él, fue el tono de la carta que se envió al Congreso promoviendo la "chilenización" del argentino, porque aparecía como el hombre que inició el tenis en Chile. "Sin discutir sus triunfos, la verdad es que el tenis empieza muchos años atrás, con Anita Lizana, Lucho Ayala".

Hemos entrado, sin querer, al capítulo más malogrado del tenis en el último tiempo. Diga lo que diga, con su firma Hans se opuso a la nacionalización de De la Peña junto a otros ex tenistas como Hermes Gamonal, Patricio Rodríguez, Marcelo Ríos, Luis Guzmán y Roberto Ossandón (el ex vicepresidente de RN, tenista aficionado y promotor de la carta).

Increíble, porque para Gildemeister la nacionalidad fue tema. No pudo participar en un Panamericano porque su pasaporte todavía era peruano y le exigían el de su país, Chile. "Trataron de conseguirme uno, pero no se pudo. Me hubiera encantado que me hubieran dado la posibilidad antes. Las autoridades de la época podían haber tomado la decisión". Se refiere a hacerlo chileno; él debió esperar hasta los 21 años, la antigua mayoría de edad, para cambiar su nacionalidad.

Tres décadas después de vivir en carne propia el problema, Hans se ve envuelto en otro asunto de nacionalidad: el de Horacio de la Peña. Vueltas de la vida.

Y todo porque el papá de Hans, el alemán Benito Gildemeister, tuvo la ocurrencia de irse a vivir a Perú, donde no se podía inscribir a los hijos con nombres extranjeros.

Hans está a punto de ser nominado capitán de la Copa Davis por primera vez. Tiene 49 años y méritos suficientes como para haber ocupado el honroso título hace mucho tiempo. Se retiró del tenis a los 31, aunque siguió jugando dobles por Copa Davis hasta los 35. Si no tuvo la oportunidad de llegar a un sitial al que todos los ex tenistas sueñan con llegar fue por otro capítulo poco feliz del tenis en el que se vio involucrado.

Cuidadoso y diplomático, Gildemeister no quiere saborear todavía el gustito de ser el equivalente al entrenador de la selección chilena de fútbol, aunque con un sueldo muchísimo menor. Históricamente, lo que más ha ganado un capitán de Copa Davis han sido 10 mil dólares, porque el trabajo consiste en entrenar a los jugadores una o dos semanas antes del torneo y acompañarlos durante el mismo.

­¿Qué vendría a ser para usted este nombramiento?

­La única condición que puse es que haya consenso entre la federación (de tenis) y los jugadores.

Es cierto: la elección corre por cuenta de la federación que preside Mario Pakozdi, pero debe contar con el visto bueno de los jugadores, porque si no empiezan los dramas. Y éstos han apoyado su designación, por lo que Pakozdi está casi obligado a nominarlo.

­Massú y González han manifestado su beneplácito.

­Es lo que he escuchado por los diarios.

El "biónico", apodo con el que Florindo Maulén, periodista de La Tercera, bautizó a Gildemeister después de su triunfo sobre Guillermo Vilas en un histórico partido de Copa Davis, fue un gran ídolo. Lejos, el mejor jugador de Copa Davis de Chile. Capaz de ganarle a todos los jugadores cuando las exhibiciones, comentan los entendidos más deslenguados, no eran arregladas. El primero que usó cintillo. Y el primero que le consiguió auspiciador al cintillo. El único que pegaba a dos manos el derecho y el revés. El chileno que llegó más alto en el ranking ATP ­fue número 12, a los 23 años- antes de la aparición de Marcelo Ríos, Nicolás Massú y Fernando González. El único chileno campeón del mundo en dobles (con el ecuatoriano Andrés Gómez).

Luis "Luchín" Guzmán, ex capitán de Copa Davis, ex entrenador de Hans que hoy dirige una escuela de alto rendimiento en el Club Palestino, lo resume así: "Le decían perro en el circuito, porque era aperrado, entraba a la cancha y lo dejaba todo, nunca se daba por vencido. Es la misma personalidad que marcó al Chino Ríos y que nos hizo cambiar el esquema de creer que por estar al fin del mundo no podíamos ganar".

"Pelea absurda" con el Chino

Hans pertenece a la primera generación de tenistas que ganó dinero con el deporte. Supo elegir en qué torneos jugar, porque en su época se promediaban los puntos de todos los campeonatos en que participaba un tenista (ahora se consideran los 18 de mejor desempeño), logrando mantenerse en buenas posiciones. Se hizo especialista en exhibiciones (pagadas), donde demolió a grandes contrincantes. "Hans llegó a la hora señalada, en el momento en que había gran efervecencia por el tenis. Nosotros llegamos a la final de la Copa Davis con Italia en 1976", sostiene Patricio Cornejo, quien recibió 21 mil dólares por jugar aquella final de Copa Davis y pagó 13 mil en impuestos.

En esa época, Jaime Fillol y Cornejo, números 1 y 2 del equipo, respectivamente, ganaban lo mismo por estar en Copa Davis. Hans rompió la tradición y exigió obtener más que el segundo. Bajo ese esquema el Chino Ríos llegó a pedir 100 mil dólares por integrar el equipo de la Copa Davis versus 20 mil que cobraba el segundo, brecha que se acortó con la anterior federación de tenis.

A Hans hablar de dinero le molesta enormemente. También referirse a sus negocios. A su famoso rancho en la ribera del Mapocho que construyó gracias a una concesión municipal que le otorgó el entonces alcalde de Las Condes, en 1979, cuando no existía la municipalidad de Vitacura. Cuenta que la idea fue de un primo de su mujer, Jorge Cerveró, quien aprovechando el boom del tenis y el éxito de Gildemeister, que llegó al número 12 en 1979, le propuso abrir un club dado que no había canchas que no fueran de estadios.

En 1981 inauguraron seis canchas de arcilla. Terminaron con 17. "Se me borraron tres con la primera salida del Mapocho, el 82, y con la segunda, el 86, se me fueron otras tres", relata con toda naturalidad. No tenía seguro contra inundaciones, por lo que debió apechugar. Su casa en Lo Curro también se llenó de agua. "Aquí había un metro", señala con la mano, aunque él estaba en Estados Unidos, y su padre, que le estaba cuidando la casa, tuvo que ser evacuado en helicóptero.

Quien fuera socio del rancho, Javier Flores, un ingeniero civil de la Católica, que le compró su parte a Cerveró ­asegura Hans­ fue protagonista de un capítulo que perjudicó el nombre de Gildemeister y su posibilidad de ser capitán de la Copa Davis. Flores presidía la federación chilena de tenis ­sin haber estado nunca ligado a ese deporte­ cuando el Chino decidió no jugar Copa Davis contra Perú porque le dolía el estómago.

Según narra el libro Marcelo Ríos, en la gloria y el revés de las periodistas Carolina García-Huidobro y María Olivia Browne, Flores y Gildemeister (ayudante técnico de la federación) no le creyeron y así lo declararon públicamente. Todo pudo haber terminado ahí, pero cuando el Chino jugó un partido de exhibición en el Estadio Nacional contra el peruano Jaime Izaga, que se esperaba fuera la revancha por el encuentro que no se había concretado en la Copa Davis, Ríos perdió y acusó a Javier Flores de "chueco", "mafioso" y de haberle dicho "ojalá que pierdas".

El asunto llegó a los tribunales de justicia, porque Flores presentó una querella por injurias y el padre del Chino recurrió al tribunal de honor de la federación de tenis (que presidía Flores). Este suspendió a Ríos de todos sus derechos como afiliado durante seis meses, por lo que no podría jugar Copa Davis. A Flores sólo le aplicó una amonestación.

Los Ríos apelaron al tribunal de honor de Comité Olímpico de Chile y aportaron otros antecedentes. Unos decían relación con supuestas maniobras antideportivas de Gildemeister y Flores, según narra el libro, para "arreglar" partidos de exhibición, cosa de que duraran más tiempo y con eso la federación pudiera financiar el match a través de la televisión. La publicación detalla cómo Gildemeister se acercó a Marcelo en el camarín y le planteó que el partido contra el español Emilio Sánchez Vicario fuera a tres sets. "Yo no regalo ni un punto ­le contestó indignado (Ríos)", fue la respuesta, según consta en el libro. Otro episodio fue antes de un partido entre Ríos y Gabriel Silberstein, en el que Flores le habría propuesto un arreglo a Silberstein, "hecho que no se materializó", según el fallo que recoge el libro. Por último, los Ríos acusaron a Gildemeister y a Flores de haber intentado suministrar sustancias anabólicas al Chino para acelerar su rendimiento, lo que no se llevó a cabo "por la decidida oposición del preparador físico Manuel Astorga", precisa la publicación.

El fallo fue demoledor para Flores, quien fue expulsado del Comité Olímpico e inhabilitado de por vida para ser dirigente deportivo. El fallo lamentaba profundamente "que un destacado deportista como lo es Hans Gildemeister se haya visto involucrado en situaciones claramente antideportivas".

­¿Le dolió mucho la pelea con Ríos?

­Prefiero no tocar ese tema, es pasado.

­¿Desde ahí quedaron rotas las relaciones con el Chino?

­No, el otro día me encontré con él, nos saludamos, no hay ningún problema.

­Mientras Ríos integró el equipo de Copa Davis usted estaba vetado para ser capitán.

­No tengo idea. Nunca me lo ofrecieron.

­¿Podría inferir que nunca se lo ofrecieron porque Marcelo Ríos era parte del equipo?

­Posiblemente, no sé. Hay que preguntárselo a la gente que estaba en la federación (de tenis) en esa época.

­Los integrantes de las federaciones anteriores dicen que nunca se les ocurrió nominarlo capitán porque sabían que el Chino se habría opuesto.

­No me molestó en nada. Yo nunca he buscado ese tipo de cosas.

­Podría, al menos, calificar de alguna manera la pelea entre Ríos, Javier Flores y usted.

­Yo diría que fue absurda, una pelea absurda donde estuvieron involucradas terceras personas. Punto final.

El origen del golpe a dos manos

Sus tres hermanos mayores nacieron en Argentina, porque tras arribar de Alemania a Chile en 1943, su padre emigró a Buenos Aires, conoció a Elena Bohner, hija de alemanes, se casó y tuvieron a Federico, Doris y Marianne. Sólo Heinz, el menor de los cinco, nació en Chile.

"Mi papá era un tenista de fin de semana, igual que mi mamá. Él empezó a jugar con Federico, antes que se hiciera socio de un club, en la calle. Yo en esa época era muy chico", afirma. El papá se hizo socio del Club Internacional, el que está al lado del puente Loreto, y posteriormente, del Stade Francais, "porque ahí estaban los mejores tenistas".

A los cuatro años, Hans tomaba la raqueta de su hermano mayor y como era tan pesada la arrastraba con las dos manos. De allí proviene su potente estilo. "Hasta los 13 años yo sacaba a dos manos y cuando viajé a Estados Unidos a jugar el Orange Bowl, se me acercó un entrenador y me dijo que si algún día quería ser un tenista de nivel tenía que aprender a sacar con una mano". Cuando imita el gesto, resulta divertido el movimiento. El saque lo cambió, pero agradece no haber hecho lo mismo con el revés y el derecho.

Hans pasaba las tardes practicando en el Stade Francais. Los sábados y domingos lo hacía en dos tandas, desde las ocho de la mañana hasta las doce, cuando los Gildemeister regresaban caminando a casa "porque a esa hora almuerzan los alemanes", y en cuanto podía pararse de la mesa, regresaba al estadio.

Cuando a los 13 años salió campeón infantil sudamericano se dio cuenta de que era mejor para el tenis que para el fútbol. Su padre, que llegó a primera categoría, jugó hasta los 70 años y siempre apoyó a sus hijos en el tenis. No le importó que Hans terminara el colegio en Ohio, Estados Unidos, donde vivía Federico, el hermano mayor que trabajaba en un club de tenis. Lo de terminar es un decir, porque iba cuando tenía tiempo.

En Estados Unidos obtuvo una beca en la USC (University of Southern California), una de las tres mejores en tenis, cuando no se estilaba que un chileno estudiara afuera para poder practicar un deporte.

Tres años pudo aguantar el ritmo de ir a clases y jugar, por lo que no alcanzó a optar por una especialización. Entonces, tomó otra decisión: hacerse tenista profesional.

Y entremedio de tanto tenis se casó. A los 21, con Margarita Domínguez, de 18, su primera polola. Y madre de sus cinco hijas, ninguna de las cuales juega tenis.

Gildemeister hizo dinero, aunque nada comparado con sus sucesores. Calcula que no llegó al millón de dólares entre premios y auspicios ­lo que puede ganar un top ten en un año­ pero con eso adquirió la casa en Lo Curro en la que crió a sus cinco hijas, dos de las cuales lo han hecho abuelo de José, de cuatro años, y Lucas, de tres.

En un balance de lo que fue su rancho, asegura que fue bastante menos auspicioso de lo que la gente piensa. Pese a que fue de los primeros, pese a que allí entrenaron el Chino Ríos y Gabriel Silberstein, pese a que le agregó un taquillero gimnasio, dice que nunca fue gran negocio. "El deporte nunca lo ha sido en Chile. La escuela de tenis tampoco, imagínate que le pedíamos plata a empresarios importantes que nunca quisieron figurar para que nos ayudaran a mandar a Marcelo Ríos, a Patricio Delgado, a Gabriel Silberstein a Europa. En esa época los papás pagaban 20 mil pesos, pero los niños tenían canchas, pelotas, preparador físico, médico y entrenador gratis. Y algunos eran becados. El gimnasio fue negocio al principio, pero cuando aparecieron los gimnasios grandes a nosotros nos perjudicó bastante".

Para rematar, en 1992, un decreto obligó a las municipalidades a cobrar derechos por el uso de los terrenos concesionados, como eran los del club de Gildemeister.

Finalmente, terminó con el negocio al traspasar los derechos de aquella concesión municipal a los actuales dueños del exclusivo Balthus ­Jorge Lería, Nicolás Abumohor y sus hijos Ricardo y Roberto, Paulino Noemi y Pedro Aresti­ por 22 años. Ni él ni los compradores quisieron precisar por cuánto se vendieron los derechos de los terrenos. En todo caso, Hans asegura tener un porcentaje del Balthus, que tampoco detalla.

La concesión se la otorgó el coronel Alberto Labbé, entonces alcalde de Las Condes y padre del actual alcalde de Providencia. Hans fue partidario del régimen militar y visitó al general Pinochet en La Moneda poco antes del plebiscito de 1988 junto a otros ex deportistas destacados. "Lógicamente", reflexiona hoy, "mi opinión ha cambiado".

­¿Está decepcionado?

­Sí, decepcionado. Las cosas que han pasado, sobre todo con las cuentas del Riggs y la cuestión de los derechos humanos.

Retoma el tema anterior. "Yo tengo que hablar de los negocios exitosos míos que son la venta de maquinaria deportiva y de pasto sintético". Hace ocho años, Alfredo Silva, un amigo y ex deportista, le ofreció asociarse para representar a Techno Gym, la empresa número uno en tecnología deportiva ­dice, sin perder la oportunidad de marketear su marca­ del italiano Nerio Alessandri, "el inventor del wellness (bienestar)". Entre quienes han comprado sus máquinas para gimnasios, Hans menciona a los más elegantes hoteles y clubes santiaguinos.

Con Tarkett, la fábrica francesa de pisos de madera que además produce pasto sintético, también ha logrado hacer buenos negocios. El producto es tan parecido al pasto natural ­cuenta­ que la Fifa autorizó a que se jugaran campeonatos oficiales en canchas de pasto sintético. Y la primera en obtener el visto bueno en el mundo ­asegura­ fue la del Estadio Chinquihue, de Puerto Montt, que la empresa que tiene con Silva instaló.

Junto a otros seis socios, entre ellos, el ex preparador físico de la selección de fútbol, Marcelo Oyarzún, hizo un joint venture con la Universidad de Las Américas, interesada en dotar a sus alumnos de un gran complejo deportivo. Hace unas semanas éste fue inaugurado en la comuna de Macul con las máquinas y pasto sintético que Gildemeister representa. One se llama el holding del tenista, cuyo nombre lo tomó del gimnasio fallido de Eduardo Cruz Johnson, en el Portal La Dehesa, que ahora le pertenece a él y sus socios.

Considerando que la Universidad de Las Américas tiene sedes en Viña, Concepción y Maipú, probablemente habrá más complejos One.

Sin embargo, la mente de Hans ha vuelto a concentrarse en el tenis. Por su inminente nominación.

­Usted jugó dos veces contra De la Peña y perdió. Ahora será el nuevo capitán. ¿Es esta su revancha?

­¿Revancha de qué? Aquí no hay revancha. Todo lo contrario, hay que reconocer sus méritos.

­A Javier Flores se le reconoce gran habilidad en los negocios, aunque ha tenido algunos problemas de incumplimiento. ¿Diría que él le fue más útil desde el punto de vista comercial que de imagen?

­Posiblemente, posiblemente.

­¿Por qué cree que Chile se demoró casi 20 años en volver al grupo mundial de Copa Davis?

­Una de las razones es que hubo una brecha muy larga entre que yo me retiré y llegó Marcelo Ríos. Creo que, lamentablemente, él no tuvo su compañero ideal para que lo acompañara.

­Nuestro gran logro en Copa Davis fue el segundo lugar en 1976. ¿Podremos ser campeones alguna vez?

­Es muy difícil, muy difícil, pero no imposible.


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Foto:Carla Pinilla


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