VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 26 de Mayo de 2007

Pirque:
Donde el campo tiene aires europeos

Pese a que en varios de los terrenos agrícolas de Pirque se han formado condominios y loteos residenciales, algunas de sus antiguas casas patronales se resisten a pasar al olvido. Premunidos de un tesón único y conscientes del valor patrimonial de sus propiedades, los dueños enfrentan los tiempos actuales y buscan entre sus recuerdos las historias que atesoran estas casonas ubicadas a poca distancia de Santiago.
Texto, Jimena Silva Cubillos Fotografías, Sebastián Sepúlveda Vidal

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Cuentan las malas lenguas que Ramón Subercaseaux Mercado, el empresario que a comienzos del siglo XIX compró dos tercios de Pirque, le vendió su alma al diablo a cambio de agua para regar las entonces áridas tierras del valle que se refugia entre el río Maipo y los faldeos cordilleranos. Él le habría ayudado en la titánica tarea de habilitar el canal La Sirena.

Cuando murió, en 1859, sus tierras fueron heredadas por parte de sus doce hijos. El Cruceral quedó en manos de Antonio; San Juan fue concedida a Carmela y su esposo Alberto Mackenna, quienes levantaron una hermosa casa y parque de estilo colonial; Las Majadas –donde el arquitecto Alberto Cruz Montt edificó un fastuoso castillo de estilo francés– se entregó a Francisco; y El Llano se asignó a Emiliana, quien junto a su marido Melchor de Santiago Concha y Toro desarrolló una de las viñas más grandes del país. La Isla y Santa Rita también integraron la partición Subercaseaux Vicuña.

Con los años, estas hijuelas –que bautizaron los actuales sectores principales de esta comuna agroresidencial, ubicada a sólo 25 km de Santiago– se fueron subdividiendo por herencias sucesivas o bien por ventas. La hacienda Santa Rita la compró Máximo Valdés Fontecilla, en 1929, a otra de las hijas de los Subercaseaux Vicuña. "La casa principal, de 3.500 m², fue construida a fines del siglo XVIII por Francisco Gana de Aménzaga, un español que llegó a Pirque en 1765 y que manejó grandes extensiones de tierra", describe Máximo Valdés Zegers, quien ha pasado casi sus 69 años en esta casa de adobe y crin que es considerada la más antigua del sector.

Entre los datos históricos que le traspasó su padre, Máximo Valdés Vial, también revive los propios. "Con mi hermano José Miguel no estábamos muy interesados en el estudio, pero sí queríamos ir a la escuela de la hacienda para comer unas habas con cebolla re buenas que daban". También le gustaba pasear con los trabajadores del campo –en su mejor época fue cultivado por mil personas que ejecutaban todas las faenas a mano– o realizar curiosas pruebas ecuestres. "Cuando pavimentaron afuera –a comienzos de los años 50–, en las noches competíamos en sacarle chispas a los caballos. Los echábamos a andar y los reteníamos con las riendas".

En sus orígenes esta fue una casa fortaleza, es decir, muy hermética y volcada hacia un patio interior. "Mi abuelo le pidió a su yerno, el arquitecto Guillermo García Huidobro Jaraquemada, que la remodelara porque cuando la compró estaba muy abandonada, cubierta de zarza. Era enorme pero sólo contaba con dos puertas y en vez de ventanas tenía troneras", señala Valdés Zegers, empresario agrícola dedicado al cultivo de ciruelas de exportación. En esa época se abrieron vanos y también se habilitaron los corredores que actualmente luce esta propiedad que luego del terremoto del 85 tuvo que ser refaccionada parcialmente.

- Ese día fui a un rodeo. Llegué a la casa y a oscuras tuve que sacar unos adobes que estaban encima de mi cama. Recién cuando desperté me di cuenta de que ahí mismo había quedado el baño, y cómo no, si la pared se había venido abajo. Con tanto polvo parecía berlín- , recuerda con humor Máximo Valdés Zegers, quien es un conocido promotor de las tradiciones campestres.

Influjo europeo

Aunque los herederos de El Cruceral vendieron gran parte de los terrenos que le tocaron a Antonio Subercaseaux Vicuña, el sector poniente de la comuna aún conserva un par de casas con valor patrimonial. En la que perteneció a la familia Prieto Vial –que ha sufrido algunas intervenciones en su fachada principal– funciona Villa Virginia, una hostería destinada a generar recursos para sustentar los proyectos educativos de la Fundación Origen. Sus antiguas bodegas además albergan a la Escuela Agroecológica de Pirque.

Según Daniel Prieto Vial la casa fue diseñada por Carlos de Landa, un arquitecto y aristócrata mexicano que se radicó en Chile. En esta construcción realizó una obra muy propia del lugar, con corredor en el segundo nivel y tejas en la techumbre, flanqueada por palmeras y asociada a un jardín de trazado simple y regular.

A comienzos de siglo, las mujeres de esta familia y las de otros campos de Pirque –según Bernardita Prieto Vial– cumplían una labor social importantísima. "Como las calles eran de tierra, los viajes al hospital se hacían interminables, entonces eran ellas quienes actuaban de matronas, recibían a los recién nacidos y les prestaban los primeros auxilios. Las mujeres se hacían cargo de ese tipo de labores con gran vocación y amor", recuerda la paisajista, quien nació y vivió en la casa de El Cruceral, frente a la de sus abuelos, hasta que se casó. Hoy prácticamente pasa todos los fines de semana muy cerca de ese lugar, ya que remodeló una de las casas de inquilinos que construyeron sus padres. "Los patrones antiguos eran abiertos con su gente. No sólo trataron de darles buenas casas, sino que también se reunían con ellos para realizar grandes comidas y actividades sociales", cuenta su hermano Daniel.

Por su marcado estilo español destaca la casa de descanso que mandó a edificar en 1937 Carlos Vial Infante –ministro de Defensa del gobierno de Jorge Alessandri– al arquitecto Fernando de la Cruz en un sector de El Llano. Con dos niveles, pozo de agua en el techo y elementos decorativos de forja en fierro, su patio interior adoquinado aún conserva un nogal que ahora ofrece sus últimos frutos. La casona está acompañada por un parque de 6 há que alberga araucarias, encinos, coníferas, sauces, olmos, plátanos orientales y palmeras, entre otras especies de gran tamaño. Cada Navidad y parte del verano la familia de su hijo Carlos Vial Correa –actual dueño de la propiedad– y de su nieto Carlos Vial Bezanilla, administrador de este campo que en la actualidad sólo produce maíz, se reúnen en esta magnífica propiedad.

En la hijuela Las Majadas se aprecia la influencia de la arquitectura francesa en Pirque. El castillo diseñado por el arquitecto Alberto Cruz Montt –construido entre 1908 y 1909– rompe el estilo tradicional de la casa chilena de adobe, de herencia colonial española. En tres niveles más subterráneo alberga un salón, comedor principal, una veintena de dormitorios, diez baños y otras salas como escritorio, biblioteca y oratorio.

Luego, en 1818, ese fundo fue adquirido por el empresario Julio Nieto Espínola, cuyos herederos acaban de vender la casona a un empresario argentino. Aún no se sabe con certeza que uso le dará su nuevo propietario, pero ya comenzaron los trabajos de restauración del castillo y del sorprendente parque que diseñó el francés Guillermo Renner.

Al plantar las primeras cepas que trajo desde Burdeos (Francia) en la que fuera la hijuela El Llano, Melchor de Santiago Concha y Toro se transformó en el artífice de la viña que lleva su apellido. En 1875, junto a su esposa Emiliana Subercaseaux Vicuña, levantó la señorial casona del fundo que hasta fines del siglo pasado fue la residencia de Jorge Ross Concha, familiar del destacado empresario, político y benefactor social.

Influido por sus viajes a Europa, el matrimonio decidió que la casa de veraneo que les diseñó el arquitecto de origen alemán Teodoro Burchard tendría características italianas, pero mantendría el espíritu de las antiguas casas chilenas de fundo. Son veintidos habitaciones y diferentes salones de estar, algunos de los cuales hasta hoy conservan su mobiliario original y se utilizan sólo para recibir a visitas ilustres de la viña.

A una distancia razonable de la casona y su parque de 23 há quedaron los viñedos de Concha y Toro. Dicen que constantemente les robaban vinos desde las bodegas, hasta que Melchor echó a correr el rumor de que el diablo habitaba ese lugar y se enojaba cada vez que le tomaban su vino. Desde entonces nunca más se perdió nada en El Casillero del Diablo. Por alguna razón las notables casonas y parques de Pirque, su pasado y presente, siguen vinculados a leyendas y mitos.


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1. A pedido de sus gestores, Emiliana Subercaseaux Vicuña y Melchor de Santiago Concha y Toro, la casona que volvió a manos de la viña en 1994 se construyó en el sector más alto de El Llano para evitar la humedad.
1. A pedido de sus gestores, Emiliana Subercaseaux Vicuña y Melchor de Santiago Concha y Toro, la casona que volvió a manos de la viña en 1994 se construyó en el sector más alto de El Llano para evitar la humedad.
Foto:Sebastián Sepúlveda Vidal


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