EL SÁBADO

Sábado 21 de Febrero de 2004

Los hermanos Robledo


por Francisco Mouat

Se llamaban Jorge y Ted Robledo Oliver, eran los hermanos Robledo. Los mismos hermanos que muy pequeños, cuando Jorge tenía cinco años de edad, habían dejado el país para irse a vivir con su madre a Inglaterra, y que mucho tiempo después, en 1953, volvieron a Chile como futbolistas famosos a jugar por Colo-Colo sin hablar un gramo de castellano.

Esto es lo que la mayoría de los chilenos, me incluyo, sabía de los hermanos Robledo, aparte de que Jorge era un crack de marca mayor, un jugador fuera de serie, campeón y goleador jugando por el Newcastle de Inglaterra antes de volver a Chile. Hasta que hace poco abrí el libro Carne de perro de Germán Marín y en sus primeras páginas me encontré con la siguiente dedicatoria. Cito textual:

"A los hermanos Ted y Jorge Robledo, esa extraña pareja del fútbol chileno, venida de Inglaterra, de quienes aprendí a temprana edad, al leer las crónicas de sus vidas, la vocación del fracaso. Ted terminó en África, cansado de vivir, dedicado, según se dice, al alcohol, si bien otras fuentes indican que, tras servir como agente de inteligencia, fue asesinado en Omán. Jorge repitió los días, en el pueblo de Rancagua, en un empleo burocrático, acabando como guardián de puerta en el colegio Mackay de Viña del Mar".

Después de leer esta dedicatoria, y aunque los datos ahí manejados no fueran estrictamente ciertos, me pareció estar viendo en el destino de los Robledo argumento suficiente para fraguar una investigación mayor, una crónica de sus vidas, por qué no un libro, o un documental.

En eso estoy ahora: empezando a recabar información. La mínima información que permita ir confrontando el texto de Germán Marín y ojalá completándolo.

Empecemos por Ted. Dos o tres años menor que Jorge, no tuvo ni su talento ni su profesionalismo. Cuando Jorge deslumbraba en el Newcastle, Ted formaba parte de las divisiones menores del club. Al venirse a Chile en 1953, Jorge Robledo exigió hacerlo con toda su familia: su madre, Elsa; su hermano Ted y su hermano menor, Guillermo. Ambos, Jorge y Ted, jugaron en Colo-Colo entre 1953 y 1958. Pero mientras Jorge era figura y sobresalía por su disciplina y su capacidad en la cancha, Ted alternaba la titularidad y no escondía su amor por la jarana, la noche y las mujeres.

Nunca se casó Ted Robledo. Y después de 1958 su pista se desvaneció. Vicente Riveros, antiguo dirigente de Colo-Colo y amigo de Jorge Robledo, dice haberle conocido varias novias del mundo de la farándula a Ted, entre ellas una hermosa bailarina de flamenco de Valparaíso. Pero en algún momento Ted se borra del mapa chileno y nada más se sabe de él, hasta su extraña desaparición. Pudo ser a fines de los años sesenta. Las distintas versiones, la del Sapo Livingstone, la del periodista Lucho Urrutia O'Nell, la del propio Vicente Riveros, la del antofagastino Danilo Díaz, apuntan a que fue arrojado desde un barco en altamar, en una riña, en el oceáno Índico, o al menos cerca de África. ¿Qué hacía ahí Ted Robledo? No es claro: al parecer, dicen estas fuentes, el hombre se dedicaba a negocios poco claros, contrabando o drogas, y sus amistades eran relaciones peligrosas. Lo concreto es que al puerto de desembarque de aquella nave nunca llegó Ted Robledo.

La dedicatoria escrita por Germán Marín no contiene información descabellada en absoluto. Ted terminó mal, asesinado, no sabemos si en territorio asiático o en algún océano de la región, y lo de agente de inteligencia de los británicos tampoco es tan descartable. ¿Y si ésta hubiera sido la razón para arrojarlo al mar, haberlo descubierto durante el viaje en una operación camuflada de infiltración?

Jorge Robledo nunca dijo una palabra en público ni en reuniones sociales de lo que había pasado con su hermano. No era un tema para conversar a viva voz. Hombre sencillo y discreto, abandonó el fútbol sin hacer mayor ruido y en Rancagua conoció a su futura esposa Gladys, con quien construyó "una hermosa pareja", según Vicente Riveros.

Alguien me señala que la muerte de su hermano lo afectó muchísimo, y que desde entonces se puso bueno para el trago, pero Riveros lo desmiente: "Yo creo que Jorge era un gran bebedor social, seco para el whisky, pero nunca lo vi descompuesto por el alcohol".

Jorge Robledo terminó sus días no de guardián de puerta del colegio Mackay, sino como encargado de deportes del colegio Saint Peter de Viña del Mar. Murió joven e inesperadamente, a los 62 años, de un paro cardiorrespiratorio. Le sobreviven su esposa y una hija, ambas radicadas hasta hoy en Viña del Mar.


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