WIKÉN

Viernes 24 de Septiembre de 2004

Bienvenidos a Magdalena

La cantante chilena Magdalena Matthey maneja su propio tren: entre el folclor y la fusión latinoamericana.
David Ponce

En junio, tres meses antes de que el sensacional álbum que produjo para la cantante brasileña Maria Rita Mariano ganara dos recientes premios Grammy latinos, el productor brasileño Álvaro Alencar vino por unos días a Santiago. A trabajar. Se encerró en un estudio de grabación a unas cuadras de la Plaza Italia a mezclar el disco de otra cantante: la chilena Magdalena Matthey. Y si el de Maria Rita tiene samba y bossa nova, Magdalena puso una baguala argentina, un aire de pasillo peruano, un ritmo de cueca y muchas canciones con guitarra acústica.

Hoy esas canciones están en el tercer disco de la cantante, que es parte del nuevo frente de autores de música latinoamericana en Chile, que ha actuado con Pedro Aznar y que escoge al ingeniero de Maria Rita y a Sergio Tilo González, baterista del grupo de fusión latina Congreso, como productor. Pero que también partió a los 22 años con un disco hecho con Alberto Plaza, que fue a la OTI en México y que ganó la competencia folclórica del Festival de Viña en 1995. Aunque no siguió el camino pop comercial, tampoco aparece en televisión y ni siquiera es folclorista.

Los momentos más inadvertidos de Magdalena Matthey son los que han definido sus diez años de trabajo. Pero las cosas que no ha hecho son también parte de su carácter.

Hay una palabra que ha rondado a esta cantante en el último tiempo: otro. Su disco previo fue "Del otro lado" (2000): un título intimista, explica. El nuevo es "Mañana será otro día", que quiere decir "a pesar de todo estoy ahí", y contrasta: un título optimista.

Hay otra palabra que la ronda además: raíz. "Siento una atracción tremenda por la raíz latinoamericana. Hay un espacio que acá no está todavía cubierto. Hay grupos: están Congreso, los Inti, pero no hay una mujer en esa rama. Pienso en mujeres que a lo mejor tienen una tendencia más folclórica o al jazz, como la Tita Parra o la Francesca (Ancarola). Yo quiero abarcar más la parte latinoamericana y hacer mi creación a partir de eso".

El suyo es un disco familiar, también. "Viene la luz" es una canción dedicada al nacimiento de su hijo Andrés, en 2001. Y la que canta en el añoso bolero "Siboney" es Alicia Correa, de 79 años, la madre de la cantante. Magdalena grabó esa voz en la casa de sus padres, en El Tabo, y sólo después de terminado el álbum Alicia le contó que aún tiene un disco de acetato grabado a los 25 años, cuando en los 40 llegó a formar un dúo con su hermano. "Cantaba de todo la mamá. Pero en un momento, al tercer hijo, tuvo que optar: o la familia o la música. Y dejó todo por los hijos".

La historia de la hija es distinta. Magdalena Matthey no dejó el trabajo por ser madre. "Opté por no tener más hijos, porque si tuviera otro no podría. No podría dedicarme así, ciento por ciento", dice ella, que es la décima hija de una familia en la que los nombres de todas las hijas empiezan con María y los de todos los hijos con José. Y donde muchos tienen tres nombres, como María Verónica Marta. O como María Leonor Lucía: el mismo título de la canción con la que ganó en Viña.

Los fans de Magdalena son gente que va a verla a sus conciertos en pequeñas salas y pubs y que escribe a su sitio web, gente que ella ha visto de cerca entre el público. A veces piensa en otra clase de popularidad. "Me imagino yo cómo será con Miguel Bosé", dice, por ejemplo. "Debe ser espantoso".

Varias veces podría haber tomado esa ruta. El primer disco tenía una dirección más comercial: en "Latidos del alma" grabó desde Luz Casal a Violeta Parra y hasta siguió la instrucción de teñirse el pelo negro. Pero no logró convencerse. En los siguientes trabajó por su cuenta y grabó más canciones propias.

"Es atreverse a hacer las cosas que uno quiere. Cuando uno está tan convencido rompe muchas barreras. El primer disco fue más manejado, era la primera vez, alucinaba con todo y había un gran grado de ingenuidad de mi parte. También me hice un poco la lesa con mi intuición. Ahora me dejo llevar por la intuición".

Si debe pensar en algo que no le gustó hacer, se toma unos segundos. "Cuando fui a la OTI, en México", recuerda: ahí cantó la canción "Tú, naturaleza" en 1999, pero partió sola y ella misma repartió su disco en las radios, mientras los demás competidores tenían sellos disqueros. "Claro, me sentí equivocada, porque era una canción nada que ver con el resto. Dije: '¿Qué estoy haciendo acá?' Yo era un pajarito. Pero tuve que madurar como aterrizaje forzoso".

Por cierto, el apellido de Magdalena termina en y. Y desde luego ella no es la senadora de la UDI de apellido Matthei, aunque en su asiento de jurado en el Festival de Viña del año pasado estuviera escrito ese nombre. Alguna vez, de hecho, pensó en hacerse llamar simplemente Magdalena. Pero también dijo no.

"Es que soy Magdalena Matthey. Y mi papá me mata si dejo de llamarme así. Por eso ahora está la imagen", dice, mirando la tapa de "Mañana será otro día", con una foto suya en primer plano, desplegada luego entre estaciones y coches de tren. Éste es su tercer disco, pero en un sentido es el primero. "Por primera vez estoy muy involucrada. Ahora hay una convicción súper clara", dice, y echa mano a la experiencia. "Me tocó muchísimo cantar en lugares en que la gente no está ni ahí, esperando la onda de los Axé Bahía y todo y tú dices: ¿Qué estoy haciendo acá?", recuerda. "Pero hay que mostrar lo que estás haciendo. Por lo menos dos o tres personas van a notar que hay algo distinto".


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Foto:César Fonseca


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