DEPORTES

Jueves 10 de Mayo de 2001


Víctor Merello: Cobreloa ha pagado tributo a la transición

El símbolo del brillante equipo naranja de comienzos de los '80 y actual ayudante técnico de Oscar Malbernat dice que repetir las gestas de aquella época es difícil, entre otras cosas, porque no ha existido continuidad en el trabajo.
No, si el profe no le pega a la pelota, la acaricia, se escucha cuando está por terminar la práctica de Cobreloa en el estadio Municipal de Calama y Víctor Chueco Merello sigue fusilando arqueros.

Los dos vicecampeonatos de la Copa Libertadores de América (1981 y 1982) que consiguió durante su estancia en el desierto - que se prolongó entre 1978 y 1987- y la forma cómo impactaba la pelota con la pierna derecha - cualidad que mantiene a los 47 años- son los grandes iconos que identifican al otrora volante, desde el 15 de enero pasado de vuelta junto al Loa como ayudante de campo del entrenador Oscar Malbernat.

Se lo tienen que haber preguntado más de una vez, pero, ¿cuáles son las diferencias y semejanzas que ve entre el actual Cobreloa y el de principios de los 80?

Diferencias hay muchas. Hacer comparaciones es un poco difícil y a la vez , tedioso. Primero porque el equipo de los 80' venía en un 80 por ciento armado desde 1978. Con la batuta de Vicente Cantatore eso se cimentó un poco más. A este equipo 2001 se integraron siete u ocho jugadores y se requiere una complementación. Eso ha costado.

En su época ¿los rivales se fundían en Calama?

Claro, la altura es un elemento a considerar, pero hubo un trabajo previo de Andrés Prieto y cuando hablo de trabajo previo hablo de aprovechar las individualidades, la táctica fija y de presionar al rival. Este equipo, lentamente, puede alcanzar eso.

¿Cuántos partidos perdió en esta cancha defendiendo a Cobreloa?

(Mira el césped) Más de tres no recuerdo. Unión, Colo Colo y Audax que creo que nos ganó en una Copa Chile... ah y Ñublense. Serían cuatro, pero no más que eso... y agréguele uno más (...) Antes, los equipos venían acá a no perder por muchos goles. Hoy en día, los jugadores están mejor preparados y el aspecto anímico es distinto.

¿El fundamento de esa cuasi imbatibilidad era el trabajo que menciona?

Claro que sí. Entre el trabajo y las incrustaciones que hizo Vicente (Cantatore) se formó un equipo invencible.

Es cierto que actualmente hay un plantel nuevo, pero, ¿por qué nunca se volvió a producir el fenómeno de inicios de los 80?

En esa parte estoy un poco ajeno, porque en 1987 me fui de Cobreloa. Hay períodos fundamentales que radican en los cambios de DT. Cada entrenador tiene una manera de enfocar el fútbol y Cobreloa ha pagado tributo a la transición. Es algo lógico, es muy difícil repetir situaciones como la que se dieron en los 80'. Como ejemplo doy a Colo Colo, que fue campeón de la Copa Libertadores y hasta el día de hoy ha vivido el mismo proceso que Cobreloa. Son equipos que se dan cada diez u ocho años.

En el contexto calameño es especialmente difícil hacer trabajos a largo plazo. Pierden dos partidos y a los jugadores y al entrenador los quieren linchar...

A lo mejor, lo de Calama siempre se mira así. Conozco mucho a la gente de acá. No puedo olvidar que en ese momento, cuando empezamos el proceso de los '80, perdimos un par de partidos y sucedió lo mismo. Está la imagen del equipo que disputó dos finales de América y eso el jugador debe asimilarlo. Siempre que hay una vara alta cuesta lograr los objetivos. Mi hijo, que es profesor de educación física, quiso ser futbolista, pero había una imagen detrás de él que siempre se la iban a sacar en cara. Lo de Cobreloa es muy parecido a eso.

Entonces, lo de las dos finales además de ser un hito es un problema.

Lógico que sí, pero pasa en todos lados. Ya mencioné lo de Colo Colo o imagínese el lío que tiene Universidad de Chile, que ha salido dos veces seguidas campeón en Chile, porque el nivel local es muy distinto al de la Copa.

Usted jugó en Calama, pero también en La Serena e Iquique, ¿es más fácil ser futbolista en otros contextos?

Cuando se es profesional y se sabe en lo que se ha metido, no es más fácil jugar en uno que en otro lado. Todas las partes son iguales, el césped puede ser distinto, pero son 11 contra 11. La exigencia del fútbol es una sola.

¿No influye el entorno, por último en el aspecto anímico?

Pienso que no, porque, insisto, si uno está preparado va a jugar bien en Puerto Montt, Temuco u Osorno. El tema pasa por la disposición anímica. ¿Qué hubiera pasado si hubiésemos sido anímicamente débiles? No habríamos logrado nada en aquellos años.

Nada de chueco

¿Su remate con la pierna derecha es una habilidad innata?

En todos los órdenes de la vida hay cosas que se traen en los genes. Fue algo innato que, con mi esmero diario, fui puliendo, cosa de que la perfección fuera la máxima.

¿El apodo de Chueco era una ironía por lo preciso que era cuando golpeaba el balón?

No, eso se remonta a mi niñez. Al verme caminar o ver mis extremidades inferiores uno se va a dar cuenta. Forma parte de un apodo artístico o futbolístico.

¿El gol a Flamengo en la final de la Copa Libertadores de 1981 fue el que más lo marcó?

Siempre me lo mencionan. Me marcó o, a lo mejor, me significó llegar a la cúspide en Cobreloa por la importancia que tuvo en ese momento, en el Estadio Nacional ante 80 mil personas. En cuanto a factura, hice otros tantos.

¿Cuál es el secreto? ¿Empeine, tres dedos, borde interno?

Son técnicas que se van adquiriendo a medida que se practica. Yo busqué distintas maneras de pegarle al balón y lo sentí posible. Eso me dio la perfección. En todo orden de cosas, uno tiene que atreverse y ejecutar.

¿Coincide en que el mérito es pegarle de distintas maneras?

El mérito está en la variedad. Yo tenía la cualidad de pegarle desde cualquier lado del campo. Me sentía capaz.

¿Es un orgullo o le molesta que la gente se acuerde de usted como el tipo que le pegaba bien a la pelota?

Todos los seres humanos tenemos cualidades que resaltan. No me molesta, en eso puede estar sintetizado todo lo que yo pueda ser.

Por David Noemi V.,
Enviado Especial a Calama


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Víctor Merello se retiró del fútbol en 1990, jugando para Ñublense. Aparte de Cobreloa y del elenco chillanejo jugó en Lota, Naval y Deportes La Serena. Dice que al actual plantel loíno le falta complementación.
Víctor Merello se retiró del fútbol en 1990, jugando para Ñublense. Aparte de Cobreloa y del elenco chillanejo jugó en Lota, Naval y Deportes La Serena. Dice que al actual plantel loíno le falta complementación.
Foto:José Molina
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