Martes 19 de Abril de 2005
Corriente complementaria:
La medicina que potencia la autosanación
Pediatras antroposóficos buscan que los niños venzan las infecciones sin antibióticos y sin hacerle el quite a la fiebre.
Carmen Rodríguez Frías
Cuando Carina Vaca Zeller era adolescente devoraba publicaciones científicas. Tenía también inquietudes espirituales, las que satisfacía con prácticas como yoga y meditación oriental. "La experiencia me decía que lo científico era verdad y que lo espiritual también. Me preguntaba: ¿cómo no hay algo que reúna ambas cosas? Y lloraba por eso. Fue parte importante de mi crisis de adolescencia".
Pasados los 18 años, se encontró con la antroposofía, un cuerpo de conocimientos creado por el austríaco Rudolf Steiner, que considera al ser humano en todas sus dimensiones. Dentro de esto había una nueva mirada de la medicina, a la que Steiner llegó junto a la doctora Ita Wegman. Carina sintió que era lo que buscaba para canalizar sus inquietudes y entró a estudiar medicina a la universidad, al mismo tiempo que se introducía en la medicina antroposófica.
La doctora Vaca Zeller hoy es pediatra y se desempeña en la Clínica de la Universidad Católica. Para ella, la medicina antroposófica es una ampliación de la medicina alópata (la que todos conocemos), pues intenta ver más allá: "No ve al hombre como una máquina al que se le puede echar a perder una pieza ni cree que la enfermedad es algo que 'le pasa' al hombre, independiente de lo que está viviendo".
Para esta medicina, agrega, no existen las enfermedades sino personas individuales con una biografía única e irrepetible. "Si hay dos niños con una misma enfermedad, no los voy a tratar igual, porque se trata de personas distintas, con constituciones, familias e historias diferentes".
Pero sí parte de la base de un cabal conocimiento del organismo, por lo que todo médico antroposófico tiene que ser titulado en medicina alópata.
Hacerse más fuerte
La medicina antroposófica busca fortalecer al ser humano, y su organismo, para que pueda vencer las enfermedades por sí mismo. De ahí que ha tenido buenos resultados en niños con infecciones recurrentes, cuyos padres no han querido seguir dándoles antibióticos cada vez más fuertes.
Es el caso de Pilar Velasco, cuyo hijo Bautista sufría de constantes otitis desde los primeros meses de vida. A pesar de que al año y medio lo operaron de colleras (para evitar el líquido en los oídos), a los dos años las infecciones seguían. "Le recetaban antibióticos cada vez más potentes, pero a los 15 días le volvía a supurar el oído. Estaba tan debilitado que ni siquiera le daba fiebre".
Entonces, decidió intentar con la medicina antroposófica. Le recetaron gotitas con compuestos vegetales y minerales que buscan dar fuerza y vitalidad al organismo. "Había que dárselas cada tres horas, y de cinco frascos distintos; y aplicarle un tratamiento con una pasta de cebolla y orégano, que se le ponía con un paño húmedo y caliente como compresa en el oído. Había que tener una lista de instrucciones, y mucha disciplina, disposición y cariño", relata Pilar.
El resultado fue más lento que el de los antibióticos ("le tomó unos 5 días"), pero más eficaz. Las otitis no volvieron en mucho tiempo y, poco a poco, Bautista aprendió que le hacía mejor comer verduras y frutas crudas que pan o galletas. "Su sistema inmunológico se fortaleció y nunca más volví a darle antibióticos", dice la madre.
Los médicos antroposóficos no buscan bajar la fiebre de los niños con medicamentos antipiréticos. La idea es que no lleguen a la temperatura peligrosa que puede generar daño neuronal, que es de 42 grados; por eso, pasados los 40, echan mano de paños húmedos de agua con limón en los pies para bajarla a 39. Consideran que la temperatura corporal más allá de lo normal es un potente activador del sistema inmunológico, y por eso no la rehúyen.
El pediatra y director del Centro de Información Toxicológica y Medicamentos de la Universidad Católica, Enrique Paris, valora los aportes de este tipo de medicina, pero advierte que no cualquier familia puede hacer uso de ella. "Hay que entender muy bien este tipo de tratamientos, saber que no se pueden aplicar en cualquier persona, y estar atentos a los riesgos", afirma.
Carina Vaca Zeller advierte que, para ello, el médico o pediatra antroposófico debe estar muy cercano al enfermo y acompañarlo en todo el proceso. "Y si en un momento es necesario darle un medicamento alopático, lo vamos a hacer. No vamos a dejar que un paciente corra riesgos y tenemos la formación para eso".
Según explica la doctora, bajar la fiebre con antipiréticos o dar antibióticos no constituye ningún riesgo, pero "es quitarle al niño la posibilidad de vencer la enfermedad por sí mismo, y de salir fortalecido después de ella. Al darle un 'anti-algo' estás frenando la propia fuerza de sanación del organismo. Y, como toda fuerza, hay que saber controlarla para que no se desborde".
El doctor Enrique Paris coincide con ella en que ha aumentado el interés de muchos médicos alópatas por conocer más de esto. Él lo atribuye a su similitud con la "medicina de antes", en el sentido de ser más personalizada: "En estas medicinas complementarias se le dedica más tiempo a cada paciente, se le explica con calma, y eso es muy atrayente para las personas".
Como presidente de Formación y Acreditación del Colegio Médico, Enrique Paris se muestra abierto a los médicos con conocimientos antroposóficos y les recomienda presentar un plan de formación de posgrado a alguna universidad chilena.
Niños a mil
Los pequeños con déficit atencional o los hiperactivos han encontrado buena respuesta en la medicina antroposófica. Además de cambiarles la alimentación, evitando los colorantes, saborizantes y el exceso de azúcar, los médicos antroposóficos recomiendan que dejen de ver televisión, la cual, afirman, "genera adicción al estímulo".
La pediatra Carina Vaca Zeller explica que la TV impide que los niños vayan generando "imágenes interiores". "Las imágenes de la televisión son completamente acabadas y no hay nada que agregarles. Además, hacen que los niños permanezcan pasivos durante horas, y se les atrofia la voluntad".
Por eso, recomienda a los padres la práctica de leerles cuentos, que estimulen su imaginación, y llevarles juguetes que no sean tan sofisticados sino que puedan ser completados por la fantasía del pequeño.
Mirada integral
La doctora Vaca Zeller explica que la antroposofía no es una filosofía, sino "una forma de investigar", que indaga con el método de las ciencias naturales no sólo los fenómenos físicos, sino también los del mundo viviente y de los ámbitos anímico y espiritual.
"Existen fuerzas suprasensibles que están detrás de las cosas, y todo un mundo espiritual que está detrás del mundo físico". Eso puede explicar, agrega, que haya enfermedades como el colon irritable o la fibromialgia, las que, tras hacerse todo tipo de exámenes, no arrojen alteraciones del organismo. "Por eso, en la medicina antroposófica se actúa a nivel de las fuerzas vitales".
Para ello se utilizan no sólo medicamentos y hábitos saludables. También se utilizan algunas "terapias complementarias": algunas de ellas artísticas, como la "euritmia" (un arte del movimiento en el que se usa el cuerpo como instrumento), la pintura y el modelado; y otras como la cabalgata terapéutica, el masaje rítmico y la terapia de baños y aplicaciones externas.
Especialistas
Unos 25 médicos y estudiantes de medicina de universidades chilenas están estudiando los conocimientos que vienen de la antroposofía.
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