ARTES Y LETRAS

Domingo 15 de Agosto de 2004

SEMINARIO. Grandes temas:
Tres miradas al tiempo

En la Universidad Católica se reunieron un filósofo, un astrónomo y un sacerdote a reflexionar sobre el tiempo.

OLAYA SANFUENTES

"El Tiempo se va, el tiempo se va, señora, ¡ay!, no el tiempo sino nosotros nos vamos". "El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río". Las palabras del poeta Pierre Ronsard, en el siglo XVI y las reflexiones contemporáneas de Borges nos ratifican la universal preocupación humana por el tema del tiempo y, sobre todo, por nuestro tiempo, el que nos toca vivir a los seres humanos en un transcurso finito dentro de otro Tiempo más inmenso que filósofos, físicos y teólogos, desde sus respectivas disciplinas, han tratado de dilucidar.

¿Es el tiempo el que pasa, o somos nosotros, nuestro tiempo el que transcurre y decrece incesantemente? Qué difícil se nos torna pensar acerca del tiempo. Quizás es su naturaleza inconsistente, sin espacialidad lo que nos dificulta imaginarlo. Esto es lo que ha llevado a la utilización de metáforas espaciales para poder hablar de él y socialmente entendernos. Definimos tiempos largos o duraciones cortas, períodos lineales o cíclicos, pero también recurrimos a categorías anímicas para poder describir nuestra ansiedad frente al tema: fue un tiempo terrible, el peor tiempo de mi vida. Y de aquí deducimos otra de las razones que explican nuestra dificultad de pensarlo e imaginarlo: el tiempo es lo que nos relaciona con la muerte, el que nos recuerda que estamos involucrados constantemente en un viaje sin retorno.

El tiempo filosófico

"El tiempo: la realidad y la ilusión", fue el tema que trató la nueva versión del ciclo de discusión académica "La UC mira a Chile", que organiza la Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión de la Universidad Católica. La intención de este espacio es abordar los grandes temas del hombre contemporáneo desde diferentes disciplinas académicas con el fin de buscar miradas más amplias, complejas y originales. El tiempo tiene algo paradójico. Parece algo muy serio, tremendo, pero, al acercarse a su realidad magna lo que se encuentra es mínimo.

Según Heidegger, en su clásico "Ser y tiempo", lo que hace posible la existencia humana es que está siendo en el tiempo. Con esta afirmación, explica el destacado filósofo Jorge Eduardo Rivera, Heidegger rompe la tradicional idea de que el tiempo es pasajero, una visión puntual del problema que nos interesa. Pero argumenta asimismo Rivera que ya San Agustín había intuido lo que terminaría de fraguarse con Heidegger. Para el teólogo cristiano, no podemos hablar exactamente de que haya tres tiempos -pasado, presente y futuro-, sino más bien un presente de las cosas pasadas, un presente de las cosas presentes y un presente de las cosas futuras.

Heidegger concluye esta idea de que lo real no está contenido solamente en el presente sino en el haber sido, que incluye al pasado, presente y futuro en una totalidad. No hay futuro posible que no parta de una situación que se viene gestando desde el pasado. Pero estas tres dimensiones conforman el tiempo. El presente nunca es presente porque cuando ya lo pienso deja de serlo.

Bergson y la Durée

El tiempo tiene una dirección, a diferencia del espacio, agrega Rivera. Por supuesto se pueden direccionar también los espacios afines, pero eso depende de un punto de vista absolutamente arbitrario. En cambio, el tiempo va hacia el pasado. Viene del futuro, pasa por el presente y va hacia el pasado. Este número o esta articulación del cambio lo ve Aristóteles solamente en tanto que antes y después. Y ese es el tiempo físico. "Pero hay un tiempo muy distinto que es el tiempo psíquico, podríamos decir de la conciencia, del cual tanto habló Bergson, el tiempo de la duración. En el libro de Williams James, publicado en 1890, "Los principios de la psicología", él se plantea el tiempo de la conciencia, que es un tiempo totalmente distinto del tiempo físico, porque en el fluir de la conciencia, es ésta en tanto corriente de vida que va pasando y llegando a distintos estados. Ese tiempo de la conciencia es lo que debe llamarse la duración en que el pasado, en vez de ir desapareciendo, se va acrecentando. Lo propio de la duración es que el pasado acumula todo lo que tenía antes y acumula el presente que se va. Y el futuro que viene después se va a hacer pasado y el pasado va creciendo, comenta Rivera. Hay una frase de Bergson que dice: "la duración es el progreso continuo del pasado que va royendo el porvenir y que se va hinchando al avanzar y progresar". Este tiempo psíquico de la conciencia es la mantención de un pasado que va creciendo y creciendo como una bola de nieve cada vez más grande.

Tiempo existencial

Muy distinto es el tiempo de la vida humana -continúa el filósofo chileno-, en tanto que decisión del hombre. La vida del hombre consiste radicalmente en que tiene que hacer su ser. En que tiene que decidir a cada instante si lo que va a hacer lo quiere hacer o no. La pregunta que atenaza al hombre desde dentro, es silenciosamente: qué será de mí. En el tiempo de la vida, a diferencia del tiempo físico en que el presente se va haciendo sucesivo, y a diferencia del tiempo psíquico en que el pasado se va haciendo cada vez más grande, estamos lanzados hacia el futuro. ¿Qué será de mí mañana? Esa pregunta me lanza hacia el futuro y desde el futuro retrocedo al presente para erigir mi futuro.

Y por eso Heidegger, en Ser y tiempo, insiste mucho que el tiempo que él llama "originario" no es más originario que el tiempo físico. Es un tiempo que se hace a partir del futuro, que está arraigado al futuro. Y que viene del futuro hacia el presente para hacer real ese futuro, concluye Rivera.

Tiempo físico y teológico

Desde la perspectiva de la física, el problema adquiere un cariz diferente y se reflexiona acerca del tiempo como una categoría científica que necesitamos dilucidar, explicar y teorizar. En este campo, lo que interesa es estudiar el tiempo para conocer la edad del universo. Y, efectivamente, como explica el profesor titular de Astronomía de la PUC, Hernán Quintana, la física ha evolucionado hasta poder medir la edad del universo, a través de la teoría del Big Bang, o tiempo cero. Este es el momento inicial, que daría origen a una expansión constante del universo que dio vida a los átomos. "Somos polvo de estrellas", acota Hernán Quintana, recordando las simbólicas palabras que dijera algún físico.

Sabemos cuándo comienza el universo pero no cuándo termina. Si el universo tiene una aceleración constante, como se está tratando de confirmar en los últimos años, el universo no tiene fin y estaríamos hablando de una eternidad física.

Einstein rompe las certezas científicas anteriores respecto al tiempo físico. Ya no se puede hablar de espacio y tiempo en forma separada, sino de espacio-tiempo. El existir de las cosas selecciona una dirección en su espacio y en su tiempo. Cada ser tiene su propio tiempo-espacio.

El tiempo sería, casi igual para todos nosotros, aunque también se sabe que entre más lejos estemos del centro de la Tierra, más lento corre el tiempo. Pero estamos hablando de diferencias tan mínimas, que resulta cómico imaginarse a gente que se va a vivir a las montañas para mantenerse más jóvenes. El eterno anhelo de una fuente de juventud. No habría entonces un tiempo, sino infinitos tiempos.

Para la teología, el tiempo adquiere un especial sentido en su dimensión escatológica, lo cual es compartido por el cristianismo, judaísmo e islamismo, tres de las religiones más expandidas en el planeta. El budismo, en cambio, es un escape al tiempo porque, como explica el padre Luis Eugenio Silva, su objeto es huir del dolor y de la muerte a través de la introspección. No habría para el budista un más allá.

Lo que interesa es el origen de los tiempos y nuestro paso por la vida hacia el final de los tiempos, nomenclatura que se utiliza como figura para prometer un mundo de eternidad, pero ante la cual el creyente sólo tiene la opción de la fe. El padre Luis Eugenio Silva, sin embargo, explica que el hombre, por naturaleza no quiere morirse porque le gusta vivir y, por lo tanto, quiere que lo bueno sea perfecto. Esto constituiría, una prueba de que debe existir algo perfecto, permanente. Un tiempo de equilibrio, armonía y amor que no se acaba nunca.

A la creencia tradicional de un tiempo cristiano lineal, que comienza con la creación y termina en el fin de los tiempos, la teología ha incorporado también la imagen compartida por otras religiones que creen en un tiempo cíclico. El resultado es que los teólogos hablan hoy en día de un tiempo en forma de espiral, porque tiene una clara dirección pero incluye ciclos humanos.



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