Sábado 20 de Diciembre de 2008
Coleccionistas:
La nostalgia impregna los juguetes de los niños grandes
Ellas tratan a sus muñecas como hijas y se reúnen en un club. Ellos cuidan a sus superhéroes en sus envases originales. Ambos atesoran aquellas figuras que los marcaron de chicos.
GERARDO DE LA MAZA
Como en cada sesión de fotos, Abril se peina, se maquilla y lleva un traje acorde a la ocasión. Si va a la nieve, se abriga con chalecos y botas hechas a mano, tal como sus amigas Julieta y Luna.
Ellas son Blythe, muñecas retro de colección, también conocidas como "cabezonas". Nacieron en Estados Unidos y del reducido stock original quedan pocas, pero en Japón comenzaron a fabricarlas de nuevo. Para Carolina Schulz, son como hijas a las que retrata con dedicación en su Flicker, un portal de fotografías personales. Cada una posee personalidad propia.
Periódicamente las chicas, reunidas en el grupo "Cabezonas Chile", se juntan a compartir datos sobre cómo customizarlas e intercambian tenidas y accesorios. Tienen una página donde suben sus fotos y juegan al amigo secreto entre muñecas. "Es como un club de bordado", explica Andrea Barja, otra de las fanáticas.
Entre las cultoras locales se ayudan y no hay plata de por medio, sólo permutas. La mayoría supera los veinte años, y son profesionales con la capacidad adquisitiva para comprar estas muñecas, que principalmente se encuentran en sitios como eBay.
Andrea también les diseña ropa, que vende internacionalmente. Una prenda miniatura puede llegar a costar lo mismo que una de tamaño normal, y es que el nivel afuera es alto. "Algunas las modifican y les ponen pelo natural. Es muy competitivo", dice Andrea.
El coleccionismo de juguetes retro tiene también su versión masculina, una afición nostálgica que se ha visto reforzada por los remakes en la pantalla grande de clásicos como Meteoro o Transformers.
Aparte de internet, la facción masculina se dirige a locales del Portal Lyon y la galería Las Palmas, que se han convertido de un polo de disquerías en un epicentro del culto a las series y juegos de video.
Un coleccionista promedio es hombre y bordea los treinta años. "Tienen una vida normal, pero destinan un espacio de su pieza para los coleccionables", cuenta Pedro Aravena, de la tienda Bounty Toys. "Algunos cumplen el estereotipo del nerd de la comiquería de "Los Simpson": no compran una figura porque la caja está abollada o tiene algún detalle".
Algunos han conservado a sus ídolos a escala desde la adolescencia. Uno de ellos es Patricio Berríos, quien recientemente completó su colección de Transformers que comenzó en los '80. "Pero uno nunca termina de coleccionar, ahora estoy buscando figuras en Japón directamente". Para él ha sido un lujo millonario: "Es un hobby caro y además una labor que lleva años de búsqueda".
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